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domingo, 24 de junio de 2018

  • 24.6.18
El Viso Digital se hace eco en su Buzón del Lector de una carta abierta remitida por Guillermo Jiménez reflexionando acerca de ciertos comportamiento en las las redes sociales". Si desea participar en esta sección, puede enviar un correo electrónico exponiendo su queja, comentario, sugerencia o relato. Si quiere, puede acompañar su mensaje de alguna fotografía.



El uso generalizado de dispositivos y tecnologías digitales, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), ha convertido a las redes sociales como el medio preferido para comunicarse e informarse, en detrimento de medios tradicionales, reside ahí su importancia y relevancia, especialmente en la creación de opinión.

Son, somos, muchos los que hemos encontrado en las redes sociales un canal adecuado de participación en “la cosa pública”, donde exponer honesta y abiertamente sus opiniones, sugerencias o criticas, en la mayoría de los casos sin animo de provecho, interés o beneficio particular. Entre otros, los grupos locales de Facebook permiten conocer y debatir sobre propuestas relevantes, recuerdo especialmente la iniciativa para la Denominación de Origen Protegida para productos de la huerta local. En otros casos, quejas, sugerencias y criticas sobre la gestión de servicios públicos, comportamientos incívicos. En definitiva, se han convertido en altavoz público para todos cuantos tienen algo que contar, decir, proponer o analizar. Los grupos locales de redes sociales y medios digitales han generado otras formas de participación ciudadana, más allá de la militancia o adscripción activa a organizaciones politicas y colectivos sociales.

Como siempre, la política partidista, que no partidaria, arde ante la proximidad de elecciones municipales, queda menos de un año. Ahora, las acusaciones entre partidos gobernantes, oposición, pre- candidatos y círculos de influencia van y vienen, produciendo hartazgo mental, cansancio y hastío entre usuarios activos y pasivos de redes sociales en general y de grupos locales de Facebook en particular.

Si al amable lector los médicos le han prohibido la exposición a cualquier situación que le pueda provocar mal humor o depresión, hay una actividad que deberá evitar a toda costa: leer los comentarios de perfiles anónimos que se publican en los grupos locales de facebook sobre post abiertos, en torno a cuestiones de gestión sobre el gobierno municipal y su organización. Al usuario que accede a la lectura de estos comentarios se le puede garantizar la tristeza y la preocupación. Con suerte, estas sensaciones se las producirán solamente una parte de los comentarios, aquellos con los que esté en desacuerdo ideológico. Pero lo más probable es que se las provoquen la inmensa mayoría, incluidos aquellos con los que, expresados de otra manera, podría llegar a estar de acuerdo.

La segregación de bilis, la permanente sustitución del argumento por el insulto, la brusquedad o la zafiedad verbal, la pura y simple mala leche primitiva se dan encuentro en estos espacios de una forma concentrada.

Normalmente no se trata de rebatir las ideas del adversario, sino de rebatir al adversario mismo, su propia existencia, su derecho a un lugar bajo el sol. Buena parte de estos comentaristas anónimos y espontáneos se ciñen la camiseta de su equipo ideológico y se dedican a golpear al adversario, a menudo sin haber leído ni entendido lo que dice, por puro espíritu de clan. Y entienden por adversario no al que piensa lo contrario que ellos, sino simplemente al que no piensa exactamente como ellos, al que mantiene posiciones algo distintas, aunque sea en el matiz. Ya nos advertía Antonio Machado cuando sentenció que “Es propio de aquellos con mente estrechas, embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza”.

Como no se trata ni puede tratarse de prohibir estos comentarios ni de coartar el derecho a expresarse, habría que intentar entender el fenómeno. Supongo que en parte esta eclosión de exaltaciones primitivas, casi tribales, nace de algunas de las características del ser humano. El anonimato da sensación de impunidad. El desahogo verbal es más barato que la factura del psicólogo. Que cualquier embozado puede ciscarse en las opiniones de quien honestamente publica con su nombre, como si todo fuera siempre opinable y todas las opiniones tuviesen siempre el mismo valor, puede producir sin duda una extraordinaria satisfacción igualitarista. Pero, en cualquier caso, la proliferación de estos comentarios insultantes, agrios, primitivos, es un síntoma inquietante.

Uno de los problemas de fondo que pueden aparecer tras este síntoma desagradable es lo que podríamos llamar una creciente futbolización de la política municipal. El debate político y de gestión, de una manera creciente, ha dejado de ser contraste de argumentos y ha pasado a ser batalla de hooligans antes del partido. El hooligan es de su equipo, gane o pierda, juegue bien o juegue mal, lo entrene quien lo entre y saque la alienación que saque. No se trata de pensar, sino de tomar partido y vestirse con la camiseta. Y a partir de aquí, desear la victoria de los propios, con las armas que sea, pero desear todavía más la derrota del adversario. Como en el fútbol, se trata de adquirir desde el principio una adscripción irreversible -no necesariamente razonada - y conservarla hasta el final en cualquier circunstancia. Y a la obcecación llamarle coherencia. Y cuando en el cruce de argumentos se entiende o se asume un argumento del adversario, llamarlo traición, chaqueterismo o interés sospechoso. Y al final, claro, en los comentarios de redes sociales, la gente acaba escribiendo lo que escribe, en muchos casos alentados y siguiendo el ejemplo de quienes están obligados a procurar debates con argumentos y dedican sus esfuerzos “digitales” a saturar a la ciudadanía con ideas reducidas a puras imágenes y marcos (de interpretación), en lugar de resolver los problemas. La sobreexposición de frases jibarizadas, que han perdido todo su argumento para convertirse en tópicos, no garantiza, en absoluto, ni atención ni reflexión.

¡Ah, las redes sociales! Decía Umberto Eco que las redes sociales le dan derecho a hablar a legiones de idiotas que antes hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Entonces eran rápidamente silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio nobel. Es la invasión de los imbéciles.

NOTA: Los comentarios publicados en el Buzón del Lector no representan la opinión de El Viso Digital. En ese sentido, este periódico no hace necesariamente suyas las denuncias, quejas o sugerencias recogidas en este espacio y que han sido enviadas por sus lectores.


GUILLERMO JIMÉNEZ





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