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sábado, 14 de abril de 2018

  • 14.4.18
La trama urbana de nuestros pueblos y ciudades es un organismo vivo que va sufriendo, con el devenir del tiempo, cambios que vienen producidos por distintos factores. Esto hace que la percepción del espacio no sea la misma. Las calles, plazas, edificios, cambian. Testigo mudo de estos cambios es la fotografía, documento gráfico que nos permite recordar la trama y las edificaciones en tiempos pasados, pudiendo establecer una comparativa con lo nuevo.



En nuestro pueblo hay rincones con encanto, rincones únicos que han sufrido este proceso de transformación al que se ha hecho alusión anteriormente, es el caso del "rincón del Pilar", el "rincón del Convento", “la baranda” de la calle de la Palma, la recoleta plaza que lleva el nombre de un insigne visueño, Claudio León… todos son rincones con encanto, rincones encantadores que tienen su historia. Hoy quisiera pararme en el rincón que hay en la calle Pintor Juan Roldán esquina con Real, concretamente en el lado derecho. Hay que decir que este espacio urbano ha quedado modificado a consecuencia de la construcción de un nuevo edificio en el que el recoleto rincón ha perdido la esencia y encanto del primigéneo, hecho que suele suceder con frecuencia.

En un principio, esta "distorsión" en la estructura de la calle no tendría sentido, es el estudio de la trama urbana la que nos da pistas para entender por qué se construyó, qué hechos son los que forzaron, de alguna manera, su construcción Para ello tenemos que remontarnos a finales del siglo XIX, momento en el que no existía la plaza de Abastos Santa Marta, construida en 1907. La inexistencia de un espacio dedicado al abasto hacía que el mercado, tal y como ya aparece en las Ordenanzas Municipales del siglo XVI, se celebrase en la actual plaza Sacristán Guerrero, con el tiempo la plaza del antiguo Ayuntamiento se convertiría también en un lugar en el que se permitía la venta, bien en puestos improvisados, bien en puestos o “cajones” de madera, similares en tamaño y estructura a los actuales puestos de turrón. Uno de estos cajones se estableció en la esquina a la que hacemos referencia.

El problema vino cuando el dueño de la casa la derribó y quiso incluir en el nuevo edificio el pequeño espacio ocupado por el “cajón” de madera. Este hecho provocó un choque de intereses entre el propietario de la vivienda y el del “cajón”. Como el dueño del "cajón" se negó a moverlo de sitio, porque tenía unos derechos adquiridos que le venían dados tanto por la antigüedad del establecimiento, como por el pago de las correspondientes tasas municipales, el propietario de la casa para no dilatar la construcción del nuevo edificio no tuvo más remedio que respetar el espacio ocupado por el "cajón" que condicionó, tanto la construcción de la nueva casa, como la estructura de la trama urbana.

Lo que me llama poderosamente la atención es que el Ayuntamiento no haya retranqueado esta nueva construcción para darle mayor anchura a la
calle Real en el tramo comprendido entre “pintor Juan Roldán” y el comienzo de la calle por esta acera, tal y como ha ocurrido desde los años 40-50 con el retranqueo y nueva alineación de casas, provocando antiestéticos entrantes y salientes, a modo de dientes de cremallera, en el espacio comprendido entre la calle Capita y Juan Roldán, pero eso es otra historia.


JOSÉ ÁNGEL CAMPILLO DE LOS SANTOS



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