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sábado, 2 de noviembre de 2019

  • 2.11.19
Trátese Halloween en su origen de una festividad céltica que daba inicio al año nuevo celta, donde creían que la línea que unía este mundo con el otro mundo se estrechaba permitiendo a los espíritus pasar de uno a otro, sea que los romanos tras su ocupación asimilan esta fiesta haciéndola coincidir con la fiesta de la cosecha, sea porque un papa cristiano decide como fecha final para todos los santos la misma, cierto es que en cualquier caso tanto germánicos como celtas, o cristianos conmemoran a los difuntos a principios de invierno probablemente porque observaban que era un momento de “morir” en la naturaleza.



Son teorías varias, pero todas coinciden en la unión o extrema cercanía del mundo de los vivos y el reino de los muertos.

Y luego una expansión en 1840 a Estados Unidos y Canadá. Ellos se sumaron a esta fiesta y como máximo exponente de todo lo que hacen suyo. Se internacionaliza en los años 70 gracias al cine y series televisivas.

Es una “americanada”, es una fiesta ancestral, es una tradición evolucionada a lo largo de la historia. ¿Qué más da?

Es una fiesta, cuando hay motivos se celebran y cuando no hay motivos los buscamos. ¿Conocemos los orígenes de todas las fiestas que celebramos?

¿Truco o trato?

Nunca tuve claro si tenía que decidir una cosa o la otra, aunque puede que mis queridos lectores sí. Por tanto, decidí investigar qué era lo correcto para la noche en cuestión, si un buen truco o un mejor trato.

Siempre surge la duda, si calabazas, si manzanas caramelizadas, si golosinas varias, si llamar y esperar o salir corriendo, si vivos o si muertos. Si días de todos los santos o/y si día de los difuntos.
De todas las teorías leídas hoy he decidido compartir la de Jack-o'-lantern: “Existe un viejo relato popular irlandés que habla de Jack, un irlandés tacaño, pendenciero y con fama de borracho. El diablo, a quien llegó el rumor de tan negra alma, acudió a comprobar si efectivamente era un rival de semejante calibre. Disfrazado como un hombre normal, acudió al pueblo de este y se puso a beber con él durante largas horas, revelando su identidad tras ver que en efecto Jack era un auténtico malvado. Cuando Lucifer le dijo que venía a llevárselo para hacerle pagar por sus pecados, Jack le pidió que bebieran juntos una ronda más, como última voluntad. El diablo se lo concedió, pero al ir a pagar ninguno de los dos tenía dinero, así que Jack retó a Lucifer a convertirse en una moneda para demostrar sus poderes. Satanás lo hizo, pero en lugar de pagar con la moneda, Jack la metió en su bolsillo, donde llevaba un crucifijo de plata. Incapaz de salir de allí, el diablo ordenó al granjero que le dejara libre, pero Jack respondió que no lo haría a menos que prometiera volver al infierno para no molestarle durante un año.

Transcurrido ese tiempo, el diablo apareció de nuevo en casa de Jack para llevárselo al inframundo, pero de nuevo Jack pidió un último deseo, en este caso, que el amo de las tinieblas cogiera una manzana situada en lo alto de un árbol para así tener una última comida antes de su tormento eterno. Lucifer accedió, pero cuando se hallaba trepado en el árbol, Jack talló una cruz en su tronco para que no pudiera escapar. En esta ocasión pidió no ser molestado en diez años, además de otra condición: que nunca pudiera el diablo reclamar su alma para el inframundo. Satanás accedió y Jack se vio libre de su amenaza.

Su destino no fue mejor: tras morir (mucho antes de transcurridos esos diez años pactados), Jack se aprestó a ir al cielo, pero fue detenido en las puertas de San Pedro, impidiéndosele el paso, pues no podían aceptarle por su mala vida pasada, siendo enviado al infierno.

Para su desgracia allí tampoco podían aceptarlo debido al trato que había realizado con el diablo, quien de paso le expulsó de su reino y, despechado, le arrojó a Jack unas ascuas ardientes, las cuales el granjero atrapó con un nabo hueco, mientras burlonamente agradecía la improvisada linterna que así obtuvo.

Condenado a deambular por los caminos, anduvo sin más luz que la ya dicha linterna en su eterno vagar entre los reinos del bien y del mal.

Con el paso del tiempo Jack el Tacaño fue conocido como Jack el de la Linterna o «Jack of the Lantern», nombre que se abrevió al definitivo «Jack O'Lantern». Esta es la razón de usar nabos (y más tarde calabazas, al imitar con su color el resplandor de las ascuas infernales y por ser más fáciles de tallar que los nabos) para alumbrar el camino a los difuntos en Halloween, y también el motivo de decorar las casas con estas figuras horrendas (para evitar que Jack llamara a la puerta de las casas y proponer Dulces o travesuras).”

P.d. Y tras tantas leyendas, y más variadas teorías, no hay que complicarse la existencia, estar vivo cuando se vive y estar muerto cuando se muere. Y cada cual lo celebre como guste.


MARÍA JOSÉ CORTÉS



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