:::: MENU ::::

sábado, 12 de octubre de 2019

  • 12.10.19
La Tablada ocupa un promontorio al sur del casco urbano de El Viso del Alcor, a espaldas del recinto de las Fiestas de la Santa Cruz y junto al parque de la Muela. Su ubicación es realmente privilegiada al adelantarse la meseta de 174 metros de altitud que la conforma a la línea de la cornisa de Los Alcores. Los soldados que la custodiaban podían divisar, desde sus altos torreones, el lucero de Carmo, la milenaria Gandul, la minera Ilipa (Alcalá del Río), la fértil campiña, las sierras que se pierden en la lejanía y, especialmente, el lago Ligur ¡Qué cerquita teníamos el mar!



Además, poseía unas excepcionales condiciones de habitabilidad al tener en sus proximidades una excepcional riqueza hídrica (que está empezando a ser explorada y estudiada), tierras fértiles, arcilla abundante (no nos podemos permitir el lujo de olvidar en la bruma del tiempo nuestra tradición alfarera), variedad cinegética y diversidad de recursos naturales en su triple ecosistema (terrazas, alcor y vega)

La Tablada fenicia (siglos VIII-VI a.C.)

El concepto de Tartessos como cultura es objeto de debate científico. El tesoro tartesio del Carambolo, máximo exponente de esta civilización, es considerado en la actualidad como fenicio, aunque elaborado en estos lares.

Los colonos procedentes del Mediterráneo Oriental trajeron a estas tierras importantes novedades: el alfabeto, el torno cerámica, nuevos usos y ritos funerarios, los hornos de tiro vertical, la técnica de injertar el acebuche, la gallina (¡gracias a los fenicios podemos disfrutar de unos deliciosos huevos fritos en aceite de oliva!), sus costumbres y creencias religiosas,…

La presencia fenicia en la Tablada descansa en sus entrañas, esperando salir a la luz con un metódico estudio arqueológico (¡desgraciadamente los objetos metálicos han sido terriblemente saqueados con total impunidad!) En definitiva, conocemos poco de los mercaderes, campesinos, artesanos, sacerdotisas, soldados o reyezuelos que vivieron en esta tierra, pero podemos rastrear su sagrada morada eterna. Carlos Cañal hace referencia, en 1896, a la existencia en Santa Lucía (Olivar de los Toruños) de entre 15 a 17 túmulos, frente a los 14 mencionados por Bonsor ¡La escena sería sobrecogedora! Un nutrido cortejo fúnebre descendería en fila india de la Tablada, dejando atrás las casas de planta cuadrangular, construidas de sillares, mampostería o tapial. La noche se tornaría en día con el crepitar de las antorchas y el silencio de la misma sería roto con los cánticos en honor a los dioses y los gemidos guturales de las plañideras que alabarían incesantemente las virtudes del fallecido.

Éste, llevado en andas, con todos los honores característicos de su rango, sería conducido hacia el oeste, donde su alma se elevaría al cielo junto al humo que convertiría su cuerpo inerte en polvo y cenizas, y podría renacer, de la misma forma que renace cada día el Sol, venciendo la oscuridad de las tinieblas. Lógicamente, estos honores estaban reservados para las personas de alto estatus, que eran cremadas en piras funerarias y sus restos sepultados en túmulos, con alturas que oscilaban entre 1,50 y 6 metros de altura. Jorge Bonsor excavó uno de ellos, de 2´35 metros de altura, en marzo de 1895. Los resultados fueron espectaculares, pero en mal estado de conservación: un pequeño bote de marfil, cuatro peines y tres placas de marfil decoradas con frisos de animales, palmeras y flores de loto; dos conchas grabadas con figura de león (en las interiores) y de un carnero y un capullo de loto (en las exteriores), y un huevo de avestruz con los bordes dentados y decorados con líneas rectas y zig-zag grabadas y pintadas en rojo.

Mª Ángeles Aubet destaca la extraordinaria calidad en el tratamiento y decoración de estas piezas en comparación con los demás marfiles de Los Alcores ¿Pudo ser la morada eterna de una sacerdotisa o de una mujer de la alta nobleza? Estos lujosos materiales indican que existía en la Tablada una élite con capacidad económica suficiente para canalizar la producción y comercio de estos bienes de lujo. Estos ricos materiales fenicios, datados entre los siglos VII-VI a.C., fueron adquiridos, en su mayor parte, por la The Hispanic Society de Nueva York en 1906, siendo vendidos de forma legal por Bonsor. Resulta un contrasentido que en la lejana ciudad americana conozcan la riqueza arqueológica de Los Alcores, mientras que en esta comarca es desconocida por la gran mayoría.

El arqueólogo anglo-francés, siempre incansable, excavó en 1908 el más grande de los túmulos, de 5,60 metros de altura, que cubría una gran fosa crematoria cavada en la roca. A pesar de las colosales dimensiones, no halló nada destacable, porque, según el insigne arqueólogo, había sido previamente saqueada ¿Qué refinados objetos poseería el ajuar de tal colosal túmulo? Nunca lo sabremos…

Juan Antonio Martínez, después de una incesante búsqueda, ha precisado la localización de las necrópolis fenicias de la Santa. Estima que los límites de la inmensa necrópolis la conforman la carretera Mairena-Viso, al Norte, y el antiquísimo camino de Zapata, al Sur. En cuanto a los túmulos señalados por Bonsor dentro del Olivar de Don Marcelino Calvo, señala que puede situarse en el “espacio comprendido entre la finca de San Francisco y el Ventorrillo”, y pueden formar parte de una nueva necrópolis, por lo que de confirmarse la ciudad de la Tablada estaría conformada por tres necrópolis (las dos mencionadas y la del Raso de Chirolí). Por otra parte, Bonsor excavó, en 1909, dos de los siete túmulos de esta necrópolis, situada en la parte más elevada del barrio de las Anchoas, obteniendo escasos resultados (cenizas de carbón mezcladas con fragmentos de cerámica y huesos) Milagrosa Sánchez señala que los dos túmulos anteriores albergaban unas estructuras muy simples, ya que la cremación se levantó directamente sobre el suelo y los restos calcinados se cubrieron con piedras o cerámica. Presenta similitudes con algunos túmulos de Acebuchal, Bencarrón y Alcaudete ¿Habría que replantearse la vinculación directa con la Tablada?

El poblado de la Tablada pudo adquirir en esta etapa convulsa una fisionomía urbana y sus primeras murallas pétreas, coincidiendo cronológicamente con la construcción de las defensas pétreas de Gandul y Carmona, o con la “elevación” de la Motilla, en Alcaudete. Según José Luis Escacena, las murallas tartesias se construyen a partir del siglo VIII a.C., siguiendo “el prototipo oriental introducido por la colonización fenicia”. Las murallas de la Tablada son construcciones en talud, que siguen una línea zigzagueante, y utilizan como material básico de construcción la piedra alcoreña sin desbastar y ciclópeos sillares magistralmente trabajados. Una excavación arqueológica daría luz sobre la cronología de estas murallas, aunque, como hipótesis de trabajo, es posible que se remontaran a la época fenicia, cuando el poblado adquiriría dimensiones urbanas y un trazado más o menos regular, siendo necesaria una fortificación pétrea para facilitar su defensa, así como símbolo de prestigio del gran poder de los reyezuelos y de la alta aristocracia.

MARCO ANTONIO CAMPILLO


DEPORTES - EL VISO DIGITAL

FIRMAS
El Viso Digital te escucha Escríbenos