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domingo, 19 de enero de 2020

  • 19.1.20
Resulta bastante sorprendente que el segundo Premio Pritzker de Arquitectura que recae en nuestro país prácticamente hubiera pasado desapercibido para la mayoría de los medios de comunicación y que, excepto en el ámbito profesional de la construcción, casi nadie sepa que el equipo formado por Rafael Vilalta, Carme Pigem y Rafael Aranda lo recibiera en el año 2017.



En más de una ocasión, en esta serie dedicada a la arquitectura contemporánea, he manifestado que es un premio internacional que se concede anualmente y que fue creado en 1979 por el estadounidense Jay A. Pritzker. Sería algo así como el equivalente al Nobel en esta disciplina. En la lista de los premiados se encuentra Rafael Moneo, que lo recibió en 1996, y veintiún años después se le adjudicaría al estudio RCR Arquitectes de Olot (Girona).

Lo más sorprendente de esta concesión es que sus miembros, tal como he apuntado, no tienen su centro de trabajo en una de las grandes ciudades españolas, como cabría esperar, sino en una localidad gerundense de algo más de 35.000 habitantes. Y es que sus tres componentes volvieron, tras terminar la carrera, a su lugar de origen, para desde allí comenzar a abrirse camino en el trabajo de proyectos de edificación.

El equipo que forman Vilalta, Pigem y Aranda empezó a darse a conocer cuando en 1988, hace treinta y dos años, ganando el concurso para construir un faro en Gran Canaria, con una sorprendente propuesta de edificación horizontal, cuando tradicionalmente los faros son construcciones verticales. El impacto de este singular diseño dio lugar a que el proyecto fuera dado a conocer más allá de nuestras fronteras, caso de París o de Japón.

Lógicamente, el haber recibido el Premio Pritzker dio lugar a que recibieran encargos de ámbito privado de países como Taiwán, una de cuyas universidades les ha pedido el proyecto de un centro para sus estudiantes, en el que se incluye tanto la actividad social del campus como las de tipo deportivo.

Los encargos de entidades públicas, con las que han realizado varias obras, necesitan participar en los concursos que hayan sido convocados por esas entidades, como apuntaba Carme Pigem en una reciente entrevista,.

La filosofía que preside la obra de RCR tiene una estrecha relación con el entorno que la rodea, con especial énfasis en los valores que nacen de la propia naturaleza. “Nos interesa todo. Puedes aprender de todo. Cuando estás en el bosque y desde ahí ves un campo o un espacio abierto, te está dando una experiencia espacial que quizás es la que quieres hacer con la arquitectura.

Preparar espacios y vivencias que hagan de esta experiencia algo único. De la riqueza y emoción que se siente en la naturaleza se pueden destilar conceptos para aplicarlos en los espacios que creas”, apuntaba la componente femenina de este equipo de tres miembros.

Puesto que sus proyectos los trabajan con sumo cuidado, me ha parecido razonable mostrar tres de ellos para acercarnos a la obra de este equipo.





Las dos panorámicas fotográficas que hemos visto se corresponden con el exterior y el interior de la guardería El Petit Compte que proyectaron en el pequeño municipio de Besalú (Girona). Así, cerca de las construcciones medievales que predominan en la localidad y con la naturaleza de fondo, crearon un largo paralelepípedo con los colores del arco iris en su exterior y que continúan en el patio interior. Lógicamente, esta obra cargada de vivo cromatismo es un homenaje al mundo de los más pequeños, ya que el juego, la alegría y la vitalidad forman parte de sus mundos.



Otra de las obras relevantes de RCR es el museo Soulages, ubicado en la localidad de Rodez, que el pintor francés Pierre Soulages financió al convocarlo como concurso y en el que se expondría una parte significativa de sus obras. La propuesta que ganó fue la presentada por el equipo de Olot.

En ella enfocan la obra como si el edificio estuviera configurado por cinco paralelepípedos que a modo de cajas se insertan en la falla del terreno alojando cada una de ellas los distintos elementos de la colección. Todos estos volúmenes se cubren con planchas de acero corten, con una precisión tan medida entre ellas que fue necesario que una empresa de Olot se encargara de realizarlas, ante la imposibilidad de que lo hiciera una empresa francesa.



En el barrio de Sant Antoni, barrio tradicional del Eixample de Barcelona, se encuentra la biblioteca municipal que lleva la denominación de Biblioteca Sant Antoni-Joan Oliver. Proyectada por RCR Arquitects y abierta al público en el año 2007, aparece encajonada entre dos edificios de la calle del Conde Borrel.

Lo primero que llama la atención es su fachada en láminas metálicas verticales de color negro que se abren para dar entrada a la luz, al tiempo que la parte central es acristalada. Como suele acontecer en los edificios de los barrios tradicionales de la ciudad condal, cuenta con una manzana interior transformada en espacio público, con jardín para los niños y hogar de los jubilados, lo que genera una cohesión social entre colectivos de distintas edades.

AURELIANO SÁINZ

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