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sábado, 8 de septiembre de 2018

  • 8.9.18
A lo largo de los últimos años, y dado que estamos en fiestas patronales, se ha hablado y escrito mucho sobre Santa María del Alcor, pero se dice y escribe muy poco sobre el magnífico retablo que preside el presbiterio de la parroquia y que la cobija en su camarín.



Desde la Alta Edad Media, las imágenes sagradas, al igual que las reliquias se exponían al culto en lo que se denominó como retablo, palabra que deriva de la latina retro-tabulae y cuyo significado es el de “detrás de la mesa”. Estamos por tanto ante una arquitectura en piedra, madera, o cualquier otro material que se sitúa detrás de la mesa o altar, y que a lo largo de la Historia ha sufrido un proceso de evolución que nace en el tránsito del románico al gótico y termina en el último tercio del siglo XVIII con la recuperación de los órdenes clásicos vitrubianos.

Santa María del Alcor como titular de nuestra parroquia desde tiempo inmemorial, ha sido la imagen que ha presidido el retablo mayor, situado en el presbiterio, en el lugar más representativo del templo, al desarrollarse en él la liturgia. En referencia al presbiterio de la iglesia parroquial de Santa María del Alcor, cuya fábrica podemos datar en torno a 1525, éste estaba incluso en torno a 1580, dado el coste que suponía una construcción de tales proporciones. Así, y a conveniencia, tanto del templo, como del Señorío, se hizo cargo del mismo don Fernando de Saavedra en 1581 con la potestad de colocar sepulcro, tanto para él como para sus ascendientes y descendientes. De esta manera los señores de la villa se convierten en patronos de la misma con determinadas prerrogativas. A cambio, don Fernando otorgó 6.000 maravedíes de renta al año sobre un horno, capilla y corral que tenía en la calle de Pedro Miguel Saucedo. Entre las justificaciones que esgrime don Fernando para hacerse con el patronato de esta capilla mayor tenemos “la debossión que el Conde mi padre tubo y a la que yo tengo”. No sabemos si esta “debossión” hace alusión o no a Santa María del Alcor.

Nos consta que la capilla estaba terminada a comienzos de 1594, porque el 30 de abril llegaron los restos de don Juan de Saavedra, padre de don Fernando, que fue sepultado en el presbiterio. Años después se colocó un retablo, tal como reza en el inventario que de la capilla se hizo en 1597. En el mismo se hace referencia a “un cajón largo de madera donde vino el retablo que está en la iglesia”, por lo que a finales de la centuria podemos decir que la capilla estaba completamente terminada.

En 1624 el templo sufrió un pavoroso incendio, donde muy posiblemente se perdió el retablo, y no sabemos si la primitiva imagen de Santa María del Alcor. Este retablo fue sustituido por otro, más acorde a la moda del momento, compuesto de yeso dorado y de mayor tamaño, pues sabemos que ocupaba todo el frente de la capilla, tal como consta en la visita Pastoral del año 1698. Muy posiblemente este retablo fuese muy parecido al que actualmente está detrás del que podemos contemplar en el convento del Corpus Christi.

No sabemos cuando desapareció el retablo de la parroquia, ni las circunstancias que lo motivaron; lo cierto es que el actual, de estilo neoclásico es una arquitectura en madera tallada, dorada y policromada cuya construcción podemos datar en torno a 1820 y que destaca por las gigantescas columnas que lo enmarcan. Son grandes moles, en madera, al estilo manierista. Aparecen pintadas al óleo, pero imitando ricos mármoles y dorados capiteles, elemento muy característico del período.

Hemos de destacar, en la calle central, el camarín adintelado y enmarcado por sendas columnas, que avanza sobre la base poligonal del Sagrario. En este espacio recibe culto la imagen de Santa María del Alcor Coronada, tal y como ocurría en el pasado con la imagen de la Virgen (desaparecida en 1936) , y que en palabras del profesor Hernández Díaz podíamos datarla a finales del XV o principios del XVI, de escuela catalana, y cuyas primeras referencias datan de la visita de 1698 (donde tenía la advocación de la Encarnación). De la misma se nos dice que es una “imagen de talla vestida con decencia”.

Es de todos conocido el hecho que tras la guerra, y, dada la situación sociopolítica que se vivía, el Ayuntamiento, a instancias de la Junta pro-restauración de la iglesia parroquial, decidió costear una nueva talla, la actual, obra del imaginero Manuel Cerquera Becerra (1939), obra restaurada en el año 2013 A partir de este momento la Hermandad han hecho cambios sustanciales en el camarín entre los que podemos destacar el nuevo sistema de luces, dado que el que tenía resultaba bastante agresivo para la policromía de la imagen, que sufría cambios de temperaturas muy bruscos.

Sin duda alguna es ésta la forma de proceder y de entender que Santa María del Alcor, además de ser una imagen devocional que recibe culto, es una obra de arte que tiene que ser cuidada. Llega pues el momento de formular la siguiente pregunta: ¿Cuándo se procederá a la restauración del retablo mayor?, ¿Cuándo restauraremos el trono en el que se rinde culto a Santa María del Alcor Coronada la mayor parte del año?

¿Quién tiene que proceder a la restauración de un retablo neoclásico, único en la provincia por sus magnitudes? A tenor de lo anterior hay que recordar que la “salud” de esta arquitectura en madera redundará en la de la imagen. Por ello rogaría a las instituciones, tanto civiles como eclesiásticas , que promuevan, dentro de sus posibilidades, la restauración de un bien cultural en un estado de conservación lamentabla, porque son ellas las están obligadas a velar por el patrimonio histórico-artístico de nuestra localidad.

JOSÉ ÁNGEL CAMPILLO
DOCTOR EN HISTORIA POR LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA

Fotografía: Hermandad de Santa María del Alcor Coronada



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