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sábado, 14 de diciembre de 2019

  • 14.12.19
Una vez que ha pasado la fiesta de la Inmaculada y las “hogueritas” que tradicionalmente dan paso a las fiestas navideñas donde nuestro pueblo se transforma, vamos a seguir hablando de un patrimonio arquitectónico que tenemos la obligación de conservar.



Hace unas semanas hablaba de una de las casas singulares que hay en nuestro pueblo, la actual casa parroquial, sita en la calle Pintor Juan Roldán. Hoy toca hablar de la que fue conocida como “casa del escribano”, casa situada en la calle Real nº 37.
Sin duda alguna es una de las casas por antonomasia de nuestro pueblo, una casa que sigue habitada, y de ahí que siga “viva”. Desgraciadamente, si no lo remediamos, muchas de estas casas singulares que caracterizan el patrimonio cultural de nuestro pueblo están condenadas a desaparecer, porque cuando una de estas vetustas casas se cierra, estamos sentenciándolas a morir lentamente, como ya está ocurriendo con algunas.

Esta casa que llegó a tener una extensión de aproximadamente 500 metros cuadrados a los que teníamos que sumarle en el pasado un gran jardín en los Corrales que fue conocido como “jardín del escribano”. Estamos hablando, por tanto, ante una casa perteneciente a la rica burguesía que proliferó en nuestro pueblo a lo largo del siglo XVIII.

Su fachada, algo modificada, nos indica, con una ortografía que nos resulta, cuando menos llamativa, que “SE HISO ANO DE 1764 VIVA JESVS XX”. Estamos ante una vivienda que tiene más de doscientos años de antigüedad.
Analicemos los elementos más característicos de esta casa:

LA FACHADA:

Se compone de planta baja y primera planta, sin delimitación visual que las separe, aunque en una foto antigua si podemos apreciar esta separación. El elemento que destaca en la magnífica portada es el ladrillo agramilado que le da una personalidad propia. La porta consta de dos elementos fundamentales: cuerpo (que es donde está la puerta) y ático donde está la fecha de construcción y la ventana superior central que rompe el frontón semicircular rematado por elementos decorativos a base de pequeñas bolas rematadas por una hoja trilobulada.

La ventana que encontramos en este frontón aparece cubierta por un bulboso guardapolvo. A los lados de esta ventana encontramos otras dos semejantes a la descrita, que al igual que la anterior sobresalen por lo que se disponen sobre unas vistosas ménsulas.

En la planta noble, o baja, encontramos dos ventanas que no están a eje con las del primer piso; son ventanas que sobresalen y que se apoyan sobre un pedestal y cubiertas por guardapolvos que parecen añadidos posteriormente. Muy posiblemente estas ventanas sean fruto de una reforma posterior.

EL INTERIOR:

El zaguán aparece muy transformado, no conservando elemento de la época en la que fue construido, porque esta casa, por su fecha de construcción debió de tener un portón de madera, tal y como era costumbre en la época. En la actualidad encontramos una cancela de finales del XIX que carece de fecha.

Una vez que hemos traspasado el cancel accedemos al portal en el que podemos encontrar algunos muebles de época, fundamentalmente isabelina (mediados del siglo XIX) con un magnífico espejo dorado y una mesa de “pata de burro a juego”, una verdadera joya del mobiliario de aquella época.

EL PATIO:


Hay que decir que el patio ha sido muy modificado, por lo que es difícil hacer una reconstrucción de este. A pesar de ello hay que destacar sus columnas marmóreas con capiteles de castañuela, posiblemente del siglo XVII y unos arcos mixtilíneos propios del siglo XVIII. En el mismo encontramos una escalera que nos conducía a lo que entonces serían los graneros de la vivienda, porque no podemos olvidar la doble utilidad de esta en el pasado: vivienda y lugar de almacén.

JOSÉ ÁNGEL CAMPILLO



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