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sábado, 16 de noviembre de 2019

  • 16.11.19
En el último tercio del siglo XVIII, como consecuencia de la política llevada a cabo por la corona, nuestro pueblo deja de ser una pequeña población perdida en un entramado de carreteras secundarias a una población a escasos metros de la denominada carretera de los puertos, la nueva arteria que comunicará Madrid con Cádiz. Esta gran obra de ingeniería, estas nuevas infraestructuras favorecerán a nuestro pueblo.



Es el momento en el que llega gente de otras tierras atraídas por las buenas condiciones económicas que gozaba Andalucía. Esto va a provocar la aparición de una rica burguesía agraria, dueña de tierras situadas, en la mayoría de los casos, en el término de Carmona; tierras que van a generar pingües beneficios. Es esta nueva clase social la que va a construir magníficas casas, reflejo de su poder económico y social, será esta burguesía la que controlará en Concejo (Ayuntamiento) y el Pósito (almacén de trigo).

De la misma manera, alguno de sus miembros pasará a formar parte de la iglesia. Es el caso, por ejemplo, del presbítero Bartolomé Antonio Cadenas Vergara, nacido en 1758. Comenzó sus estudios en el convento mercedario y pasó a la Universidad de Sevilla donde llegó a doctorarse. Su tío materno, don Juan de Vergara Ramírez era Presbítero y Vicario eclesiástico en la vecina ciudad de Carmona, lugar en el gozaba de una buena posición económica.

Estamos hablando de una familia que vivía en una casa grande, espaciosa, una de las muchas que había y que aún encontramos en la calle Real, fundamentalmente. Así las casas del siglo XVIII que son dignas de mencionar, de proteger y de valorar tenemos:

1º.-Casa nº 37 de la calle Real
2º.-Casa nº 23 de la calle Real (actual residencia de ancianos San Pedro Nolasco).
3º.-Casa nº 7 de la plaza del Ayuntamiento.
4º.-Casa nº 12 de la calle Albaicín
5º.-Casa nº 10 de la calle Pintor Juan Roldán.



En todas estas casas hay una serie de elementos identificativos:

1º.-En la fachada destaca una portentosa portada que aparece ligeramente descentrada.
2º.-Aparecen cubiertas de teja, elemento constructivo que se ve desde la calle.
3º.-En el zaguán encontrábamos un magnífico portón de madera primorosamente decorado con elementos geométricos, tal y como podemos apreciar en la casa número 7 de la plaza del Ayuntamiento y en la casa parroquial; son los dos únicos que quedan en nuestro pueblo. El último en desaparecer fue el de la residencia de mayores San Pedro Nolasco.

Pero también hay elementos identificativos en estas viviendas que las hacen únicas e irrepetibles, de ahí que es necesario hablar de cada una de ellas.

CASA NÚMERO 10 DE LA CALLE PINTOR JUAN ROLDÁN

Se trata de una casa entre medianeras que podemos datar en torno a 1770. Es una casa muy remodelada en su interior, por el contrario, la fachada sigue siendo fiel a su diseño original. Podemos destacar en la fachada el portentoso balcón central cubierto por un magnífico tejaroz.

Aunque la fachada es del último tercio del siglo XVIII, las primeras referencias de la misma datan del año 1645. Tenemos constancia que entre 1687 y 1696 la casa fue arrendada por la parroquia, y que dos años después.

Las primeras referencias que tenemos de esta casa datan del año 1645, fecha en la que aparece gravada con un tributo de 77 reales que pagaba Pedro de Aguayo a favor de Don Juan de Ozaeta, que debió ser su propietario. Juan de Ozaeta, que era gobernador de la villa gozaba de buena posición económica, por lo que, en su testamento, fechado el 14 de diciembre de 1678, donó la casa, además de otras propiedades a la iglesia para que con su renta se le dijesen perpetuamente misas por el eterno descanso de su alma.

A comienzos del siglo XIX la tenía arrendada el presbítero don Juan Pérez Capitán, pero a su muerte, en su testamento, dejó como usufructuario de la vivienda a uno de sus herederos y a sus dos hijas, que las gozarían hasta la muerte de los tres, revirtiendo nuevamente a la parroquia. Pero el hijo mayor de la última de las herederas, Doña Ramona San Martín, la vendió en 1866 a su hermana y ésta a su vez la vendió el 20 de mayo de 1894 a su sobrina, la madre del presbítero don José Arias Burgos. El 23 de diciembre de 1924 la casa pasó nuevamente a propiedad de la parroquia.

En esta casa destaca un magnífico portón que separa lo que es la calle del interior de la vivienda. Es esta pieza de madera la que da privacidad a la vivienda. Encima del dintel de este elemento encontramos un precioso azulejo de Santa María del Alcor, uno de los primeros que se encargaron tras la venida de la imagen a nuestro pueblo.


JOSÉ ÁNGEL CAMPILLO


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