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sábado, 9 de diciembre de 2017

  • 9.12.17
En nuestro pueblo, al igual que en muchos de la provincia de Sevilla, por influencia de la capital se va a difundir con rapidez el culto a la Inmaculada Concepción a partir de comienzos del siglo XVII cuando el arcediano Mateo Vázquez de Leca, ayudado por el poeta Miguel Cid, hizo famoso las coplillas a favor de la Inmaculada, cuando tras la llegada ,el 9 de octubre de 1617, el Breve papal de Paulo V que proclamaba que María fue concebida sin mancha, frente a los postulados de los dominicos que afirmaban lo contrario.



Rápidamente las coplillas se popularizaron, siendo su estribillo el siguiente:
“Todo el mundo en general
a voces reina escogida
diga que sois concebida
sin pecado original”.

En el caso de nuestro pueblo, las primeras referencias sobre el culto a la Inmaculada, hemos de retrotraerla al último tercio del siglo XVI, concretamente al año 1577. Por estas fechas estaba concluyendo la construcción de nuestra parroquia, por lo que en la capilla que actualmente es de los dolores, Francisco Martín Muñoz y su mujer, matrimonio acaudalado, pues eran propietarios de distintas tiendas en el pueblo, de tierras tanto en El Viso como Mairena, además de dedicarse a la compraventa de esclavos, concertaron el 29 de noviembre de 1577 con el entallador Juan Oviedo y con el pintor Juan de Saucedo o Salcedo un retablo de un solo cuerpo y ático. En el contrato se especifica que el cuerpo del retablo estaba dividido en tres calles donde la central, más grande que las laterales, estaba presidido por la “la imagen de la limpia concepción”.

A la derecha de la imagen aparecía un cuadro con “la imagen de santa ana con su hija y nieto” y en el lado izquierdo “san francisco quando recibió las llagas”. Remataba el retablo “un cristo de palmo y medio de largo encarnado de pulimento”.En el contrato se estipula que el plazo de ejecución del retablo debía de ser de ocho meses, estableciéndose su precio en 220 ducados. En este retablo se colocó en el año 1602.

Este retablo o parte del mismo pervivía a comienzos del siglo XX en la referida capilla, tal y como consta en el inventario de 1916, donde se especifica que en la misma aparecía un relieve con la imagen de Cristo, y, en la parte superior un lienzo con la Inmaculada a cuyos lados aparecían San Joaquín y Santa Ana. En este retablo había una lámpara de aceite que ardía durante las 24 horas.

El aceite que la alimentaba era fruto de donaciones de feligreses que dejaban propiedades o dinero para costearla, es el caso del el Presbítero don Bartolomé Antonio Cadenas que otorgó en su testamento, redactado el 10 de diciembre de 1821, una limosna “consistente en dar el aceite que necesitasen para el alumbrado diario de la lámpara de Nuestra Señora de la Concepción” y “una función en cada un año con Sacramento y Sermón el día ocho de Diciembre”. Para tal menester dejó una hacienda de campo en el pago de la Cañada de Ronquera con su molino de aceite y 100 aranzadas de olivar.

JOSÉ ÁNGEL CAMPILLO



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