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jueves, 15 de agosto de 2019

  • 15.8.19
Sobrevolando por el tiempo (del pasado al presente) siempre que a la mujer se la ha necesitado ha sido usada para completar situaciones varias. En otro tiempo y dentro de la élite valía para amarrar alianzas con los vecinos y así participaba del poder, aunque a la hora de la verdad pintara poco.



Hemos visto cómo algunas mujeres alcanzan dicho poder, pero son las menos. Cuando se extralimitaban –“excederse en el uso de atribuciones” (sic)– eran relegadas al hogar. Otras, para quitarlas de en medio, eran acusadas de brujería y el final ya lo conocemos.

Otras, las menos, estudian, leen y se atreven a escribir. Suelen ser de “clase bien”. La mayoría friega, lava, cocina y cuida del hogar. Tendremos que llegar al siglo XVII o XVIII para notar cambios que van colándose con dificultad y lentamente.

Por ejemplo, Inés Joyes (1731-1806) hispano-irlandesa residente en Andalucía y viuda con 51 años, dedicada al hogar, a sus hijos, está presente en la actualidad por su alegato feminista Apología de las mujeres, obra publicada en 1798, un breve ensayo en el que analiza la situación de la mujer, defiende su capacidad intelectual, arremete contra la desigualdad de sexos, las normas sociales opresoras y una moral capadora, amén de la carencia educativa.

A finales del siglo XVIII, la Revolución Francesa marca un antes y un después importante en los cambios de nuestro mundo europeo. Como documento de gran alcance para un futuro cercano se proclama la “Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano”, aprobada en 1789 por la Asamblea Nacional Francesa. En dicha declaración cuentan, a la hora de la verdad, solo los derechos del hombre y del ciudadano. ¿Problema con el lenguaje? Creo que no.

El cambio queda perpetuado en el cuadro La libertad guiando al pueblo, de Eugene Delacroix, donde plasma una alegoría de la República que quiere simbolizar la igualdad y fraternidad de “ricos y pobres unidos por la libertad”.

"Liberté, Egalité, Fraternité" es el lema de la revolución. La Liberté la representa una mujer con el torso desnudo, con un rifle en la mano izquierda y la bandera tricolor en la derecha. Detalle a tener en cuenta: en el cuadro no aparece ninguna otra mujer pese a estar atiborrado de hombres.

Dicho simbolismo democrático no aportó mejoras para la mujer, es más, ni tan siquiera la tuvo en cuenta. En cuanto a los logros sociales quedaba mucho camino por andar. Mucho se ha ensalzado el cuadro como reflejo del cambio. El entusiasmo es importante pero creo que la realidad quedó pobre y camuflada.

Unas pinceladas de historia. Las primeras reivindicaciones femeninas, pro igualdad de derechos, las podríamos situar en el ámbito de la Revolución Francesa cuando Olimpia de Gouges, sinónimo de Marie Gouze (1748-1793), reclama la igualdad de la mujer en su Declaración de los derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1791).

El currículo de esta señora es abundante. Política, escritora, filósofa, abolicionista y panfletista, lucha hasta las últimas consecuencias por la igualdad de la mujer. Fue muy consecuente con sus ideas. Dice Olimpia:“la mujer tiene derecho a ser llevada al cadalso y, del mismo modo, el derecho a subir a la tribuna”. Dicho manifiesto y declaraciones como la citada no le dejarán subir a la tribuna y sí a la guillotina, dos años después (1793) por atreverse a reclamar la igualdad de la mujer. Un triste ejemplo más.

Hasta su padre se le opone: “No esperéis, señora, que me muestre de acuerdo con vos (…). Si las personas de vuestro sexo pretenden convertirse en razonables y profundas en sus obras ¿en qué nos convertiríamos nosotros los hombres? (...) Adiós a la superioridad de la que nos sentimos tan orgullosos (…) Las mujeres dictarían las leyes y esto sería peligroso”. Como podemos apreciar, ya está todo dicho.



El vídeo aportado ofrece una buena explicación de la Revolución Francesa y su alcance a nivel sociopolítico para Francia y para el resto de la Europa de finales del siglo XVIII. Desde la Revolución Francesa, como hito reivindicativo de la igualdad, ha transcurrido tiempo, han cambiado situaciones pero la paridad real entre hombres y mujeres está por llegar. Se da una asimetría que en la práctica ocasiona una relación de dominio, en la que sigue perdiendo la mujer.

El final del siglo XVIII marcará el inicio de una lucha por la igualdad y la liberación del colectivo femenino y la lenta incorporación al trabajo fuera del hogar como asalariada, en la naciente industrialización. Hecho que cambia su forma de vida abriéndole puertas pero, a partir de entonces, duplica la faena siendo explotada en el hogar y en el trabajo. Ellas cobraban menos aunque sus manos eran más hábiles en los telares.

Será a finales del siglo XIX cuando más se intensifiquen dichas reclamaciones en pro de la igualdad, sobre todo en el mundo anglosajón. En España, a finales del siglo XIX e inicios del XX, mujeres como Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán, Federica Montseny o Clara Campoamor, entre otras, reivindicarán la igualdad entre hombres y mujeres. No resultará fácil pero van abriendo camino. Estas mujeres son las más conocidas, otras pasaron al olvido automáticamente. Digamos que fueron intelectualmente borradas antes de morir.

¿Cómo estaba el derecho al voto en otros países? En Estados Unidos, a partir de 1861, todos los varones tienen derecho a votar, la mujer no lo conseguirá hasta 1920. En el Reino Unido, la lucha por dicho derecho se inicia en 1792, potestad que no tendrán hasta 1918 y solo las mujeres mayores de 30 años; finalmente ese derecho será realidad, para todas las mujeres inglesas, en 1926. Largo recorrido en el tiempo.

España no queda lejos de las anteriores fechas, aunque empiece la movida más tarde. En 1931 se reconocerá el derecho al voto, situación que vuelve a cambiar tras la guerra civil, quedando de nuevo sometidas al marido en lo civil y en lo social. Habrá que esperar al Referéndum de 1976 y a las elecciones de 1977 para que se recuperen los derechos perdidos.

A título informativo hago un repaso de diversos hitos indicativos en lo referente a algunos momentos importantes desde 1850, donde la educación es básica para la igualdad. María de Maeztu pleitea para que la mujer acceda a la universidad.

Con respecto a la educación, en 1857 aparece la primera Ley de Instrucción Pública (Ley Moyano). El analfabetismo campa a sus anchas. ¿Estudiar? Al final de la corrida parte del pueblo se conforma con saber firmar y algo de cuentas. Desde entonces a hoy la cantidad de “leyes de partido” que se han derogado por aquello de “quítate tú para que me ponga yo” son múltiples. Hablaremos cuando salga la siguiente.

Se funda la Institución Libre de Enseñanza (1876) por un grupo de catedráticos que por defender la libertad de enseñanza, la renovación educativa, cultural y social y con el deseo de modernizar la sociedad y dar entrada a las mujeres, su osadía los separará de la Universidad. Desde 1876 hasta la guerra civil, será clave para la culturización española.

Durante 1920 continúa dicha transformación. La España del momento se polariza entre un campesinado analfabeto y supersticioso y una burguesía que busca modernizar el país. En 1931 se proclama la Segunda República y crean las “Misiones Pedagógicas”, proyecto de culturización del pueblo analfabeto. Los “misioneros” son intelectuales del momento (maestros, estudiantes, profesores). Tales Misiones fueron desmanteladas al final de la “guerra incivil”.

La postguerra está sobrecargada de penuria, cartillas de racionamiento, exilio, miedo para unos, silencio para otros. A partir de los años sesenta la emigración será una salida. Poco a poco se va abriendo el telón. La Transición marca un renacer y la integración en Europa deja paso a estabilidad política y a un lento crecimiento.

¿Cómo está el panorama actualmente? Estamos entre dos bandos evidentes. Feminismo contra machismo: ¿¡muera el machismo, viva el feminismo!? En este frente se pelea a brazo partido. El extremismo nos llevará a un fanatismo donde cada cual justificará sus contradicciones.

Y la normalidad entre un sexo y el otro ¿para cuándo? Siguen dándose situaciones de opresión, de abuso… ¿Cuándo entraremos en una situación normal? Temo que si no rompemos la convivencia por un lado lo haremos por otro. Aumentan las manadas: ¿están de moda? Aumentan los abusos sexuales. Mal camino.

Un comentario que es de justicia. El conjunto de mujeres que saltaron a la arena durante los siglos XIX y XX eran de casa bien, con cultura, con arrojo para apoyar los derechos de la mujer. Lógicamente su pátina cultural y su estatus social juegan un papel básico. Los hombres, antes y ahora, también hemos arrimado el hombro.

Mis recuerdos resbalan hacia las sufridas mujeres del pueblo, sin cultura (muchas no sabían leer ni escribir), trabajando de lo que sea (aceituna, vendimia, blanqueo, fregar casas y el hogar). Su vida era dura, pero se enfrentaban a la realidad luchando por su propia dignidad. Gracias a todas ellas. Dejo el tema “mujeres” para más adelante.

PEPE CANTILLO

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