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COLEGIO PROFESIONAL DE PERIODISTAS DE ANDALUCÍA

miércoles, 11 de mayo de 2022

  • 11.5.22
Hace unos días, en el recorrido por la exposición Hiperreal. El arte del trampantojo, en el Museo Thyssen-Bornemisza, me encontré con unos peces pintados en una cerámica de la Campania italiana en el siglo IV antes de nuestra era (a.n.e.).


Me llama la atención la profusión de detalles naturalistas: la cuidadosa representación de las aletas de los peces y las ventosas de las patas del calamar; los dibujos del cuerpo de los peces que permiten distinguir, muy probablemente, un sargo (el pez más grande), una herrera y una mojarra.

Me pregunto ¿por qué una representación tan realista en una cerámica? Desde luego que no parece una simple ornamentación de un recipiente destinado a ser utilizado para contener pescados u otros alimentos. La pintura sobre la superficie de barro no resistiría ese tipo de uso cotidiano.


¿Puede ser un objeto puramente decorativo? ¿Podría ser algo así como esos objetos absolutamente inútiles que compramos como recuerdo de los lugares visitados en nuestros viajes turísticos? No lo creo, no parece que la época se preste a un comercio de productos del tipo “Yo estuve en la Campania”.

Así que me decido a hacer algunas averiguaciones al respecto y me entero de que este tipo de cerámica decorada con peces y seres marinos fue muy frecuente en la cultura griega clásica: se han encontrado más de mil ejemplares. Y especialmente en las colonias del sur de la península italiana, estos objetos se hallaban situados en lugares relacionados con usos funerarios. Por ello se han relacionado los peces con el tránsito a la muerte.

Quizás tenga alguna relación con lo que dice Robert Graves al resumir las múltiples explicaciones sobre la vida en el otro mundo que tenían los primitivos habitantes de Grecia. Entre ellas había una que afirmaba algo tan singular como que “las ánimas podían volver a ser hombres si entraban en habichuelas, nueces o peces y las comían sus futuras madres”.

¿Por qué precisamente “habichuelas, nueces o peces”? Me parece misteriosa la preferencia por esos elementos. Las almas parecen ser bastante caprichosas o, lo que es más factible, son los hermeneutas encargados de interpretar los destinos de las almas humanas quienes son los caprichosos. Sabiendo, como sin duda han sabido los “interpretadores” de lo no visible de todos los tiempos, que los seres humanos nos dejamos fascinar por las significaciones más absurdas e intrincadas.

En todo caso y observando detenidamente la imagen, no me parece que se haya hecho con la intención de ilustrar esa peregrina idea. Me parece más probable que se haya pretendido establecer una relación simbólica entre los peces y el lugar en el que habitan y se mueven: el mar, el océano.

Las grandes extensiones de agua han sugerido múltiples fantasías y significados en todo tipo de culturas. Y, frecuentemente, se han relacionado con las aguas del mundo subterráneo en el que habitan las almas de los muertos.

En la siguiente imagen de un sello acadio de hace aproximadamente 4.300 años, se puede ver a un personaje (el segundo desde la derecha) hacía el que fluyen peces sumergidos en unas ondas acuáticas. Su nombre es Ea (Enki para los sumerios) el dios de las aguas subterráneas y de la sabiduría.


Un ejemplo, mucho más reciente, de vínculo entre la vida humana y los peces se puede ver en Bidasari, una película malaya de 1965. La historia que se narra tiene bastantes similitudes con el conocido cuento de Blancanieves. No hay enanitos, pero sí está incluida una reina malvada con espejo mágico y un príncipe que despierta a la protagonista, Bidasari, y se casa con ella. La película está basada en un poema malayo muy popular en los siglos XVIII y XIX que, a su vez, está basado en una versión más antigua.

James G. Frazer lo resume de la siguiente manera en su obra La rama dorada: un rico mercader y su mujer adoptan a una niñita tierna y bella como un ángel. Pero la vida de la niña está irremisiblemente unida a la de un pez dorado al que se ha transferido su alma y el mercader coloca al pez en una caja de oro llena de agua oculta en el estanque de su jardín.

Cuando la niña crece se convierte en una bellísima mujer y esto preocupa a la reina, que teme que el rey la pueda desear como segunda esposa. Así que decide acabar con ella. Pero, a pesar de las torturas, Bidasari no muere y, para evitar más sufrimiento, le dice a la reina: “Si deseáis que muera, mandad traer la caja que está en el estanque del jardín de mi padre (...) Mi alma está en este pez; por la mañana sacad este pez del agua y al atardecer ponedlo otra vez en ella (...) Si lo hacéis así, yo pronto moriré”. Y efectivamente, “mientras el pez estaba fuera del agua, ella estaba inconsciente pero, al anochecer, cuando ponían el pez en el agua, ella revivía”.

Después de una serie de avatares, el rey descubre a Bidasari aparentemente dormida, pero logra averiguar lo que pasa y le quita el pez a la reina para ponerlo en el agua. Inmediatamente, Bidasari revive. Por lo visto, no hace falta ningún beso –que, por otra parte, hubiera resultado totalmente abusivo, teniendo en cuenta el estado inconsciente de la joven–. Evidentemente, el cuento finaliza con el rey tomando por esposa a Bidasari.

Posdata: en la versión cinematográfica, no es el rey el que salva a Bidasari, sino un príncipe, hijastro de la malvada reina.

JES JIMÉNEZ SEGURA
  • 11.5.22
El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación publicó ayer en el Boletín Oficial del Estado (BOE), un extracto de la orden de convocatoria de las subvenciones destinadas a explotaciones en régimen de titularidad compartida para el ejercicio 2022, por un importe de 1,5 millones de euros. Se trata de ayudas de concesión directa, no sujetas a concurrencia competitiva de los solicitantes, y con una cuantía máxima anual de 1.500 euros por explotación beneficiaria.


Tal y como establecen las bases reguladoras de estas subvenciones, la finalidad es contribuir al pago de las cuotas de la Seguridad Social a las que los titulares de las explotaciones agrarias de titularidad compartida se encuentran obligados.

Podrán optar a estas ayudas las explotaciones que se encuentren inscritas en situación de alta en el Registro de Explotaciones Agrarias de Titularidad Compartida (RETICOM) con un mes de antelación a la fecha de publicación del extracto de la orden de convocatoria en el BOE.

El plazo para presentar la documentación requerida en la convocatoria se inicia este miércoles, 11 de mayo, y se prolongará hasta el día 31 de mayo inclusive, y se podrá formalizar a través de la sede electrónica del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

El texto completo de la orden se puede consultar en la Base de Datos Nacional de Subvenciones. Asimismo, se puede obtener más información sobre las características de estas ayudas en la página web del Ministerio.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR

martes, 10 de mayo de 2022

  • 10.5.22
Agentes de la Policía Nacional han detenido a 44 personas en 12 provincias españolas –varias decenas de ellos en Sevilla, Córdoba, Jaén, Cádiz, Málaga y Huelva– por el uso fraudulento de datos personales para usurpar la identidad de consumidores y contratar servicios no autorizados.


El objetivo era enriquecerse con las comisiones por la captación de nuevos clientes. Accedían a las bases de datos personales de compañías eléctricas para usurpar la identidad de clientes y, sin su consentimiento, cambiarlos a otras empresas proveedoras de servicios.

En concreto, 26 de los arrestados eran trabajadores comerciales y los 18 restantes eran administradores de sociedades fuerza de ventas –dedicadas a la comercialización de servicios– que a su vez proveían de las bases de datos.

La investigación se inició en septiembre de 2019 cuando los agentes recibieron una denuncia, por parte del administrador de una compañía distribuidora de luz y gas natural, en la que se manifestaba que personas desconocidas se hacían pasar por trabajadores de la empresa y estaban llamando a los clientes. Conocían todos sus datos personales, bancarios y puntos de suministro, y les ofrecían un supuesto descuento en la tarifa, cuando en realidad los cambiaban a otra comercializadora eléctrica sin su conocimiento.

Además, por parte de la empresa denunciante se había realizado una auditoría interna en la que se había detectado que se habían producido accesos no autorizados a sus bases de datos. También pudieron detectar que personas desconocidas habían contactado con la mercantil haciéndose pasar por clientes.

Tras contestar las preguntas de seguridad, solicitaban duplicados de facturas con la finalidad de comunicar un cambio en sus datos personales de contacto para que, una vez realizado el cambio de compañía, evitar que una posible contraoferta llegara al consumidor, que desconocía su nueva alta. Paralelamente, la comercializadora eléctrica que estaba recibiendo a los nuevos clientes, tras detectar el método de captación, interpuso una querella contra varios comerciales por las prácticas realizadas.

Comisiones por nuevas altas

Los investigadores pudieron comprobar que el motivo de tales prácticas era percibir las comisiones por nuevas altas que proporcionaba la empresa a la que derivaban fraudulentamente a los clientes.

Los agentes también detectaron cómo, a su vez, la empresa fuerza de venta de la mercantil donde se inscribían a los nuevos clientes subcontrataba nuevas sociedades para la captación de más clientes, lo cual suponía que una gran cantidad de datos personales de personas se filtraran hacia tales subcontratas.

Aunque hasta el momento no se ha emitido una valoración económica del perjuicio causado, se estima que se hayan producido unos 36.000 cambios de datos personales, que a su vez han causado baja en la compañía perjudicada. Los investigadores han informado de estos hechos a la Dirección de Competencia de la Comisión Nacional del Mercado de Valores por si las prácticas comerciales de las empresas fuerza de ventas pudieran ser constitutivas de una infracción contraria a la normativa de defensa de la competencia.

También se informó a la Agencia Española de Protección de Datos sobre las medidas de protección y filtraciones de los datos personales de los consumidores por si fueran constitutivos de infracción en la normativa de protección de datos de carácter personal por parte de sociedades distribuidoras y comercializadoras contratantes de esas empresas de call center investigadas, susceptibles de corrección o sanción.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL

  • 10.5.22
Un tonto anda suelto por Punta Entinas Sabinar. Aunque, escuchando las palabras del presidente de Iberdrola, lo mismo es el listo de turno. Porque cruzar la fina línea que los separa depende de la cantidad de dinero que ganes, o el que te ahorres. Lo que nos queda claro es que para que haya listillos debe haber tontos.


El impresentable ha vertido unos 80 neumáticos en una Reserva Natural. Con nocturnidad y alevosía, ha quitado la cadena, ha metido su camión y los ha tirado en el cañaveral. Con ese gesto ha conseguido pasar de tonto a listo, porque se ha ahorrado unos cuantos euros y, al pasarnos el problema al resto de la sociedad, ha conseguido dejarnos con cara de tontos, porque ahora nos toca a todos rascarnos el bolsillo.

Lo peor es que es reincidente, por lo que la sensación de ser unos panolis se multiplica. Hace dos años, aparecieron tras la pandemia unos 500 neumáticos tirados en la misma zona. Tras los cabreos e improperios lanzados al aire, la juventud de San Agustín decidió ponerse manos a la obra y, en una mañana de verano, que se dice pronto, limpiaron el estropicio. Una acción ejemplarizante y que, a pesar del cansancio, dibujó una sonrisa en sus caras que han mostrado con orgullo todo este tiempo.

Estoy seguro de que estos jóvenes, tras la decepción y frustración del momento, estarán pensando en sacarlos de allí, porque en San Agustín aman su territorio, y porque rendirse ahora sería caer derrotados. Pero se les plantea un problema: ¿qué hacer con los neumáticos?

Disyuntiva que también se le presenta a las diferentes Administraciones que no saben qué hacer con los miles de neumáticos que hay fuera de uso por ramblas, descampados y espacios naturales. Bueno, sí lo saben, pero tienen – tenemos– que pagar por su recogida, traslado y tratamiento. O, dicho de otro modo, no los recogen porque no hay dinero para pagar la factura.

En España hay un Real Decreto de 2005 que regula la gestión de los neumáticos. Hasta ese momento terminaban en cualquier lugar, convertidos en residuos descontrolados o en vertederos ilegales que, cuando se llenaban, salían ardiendo.

La cosa ha mejorado un poco, pero como el resto de sistemas de gestión, fallan desde la base. Porque pagamos por adelantado un servicio que luego no se hace completo. Y todo porque, entre otras cosas, hay tontos que se pasan de listos.

El proceso comienza con los productores, a los que la ley les dice que tienen que garantizar la recuperación y reciclaje de todos los neumáticos que ponen en el mercado. Para cumplir la ley, montan un sistema de gestión coordinado por una entidad sin ánimo de lucro que se encarga de hacer el trabajo.

En España hay dos entidades, SIGNUS y TNU, que tienen repartidos por el país miles de puntos de recogida: los talleres donde cambian las ruedas de nuestros vehículos, que no tienen que pagar nada para que se los retiren. Estas asociaciones se financian con las aportaciones de los productores adheridos, que salen del ECOVALOR que pagamos al comprar el neumático.


Los problemas comienzan porque hay muchos talleres ilegales que no cumplen los requisitos para adherirse al sistema de gestión o no quieren hacerlo porque hay que presentar memorias anuales y se sienten controlados. Cuando acumulan unos cuantos neumáticos, se deshacen de ellos donde pueden y, desde ese momento, se consideran fuera del proceso, y los sistemas de gestión para tratarlos cobran por el servicio, sea quien sea quien los llame. Así que en nuestra mano está que no existan estos talleres clandestinos, en los que nos ahorramos unos pocos euros pero que, luego, provocan daños ambientales que nos repercuten en los impuestos y en la salud.

Si se pagase por neumáticos reciclados, los sistemas de gestión se preocuparían más por recogerlos todos. Y si a los talleres les reembolsasen por cada rueda que entregasen, lo mismo las guardaban con más cariño e, incluso, alguno recogería las tiradas por ahí. Pero mientras el beneficio vaya por adelantado y en una sola dirección, habrá irresponsables, tontos e incívicos que piensen que esto no va con ellos.

Los 500 neumáticos se pudieron retirar porque SIGNUS no cobró por sus servicios como deferencia al esfuerzo de los jóvenes, pero entiendo que esta vez no volverán hacerlo porque pensarán que las Administraciones locales y autonómicas no están cumpliendo con su labor de vigilancia y prevención.

Sé que no es así, que tanto el Ayuntamiento de El Ejido como la Junta de Andalucía están detrás del asunto para intentar que no vuelva a pasar y recuperar la zona protegida, pero mientras haya un listillo suelto por la zona, las leyes sirven de poco. Espero que lo pillen y lo pongan a limpiar el paraje durante los próximos veinte años.

MOI PALMERO
FOTOGRAFÍAS: MOI PALMERO

lunes, 9 de mayo de 2022

  • 9.5.22
En su libro La desilusión de la imagen –un título perfecto– leo una frase enigmática y poderosa: “La imagen es como un equilibrista que camina sobre una cuerda en suspensión”. El título viene de lejos. Tal vez de Platón, de las discusiones bizantinas en el contexto del cristianismo o los rechazos islámicos hacia la imagen, de la imposibilidad de crear imágenes sobre los campos de concentración o de la actualidad televisiva o informática.


Escribe Víctor Silva al final del libro: “Cuentan que las imágenes nos reconcilian con el olvido, pero, también, que como el brujo del fármacon es el remedio y la enfermedad. Imagen, imaginario o imaginación. Ojo, mirada y visión. Ocultamiento o desvelamiento”. El autor concluye el libro entre penumbras y sin divagaciones: “Entre las tinieblas avanzan los zombis perseguidos por los vampiros. Aquéllos son tenebrosos porque cruzan por la vida y la muerte sin cargo de conciencia. Estos últimos, como el capitalismo, prefieren extraer la sangre del cuerpo emancipado. Entre ambos, las tinieblas; es decir, el espacio donde no hay luz ni oscuridad. El intersticio de la imagen”.

Leo en voz alta el último párrafo de este libro esclarecedor. Víctor está frente a mí, apoyado en una mesa alta, ambos sentados en sendos taburetes y bebiendo el segundo o el tercer gintónic. La tarde dará para más, claro. Su voz es cadenciosa, serena, de tono bajo y de oratoria precisa y cuidada, con acento uruguayo. Tiene los dientes algo desordenados, la inteligencia bien puesta, la bondad tan a flor de piel que le daña la epidermis. No se puede ir desnudo por la vida. Las canas definen ya su perfil, algo grueso, asmático sin solución, enamorado con solvencia de su familia y de su vida, no alcanza el metro setenta, sonríe, siempre sonríe. Es un hombre de izquierdas, a pecho descubierto.

Hemos paseado todo el día por las calles de Zaragoza buscando unos zapatos que no encuentro. Esta primavera de 2019 es soleada y fría. Invita a frecuentar bares, a beber, a charlar de cosas frugales y de casos profundos e intraducibles al momento presente. En un comercio, cuyo nombre nunca he logrado recordar, me calzo unos zapatos de piel, de un color que oscila entre el oscuro azul de mar y el azul silbante y metálico de la marca Norit de mi niñez. Cada vez que me los calzo, oigo su voz en las calles de la capital aragonesa, proponiendo otra nueva sentada en otro bar que no conozco. Ahora lo miro y recuerdo su rostro con precisión, pero al instante su imagen se desvanece y descompone en trozos que no logro articular en un puzle coherente y armonioso. Me siento, lo diría él, como un equilibrista que camina sobre una cuerda en suspensión. La memoria es muy chica y la vida, en ocasiones, demasiado breve. No hay lugar casi para nada en esta residencia en la tierra, que diría Pablo Neruda.

Dicen que murió una tarde de agosto. Se tendió a dormir la siesta en aquel verano extraño para todos, y nunca más despertó. Lo encontraron vestido, tendido en la cama, con el ventilador encendido. Sus aspas giraban en torno al mismo eje como un reloj sin tiempo. Ahora sabemos sobre todo que el tiempo se va por las rendijas de cualquier puerta cuando un amigo muere. Después pasan las horas como si el mundo se hubiese parado en seco por días, por décadas, por siglos. A veces, la existencia es una pura sensación incontestable. Me decía que había nacido para escribir. Era lo que más le amaba. Aquel verano del olvido, se quedó solo en casa con su escritura, con sus libros, con sus divagaciones. Para sus vacaciones no necesitaba que el mar se le metiera en mitad de la habitación. A él le bastaba con escucharlo, con saber que seguía ahí, en alguna otra parte.

Pero la frase más enigmática de aquel libro que ahora hojeo es la dedicatoria: Para Antonio, amigo de la “sospecha”. La palabra “sospecha”, claro, era una metáfora encriptada de la duda, de la felicidad, de la esperanza, de la amistad, de la escritura, de la propia sospecha. Para nosotros, todos eran sospechosos: de conspiración, de lealtad, de vulgaridad, de excepcionalidad. Todo andaba envuelto en algún tipo o mito de sospecha: el amor, la amistad, la seducción, la impostura, la sobriedad y, por supuesto, la embriaguez en todas sus múltiples modalidades. Era un espía de lo cotidiano, de la vida diaria, de los momentos fugaces que se desvanecen apenas los recuerdas. Víctor Silva, el amigo, era incluso más.

Es difícil transformar las horas de una jornada en un día diferente y único. Y Víctor lo lograba. Otra vez está frente a mí. Me pregunta si podré con el sexto gintónic. Indaga mi respuesta sonriendo, como si hablara de Platón, de Umberto Eco o de Slavoj Žižek. Le digo, también sonriendo, que lo intentaré. El último gintónic no lo tomé. Aún lo sigo esperando. Algunas citas, no por tardías o remotas, se anulan. Vivo en Sevilla, pero sigo sentado en el mismo taburete frente a Víctor. Es solo una imagen, algo dañada por el paso del tiempo. Pero no hay desilusión en ella.

Creo que los alumnos le querían. Él les dejaba ausentarse del aula, dejando a un lado la clase de teoría crítica, para que se pudieran manifestarse contra la sentencia de la Manada. Escribe una de sus alumnas, Naiare Rodríguez, que aquella aula era un ágora abierta y libre. Lo pude comprobar al día siguiente. María Angulo me había invitado a la Universidad de Zaragoza para dialogar con sus alumnos y con los de Víctor. Hablamos de la entrevista y del reportaje, del oficio del periodismo, de la vocación por la literatura, de estos tiempos de realidad virtual que desdibujaban un horizonte que siempre hemos sabido recomponer en sueños y en revoluciones inválidas. Siempre iba con su termo de mate y sus libros bajo el brazo. Solo contaba 48 años aquel 17 de agosto que a todos se nos atascó en la garganta, en las vísceras, en el alma.

Ha dejado para su publicación dos libros inéditos. El primero, titulado Interrupciones. El segundo es un manual para la asignatura Cultura de Masas. Con toda probabilidad, en su ordenador, alguien encontrará algún día archivos con artículos, proyectos de otros libros, anotaciones para la vida, todos productos de su inagotable trabajo y de su riquísima preparación intelectual. Algún día volveré por Zaragoza y buscaré el pub en el que compartimos varias tardes de aquella primavera del recuerdo. Apoyaré los codos en la misma mesa, me sentaré en el mismo taburete y esperaré su regreso incuestionable. No importa que se retrase. Sé que a veces era impuntual. Mientras tanto, pediré dos gintónics y veré su rostro de hombre bueno frente a mí, consciente -lo aprendí de él- de que algunas imágenes siempre vuelven cargadas de ilusión y de sospechas. Él ya me entiende.

(Capítulo recogido en el libro Catástrofe y comunicación: la pugna por las imágenes. Homenaje a Víctor Silva. INCOM UAB Publicacions, 2021)

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO
  • 9.5.22
La provincia de Sevilla ha comenzado una nueva campaña de donación de sangre que concluirá el próximo viernes 13 de mayo. Tras la jornada de donaciones que se hizo la semana pasada, la Junta de Andalucía, desde la Consejería de Salud y Familias, ha comunicado una nuevo periodo de donaciones en el que se vuelven a poner a disposición centros de salud y unidades móviles para todo aquel que quiera ayudar.



Los requisitos para poder donar son: tener entre 18 y 65 años y un peso igual o superior a los 50 kilogramos, no padecer anemia y no realizar prácticas de riesgo que faciliten el contagio de enfermedades, como por ejemplo, la hepatitis, la sífilis o el sida.

Lunes 9 de mayo

La Puebla de Cazalla: Bodega Antonio Fuentes. 17.00 a 21.00 h.
Alcalá del Río: I.E.S. Ilipa Magna. 9.30 a 13.30 h.
Sevilla: E.T.S. Ingeniería (Isla Cartuja, US). 9.00 a 13.30 y 16.00 a 20.30 h.

Martes 10 de mayo

La Puebla de Cazalla: Bodega Antonio Fuentes. 17.00 a 21.00 h.
Sevilla: E.T.S. Ingeniería (Isla Cartuja, US). 9.00 a 13.30 y 16.00 a 20.30 h.
Sevilla: Facultades Filosofía-Psicología (US). 9.00 a 13.30 y 16.00 a 20.30 h.

Miércoles 11 de mayo

La Puebla de Cazalla: Bodega Antonio Fuentes. 17.00 a 21.00 h.
Lora del Río: Círculo mercantil. 17.00 a 21.00 h.
Sevilla: E.T.S. Ingeniería (Isla Cartuja, US). 9.00 a 13.30 y 16.00 a 20.30 h.

Jueves 12 de mayo

La Puebla de Cazalla: Bodega Antonio Fuentes. 17.00 a 21.00 h.
Lora del Río: Círculo mercantil. 17.00 a 21.00 h.
Sevilla: E.T.S. Ingeniería (Isla Cartuja, US). 9.00 a 13.30 y 16.00 a 20.30 h.

Viernes 13 de mayo

Lora del Río
: Círculo Mercantil. 17.00 a 21.00 h.
Valencina: Salón exposiciones Ayuntamiento. 17.00 a 21.00 h.
Fuentes de Andalucía: Sede Cruz Roja. 10.00 a 13.30 y 17.00 a 21.00 h.
Sevilla: E.T.S. Ingeniería (Isla Cartuja, US). 9.00 a 13.30 h.

Puntos fijos de la capital

Hospital Virgen Macarena:
Lunes, martes y viernes, de 8.00 a 15.00 horas. Miércoles y jueves, de 15.00 a 21.00 horas.

REDACCIÓN / ANDALUCÍA DIGITAL
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR

domingo, 8 de mayo de 2022

  • 8.5.22
“A mí lo que me gusta es pasármelo bien”. Esta frase bien podría haber sido dicha por un adolescente al que en clase se le pregunta qué es lo que piensa hacer en el futuro o a una chica a la que se la entrevista acerca de cómo se siente tras más de dos años de mascarillas tapándole la cara y ahora cree que la vida le sonríe (o algo parecido), por lo que calcula que tendrá la posibilidad de duplicar su tiempo de jolgorio.


Pero, no. La frase me la dijo mi nieto Abel, con cuatro años recién cumplidos, en la última ida a Barcelona y en medio de los interminables juegos que manteníamos. Y no es nada anormal que lo diga con todo desparpajo un crío de su edad, pues, para los que tienen más o menos sus años, “vivir es jugar”, ya que todo lo demás –comer, dormir, asearse, estar en el cole, etcétera– son pausas o intermedios que se producen en medio de esa fiesta que es la vida.

Esto se lo comenté a sus padres, al tiempo que, con cierta ironía, les añadí: “Este niño, sin saberlo, es un claro discípulo de Epicuro, aquel filósofo griego que consideraba que la filosofía servía para encontrar el verdadero sentido de la vida: el gozo o disfrute de la existencia; nada de las vueltas y revueltas mentales que predicaban Platón o Aristóteles”.

Y en cierto sentido, lo que me dijo Abel (que no sé si fue una ocurrencia suya o se la había escuchado a alguien) estaba bastante cargado de razón: si a todos nos dieran a elegir, seguro que nos decantaríamos por eso de pasarlo bien el mayor tiempo posible. Pero, ay, sabemos que a la vuelta de la esquina, es decir, cuando se cumplen algunos lustros más, nos tropezaremos con la dura realidad, por lo que comenzamos a saber que hay que “ganarse el pan son el sudor de la frente”.

En apoyo de ese pensamiento tan sencillo (y tan contundente) de mi nieto acude también Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, cuando nos indica que el principio del placer es uno de los motores de la existencia humana. Nadie quiere sufrir, nadie quiere pasarlo mal, nadie desea ser maltratado, nadie quiere los dichosos virus…, a menos que uno fuera masoquista (que también los hay).

Es por ello que el propio Freud nos abría los ojos cuando nos aclaraba que esos paraísos de los que nos hablan las religiones monoteístas, a fin de cuentas, no dejan de ser narrativas fantaseadas del grato recuerdo que portamos en nuestras memorias de la infancia; paraísos que suelen clausurarse cuando se entra en la adolescencia y se comprueba que el mundo no es precisamente un “parque de atracciones”.

Pero está muy bien que padres y madres no agobien a sus hijos menores alertándoles constantemente con las duras tareas que les espera en el futuro y, en cambio, dediquen tiempo a estar con ellos participando en sus juegos o actividades lúdicas. Personalmente, estoy convencido que, en gran medida, la capacidad de disfrute, una vez que se entra en la adultez, proviene de aquellos años en los que nos divertíamos incluso con las cosas más nimias.

Esto lo han comprendido la mayor parte de los nuevos padres/madres. Entienden ellos que la vida no debe ser “valle de lágrimas” (tal como se nos decía en épocas pretéritas) al que se viene a sufrir, con la coartada de que cuanto más padecieras estarías en mejores condiciones de ganarte un buen puesto en ese paraíso imaginario que nos esperaba al final de nuestros días.

Y para que se entienda que disfrutar de lo bueno que nos ofrece la vida no es un vicio o un error, puedo aportar numerosas escenas de niños y niñas que han plasmado cuando les pedía que dibujasen a sus familias y lo hacían expresando esa alegría de vivir que preside sus existencias.


Unas de las representaciones más habituales de la alegría de vivir son aquellas escenas en las que los pequeños aparecen acompañando a sus padres en sus salidas al campo, tal como observamos en el dibujo anterior. En ella, la autora nos muestra una caminata en plena naturaleza conjuntamente con sus padres y su hermana pequeña. A los cuatro se les ve sonrientes y portando un bastón con el que se apoyan en sus recorridos.


He manifestado que en la memoria de los adultos se archivan y perviven aquellos días de la más remota infancia en los que se celebraban algunas fiestas tradicionales y se participaba del júbilo colectivo. Esto es lo que manifiesta en su dibujo un niño de cinco años. Así, en la escena que ha dibujado aparece disfrutando con sus padres y su hermano más pequeño, y en la que todos se encuentran tocando las campanillas de barro, siguiendo la tradición popular de su barrio.


Otra manifestación de alegría es la de disfrazarse de los míticos personajes de algunas tradiciones, de los protagonistas de cuentos o de afamadas películas. Desde edades tempranas, soñamos con ser aquellos personajes, especialmente de la ficción, que nos han llenado la mente de las más insólitas aventuras. No es de extrañar, pues, que la pequeña autora del dibujo precedente se haya dibujado de una especie de “Mamá Noel” durante las Navidades para repartir los numerosos regalos que ella imagina que llevará a las casas que tendrá que visitar.


Al igual que la alegría que se produce al entrar en lo que el gran psicólogo Jean Piaget llamaba como “juego simbólico”, se manifiesta cuando hay que vestirse con un traje especial característico de determinadas fiestas. Es lo que muestra la niña de ocho años que se ha dibujado toda contenta vestida con el traje de flamenca para acudir a la caseta con sus padres y disfrutar de los días de feria. Se trata de un vestido que lleva en contadas ocasiones, pero con las que sueña para verse engalanada de ese modo.


También, de mayor, se suelen recordar con especial intensidad las visitas que se realizaron a espacios singulares, como son, por ejemplo, los museos, los circos o los parques de atracciones. Un ejemplo podría ser el que nos muestra este chico de diez años, que se dibuja juntos a sus padres en las sillas de una montaña rusa. Tal como me comentó, aquella experiencia para él implicaba el reto de superar el temor previo que le producía el riesgo de enfrentarse a algo que no había llevado con anterioridad.


Todos crecemos; también los niños. Y llega el momento en el que se abre la idea de lo que uno podría ser en el futuro. Son muchas las imágenes que aparecen en sus mentes. De todos modos, hay casos en los que esa anticipación se une con algunas de las cualidades que empiezan a despertar en ellos. Es lo que acontece con el magnífico dibujo de la portada; o el que acabamos de ver, en el que la autora, una chica de once años, como si fuera una hábil pintora que, sentada y delante del caballete, se nos muestra toda dichosa dando rienda suelta a sus habilidades pictóricas. Es la alegría de imaginarse en un mundo en el que felizmente podrán desenvolverse con sus propias capacidades creativas.

Para cerrar, quisiera indicar que la próxima vez que me vea de manera directa con Abel le volveré a preguntar sobre qué es lo más importante para él. Posiblemente, dado que es un niño de corta edad, me lo vuelva a repetir con una explicación algo más amplia. Será una manifestación de que la alegría de vivir la experimenta de forma muy viva en el mundo que lo rodea (y menos mal para él que no se entera de lo que ahora tenemos encima).

AURELIANO SÁINZ

GRUPO PÉREZ BARQUERO


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UNICEF

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LA ABUELA CARMEN - LÍDER EN EL SECTOR DEL AJO, AJO NEGRO Y CEBOLLA NEGRA

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