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sábado, 29 de junio de 2019

  • 29.6.19
Agus volvía a casa de su paseo diario el pasado martes a las 22:00 horas y antes de entrar en casa encuentra en la acera un papel, dobladito meticulosamente y cual tesoro preciado, desdobla mirando a su alrededor. Una vez adquirida su dimensión real empieza a leer:



Estimado señor. Hemos rechazado su solicitud para el empleo ofertado, porque a pesar de su formación adecuada y facultades necesarias para el desempeño del mismo, en la entrevista llevada a cabo tuvimos dificultades para entender sus pretensiones.
Procedemos a señalar aquellas cuestiones que nos han llevado a tomar esta decisión:
A la pregunta:

- ¿Se encuentra usted capacitado para este puesto de trabajo? - usted respondió-

- ¿!Perdona¡?

Pensando no habíamos oído bien la pregunta, volvimos a plantear

- ¿Piensa que estaría cualificado para esta labor en la empresa?
A lo que usted contestó:

¿Cualificado? no, lo siguiente.

Esta respuesta nos ha creado una gran incertidumbre, ¿estaría cualificado, muy cualificado, capacitado, preparado, facultado etc. etc.?

En el desarrollo de la entrevista otra cuestión fue:

¿Qué ha sentido usted al haber sido seleccionado por su currículum?

Tras un momento de silencio dijo:

- Lo más grande.

La confusión de sus palabras nos hizo insistir en el planteamiento. Y su repuesta tampoco acabó de aclararnos.

- Lo que es contento.

Rogamos entienda la decisión adoptada.

Saludos cordiales.

Tras terminar de leer aquella carta con calificación no apto, Agus recordó aquella amiga que tantas veces corregía de forma inmediata quienes decían expresiones que les erizaba el vello.

Esas mismas palabras que le habían costado a aquel desconocido la posibilidad de trabajar donde hubiera deseado.

Entró en casa y guardó aquella carta como sentencia in voce y decidió convertirse en otra correctora de todos aquellos usos de moda que podían desde su cómica existencia llegar a dañar de aquella forma.
P.D.

Son modas en el lenguaje, en cada época encontramos esas frases o palabras que se repiten por donde vamos y me pregunto ¿Dónde surgen? ¿Quién las dice la primera vez?

¿Son los medios de comunicación? ¿Personajes famosos que las usan dónde no hay fondo? ¿Se trata de buscar algo original? ¿Es algo divertido? ¿Es contagioso?

Puede que se trate de la riqueza lingüística, de crear, evolucionar y hasta desaparecer una vez llegado al agotamiento de su uso. Puede que sean tendencias que cual plaga incontrolada daña el lenguaje y a los oídos más sensibles.

Si quisiéramos extender una buena idea, una inmejorable intención, una solidaria labor, una magnífica noticia, una increíble acción entre tantas personas como usan estos latiguillos ¿seríamos capaces con el mismo mínimo esfuerzo llegar tan lejos?

MARÍA JOSÉ CORTÉS


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