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sábado, 16 de junio de 2018

  • 16.6.18
Si en el pasado mes de abril hablaba del rincón de la calle Pintor Juan Roldán, en esta ocasión voy a referirme al que posiblemente sea uno de los más emblemáticos, junto al “rincón del pilar”, me refiero al que llamamos “rincón del Convento”.



Como es lógico, no podemos pasar por alto que la trama urbana es un “organismo vivo” que va cambiando a lo largo de la historia, fruto de transformaciones y de añadidos que hacen de cada momento histórico algo nuevo e irrepetible.

Veamos, aunque sea brevemente, el proceso de transformación que se ha llevado a cabo en este lugar tan emblemático de nuestro pueblo.

Tenemos que remontarnos a la edad media, al período en el que los Alcores van a jugar un papel fundamental como línea defensiva. Es en estos momentos cuando van a aparecer una serie de torres defensivas que van a recorrer toda la línea alcoreña desde Alcalá de Guadaíra hasta Carmona. En torno a dos de estas torres va a surgir un pequeño núcleo defensivo que aparece en determinados momentos con el calificativo de “castillos" y que a lo largo de los siglos XV-XVI van a sufrir un proceso de transformación, de tal manera que éstas van a quedar camufladas en torno a una casa-palacio cuya fachada principal va a mirar a la calle Conde del Castellar.

A comienzos del siglo XVII, concretamente en el año 1604, fecha en la que se establece en nuestro pueblo la comunidad mercedaria como consecuencia de los favores concedidos por la IV Condesa del Castellar, va a nacer, junto a la casa palacio una iglesia conventual, y junto a la misma la casa conventual con todas sus dependencias que van a ocupar toda la manzana de la calle Convento. En esta época la casa palacio estaba alineada a la fachada del convento, por lo que no podemos hablar todavía del rincón. Será a partir de la segunda mitad del siglo XVIII cuando en la casa-palacio se va a llevar a cabo un proceso de ampliación que va a ocupar parte de la calle, hecho que provoca la aparición del rincón propiamente dicho. Estamos, además de una ampliación del edificio como tal, ante la utilización de un recurso constructivo muy empleado en el Barroco que consiste en jugar con los espacios abiertos y cerrados.

Así que, desde la calle Convento la aparición del rincón crea un espacio cerrado que tiene su punto de fuga en el estrecho espacio que aparece ahora. Esta estructura urbana perdura hasta los años ochenta del pasado siglo, momento en el que se produce, como consecuencia de la especulación urbanística, la destrucción de la casa-palacio, produciéndose el intento, aunque infructuoso, de construir en el lugar un bloque de viviendas que hubiese acabado para siempre con el encanto del centro urbano de la localidad.

Afortunadamente, después de mucho tiempo se construyó el nuevo Ayuntamiento que algunos, con poco conocimiento, han llegado a calificar como “restauración de la casa-palacio de los Condes del Castellar”, cuando no estamos más que ante la construcción de las nuevas Casas Consistoriales en lo que fue la casa-palacio y cuyo interior se erige como un gran patio claustral que imita, a mayor escala, el del convento del Corpus Christi.

Con la construcción del nuevo edificio consistorial, se va a producir la transformación del entorno urbano que viene dado por los siguientes hechos:

-Mayor altura de la edificación que aparece rematada con un gigantesco frontón clásico que quita protagonismo al edificio colindante, cuando anteriormente había un equilibrio estructural entre ambas edificaciones.

-La aparición de un balcón, de gran tamaño, en el lugar en el que aparecía una ventana.

-La aparición de un gran ventanal en la planta baja, que no es más que el intento frustrado de haber creado una galería cubierta, a modo de logia, en parte de la fachada del Ayuntamiento, galería que ocuparía la parte baja del rincón.

De esta manera se ha configurado y modificado, a lo largo de la Historia, este bello rincón del centro histórico de nuestra localidad.


JOSÉ ÁNGEL CAMPILLO



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