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sábado, 27 de octubre de 2018

  • 27.10.18
El día de todos los Santos o la noche de Halloween, según la preferencia de cada cual, está a la vuelta de la esquina, por lo que viene a colación recordar una historia trágica de nuestra localidad, acontecida en la calle Real, concretamente en la espléndida mansión ocupada en la actualidad por la Residencia de Ancianos “San Pedro Nolasco”.



La tragedia azotó a una familia de la élite local, concretamente al matrimonio formado por Don Gil Jiménez y doña Isabel López de Tejada, que debió producirse a finales del siglo XIX. El primero pertenecía al clan de los “garrocha” (rica burguesía ganadera) e Isabel, hija del granadino Don Pedro López de Tejada y de la visueña Doña Amalia Jiménez, al de los ciervos (burgueses de extensas propiedades agrícolas, con gran afición a la caza).

En definitiva, este enlace supuso la unión de los dos clanes más poderosos de El Viso de la Restauración y el amasamiento de un patrimonio realmente considerable. El joven matrimonio residía en una gigantesca casa-palacio de la calle Real, número 23, construída en la segunda mitad del siglo XVIII. La puerta principal daba a la citada calle, la principal en la época, y la secundaria, en la parte trasera, a los Corrales. Consta de dos plantas y tres patios, destacando el primero, rodeado de arcadas con bellas columnas de mármol.

La casa es gigantesca y albergaba al matrimonio, hijos y sirvientas. Asimismo, convivía con ellos, Carmen, la hermana soltera de Isabel, la cual encontró una salida a la tiranía de su cuñado, uno de los principales baluartes del Partido Conservador en El Viso, casándose a principios del siglo XX con el sexagenario Manuel de los Santos, “Chochales”, treinta años mayor que ella.

Brisas de felicidad entraban por la bellísima portada, pero hechos dramáticos oscurecieron este bonito panorama de una familia acomodada de la alta burguesía visueña. El patriarca se suicida pegándose un tiro, aparentemente sin ninguna justificación. Por otro lado, la guadaña también se cebó con la hija mayor de Gil e Isabel, Patrocinio, quién contrajo matrimonio con Diego López, nieto de Don Diego López Sańchez, “El Santo”, conocido por ese apelativo por su gran religiosidad y por haber comprado el Convento de Corpus Christi y la Iglesia de los Mercedarios con su huerta, con el objetivo de volver a cedérselos a los frailes mercedarios descalzos.

El desdichado matrimonio de Diego y Patrocinio concibió ocho hijos, aunque todo no era color de rosa. Diego heredó una gran fortuna de su abuelo, pero ésta fue dilapidada en gran parte debido a sus cuantiosas pérdidas de juego. Su mujer, al parecer, toleraba las continuas ausencias de su marido, encontrando refugio en sus profundas creencias religiosas. El matrimonio murió joven. Patrocinio falleció por unas fiebres de malta y Diego hizo lo propio a los tres meses, dejando huérfanos a sus ocho hijos. De ellos se hizo cargo la abuela Isabel.

La matriarca, sin embargo, no pudo evitar la decadencia del hogar familiar, tras el suicidio de su marido y la muerte de su hija mayor y de su yerno. Los negocios familiares fueron continuados por su hijo mayor, notario y amigo del político Diego Martínez Barrio, quién para afrontar las numerosas deudas, solicitó un crédito hipotecario. Al no poder pagarlo, la familia acabó en la más completa ruina. Además, el notario fue detenido, a causa de sus ideas republicanas, tras el golpe del 36, permaneciendo detenido en una cárcel de Sevilla. La ruina económica y los estragos producidos por su encarcelamiento favorecieron la pérdida de su equilibrio mental, empujándole al suicidio, cortándose el cuello con una navaja de afeitar. Lo descubrió su sobrina Alcora, inerte, tendido en su cama y en medio de un gran charco de sangre. Dejó viuda y una niña de escasos meses.

Como curiosidad, Alcora López, hija de Diego y Patrocinio, fue la primera visueña que recibió el nombre de la Patrona de Los Alcores, y madre de Diego y José María de los Santos, Hijos Predilectos de El Viso del Alcor. Además, era nieta de Isabel, la gran matriarca de la familia, y contrajo matrimonio con el médico Manuel de los Santos, hijo, a su vez, de Carmen, hermana de la matriarca. En definitiva, el padre de los insignes visueños era tío carnal de su esposa, aunque sólo se llevaban siete años.

La familia perdió, a causa de las deudas, el hogar familiar. La casa de la calle Real, número 23, se convirtió en los años cuarenta en Cuartel de la Guardia Civil, tras ceder el Ayuntamiento el edificio al Instituto Armado, el 23 de octubre de 1943, por un plazo indeterminado. El edificio se convirtió en el baluarte de la represión franquista en El Viso, siendo escenario de torturas, sangre y dolor.

Finalmente, tras el traslado del Cuartel de la Guardia Civil a Mairena, el edificio fue abandonado y, posteriormente, remodelado, en los últimos años del siglo XX, para albergar la Residencia de Ancianos “San Pedro Nolasco”. La tempestad acabó de azotar los recios muros de esa casa-palacio, convirtiéndose en la morada de nuestros mayores, de los que tanto tenemos que aprender y a los que debemos gratitud eterna.

MARCO ANTONIO CAMPILLO DE LOS SANTOS
Historiador y antropólogo


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