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sábado, 1 de septiembre de 2018

  • 1.9.18
San Pedro allá por sus años
Sentado en su gran sillón
Con sus manojos de llaves
empezó a coger el son.

(Pepe Cortés)



Así empezaba el poema dedicado al flamenco de mi MAESTRO de la vida, refiriéndose a sus orígenes. Es un terreno estudiado por tantos entendidos en la materia, que nada me atrevería a discutir, pero desde la visión más sentimental, suena tan bonito que su origen sea en lo más alto y en lo más sagrado, que con el me quedo.

Quiero desde el máximo respeto a este ARTE, a esta filosofía de vida, a esta seña de identidad y desde este rincón privilegiado, dedicar hoy mis palabras claras y sin confusión al arte de las artes: EL FLAMENCO.
Sentimientos expresados a través del cante, del baile, de la guitarra....

En un mundo acelerado y muchas veces vacío de esos sentimientos, que haya flamencos, aficionados, profesionales, enamorados que sigan expresando y compartiendo a través de él, es digno de admirar.

Apoyo incondicional a quienes de mil formas mantienen la llama de esta pasión, apoyo nada criticable a quienes aportan su granito de arena en su crecimiento y luchando contra todo aquello que amenaza a veces su propia evolución.

Felicitaciones a lo tradicional, a lo profundo, a lo profesional, a lo novedoso, a las fusiones, a la afición, a los oyentes ocasionales, a los sufridores del arte.

Todos hacen posible que el flamenco siga vivo.

Serían muchas las palabras que podría escribir, pero el flamenco habla por si solo, así que animo a oírlo, escucharlo, sentirlo, disfrutarlo, compartirlo, respetarlo y sobre todo, VIVIRLO.

Al flamenco.

Dicen que yo no te quiero
te digo que no es verdad
Eres sentío de mi vía
Y sin ti no puedo pasar.

Si mi alma yo te doy
De na me puedes culpar
Por ser sincero en la vía
Sentencia no me pueden dar.


MARÍA JOSÉ CORTÉS


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