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domingo, 29 de septiembre de 2019

  • 29.9.19
Durante estos días se cumplirán los primeros cien días de gobierno del los alcalde y nuevo gobiernos con origen en las pasadas elecciones municipales de 26 de Mayo. Hoy en día que nos organizamos con listas, decálogos, “top ten” y toda serie de medidas simbólicas clasificatorias, la política no iba a quedar ajena. De hecho, en nuestro pueblo, estamos asistiendo ya a numerosas publicaciones, entrevistas y comentarios tanto de los equipos de gobierno como de la oposición para calificar esos primeros cien días que se suelen dar “de gracia” a los gobernantes.



Sin embargo, la idea de los cien días no es algo nuevo sino que sus orígenes se remontan a Napoleón Bonaparte y su retorno a Francia y el poder. En marzo de 1815, tras casi un año de reclusión en la isla de Elba, Napoleón protagonizó una espectacular evasión. Al frente de poco más de un millar de hombres, marchó sobre París. Casi nadie pensaba que triunfaría en esta nueva aventura pero Napoleón llegó a París el 20 de marzo de 1815. El 18 de junio la batalla de Waterloo selló su suerte definitivamente. El tiempo trascurrido de restauración del imperio napoleónico son los famosos cien días.

Pero la concepción moderna la encontramos en Franklin D. Roosevelt al acceder a la presidencia de los Estados Unidos en 1933, en plena crisis económica derivada del crack de 1929 y, nada más acceder al poder, usó el lema de los «100 primeros días de gobierno» para adoptar medidas («actuar y actuar ahora”) y demostrar su eficacia ante los ciudadanos. Era el origen del New Deal y del 5 de marzo al 24 de julio tuvo lugar esta revolución política que cambió el país y han copiado todos los presidentes. En realidad no importa demasiado el origen. Lo cierto es que durante este periodo lo usual es que los grupos de Gobierno intenten fijar las propuestas más importantes comprometidas en su programa electoral y la oposición haga gala de cierta cortesía a la hora de afrontar la intensidad de su tarea.

Por tanto, la apertura de los 100 días se ha convertido en una referencia para la medición de las intenciones y la eficacia de un nuevo gobierno municipal. El reto de los 100 primeros días para los gobiernos es fuerte. Sobre todo en el caso de los nuevos gobernantes que necesitan demostrar que ellos no van a defraudar a los votantes y son el cambio que necesitaba este municipio. Es decir, demostrar capacidad de gestión y generar confianza y optimismo. Y aunque sea más simbólico que otra cosa, porque a lo largo de ese centenar de días no se van a solucionar los problemas existentes son importantes porque en política percepción es realidad y la impresión que nos causen en este periodo de tiempo será esencial para construirnos una imagen suya como políticos eficaces o no.

Como dijo un conocido articulista, «nunca tendremos una segunda oportunidad de crear una buena primera impresión. Y los cien primeros días son esa primera impresión».

Sin duda, se trata de un hito mediático, como lo será el primer año de legislatura, pero también un buen ejercicio de transparencia política y de demostración de eficacia en la gestión pública en un plazo de tiempo que la ciudadanía espera, consecuencia del interés despertado por las elecciones y sus efectos inmediatos en la sociedad.

En estos primeros 100 días a los responsables del gobierno se les percibe un gran entusiasmo e ilusión, al afrontar con sentido común, ganas y éxito en algunas de las picias de gestión del anodino gobierno anterior. Esperemos no caigan en la complacencia y loas de sus más fervorosos seguidores y/o interesados y estos 100 días sean un simple espejismo.

Han presentado medidas que merecen su aprobación; la aplicación del superávit presupuestario a inversiones y con ello la creación, por fin, de unas instalaciones adecuadas para el archivo histórico. La publicación de la Agenda de Alcaldía como un ejercicio de transparencia, el compromiso de aprobar los presupuestos en fecha, la activación de obras municipales y PGOU, la reconsideración de ofertas públicas de empleo, entre otras.

No obstante, algunos echamos de menos algún pronunciamiento sobre carencias estructurales que sufre el ayuntamiento; organización de los servicios, la modernización de la administración, el parque de la muela, políticas medioambientales y la transición hacía la economía circular, …. Hubiera sido necesario conocer las intenciones sobre el portal de transparencia y una información veraz y objetiva sobre la externalización del Servicio de Alumbrado Público que llevó a cabo el gobierno anterior, fuertemente contestado por los medios de comunicación y PSOE, entonces en la oposición.

GUILLERMO JIMÉNEZ



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