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sábado, 22 de septiembre de 2018

  • 22.9.18
Con el curso iniciado a la memoria me viene aquella clase de filosofía que debido a la edad podía parecer “tostón” y que, como tantas lecciones son apreciadas cuando el tiempo pasa, o el momento llega.



Y por todo lo que acontece, sin ánimo de plagiar pues a Descartes se le debe, a compartir me remito y a la reflexión invito. “El buen sentido es lo que mejor repartido está entre todo el mundo, pues cada cual piensa que posee tan buena provisión de él, que aún los más descontentadizos respecto a cualquier otra cosa, no suelen apetecer más del que ya tienen.

En lo cual no es verosímil que todos se engañen, sino que más bien esto demuestra que la facultad de juzgar y distinguir lo verdadero de lo falso, que es propiamente lo que llamamos buen sentido o razón, es naturalmente igual en todos los hombres; y, por lo tanto, que la diversidad de nuestras opiniones no proviene de que unos sean más razonables que otros, sino tan sólo de que dirigimos nuestros pensamientos por derroteros diferentes y no consideramos las mismas cosas.

No basta, en efecto, tener el ingenio bueno: lo principal es aplicarlo bien. Las almas más grandes son capaces de lo mayores vicios, como de las mayores virtudes; y los que andan muy despacio pueden llegar mucho más lejos, si van siempre por el camino recto, que los que corren, pero se apartan de él.”

A esta explicación el discípulo aventajado, al Maestro preguntó:

- Si la razón es igualmente natural a todos, y depende de que consideremos cosas distintas y de aplicar bien dicho ingenio. ¿Sería posible que en el reparto de la razón algunos faltaran aquel día?

- A lo que el Maestro respondió:
Hay carencias inexplicables siendo innatas en el ser
la razón es la verdugo de quien no la quiere ver,
ni la ciencia ni lo divino pueden al carente ayudar
y el daño hecho en el camino, a ti te puede arrastrar.

Homenaje a la razón y a Descartes.

MARÍA JOSÉ CORTÉS


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