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lunes, 4 de noviembre de 2019

  • 4.11.19
Escritor y periodista, Fede Durán (Cádiz, 1977) es autor de libro de relatos Guantes negros (2009) y de la novela La mirada de Mónica Vitti (2012). Hace tres años fue incluido, junto a otros autores en lengua española, en la antología generacional Uno más ocho (2016), editada por Reservoir Books. La familia de Berlín es su última novela, una fábula sobre el regreso al hogar en épocas de impostura. Pese a todo, es crítico con la profesión: “La literatura es el peor oficio pagado del planeta”.



—Tu libro es una fábula sobre el regreso al hogar en épocas de ambición e impostura.

—Lo que realmente creo que ocurre, básicamente, es que el protagonista, como casi todas las gentes al principio de sus vidas, es un idealista que, poco a poco, se va convirtiendo en un escéptico o, en el peor de los casos, en un cínico. Y al final, pensar en ese hogar es una manera de recordar las cosas buenas. Lo que pasa es que, claro, la vejez va trayendo también una visión un poquito diferente de las cosas.

—Ministro de Cultura por accidente, Sansón Berlín vuelve a su pueblo natal para encontrar las claves de su errática trayectoria.

—Sí. Porque resulta que en este libro, como en las familias de verdad, hay un secreto. En el momento en que ese secreto no se desvela o solo lo conoce un miembro de la familia, todos los demás dejan de entender lo que ocurre. Y Sansón, el primero.

—Un pueblo, entre acantilados y playas de aguas turquesas, donde la vida se va en contar sardinas, melones y botellas de aguardiente.

—Porque de hecho son elementos vertebradores del pueblo. El pueblo actúa un poco como un organismo vivo y bastante compacto en su diversidad. Y tiene la peculiaridad de que juega con una ficción, la ficción de qué es la España de hoy. Ni los judíos ni los moros fueron expulsados. De manera que, en ese pueblo, pues sus tres religiones estrella de la humanidad conviven en armonía y se reúnen muy a menudo en torno al aguardiente.

—Desde niño, Sansón Berlín hace pública su ambición de brillar.

—Sí. Un día en clase el profesor pregunta a cada alumno qué quieren ser de mayores y Sansón contesta que presidente del Gobierno. Lo dice mirando una foto del presidente de la nación que está colgada en clase. Y esa ambición es lo que va a marcar un poco también su aprendizaje. Porque se dará cuenta de que los sueños que él había formulado no eran realmente sueños sino a veces incluso pesadillas tragicómicas.

—Viaja por medio planeta. Y va de las redacciones de los periódicos a los escaños del parlamento.

—Él es periodista. Luego tiene la suerte de escribir las memorias de un personaje también bastante curioso que aparece a mitad de la novela, un campeón mundial de dardos, y acaba siendo, por accidente, ministro de Cultura. Y ahí es cuando se enfrenta, digamos, a la política descarnada, cuando lo poco que le pueda quedar de la magia de la infancia se le evapora.

—Hablando de la infancia, una dolorosa historia familiar le hace huir para no regresar. Pero la imagen de una infancia mágica le puede.

—Como nos pasa a todos al final. La infancia son los momentos luminosos. Y regresar a los sitios donde te has ido formando pues siempre es una manera de resucitar ese pasado. Puede sonar melancólico y, de hecho, lo es.

—Escritor y periodista. ¿Se puede vivir de dos oficios castigados por la crisis?

—Yo creo que si no combinas, no. Es decir, quedan los últimos mohicanos en las redacciones y es cierto que el periodismo digital de alguna manera viene a salvar el oficio pero es un oficio mal pagado y, desde luego, la literatura es un drama directamente. Yo creo que si hacemos el cálculo de horas trabajadas y de lo que valen esas horas, puede ser el peor oficio pagado del planeta probablemente.

—Ha sido incluido en la antología generacional 'Uno más ocho' editado por Reservoir Books. ¿Todo un privilegio?

—Realmente, sí. Porque ha sido la manera de seguir con esta editorial y de publicar esta novela. Cuando en esta antología había una preselección de 25 escritores en todo el planeta en lengua castellana, se quedaron con nueve, y yo fui uno de ellos. Al entregar el relato mi editor me dijo que necesitaba voces nuevas. Y yo recogí el guante, y al año y pico le presenté esta novela.

—Naciste en 1977. Tu personaje nace en la madrugada de un viernes de agosto de 1977. ¿Algo de autobiografía o simple casualidad?

—Algo de autobiografía siempre. El otro día precisamente, en una entrevista, me preguntaban si esto era autobiografía. Y yo contesté que la literatura siempre parte del yo. Y quien diga lo contrario, miente. Al final, yo no hablaría de autoficción. No me gusta ese término. Toda literatura parte de un yo, aunque luego al mismo tiempo te tengas que alejar de ese yo para dar rienda suelta también a tu imaginación.

—El mar está muy presente en tu libro. ¿Tanto condiciona haber nacido en Cádiz?

—No. Si hubiera nacido en Rute, seguramente echaría de menos la Subbética. O sea, no lo creo. Pero es verdad que el mar es una imagen muy potente, muy recurrente y muy hipnótica. Y es bonito tenerlo presente.

—Ahora qué toca. ¿Novela o libro de relatos?

—Ahora toca otra novela. Esto es una trilogía. Y la segunda parte está en camino. Habrá un giro, un planteamiento un poquito diferente. Pero son tres novelas. Esta es la primera. Vienen dos más. Y luego, veremos.

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO
FOTOGRAFÍA: ELISA ARROYO

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