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sábado, 21 de marzo de 2020

  • 21.3.20
No es hora de quejarse. Hay que tirar para delante.

“Lo que sucedió a un hombre que por pobreza y falta de otra cosa comía altramuces”.

El Conde Lucanor viéndose en la ruina le pide consejo a Patronio. Este le contó lo que le ocurrió a dos hombres muy ricos. Uno de ellos no teniendo qué comer encontró unos míseros altramuces. Andando por un camino se quejaba de su suerte cuando escuchó que iba alguien detrás comiéndose las cáscaras que él arrojaba al suelo. Pregúntole que porqué lo hacía y le contestó que había sido más rico que él y tenía tanta hambre que se alegraba sobremanera de encontrar aquellas cáscaras.



La historia de la humanidad está jalonada de reveses, de contratiempos, de crisis. Algunos relatos de la Biblia lo demuestran: el Diluvio Universal, las Plagas de Egipto, el Éxodo de los judíos, Sodoma y Gomorra, etcétera.

Desde su origen el hombre ha tenido que soportar y adaptarse a grandes adversidades. Impactos de meteoritos, glaciaciones, invasiones, plagas, guerras, enfermedades, terremotos, epidemias, sequías, inundaciones, hambrunas, etcétera. Ha sobrevivido al ataque de microorganismos patógenos como es el caso de los virus. Cuando apareció la viruela se llevó por delante más de 3 millones de personas, 2 se llevó el sarampión, las distintas pestes y nuevas enfermedades un tanto de lo mismo. Últimamente y a menor escala, a grandes envenenamientos (listeriosis, aceite de colza, vacas locas, contaminación …).

Llevamos marcados en los genes la resistencia a la adversidad y la adaptación al medio. Sin lugar a dudas estamos viviendo una de estas crisis históricas de la humanidad. Gracias a las nuevas tecnologías estamos suficientemente informados para saber cómo actuar. Habrá un antes y un después pero como siempre sobreviviremos.

En estos momentos críticos dan asco los que especulan económicamente por la carencia de alimentos, jabones u objetos como las mascarillas. También dan mucho asco aquellos que quieren sacar rédito político de la situación.

No es hora de reproches. Es hora de arrimar el hombro. Ir todos a una. Todos somos importantes. Desde el que acata las decisiones de las autoridades quedándose en casa, como los que guardan la distancia de seguridad en las colas de las tiendas de alimentación o en la farmacia. Los ganaderos, agricultores, cajeras, taxistas, camioneros y todos aquellos que siguen trabajando para que no se desmorone el sistema y especialmente importantes son los sanitarios, que arriesgan su vida por los demás. Muy merecidos los aplausos diarios de buena parte de la población a todos los que están arrimando el hombro para salir de este atolladero.

Perderemos escalones en el estado de bienestar. Habrá recortes en los sueldos de muchos trabajadores, de los funcionarios, de los pensionistas y quizá hasta de los políticos. Peor lo pasarán los autónomos y los propietarios de pequeños comercios y establecimientos (bares, gimnasios, academias) . Muchos trabajadores perderán sus puestos de trabajo pero esta crisis se cebará como siempre con los más débiles, ancianos, parados, “sintechos” y los más pobres.

Detrás de cada gran crisis ha habido un tiempo nuevo. Ha habido regeneración. Han vuelto a florecer los mejores sentimientos humanos.
“No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino lo que tú puedes hacer por tu país”.
En estas situaciones emerge la buena gente. Personas capaces, íntegras y cabales dispuestas a colaborar y ayudar a los demás sin tener en cuenta sus propias carencias y necesidades.

Yo pondré mi granito de arena, ¿y tú?

CESÁREO DE LOS SANTOS


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