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lunes, 3 de junio de 2019

  • 3.6.19
Autora de varios libros de poesía que publica desde los dieciocho años (Estar enfermo, La tumba del marinero, Los estómagos o El arrecife de las sirenas) y del ensayo sobre la masturbación femenina El dedo, del que Lumen prepara una edición ampliada, El funeral de Lolita es la primera novela de Luna Miguel (Alcalá de Henares, 1999). Además, es editora en PlayGround y columnista en El Cultural de El Mundo. Desde este año es editora invitada de Caballo de Troya, junto a Antonio J. Rodríguez.



—'El funeral de Lolita' es tu tan esperada novela. En ella cuestionas la interpretación que se ha hecho del personaje.

—Sí. Creo que era necesario cuestionar las interpretaciones que, desde la moda, el cine, incluso desde todas las artes, se han hecho del mito, porque también había que plantearse qué peso tiene ese mito en las mujeres jóvenes del mundo.

—Dices que a Lolita nunca la ha censurado ni destrozado el feminismo, sino el conservadurismo y aquellos que no la entienden.

—Nabokov, desde el primer momento, tuvo problemas para publicar la novela y, de hecho, la primera edición es de una editorial de casi contenido erótico en París. Entonces, sería absurdo pensar que son los tiempos de hoy los que censuraron una gran obra como es la suya.

—¿Cómo debemos ver hoy a Lolita?

—Bueno, Lolita, la de Nabokov, creo que hay que leerla con inteligencia y cuestionándose siempre el relato único que es el del narrador, que es el propio pedófilo que narra, que además es un delincuente, que pega a la gente, que roba y que es un maltratador psicológico durante todo el libro. Entonces, hay que leerla dudando de la versión de él.

—“Ser creativa en España es una mierda”. Los críticos pueden que te traten mal, pero el público te trata bien.

(Ríe). Sí. Me refería más con esa frase a la precariedad que a los críticos. Yo, con los críticos, me llevo muy bien también afortunadamente, porque también trabajo como periodista y como crítica. Entonces, me sé algunos trucos. Pero es cierto, y el personaje de la novela además lo es, es una persona precaria. Y esto es algo que para un artista va ligado ahora mismo de la mano. Cómo crear, cómo innovar, cómo investigar, si no tienes nada.

—Te han llamado de todo por lo que piensas y por lo que escribes. ¿Enumera los tres insultos con más enjundia?

(Ríe). Precisamente, me han llamado muchas veces Lolita. Yo creo que, además, con la mala baba de no puede ser una mujer joven con ambiciones y con sueños. Por eso te meten en un arquetipo además sexualizado y terrible. Pero el más divertido es cuando me llaman la Hannah Montana de la literatura. Y ya me gustaría a mí.

—La mujer sigue relegada a la categoría de musa. Pero no lo dirás por ti. Poeta, antóloga, traductora, novelista.

—Otra de las grandes escritoras de la generación de García Márquez, que es Elena Garro, mejicana, cuando se le publicó por primera vez una novela en España suya, decía: Musa de García Márquez, novia de Bioy Casares y mujer de Octavio Paz. Una mujer completa pero, claro, de lo que no se está hablando es de lo que ha hecho, que es escribir una narrativa brutal y ser una de las autoras más grandes de México y de su generación. Lamentablemente, por muchos títulos que tengas en la biografía, hay algo que pesa más todavía, que es la mirada, muchas veces, machista de esta sociedad.

—Publicaste el primer poemario a los 18 años. Te decían entonces que eras “insultantemente joven”. ¿Desde cuándo ser joven es un insulto?

—Eso me preguntaba yo siempre y curiosamente ahora tengo 28, soy madre, tengo canas (ríe) y muchas veces se me sigue tratando como la eterna promesa, como algo que algún día pasará. Lo que yo me pregunto es cuánto tiempo tiene que estar alguien creando para que le tomen en serio, y sobre todo una mujer, para que la tomen en serio.

—Volviendo a tu novela, una mujer de 30 años mantiene una relación con un hombre maduro. Algo bastante habitual.

—Sí, sí. Bueno, la mantiene cuando tiene 15 y luego a los 30 está tonteando con otro. Creo que es normal porque a muchas les atrae el poder o la sensación de alguien supuestamente más inteligente que tú o con más poder, porque te va a llenar el alma de otras cosas que alguien de tu edad no lo haría. Creo que bastante común. Sí.

—Te documentaste con correos de chicas que habían mantenido relaciones con hombres bastante mayores que ellas.

—Recibí historias de muchas mujeres, algo que solo me había pasado una vez que traté temas como por qué no nos suicidamos, o sea, por qué alguien que se va a suicidar decide finalmente no suicidarse. O como cuando traté el tema del aborto espontáneo, de la pérdida gestacional. Creo que son temas que remueven a las personas y que invita a contar su experiencia a las personas porque son temas que se tratan muy pocas veces en los grandes medios y, por fortuna, eso está cambiando ahora. Entonces, me inspiró mucho saber que había mujeres que se iban a sentir identificadas, incluso salvadas un poco por un personaje como Helena.

—Hace dos años Facebook censuró tu cuenta por colgar la portada de tu libro 'El dedo', sobre la masturbación femenina. No logramos arrebatar espacio al puritanismo.

—Hace falta educación y hace falta que la gente pueda acercarse al arte y juzgarlo pero sabiendo que es arte. Pero estamos en un momento en el que quizá porque todo se precipita por las redes sociales o porque cada vez hay menos literatura, menos filosofía y menos arte en las escuelas, tendemos a perder la mirada.

—¿Alguna vez hiciste o soñaste con ser Lolita? Porque el 70 por ciento de tus amigas, según tú, sí lo vivieron.

(Ríe). Me pregunto mucho, a veces, si yo, cuando sea mayor, querré ser hombre y me pregunto qué haré para detener esos impulsos.

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO
FOTOGRAFÍA: ELISA ARROYO

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