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sábado, 24 de marzo de 2018

  • 24.3.18
Agradecida por este espacio ofrecido a quien suscribe y a las palabras que, de mí, puedan salir. Palabras que intentarán trasmitir cúmulo de sensaciones, situaciones, momentos deseosos de ser leídos y entrelíneas impregnadas de realidad o ficción.




Siendo consciente y sufridora de la más cruda realidad, y dejando a quienes conocedores de las más diversas materias pueden ilustrarnos con sus escritos, mi Voz Digital estará dedicada a conceder a las palabras un lugar de disfrute entre ellas, a una enajenación transitoria necesaria para la supervivencia, a un soplo de aire que nos permita volver a la superficie y seguir respirando sin aire o con el que nos dejan.

La filosofía de mis humildes escritos será como decía el poeta:

Diciéndote no diré
Lo que aquel lugar esconde
Donde tú ya sabes donde
Nos pasó ya sabes qué

Y para ir calentando papel, tomando confianza con el medio, y sin dejar de lado la intencionalidad de mi presentación, me complace contaros las frases compartidas entre un abuelo y su nieta.

El Abuelo. – Querida mi niña, esto es un cuento redundante. Cuento lo que cuento y no lo que no cuento, porque solo lo contado es digno de serlo. ¿Piensas que la realidad tiene límites? La imaginación desde luego no la tiene y sin límites la altura por alcanzar puede ser inalcanzable.

La nieta. – Entonces si me cuentas un cuento y yo me lo creo, y dices que mi ilimitada imaginación puede alcanzar lo inalcanzable, ¿es porque todo lo que alcanzo es producto de mi imaginación o es producto de lo que me cuentas, abuelo?

El abuelo. – Mejor creer que todo cuento es producto de la imaginación porque lo que cuentas tiene los límites de la tuya propia.

P.D. ¿Qué me cuentas? Por ahí van las cosas.

MARÍA JOSÉ CORTÉS



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