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sábado, 19 de enero de 2019

  • 19.1.19
“El día veinte de enero
fiesta de San Sebastián, (R)
con sus vestiítos nuevos,
se iban a columpiar
las mocitas de mi pueblo.

Paseando en un columpio
el día de San Sebastián, (R)
yo m’enamoré de ti
en la venta de la Cagá.

A mi niña columpiaba
en la bamba la mecía, (R)
mientras se balanceaba,
le dije que la quería
y por bambera le cantaba…”
Bamberas de Antonio Colchón



Mañana domingo es 20 de enero, un día que, tradicionalmente, estaba señalado en el subconsciente de nuestros antepasados, al celebrarse el día de San Sebastián, antiguo Patrón de El Viso hasta 1630, fecha en la que los mercedarios descalzos consiguieron situar como patrón a su Santo fundador, San Pedro Nolasco, tal como lo vemos reflejado en el azulejo que se colocó encima del dintel de la puerta de la casa conventual del Corpus Christi.

Nuestro pueblo puede presumir de tener tres Patrones: San Pedro Nolasco, que de forma paulatina va consiguiendo un hueco en los corazones de los visueños; San Sebastián (santo protector contra la Peste, enfermedad terrible, especialmente en los siglos XIV y XVII) y San José; este último, fue considerado el protector de los visueños de los estragos del Terremoto de Lisboa de 1755, que afectó gravemente a las casas, Iglesia y Convento de esta villa, pero, que, afortunadamente, no hubo que lamentar ninguna desgracia personal.

El Viso contó, en la vereda del Cañalizo, con una ermita de San Sebastián, del mismo modo que Carmona, Alcalá o Mairena. Se trataba de un edificio mudéjar, con cabecera plana, tejado a dos aguas y planta de una sola nave.

Mairena y El Viso, en torno a la festividad de San Sebastián, el 20 de enero, celebraban una romería, tras la ceremonia religiosa en la ermita y la suelta de cohetes y ruedas de artificio, en su honor en el bello paraje de Santa Lucía, donde el buen yantar, la bebida y el cortejo a las mujeres en las bambas eran los elementos imprescindibles. Sin embargo, en la primera mitad del siglo XX, los visueños peregrinaban durante el gélido enero a la zona de la popular Venta la Cagá.

Uno de los aspectos más populares de esta romería eran las bambas. José de Biso relata en su Crónica de la provincia de Sevilla (1868) lo siguiente:”Las vampas o bambas son un doble columpio que se suspende de un grueso árbol, por lo ordinario nogal, y se atraviesa con una tabla bastante resistente; colócase en ella la pareja que se mece mientras hace el corro y cantan e impulsan la vampa. Regularmente cada copla de uno de los del corro es contestada por otra de los del columpio; pero lo original es que para estas ocasiones guardan los amantes todas sus quejas, sus celos, desdenes, y, con una imaginación viva y perspicaz, improvisan expresivas canciones, de un momento en que median reconvención y ternezas, galanterías o resentimientos, desaires o desahogos de contenida pasión".

En definitiva, los jóvenes aprovechaban el espacio de mayor libertad y desenfreno de una romería para cortejar a las chicas; la novia, sentada y con un cíclico bamboleo, recibe, pues, los piropos y cortejos mediante poesías cantadas. Con el tiempo, estos “cantes del columpio”, de origen folclórico, son aflamencados y convertidos en uno de los palos del Flamenco. En este sentido, el término Bamberas no aparece en el argot flamenco hasta que Pastora Pavón (1890-1969), “La Niña de los Peines”, de antepasados visueños, realiza una grabación en 1949 de una suerte de fandangos inspirados en los cantos de columpio tradicionales. No obstante, anteriormente la cantaron, a lo flamenco, Pepe Pinto, en 1935, y Pepe Marchena en la película Martingala de 1940. Sin embargo, La Niña de los Peines, populariza las bamberas, ajustándolas al compás de una soleá aligerada, dándole su forma definitiva.

La tradición del canto del columpio tiene su origen, en opinión de algunos autores, en el rito femenino de adoración a la luna, en el que los hombres empujan el columpio a fin de acercar a la mujer a la luna. ¿Resabios de ancestrales cultos paganos? La romería de San Sebastián desapareció en las brumas del tiempo, siendo sustituida por la cada vez más pujante romería dedicada a Santa María del Alcor en el bello paraje de Alcaudete, otro lugar de gran trascendencia mágico-religiosa, al igual que el de Santa Lucía. Por otro lado, las bambas pasaron de moda, pero sus ecos se mantienen al escuchar las bamberas de “La Niña de los Peines”, de raíces visueñas, o de otro gran cantaor.

“Que se venga a columpiar
dile a la del pelo lacio
que la quiero enamora
meciéndola mu despacio”
Fosforito (1932) por Fandango

“De sol a sol en el campo
de luna a luna contigo
que bien suena tu nombre
de bajo de los olivos”
Curro Malena (1945) por Fandango

“El viento peina su pelo
mientre le alumbra una estrella
y el moreno que la mece
de amor muere por ella”

Manuel Calero (1951) por Bulería por Soleá.


MARCO ANTONIO CAMPILLO



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