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COLEGIO PROFESIONAL DE PERIODISTAS DE ANDALUCÍA

Mostrando entradas con la etiqueta Desde mi sardiné [José Ángel Campillo]. Mostrar todas las entradas
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sábado, 16 de abril de 2022

  • 16.4.22
En nuestro pueblo, al igual que ocurre en el resto de la geografía nacional, el nombre de las mujeres se va haciendo patente, poco a poco en el callejero. No obstante, hay que decir que es una presencia que en determinados momentos podemos calificar como meramente testimonial.


En el callejero visueño podemos contabilizar unas 435 calles y 25 espacios de diferente tamaño que son plazas, plazuelas o, simplemente el ensanche de una calle. Estamos hablando de un número aproximado de 460 espacios que llevan nombres muy concretos, muchos de ellos provienen de época inmemorial, otros desconocemos su origen, pero en la gran mayoría de los casos es el nombre que les dio el pueblo, nombre que en determinado momentos fueron alterados por cuestiones de carácter político, hecho que viene acaeciendo en nuestro país desde el siglo XIX y se ha ido alargando prácticamente hasta la actualidad.

Si hacemos el recuento de las calles dedicadas directas o indirectamente a las mujeres nos encontramos con un total de 35, lo que no sitúa en un 7,6%, cifra verdaderamente insignificante que se reduce aún más si profundizamos en esos nombres.
Haciendo un desglose nos encontramos con la siguiente relación:

NOMBRES DE MUJERES EN EL CALLEJERO DE EL VISO DEL ALCOR

 

NOMBRE O DENOMINACIÓN

Nº TOTAL

VÍRGENES

Amargura, Nuestra Señora de la Piedad, Rosario, Santa María del Alcor, Virgen de los Dolores, Virgen del Mayor Dolor, plaza Virgen del Carmen, plaza Virgen de los Reyes y glorieta de la Coronación.

9

SANTAS

Huerta Santa Julia, Santa Ana, Santa Lucía

3

MUJERES CON RECONOCMIENTO

Carmen Amaya, Clara Campoamor, Cristina del Valle, María Galiana, Mariana Pineda, plaza Ascensión Jiménez Becerril, plaza de Federica Montseny, plaza Directora Herminia Gutiérrez Guillén (antes plaza de las Educadoras), plaza Victoria Kent,

9

OFICIOS

Costureras, Recoveras, plaza de la Recovera

3

PROPIAS DEL LUGAR

Beatriz Ramírez de Mendoza, Carmen López, María Gallego, Nicasia Campillo, Rafaela Herrera Ruíz, plaza concejala Dolores Medina Cáceres, Concejala Maravilla Cadenas Lara, plaza de Dolores Ibárruri.

8

NOMBRE DE HUERTAS

Huerta la Chispa, Huerta la Pijurica, Huerta Marina

 

3

TOTAL

 

35

FUENTE: Elaboración propia.

Elaboración: José Ángel Campillo

Una cuestión a tener en cuenta, además del nombre que se le da a una calle, es el de la importancia que ocupa la calle dentro de la trama urbana. ¿Se trata de una calle o plaza céntrica?, ¿la calle tiene importancia simbólica dentro de la localidad?, ¿es una calle o plaza situada en la periferia? Son preguntas que nos tenemos que hacer al analizar la calle, no basta única y exclusivamente con colocar el rótulo.

De la misma manera que hablamos de nombre de calles, hemos de hablar de monumentos y de placas conmemorativas dedicadas a mujeres que por algún motivo han destacado o merecen un reconocimiento público. En nuestro pueblo, el único monumento dedicado a la mujer, de forma genérica, es el que encontramos en la plaza de la recovera. Se trata de un pequeño espacio, un ensanche de la calle de la Muela que ocupa un lugar bastante destacado dentro de la trama urbana. La recovera se ha convertido en uno de los símbolos identitarios de la localidad, aunque es relativamente reciente, pues fue colocado en el año 1991. En este espacio, varias veces remodelado a lo largo de la historia (hemos de recordar que en este lugar estuvo la primera gasolinera, por ejemplo) se colocó en un pedestal y flanqueada por sendas columnas de corte clásico la figura idealizada, en bronce, de una mujer joven,  orgullosa, cuyas vestimentas, que por efecto del denominado “paño mojado” dejan entrever su cuerpo. Su cabeza se mueve levemente hacia la izquierda mientras posa su pierna derecha sobre un pequeño pedestal que hace que la figura pierda hieratismo. Sobre el brazo derecho lleva un canasta, y en la mano izquierda una alforja.

La idealización que quiso plasmar el artista mairenero Jesús Gavira no fue entendida por el público en general que criticó la obra por considerar que no representaba a las recoveras, mujeres, por lo general viudas, vestidas de negro de los pies a la cabeza, con velo y toquilla y tapada desde los pies a la cabeza. 
En cuanto a placas conmemorativas podemos hacer alusión a la situada en el centro cultural convento del Corpus Christi donde hay una dedicada a Doña Beatriz Ramírez de Mendoza, una cartela que se colocó en el año 2004 para conmemorar el IV centenario de la fundación del Convento del Corpus Christi. La cartela es obra de la artista local Juana García. 

Pero además de calles, estatuas o placas de carácter representativo tenemos que hablar de edificios públicos, de cierta importancia simbólica, por lo que llevan un nombre representativo.

Veamos el nombre de estos edificios.

- Una biblioteca municipal: “Miguel de Cervantes”.
- Tres centros cívicos: “El Calvario”, “Huerto Queri” y “María Zambrano”.
- Cinco colegios: “Albaicín”, “Juan Carlos I”, “Gil López”, “León Ríos” y “Alunada”.
- Dos centros de secundaria: “Profesor Juan Bautista” y “Blas Infante”.
- Un centro de salud: “Manuel de los Santos”.
- Una casa de la cultura: “Hermanos Machado”.
- Un parque urbano: “Parque de la Constitución”.
- Un parque periurbano: “Parque de la Muela”.
- Un cementerio municipal: “San Francisco”.
- Un centro cultural: “Convento del Corpus Christi”
- Archivo municipal: “Antiguo Ayuntamiento”
- Una guardería municipal: “Infante Leonor”
- Tres zonas deportivas: San Sebastián, Manuel García (la calera) y Juan José Guerrero Franco (Huerto Queri).
- Dos pabellones cubiertos: Santa Lucía y “Nero”
- Una iglesia parroquial: Santa María del Alcor
- Una iglesia conventual: Corpus Christi
- Dos capillas: Nuestra Señora del Rosario y Nuestra Señora de la Esperanza.

En un total de 28  edificios o elementos representativos, hay seis que llevan nombre de mujer, lo que supone el 21,43 %, pero de estos seis nombres cuatro hacen referencia a Vírgenes o Santas (algunas de ellas aún en el callejero), por lo que el número se reduce a dos, lo que supone el 7,1% del total.

Por último quisiera hacer referencia a la participación de la mujer en la política local, a la política municipal. A este respecto hay que recordar que el número de concejales y concejalas de los Ayuntamientos viene determinado por el número de habitantes, por el de los empadronados. En nuestro caso, dado que no alcanzamos los 20.000, nos corresponden 17, siendo uno de ellos el que es elegido como Alcalde.

En el primer cuarto de siglo de Ayuntamientos democráticos (1979-2003) en El Viso el número de mujeres que intervienen en política municipal conforman un total de 17 concejalas, independientemente que formasen parte de equipo de gobierno o de los grupos de la oposición. Es un número bastante bajo teniendo en cuenta que durante esos 25 años pasaron por el Ayuntamiento 102 concejales, lo que supone el 16,6 %. 

En las dos últimas décadas (2003-2023), de un total de 85 concejales, 35 han sido mujeres, lo que en términos relativos conforman el 41,17%. Aunque hay que decir que en la actual legislatura hay un  53% de mujeres con acta de concejala.

Haciendo un cómputo general, a lo largo de la historia reciente de nuestro pueblo, desde el año 1979 hasta la actualidad, de un total de 187 actas de concejal, han ocupado el cargo un total de 52 mujeres, lo que hace un total en términos relativos del 27,8%.

A todo esto hemos de añadir que en la legislatura 2015-2019 fue elegida con Alcaldesa de la localidad Doña Anabel Burgos Jiménez, convirtiéndose en la primera mujer que llega a ser la máxima autoridad municipal.

JOSÉ ÁNGEL CAMPILLO




sábado, 12 de marzo de 2022

  • 12.3.22

El pasado 8 de marzo se conmemoró el día internacional de la mujer. Sin duda alguna estamos aún lejos, muy lejos de la igualdad plena entre hombres y mujeres. Hace algo más de 30 años nació en nuestro pueblo una asociación de mujeres cuya finalidad era y es la de defender la igualdad de derechos.

Esta veterana asociación, que tiene su sede actualmente en la antigua academia, cuenta con cuatro pilares que son las que llevan las riendas de la misma: Antonia Benítez Bonilla (vicepresidenta), Manoli de los Santos (secretaria), Amparo Belloso (presidenta) y Aurora Cano (vocal). Son estas cuatro mujeres las que constituyen el alma de la asociación.

La sede rezuma por sus paredes historia gráfica de una larga trayectoria; podemos encontrar placas de reconocimiento, platos cerámicos recordatorios, fotos de distintos momentos entre los que podemos destacar, a modo de ejemplo la visita que hizo el entonces defensor del pueblo Chamizo, la popular periodista Inmaculada Jabato y un gran elenco de personas que a lo largo de estos años han pasado por la asociación para impartir cursos, charlas, conferencias, etc.

La asociación nació en el año 1989 en la calle Real, en lo que había sido cuartel de la guardia civil y en la actualidad residencia de mayores San Pedro Nolasco. En este espacio, el Ayuntamiento llevó a cabo un taller de cerámica para mujeres que tuvo bastante éxito y que permitió que mujeres de distinta índole y condición se reunieran en un ámbito que propició exponer ideas y llegar a acuerdos. Una vez terminado este taller, las allí presentes se plantearon constituir una cooperativa que les permitiría pedir subvenciones y crear algún puesto de trabajo. No obstante, esta primera idea fue madurando poco a poco hasta que se plantearon constituir una asociación de mujeres que defendiera sus derechos.

Al constituir la asociación lo primero que se plantean es la del nombre, y surge la propuesta, por para de una de las socias, de nombrarla ASOCIACIÓN CULTURAL DE MUJERES ELEUSIS. Hay que recordar que Eleusis es la ciudad griega donde hubo un santuario en honor a las diosas Deméter y Perséfone. Sin embargo, cuando la propuesta llega al registro de asociaciones  ya había una con este nombre, por lo que la denominaron ASOCIACIÓN CULTURAL DE MUJERES LEUSIS.

En estos primeros momentos, es nuevamente el Ayuntamiento quien les cede un local en unos pisos donde habían vivido los maestros, justo al lado de donde tienen actualmente su sede. En este modesto piso comienzan su andadura y ponen en marcha distintos talleres que animan a las mujeres a asociarse y a acudir a la sede. Entre estos primeros talleres tenemos el de flecos y el de bordados de mantones.

En el año 1998 la asociación da un giro y en sus estatutos cambian el nombre por el de ASOCIACIÓN DE MUJERES LEUSIS, intentando, de esta manera, darle un carácter más reivindicativo con la finalidad de luchar por la igualdad y denunciar los malos tratos. La filosofía de la asociación es que la mujer tenía que salir de su casa, aprender, culturizarse y defender sus derechos como persona.

Entre el sinfín de actividades que a lo largo de estas tres décadas se han puesto en marcha, podemos destacar: taller de autoestima, taller de risoterapia, charla del defensor del pueblo José Chamizo, charlas de personas especialistas en psicología, enfermedades como el cáncer o la osteoporosis, taller de yoga, cine, teatro y un largo etcétera. 

Por otra parte mantienen contacto y relación con otras asociaciones de mujeres como ocurre con la Fundación Ana Bella.

Este grupo de mujeres comprometidas y decididas forman parte del  Consejo de Salud y constituyeron el primer plan de igualdad, a la par que aconsejan a mujeres ante cualquier necesidad, aunque no cuentan con asesoramiento legal ni psicológico.

Según los estatutos, cada cuatro años hay que elegir la nueva junta rectora, que se elige en Asamblea General de Socias; por otra parte, y al final de cada año se celebra Asamblea para presentar la memoria anual y rendir cuentas de las actividades que se han hecho y en febrero del año siguiente la Asamblea tiene que aprobar el plan de actuación para elegir a la junta rectora, y en febrero de cada año se celebra una asamblea donde la dirección tiene que presentar el plan de actuación de actividades y los correspondientes presupuestos.

Y junto a su compromiso tenemos que destacar también su solidaridad al participar en el rastrillo solidario de Cáritas con un puesto propio donde ponen a la venta distintos productos que regalan socias y simpatizantes, lo que permite obtener dinero que donan a Cáritas.

Leusis, que es como se conoce en la localidad esta asociación, cuenta en la actualidad con unas 378 socias  que con sus cuotas sufragan todas las actividades que realizan, aunque cuentan con la ayuda y el apoyo puntual del Ayuntamiento y de la Diputación Provincial.

Esta asociación que ha visitado gran cantidad de pueblos de Andalucía y que ha compartido mesa y mantel con cientos de mujeres de otras localidades, como consecuencia del COVID, al igual que otras muchas, durante dos años no ha realizado ningún tipo de actividad. Esperemos que, una vez termine la pandemia LEUSIS siga luchando día a día por la igualdad entre hombres y mujeres.

 


JOSÉ ÁNGEL CAMPILLO DE LOS SANTOS

sábado, 12 de febrero de 2022

  • 12.2.22
El pasado 6 de febrero, Nuestro Padre Jesús Nazareno, el “Señor de El Viso” recibió de manos del Señor Alcalde las llaves de la localidad. Sin duda alguna fue un acto que, junto a la posterior procesión del Señor por las calles de nuestro pueblo, quedará en los anales de la historia de nuestro pueblo.


Con este artículo quiero rememorar otro acontecimiento que recogió en un escrito, hace más de noventa años,  Rafael de los Santos Falcón. En este caso, el pueblo de El Viso rindió homenaje al Señor de la Misericordia, imagen muy vinculada a la Hermandad Nazarena, pues no podemos olvidar que hasta 1670, fecha en la que fue sustituido por el Nazareno de Cansino,  fue su imagen titular.

El Señor de la Misericordia, el que veíamos en la penumbra del convento cuando, al salir del colegio, nos colábamos a pies juntillas, como a escondidas para que no nos descubrieran. Cuando llegábamos a su altar, nos llamaba poderosamente la atención su cabellera, de pelo natural, y su paño de pureza de tela. Esto no era lo habitual en el resto de los crucificados.

El Cristo fue calificado muy acertadamente en  un artículo de la revista Amigos de El Viso como “el primer visueños” (Manuel Antonio Moreno de los Santos), es una imagen de las que en el argot artístico se denomina “de papelón”, no es por tanto una imagen tallada y posteriormente encarnada, sino que está hecha a base de telas y papel encolado, por lo que podemos hablar de imágenes en serie, dado que se hacían gracias a un molde, esto permitió, por ejemplo, que la Condesa del Castellar doña Beatriz Ramírez de Mendoza regalase otro igual a los frailes de la Almoraima, imagen muy venerada en Castellar de la Frontera.

No nos ha de extrañar este tipo de imágenes seriadas, entre otras cosas porque resultaban más baratas que las talladas. En el caso de Sevilla podemos hacer mención, a modo de ejemplo, al  Cristo de la Expiración (1575) de la Hermandad del Museo, obra de Marcos Cabrera que, según la leyenda, su autor arrojó al Guadalquivir el molde para que no se pudieran hacer otras, de esta manera la imagen sería  única.

Y si el Cristo de la Exaltación está envuelta en la leyenda, el nuestro también cuenta con la suya, que a buen seguro cuenta con distintas y variadas versiones como suele ocurrir en estos casos. La que yo conozco viene a contar, a groso modo, que el Crucificado, una vez que llegó el Nazareno, fue depositado en los altos del convento hasta que se tomó la decisión, por parte de los frailes, que eran sus propietarios, de venderlo. Pero el día que vinieron a recogerlo no pudieron sacarlo por la puerta porque la cruz crecía desmesuradamente, por lo que desistieron y lo colocaron en un altar.

Pero retrocedamos en el tiempo, concretamente al día 3 de marzo de 1931, fecha en la que los agricultores, desesperados ante la pertinaz sequía (la que padecemos en la actualidad) sacaron a la venerada imagen en una procesión de rogativas y el Señor hizo que la lluvia cayese abundantemente en nuestros campos. Esto hizo que un mes después, el 4 de abril (Sábado Santo) el pueblo de El Viso le rindiera un homenaje que fue concienzudamente preparado.

A las 8 de la tarde, el Señor fue trasladado en un paso desde la iglesia conventual hasta la iglesia parroquial por los jóvenes que previamente se habían inscrito. Podemos imaginarnos la comitiva de hombres y mujeres alumbrando delante del paso. Tras el mismo, las autoridades, la banda municipal y el pueblo que inundaba la plaza y las calles adyacentes; era tanto el público que, conscientes de la poca capacidad de la parroquia, la autoridad municipal prohibió la entrada al templo a los jóvenes menores de 20 años y a las jóvenes menores de 18.

El paso, una vez dentro de la parroquia, fue conducido hasta el presbiterio y colocado delante del altar mayor, donde se rezaron distintas oraciones y se celebró la eucaristía que fue amenizada por un coro de jóvenes dirigido por el tenor de la catedral de Sevilla don José Moreno Melendro.

Tras la solemne función, el paso salió de la parroquia y bajó  hasta la plaza, que entonces se llamaba Cardenal Spínola y que era más pequeña que la actual, pues donde está hoy la cruz de los caídos estaba la casa de “los sardinas”. Cuando el  paso fue arriado delante de la fachada de la casa palacio de los Condes del Castellar, justo delante de su puerta principal, se procedió a bajar al crucificado del mismo y fue colocado en un dosel que para tal efecto se había preparado. En este momento fue expuesto en devoto besapies.

Una vez terminado el acto, el Crucificado fue conducido a la iglesia conventual y depositado en su altar. Al día siguiente, domingo de Resurrección, la Junta Organizadora del acto, repartió “a los pobres una abundante limosna de pan” cuyo coste ascendió a 300 pesetas. De la recaudación obtenida en la mesa petitoria que se colocó se recaudaron 120 pesetas que sirvieron para colocar los días 15, 16 y 17 del mes de abril el suelo que tuvo el convento hasta su última restauración. El mismo estaba conformado a base de losas blancas y negras de cemento. También se arregló el altar del Señor y se colocó, para amortiguar la humedad, un zócalo, no muy estético, de corcho


JOSÉ ÁNGEL CAMPILLO DE LOS SANTOS
FOTOGRAFÍA: HERMANDAD DE NUESTRO PADRE JESÚS 


sábado, 15 de enero de 2022

  • 15.1.22
En la era de la información y de la comunicación, no nos extraña en absoluto el ir y venir de personas de un lugar a otro, por lo que la noticia de “una americana en El Viso del Alcor” pasaría completamente desapercibida.


Pero tenemos que trasladar esta noticia a los años 30 del pasado siglo, por lo que el contexto social, político, económico… era completamente distinto al actual. En estos años nuestro pueblo contaba con poco más de 9000 habitantes, y como hemos de suponer, era un pueblo atrasado y anquilosado en el tiempo. En esta coyuntura tan distinta a la actual, la visita de una señora, de origen americano  e investigadora, a buen seguro no pasó desapercibido en determinados círculos sociales. 

Este “extraño” personaje  era Ruth Walters Rogers (1897-1937), profesora de español de la Universidad Johns Hopkins, institución de carácter privado situada en la ciudad de Baltimore, en el estado de Maryland, llegó a nuestro pueblo buscando información y documentación sobre el poeta del Siglo de Oro Cristóbal de Mesa (1556- 1633), nacido en Fregenal de la Sierra, aunque vivió largo tiempo en la ciudad de Zafra, hasta tal punto que se daba por supuesto que era natural de esta última. 

Sabemos que Cristóbal de Mesa, además de vivir en Zafra,  inició sus estudios de derecho en Salamanca, aunque posiblemente no llegó a terminarlos y se trasladó a Sevilla, donde estudió la carrera eclesiástica llegando a ser capellán entre otros personajes del IV Conde del Castellar con quien viajó en 1587 a Nápoles, en aquellos entonces territorio bajo la corona española. Desde Nápoles, y bajo el mecenazgo del Duque de Feria, embajador ante la Santa Sede, regresando a España en 1592.

En el verano de 1934, buscando datos sobre el poeta, se personó en nuestro pueblo y tenemos constancia que se entrevistó con el cura párroco D. Primitivo Tarancón Gallo que le facilitó escasa o nula información al respecto, porque como es habitual nadie sabía quién era este personaje que a la postre fue capellán de don Fernando Arias de Saavedra, IV Conde del Castellar.

Esta relación entre el Conde y el poeta le hacía suponer a la investigadora que éste estaba enterrado en la capilla mayor de nuestra iglesia parroquial, aunque la documentación era errónea, pues es imposible que alguien ajeno a la familia del Conde estuviese enterrado en un lugar tan insigne. Por otra parte, tampoco pudo contemplar, como ella esperaba, la tumba del Conde al no quedar vestigios de la misma, aunque le constaba que existió.

Por otra parte, la tumba a la que se refiere la investigadora era la de Juan Arias de Saavedra, III Conde del Castellar (Circa 1515-1580), y que en 1581 don Fernando solicitó al Deán y Canónigo de la catedral, Alonso de Revenga, licencia para que se le otorgase escritura de patronazgo de la capilla mayor a favor de la casa de Castellar, con la facultad de colocar en dicha capilla sepulcro, tanto de sus ascendientes y descendientes, así como su escudo de armas; a cambio, don Fernando se comprometió a dar de renta anual 6.000 maravedíes sobre un horno, capilla y corral que tenía en la calle de Pedro Miguel Saucedo (calle del Horno Viejo, actualmente conocida como calle del Horno).

Don Fernando había solicitado  dicho patronazgo para cumplir las últimas voluntades de su padre que quería ser enterrado en la iglesia de El Viso por “la debossión que el Conde mi padre  tubo y  a la que yo tengo”. La capilla estaba inconclusa en 1581, por lo que los restos de don Juan de Saavedra, fallecido en 1580, tuvieron que esperar en San Martín de Sevilla hasta el 30 de abril de 1594, fecha en la que sus restos llegaron a la parroquia. Para dar testimonio de todo lo acontecido el escribano público levantó acta y recogió en la misma, entre otras cosas : “y en presencia de  mí se abrió una caja de madera que estaba forrada de lienzo encerado por la parte de afuera y dentro de ella estaba un cuerpo difunto amortajado con un abito con una cruz de lagarto del abito del señor Santiago y aunque el difunto estaba un poco denegrido resultó ser el Señor Conde don Juan, según afirmó su hijo y el cuerpo fue tornado a cubrir con la dicha caja y el dicho cuerpo fue enterrado en una sepultura que estaba hecha  en la dicha iglesia en la capilla mayor de ella, dentro en la dicha caja donde estaba y cubierto con tierra de todo lo cual doy fe”. Años después sería enterrada en la capilla mayor de la iglesia parroquial su esposa Ana de Zúñiga. A buen seguro que pudo contemplar, en la iglesia conventual, la tumba de D. Gaspar Juan Arias de Saavedra, V Conde del Castellar.

Volviendo a la profesora, tenemos que decir que ya en aquella época, pero en los Estados Unidos, era habitual que una mujer formase parte de un grupo de investigadores e investigadoras, en este caso tutelados por el profesor Henry Carrington, director del departamento de lenguas románicas de la universidad Johns Hopkins. Alternó como docente e investigadora, aprovechando los veranos para viajar y contactar con colegas españoles, es el caso de las visitas que llevó a cabo en 1930,1933 y 1934, visitas que aprovechó para consultar información y documentación sobre los estudios que estaba realizando. Paralelamente mantuvo contacto con la prestigiosa Residencia de Estudiantes y con el lexicógrafo Francisco Rodríguez Marín (1855-1943), al que solicitó datos de Cristóbal de Mesa al considerarlo como la persona que más sabía sobre este personaje y sus contemporáneos. 

Regresó a su país el  8 de septiembre de 1934, en el vapor “El Havre” rumbo a New York. Llegó a Baltimore el día 20 y volvió inmediatamente a las clases. La profesora murió en 1937  a los 40 años, de ahí que no pudiera terminar su investigación sobre este personaje tan desconocido.


JOSÉ ÁNGEL CAMPILLO DE LOS SANTOS


sábado, 4 de diciembre de 2021

  • 4.12.21
Hasta la construcción de la actual plaza de abastos situada en la calle Real número 58, el mercado se establecía más o menos permanentemente en la plaza de la Constitución, hoy del Ayuntamiento. En dicho lugar encontrábamos unos puestos de madera en los que se vendían, entre otras cosas, carnes y verduras con los consiguientes problemas de higiénico-sanitarios.

A esto hemos de añadir un problema de carácter económico y era la imposibilidad que tenía el Ayuntamiento de cobrar a todo el mundo los arbitrios municipales. No obstante hemos de decir que la primitiva plaza, la que daba perspectiva al palacio de los Condes, fue el primitivo lugar donde se situó el mercado.     
               
El cambio de ubicación se debe, sin lugar a dudas, a un cambio en el eje de centralidad de la localidad pues a partir de la segunda mitad del XVIII, la denominada plaza de Abajo comienza a adquirir importancia frente a la llamada plaza de Arriba. Este hecho viene dado por la construcción en el lugar del nuevo Pósito y de las Casas Consistoriales.
Es a finales del XVIII y a lo largo del XIX cuando el concepto de mercado va a sufrir una transformación, tanto por cuestiones de carácter higiénico y, sobre todo, recaudatorio. Es cuando empieza a surgir el concepto de mercado cerrado y aislado del exterior que garantizaba tanto la higiene como el control fiscal y sanitario. Así en 1907 la Corporación Municipal decide construir una plaza de abastos dado que “se hace muy difícil la inspección sanitaria de los diversos productos alimenticios”, y dado que las arcas municipales carecían de dinero para ello, se decidió abrir un concurso público para que pudiera ser construida por particulares “mediante la oportuna concesión para su explotación durante cuarenta años”. 

Únicamente se presentó un pliego de condicione, el de Don Pelayo Jiménez León, Alcalde desde 1894 hasta mediados de 1905, por lo que le fue aprobada la concesión. En el pliego de condiciones se hace constar que “bajo ningún pretexto se permitirán entradas a dicha plaza por las casas inmediatas... no permitiéndose por tanto puertas a dicha plaza” que fue bautizada con el nombre de Santa Marta, en honor de la esposa del antiguo Alcalde. En 1928 el Consistorio discute la posibilidad de hacerse con la plaza ya existente o bien construir una nueva. El Alcalde se inclina por la primera opción dado que además de resultar más barato, “ayudaría a paliar la falta de jornales del invierno”. Un año después el Ayuntamiento recibió un préstamo de 300.000 pesetas “que será destinado a la adquisición, reforma y embellecimiento del Mercado de Abastos” y de otras obras. A pesar de ello la adquisición no se llevó a cabo, dado que en 1936 se presentó un proyecto para llevar a cabo la expropiación y municipalización del establecimiento, pero la guerra parará esta iniciativa que no se retomará hasta 1950, fecha en la que se inicia un expediente sobre la reversión a la propiedad municipal del mercado de abastos, administrado por particulares desde 1907 hasta 1947. Esto provoca que en 1958 los titulares de la Plaza de Abastos soliciten les sea pagada la transacción de 40.000 pesetas al contado. 

Tras un contencioso administrativo se resolvió en 1962 que la Plaza de Abastos pasaba a ser administrada por el Ayuntamiento, por lo que éste debería de compensar a los afectados con una indemnización. El expediente se inició en 1950 y el contencioso administrativo- jurídico se resolvió doce años después a favor del Ayuntamiento que debía compensar a los afectados con indemnizaciones.

A partir de los años ochenta, la plaza de abastos comienza a languidecer poco a poco hasta tal punto que tiene que cerrar sus puertas y se lleva a cabo en la misma un proceso de remodelación, no obstante el equipo de gobierno de la legislatura sufre un proceso de remodelación, no obstante durante la legislatura 2015-2019, siendo Alcaldesa Anabel Burgos, se proyecta la remodelación del edificio. Tras diversas vicisitudes, en el verano de 2021 la plaza ha vuelto a inaugurarse, ha resurgido como el ave fénix, esperemos que su trayectoria sea larga y fructífera.


                                                         José Ángel Campillo de los Santos

sábado, 6 de noviembre de 2021

  • 6.11.21

El próximo día 11 de noviembre se inaugura el archivo municipal en el edificio que hoy conocemos como “Ayuntamiento viejo”. Tenemos que congratularnos porque es una vieja reivindicación, ya era hora que el tan denostado y olvidado archivo esté en un lugar digno y acorde a sus necesidades.

El edificio, construido a finales de los años treinta del pasado siglo, fue diseñado por el perito municipal Francisco Peláez en el solar que ocupaba el Pósito municipal, edifico construido en 1757 con un coste de 20.000 reales. Decir que años después, en 1774 el edificio fue ampliado ante la necesidad de guardar mayor cantidad de cereal.

A finales del XIX, con la desaparición de los Pósitos, el edificio quedó abandonado, por lo que se fue deteriorando con el correr del tiempo, hasta tal punto que su estado de ruina aconsejó su derribo. Únicamente se conservó la torre del reloj que, de forma muy acertada integró Peláez en la nueva construcción.

Tras la rehabilitación, entre los años 1982-85, de la que fuera casa conventual, más conocida como “cuartel viejo”, las dependencias municipales pasaron a esta nueva sede, por lo que el viejo Ayuntamiento quedó como sede de la gerencia de urbanismo y con posterioridad, tras tener distintos y variados usos, fue cerrado ante un estado evidente de deterioro.

Después de una rehabilitación, un tanto polémica, será la sede de nuestro denostado archivo municipal. Por fin, después de muchos años y de la falta de interés de nuestra clase política (de distintos colores y condición) el archivo va a tener un lugar digno. Por fin se le ha dado el lugar que merece después de tantos desplantes por aquellos que, siendo conscientes de su importancia, no fueron capaces de mover ni un solo dedo ante lo que consideraban “un montón de papeles viejos”. Afortunadamente la sensibilidad de nuestros políticos ha cambiado desde el año 1999, fecha en la que escribí un artículo para la revista de las fiestas de la Santa Cruz que titulé: El archivo histórico y el museo local”

En él hablaba que los archivos municipales empezaron a ser puestos en valor por la Diputación de Sevilla en torno a los años ochenta del pasado siglo, años en los que esta institución asumió la tarea de rescatar de un peligro inminente de destrucción los archivos municipales. De esta manera se llevó a cabo la ingente tarea de clasificar e inventariar todos los archivos de la provincia, inventarios que fueron publicados para general conocimiento. 

El nuestro fue catalogado y ordenado a lo largo del año 1984, fecha en la que estaba depositado en una sala alta del  antiguo Ayuntamiento, cerca del salón de plenos. Sin embargo, por cuestiones que no entenderé nunca, en el año 1999 el archivo se encontraba en el lugar más idóneo: el pabellón cubierto “Santa Lucía”, en un habitáculo donde los cambios de temperatura y humedad le afectaron sobre manera. Pero este no ha sido el primer desplante a nuestro archivo, podemos remontarnos a los años cuarenta del pasado siglo, fecha en la que gran parte de sus documentos fue vendido a peso.

Desgraciadamente esta falta de sensibilidad era algo habitual en aquella época, pues el archivo de Cazalla de la Sierra sufrió el mismo destino en el año 1943, por lo que la historia de este pueblo quedó relegada a los siglos XIX y XX.

En 1945 el Secretario del Ayuntamiento, con muy buen criterio, llevó a cabo un inventario, el primero que se posee del mismo. Esto nos permite compararlo con el que se hizo en 1985 y, como era de esperar, a lo largo de esa cuatro décadas se han perdido algunos documentos, fundamentalmente los relacionados con la Falange, por lo que podemos presuponer que esta documentación desapareció en torno a 1975, tras la muerte de Franco.

Después del pabellón Santa Lucía, el archivo pasó a los sótanos del actual Ayuntamiento, lugar idóneo por antonomasia, lugar en el que ha permanecido varios años; esperemos que tras la inauguración del edificio la documentación sea trasladada lo antes posible a este nuevo lugar. Entonces, solo entonces, podremos decir que el archivo está a buen recaudo.


JOSÉ ÁNGEL CAMPILLO


sábado, 9 de octubre de 2021

  • 9.10.21
Este es el grito que se escuchaba en nuestro país a comienzos del siglo XIX, concretamente durante el período conocido como el de la invasión francesa (1808-1812). Todo empezó con el motín popular del 2 de mayo de 1808 en Madrid, donde la población fue sometida a sangre y fuego. El 19 de noviembre de 1809, tras la derrota de Ocaña (Toledo) donde el General Soult (Duque de Dalmacia), al frente de un ejército formado por 40.000 infantes 6.000 soldados a caballo y una poderosa artillería derrotó al general Aréizaga  que comandaba un ejército de algo más de 50.000 soldados, dio comienzo la invasión de Andalucía.


Este hecho provoca, una semana después, la invasión casi sin resistencia de Jaén, Córdoba y Granada, por lo que la Junta Central de Sevilla toma la decisión de trasladarse a la isla de León (San Fernando). El 23 de enero de 1810 la Junta Central envió órdenes a Carmona para que se armasen las milicias del partido judicial. En estas órdenes se indica que, en el caso de llegar los “gabachos” a la provincia, los vecinos debían de esconder los ganados, víveres y armas y las joyas de las iglesias porque ya tenían referencias de cómo habían actuado en otros pueblos. Al parecer entraban saqueando y requisando todo lo que se les ponía por delante.  

A finales del mes de enero los franceses llegan a la ciudad de Carmona donde fueron recibidos y agasajados por las autoridades locales que no opusieron resistencia alguna, muy posiblemente era la manera de gozar del status y privilegios que hasta esos momentos había tenido. Frente a esta situación, hay que decir que muchos vecinos, temerosos, abandonaron sus casas y se establecieron en el campo, lejos de la ciudad. Ese mismo día las tropas francesas pasaron por El Viso y por Mairena camino de Alcalá de Guadaíra, estableciendo un acuartelamiento en la calle Ancha de Mairena del Alcor. 

El ejército francés se alimentaba de lo que iba encontrando en tierra conquistada, de ahí que constantemente estuviesen pidiendo cebada, paja, trigo, galletas… para el avituallamiento del ejército. Esta situación provocó la aparición de nuevos impuestos, de peticiones a los vecinos, de requisas y amenazas de distinto tipo a todo aquel que se negara a contribuir al abastecimiento del ejército. En este contexto hemos de entender la requisa de granos de los pósitos.

El pósito era el edificio que servía para guardar el trigo con una doble finalidad: para sementera y para vender a bajo precio a los panaderos, de esta manera los pobres podrían comprar a buen precio el que era considerado como alimento básico. El primer pósito de nuestro pueblo estuvo situado en la plaza Sacristán Guerrero, pero dado su mal estado y escasa capacidad, el Ayuntamiento decidió en 1757 construir uno de nueva fábrica. El lugar elegido fue la entrada de la calle Real, junto a lo que hoy es  plaza del Ayuntamiento, entonces plaza de Abajo. El nuevo Pósito, con una capacidad de 4.000 fanegas costó a las arcas municipales 20.000 reales. Estamos hablando de un edificio de buena factura que se construyó en cinco meses. En 1774, dado que el establecimiento quedaba pequeño, se llevó a cabo  una ampliación del mismo.

Nuestros antepasados, tal vez en un acto de rebeldía o de inconsciencia, “perdieron” las llaves del establecimiento (no tenemos constancia de las repercusiones que esto tuvo); lo cierto es que las puertas fueron abiertas a la fuerza, bastó un cañonazo para hacerse con el botín y amedrentar aún más a la población. Paralelamente a este hecho parte de su archivo fue incendiado. En esto último podemos presuponer que algunos listos aprovecharon la coyuntura para hacer desaparecer, curiosamente, documentos del momento, no los antiguos. Al desaparecer los libros donde se anotaban las deudas y deudores al pósito, una vez pasada la guerra y todo volvió a la normalidad, el Pósito, ante la falta de documentos, tuvo que  perdonar las deudas ante la imposibilidad de poder cobrarlas.

Sin duda alguna, la invasión provocó la aparición de historias más relacionadas con la leyenda que con la historia propiamente dicha. Una de estas historias hace referencia al hecho que más de un soldado transeúnte (hacía noche en la localidad y al día siguiente se marchaba) que tenían potestad para alojarse en casa de particulares, quiso mancillar el honor de una joven, por lo el padre de la misma, para guardar su honra y honor, le dio muerte y lo arrojó al pozo, lugar al que, a buen seguro, el enemigo no osaría buscar. Pero en este sentido estamos entrando en lo que hoy llamaríamos “leyenda urbana” pues estas historias se repiten, con matices, en muchos pueblos.



JOSÉ ÁNGEL CAMPILLO DE LOS SANTOS

sábado, 11 de septiembre de 2021

  • 11.9.21
En otras ocasiones, en distintos artículos y publicaciones he hecho referencia a la imagen de nuestra Patrona, a su Hermandad, al día que fue solemnemente bendecida, etc. Sin embargo, en este artículo voy a reivindicar que en nuestro nomenclátor, que es lo mismo que decir nuestro callejero, se rotule una calle que lleve el nombre de uno de los días más importantes para nuestro pueblo, para el día en el que nos sentimos parte de una comunidad: el 12 de septiembre.


Si repasamos el callejero nos encontramos nombres muy variopintos, desde las dedicadas a pintores: Goya, Greco, Sorolla…; las dedicadas a escritores como puede ser la calle Juan Ramón Jiménez o la plaza Rafael Alberti, por poner algunos ejemplos significativos.

Otras llevan el nombre de plaza de la Concordia, calle Unidad, avenida de la Paz y un lago etcétera que nos lleva a las distintas advocaciones religiosas: Jesús Nazareno, Virgen de los Dolores, Santa María del Alcor…o a otras que recuerdan a personajes históricos, es el caso de: Colón, Gaspar Juan Arias de Saavedra, Condes del Castellar, Almutamid, etc.

Nuestro callejero adolece, al igual que muchos otros de nombre de mujeres, son muy pocas las que aparecen  siendo el porcentaje ínfimo, por no calificarlo de ridículo, es por tanto una asignatura pendiente.

Pero también creo que es necesario dedicar nombres de calles a costumbres propias de El Viso, como por ejemplo “Hoguerita” o “Billarda”, porque creo que no hay algo más típico en nuestro pueblo que la hoguerita o la billarda. A este respecto hace falta un estudio de algunas costumbres o juegos que podrían dar nombre a nuestras calles.

Echo en falta también el nombre de calles que hagan referencia a efemérides que pueden ir desde las internacionales a las puramente locales pasando por las nacionales y autonómicas, es el caso de la calle “28 de febrero”. Obviamente,  no hace falta explicar los motivos por los que en nuestro pueblo hay una calle con esta denominación.

Creo necesario que en nuestro callejero encontremos calles que conmemoren el “8 de marzo”, el “12 de octubre”, el “6 de diciembre”… y, como no, el  “12 de septiembre”. 

El presente año hubiese sido el ideal para rotular una calle con el día en que celebramos la festividad de nuestra patrona, porque este 12 de septiembre del año 21, según el calendario, será único e irrepetible,  habrá muchos más, pero ninguno con unos dígitos tan significativos.

Sin duda alguna es una fecha significativa para nuestro pueblo porque es el día de nuestra Patrona, día de confraternización. Es el día en el que la imagen de Santa María del Alcor Coronada recorre las calles de nuestro pueblo, un hecho que podemos analizar desde una perspectiva religiosa o puramente artística pasando por la costumbrista de Andalucía, pero es un hecho a tener en cuenta. Podemos decir que las fiestas patronales cada uno de nosotros las ve y las vives desde perspectivas distintas, como si de un caleidoscopio se tratase. Unos las viven con fervor religioso, otros desde una perspectiva lúdica (la romería), otros como deleite artístico, un deleite para los sentidos al contemplar la bella imagen cobijada sobre un bello templete, los nardos, la música, la carreta del Simpecado, todo un deleite para los sentidos.

Para terminar decir que en el año 1940 se celebró por primera vez el 12 de septiembre, por lo que estamos hablando de 81 años.

Vivamos unas fiestas patronales distintas, pero seguras. 


JOSÉ ÁNGEL CAMPILLO



sábado, 14 de agosto de 2021

  • 14.8.21
Aunque el presente artículo no tiene una relación directa con la Historia de nuestro pueblo, trata de ser un modesto, pero sincero homenaje, a aquellos hombres y mujeres que a lo largo de la Historia han peregrinado a la capital hispalense en las vísperas de la festividad de Santa María de Agosto, que no es otro que el de la festividad de la Asunción. La veneración hacia dicha advocación dio lugar en 1959 a que la primitiva Virgen del Refugio, una dolorosa que se encontraba a los pies del Cristo de la Misericordia, fue convertida por el escultor D. Antonio Gavira Alba, en la imagen de Nuestra Señora de los Reyes, al añadirle un Niño Jesús de Terracota.


Como decíamos anteriormente, el 15 de agosto es la festividad de la Asunción, doctrina que definió como Dogma de Fe el Papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950. Aunque el dogma es relativamente reciente, la fiesta se celebra en la iglesia oriental desde el siglo VI y en la occidental desde el siglo VII. 
En nuestro caso, la advocación que se venera es el de la Virgen de los Reyes Coronada (4 de diciembre de 1904), la primera imagen de Andalucía que fue coronada canónicamente.

La imagen de la Virgen de los Reyes está envuelta en la leyenda desde la Baja Edad Media, en tiempos de Fernando III, rey de Castilla y León, porque ya en esta época se atribuía su autoría a los mismísimos ángeles. Incluso la leyenda habla de la aparición de la Virgen al rey estando en el sitio de Sevilla.

Estamos ante una imagen gótica de mediados del S. XIII (ocho siglos) de procedencia franco-germánica, no quedando claro cómo llegó a Sevilla. Esto hace que volvamos a entrar en la leyenda, pues se afirma que fue un regalo de Luís IX, rey de Francia (San Luís), a Fernando III, su primo hermano (San Fernando). Estamos, por tanto, hablando de una imagen del siglo XIII, al igual que el Niño.

Como todas las imágenes, ha sufrido modificaciones a lo largo de su dilatada historia. Es una imagen de 1,70 de altura, hecha en madera de alerce y forrada de fina cabretilla  que recubre la madera como si fuese la piel. La cabeza tiene una larga melena de hilos de oro trenzados, hilos muy desgastados y unidos a la cabeza por puntas de madera. Una de las particularidades de la imagen era el mecanismo que tiene en el torso y al que se accede por una portezuela en la espalda; dicho mecanismo permitía que la imagen moviera la cabeza y, al parecer, hasta bendecir a los presentes en los actos solemnes o procesiones. Dicho mecanismo no se usa en la actualidad, pero era algo muy frecuente en algunas imágenes góticas.

Dada su vinculación con la monarquía castellana, la imagen fue colocada en la que se denominó capilla Real o capilla mudéjar, un habitáculo que se hizo en el muro principal de la mezquita mayor de Sevilla, edificio que fue bendecido, purificado antes de convertirlo en catedral cristiana y adaptarlo a la liturgia cristiana. En este lugar fue colocada la imagen en un altar de plata gótico la imagen de Nuestra Señora de los Reyes. Por debajo de la imagen aparecían entronizadas las imágenes de San Fernando, de su primera mujer, Beatriz de Suabia y del hijo de ambos, Alfonso X. Estas tres imágenes aparecían ricamente vestidas, por lo que podemos presuponer la impresión que ocasionaban a los fieles cuando acudían a la capilla Real a rendirle culto a la Virgen. Delante de la imagen de la Virgen se colocó la tumba del rey Fernando III, la de su mujer y la de su hijo.

La mezquita mayor de Sevilla, del siglo XII, estaba en muy mal estado a raíz del terremoto de 1356, por lo que el Cabildo decidió llevar a cabo su derribo para construir una catedral cuyas obras dieron comienzo en 1401. Esto motivó que en 1432 la  capilla Real tuvo que ser trasladada al patio de los naranjos, lugar en el que estuvo hasta la finalización de la actual en 1575. En 1579 se produjo el solemne traslado de la imagen y de los restos de los distintos reyes enterrados en la misma; en  la nueva capilla, la Virgen se colocó en un retablo de plata, obra de Luís Ortiz de Vargas realizado entre 1643-49. Frente al retablo se colocó una urna de plata con los restos incorruptos del Santo Rey.

Para terminar, decir que la corona de la Virgen, que era de la reina Beatriz de Suabia,  fue robada en 1873, era la conocida como “corona de las águilas”. Tenemos que decir que corrieron ríos de tinta, pero eso es ya otra historia. 


JOSÉ ÁNGEL CAMPILLO DE LOS SANTOS


sábado, 10 de julio de 2021

  • 10.7.21
El Viso ha sido siempre un pueblo muy emprendedor. Ya a mediados del siglo XVII el mercedario fray Pedro de San Cecilio nos dice que la mayor parte de sus vecinos de se dedicaban al trajín, por lo que tenían sus tierras abandonadas. Este espíritu emprendedor hace que, por ejemplo, en el año 1761 encontremos en El Viso a ochenta y ocho arrieros y a cuatrocientas veintisiete bestias de carga. 

El movimiento obrero, los postulados del Concilio Vaticano I hacen que la iglesia se acerque a los más desfavorecidos, de ahí que promueva la creación de asociaciones de socorro mutuo, es el caso, por ejemplo de la fundada en 1903, o el “Montepío Obrero” fundado en 1909. Esta asociación estaba formada por personas de distinta índole política, lo que hizo que las rivalidades entre unos y otros llevase esta asociación al fracaso. 

Esta otra sociedad, en este caso con un carácter más cooperativo es la denominada Sociedad Cooperativa de obreros “Hijos del Trabajo”, fundada en 1912. No se tenía constancia alguna de sociedades cooperativas fundadas en El Viso con anterioridad a las ya mencionadas. A pesar de ello hemos de hablar de la denominada Sociedad Cooperativa “La Prosperidad”, fundada el día 15 de octubre de 1871 (hace ahora 150 años). Esta sociedad estaba formada por veintidós socios en los que nos llama la atención, tanto la disparidad de edades, que oscilan entre los 25 y 52 años, como las profesiones de los mismos: sombrerero (1), jornaleros (6), taberneros (3), encuadernador (1), zapateros (2), arriero (1), sillero (1) maestro de primera instrucción (1), medidor de granos (1), sastre (2), labrador (1), sangrador (1) y comerciante (1).

Otro de los hechos que nos llama la atención es la circunstancia que, a excepción del Secretario, que reside en Mairena, el resto lo hace en El Viso, y por lo que podemos deducir de los apellidos, la mayoría de ellos son nacidos en la localidad, a excepción de los dos sastres: Joaquín Bordoy y Lara, de 34 años y Antonio Robert Gambero, de 39 años. 

Una de las características que une a todos los socios es que todos son mayores de edad y casados.
El 1 de octubre de 1871, antes de la constitución formal de la sociedad, se aprobaron los estatutos. Éstos constaban de un total de 45 artículos y unas observaciones finales. En el artículo dos se especifica que la sociedad se denomina “La Prosperidad”. 

A continuación, en el siguiente se especifica que el objeto de la misma es la de “agrupar a sus asociados a fin de que sus esfuerzos reunidos redunden en beneficio de todos”. Además debían de reunir en un fondo común la economía de los asociados “por medio de la acumulación del trabajo gratuito” a lo que debemos de añadir una suscripción mensual en dinero, invirtiendo todo ello en operaciones y negocios que además de lucrativos llevasen “en sí la práctica de los adelantos sociales de la época, proporcionando por estos medios ocupación o trabajo a aquellos de los asociados que carezcan de él”. Otro de los objetivos es la ayuda mutua en las enfermedades por medio de socorros reintegrables de su haber social.

En las observaciones finales, a las que hemos hecho referencia con anterioridad, se expresa la filosofía de la sociedad cooperativa en los siguientes términos: “El pensamiento que ha precedido a la formación de esta sociedad es eminentemente humanitario: su fin es proporcionar ocupación constante a la clase obrera y su legítima aspiración es ver convertidos en propietarios y hombres instruidos a la totalidad de sus asociados. 

Su porvenir depende de la buena fe y constancia de todos. Confiemos en la Providencia, seamos laboriosos y habremos conseguido nuestras naturales y legítimas aspiraciones”.
En el artículo cuarto de los estatutos se especifica que la sociedad cooperativa tiene su domicilio en El Viso, haciéndose la mención al hecho de que podría abrir sucursales en otras localidades. Es por esta cuestión por la que la sociedad compra una casa en la calle Convento, 3 que en aquellos momentos recibía el nombre de Duque de la Torre. Así el 7 de junio de 1872 se reúnen en la notaría de El Viso los albaceas testamentarios de la referida casa y por otra la Junta Directiva de la sociedad cooperativa formada por ocho personas: el Presidente, vicepresidente, depositario, cajero contador, secretario y tres vocales. Estas personas actúan en nombre y en representación de la sociedad cooperativa. La casa se apreció en unos 12.000 reales y como salió a subasta, pagaron por ella 13.000 reales.

La casa, que era bastante espaciosa, unos 350 metros cuadrados, por lo que era apta, tal y como marcaban sus estatutos para instalar en la misma sus oficinas, además de un espacio para poder celebrar juntas y reuniones. No obstante, hemos de decir que se especifica que en el local se instalarían clases gratuitas de Primera Enseñanza y de Bellas Artes, de ahí que juegue un papel fundamental uno de los miembros de la sociedad cooperativa, don Manuel Mena Lobo, de 28 años. A estas clases podían asistir tanto los socios como sus hijos menores de diez años. 

Como es lógico, en este tipo de local no podía faltar en el local una biblioteca. Sin duda alguna, un planteamiento muy moderno.
Para formar parte de la sociedad cooperativa, cada socio debía de entregar en el momento de la inscripción diez reales y cuatro cada mes. Si no se pagaban tres mensualidades se dejaría de ser socio con la excepción de padecer alguna enfermedad.

Un hecho curioso y novedoso es que la sociedad no discrimina entre hombres y mujeres, pues se admiten a mujeres casadas, siempre y cuando tuviesen el permiso de sus maridos. En el caso de menores, de ambos sexos, se admitirían si tenían el permiso paterno.

La fundación de la Sociedad Cooperativa se produce en un momento de grandes cambios sociales y políticos en nuestro país, en el período conocido como Sexenio Democrático (1868-1874), período que nace a raíz de la denominada Gloriosa (1868). No tenemos constancia del momento en el que desapareció esta Sociedad; muy posiblemente se disipó a raíz de la restauración borbónica en 1875.

                                                              JOSÉ ÁNGEL CAMPILLO DE LOS SANTOS

sábado, 12 de junio de 2021

  • 12.6.21
Los años veinte del presente siglo están resultando ciertamente complicados, más si en ese devenir que es la Historia hemos de añadir una pandemia, una de tantas que ha sufrido la Humanidad. 



Veamos cómo se desarrollaron los años iniciales del siglo pasado en un rincón de los Alcores.

El siglo XX nació marcado por el desastre del 98 donde se perdieron las últimas colonias del imperio español: Cuba, Puerto Rico y Filipinas. El país, a decir de Silvela, político del partido conservador, se había quedado sin pulso: “dondequiera que se ponga el tacto, no se encuentra el pulso”. A este contexto de desánimo hemos de añadir una acuciante crisis económica que fue bastante aguda en el campo.

El Viso del Alcor contaba, con la llegada del nuevo siglo, con una población de unos 6.800 habitantes y la mayor parte de su población activa se dedicaba al campo, por lo que tenemos que hablar de una gran masa de jornaleros que no eran propietarios ni de un solo palmo de tierra y que las condiciones sociales les impedía acceder a ella porque la burguesía había acaparado las tierras procedentes de la desamortización. Habían comprado a buen precio las fincas que en otro momento fueron de la iglesia. Este hecho unido a los bajos salarios, a las malas condiciones de trabajo, al exceso de horas… va a provocar cierta agitación entre el campesinado que se ve atraído por las ideas revolucionarias que se fueron implantado a partir de la segunda mitad del siglo XIX, es el caso del anarquismo y del marxismo, doctrinas que propugnaban el reparto de la riqueza y la dictadura del proletariado, utopía que se hizo posible en la lejana Rusia en 1918.

Junto a esta ingente y desesperada masa de jornaleros tenemos que hablar de un pequeño grupo de propietarios, de industriales y de comerciantes que controlaban el poder local en la alternancia de los dos partidos surgidos de la restauración: conservadores y liberales. Esta oligarquía local es la propietaria de la tierra situada, en su gran mayoría, en el extenso término de Carmona. De esta manera los grandes propietarios van a arrendar sus tierras a pelantrines y pegujaleros (medianos y pequeños propietarios).A grandes rasgos esta es la estructura social de la localidad desde una perspectiva masculina, porque si hacemos la radiografía desde una perspectiva femenina podemos observar una división social simétrica: por un lado tenemos a las esposas de los grandes propietarios y rentistas que se dedicaban, tal y como estaba estipulado socialmente, a la casa; eran las encargadas de organizarla y estar al frente del servicio doméstico, abundante en aquellas casas que necesitaban bastante personal porque las familias eran bastante amplias y, en ocasiones, convivían varias generaciones.

 Otro grupo es el formado por las esposas de los pequeños y medianos propietarios que tenían que hacer frente a los quehaceres domésticos ayudadas por alguna criada y atender, cuando era necesario, el negocio familiar, pues no nos ha de extrañar que un pequeño propietario regentara, a la vez, un pequeño negocio o industria: panadería, fábrica de anisados, tienda de comestibles, de telas, de zapatos, un bar… negocio en el que la mujer va a jugar un papel primordial.

En una posición diametralmente opuesta tenemos a las jornaleras, que también las había. Éstas ayudaban a la paupérrima economía familiar participando en las faenas del campo fundamentalmente en la siega o en la recogida de la aceituna. Son estas mismas mujeres las que van a trabajar como lavanderas, planchadoras, costureras, recoveras… cuando el campo no les ofrecía el sustento necesario.

Y como todo el mundo tenía que aportar dinero a la menguada economía familiar, al igual que los chicos ayudaban en aquellos trabajos relacionados con su condición, las chicas, desde temprana edad, van a emplearse fundamentalmente en el servicio doméstico, bien en el mismo pueblo, o bien como internas en Sevilla, pues hay constancia de la existencia de un grupo de jóvenes que regresaban al pueblo algún que otro fin de semana, o en Semana Santa, o en la Cruz de Mayo. Venían en el tren de los panaderos, el medio de comunicación más rápido hasta que apareció su gran competidor: el autobús.

A groso modo esta es la radiografía de nuestro pueblo a comienzos del siglo, un pueblo que al igual que la gran mayoría de los del valle del Guadalquivir se va a dedicar a la agricultura de secano, fundamentalmente al cereal, aunque no podemos olvidar a la producción de las huertas en las que empieza a desarrollarse una nueva explotación: la naranja amarga.

El hecho de que una economía dependa fundamentalmente de la agricultura, hace que el clima juegue un papel fundamental, de ahí que asistamos a un ciclo en el que se van a alternar las buenas y las malas cosechas. Una buena cosecha trae como consecuencia abundante trabajo y dinero que entra en casa del trabajador. Si el año viene malo, no hay trabajo, no hay dinero y los hombres, agobiados y aburridos, se dedican a dar vueltas por el pueblo o se apuestan en las puertas de los bares, o van al rebusco, si es que lo hay.

Hay que recordar que en estos momentos el Estado no ampara al trabajador con ningún tipo de seguro médico, ni de paro, ni de pensión alguna, como podría ocurrir en la actualidad, por lo que la desigualdad social era bastante patente. Es el Ayuntamiento el que se las tiene que ingeniar para ofrecer trabajo a estos jornaleros en paro con el arreglo de calles, caminos y con la limpieza del cauce de algunos arroyos con el único objetivo de paliar un problema que podía terminar en un conflicto de orden público.

El año 1905 fue duro, muy duro, tal vez el más duro de la década, seguido por el año 1906. En 1905 eran tantos los jornaleros parados que, en grupo, se personaron en el Ayuntamiento pidiendo trabajo y jornal. Como el Ayuntamiento era incapaz de atender la demanda de tantos hombres, el Alcalde, que se ve desbordado por la terrible situación, se reúne con los mayores contribuyentes de la localidad para hacer un reparto de trabajadores en función a la contribución que pagaban, de esta manera el reparto sería proporcional a los bienes que disfrutaban, pero como estos grandes contribuyentes no podían absorber a todos los trabajadores el Ayuntamiento se comprometió a emplearlos en trabajos muy diversos y dispares.
La situación se agravó en el mes de abril, cuando los mayores contribuyentes dejan de dar empleo a los parados y éstos acuden nuevamente al Ayuntamiento pidiendo trabajo, por lo que el Alcalde, temiendo un levantamiento popular, pide ayuda al Gobierno Civil y a la Diputación que no son capaces de solventar el problema, por lo que el pleno municipal aprueba, con urgencia, una partida de 13.766,37 pesetas. 

El Alcalde, Pelayo Jiménez León, incapaz de hacer frente a la situación, presenta la dimisión que no es aceptada porque nadie quiere asumir un cargo que no cuenta con el refuerzo de la autoridad. Dicho de otra manera, no hay suficientes guardias civiles en la localidad que puedan hacer frente a un levantamiento, con el consiguiente problema.

Pero no tenemos suficiente con estos problemas que, la falta de trigo provoca la subida del pan, alimento de primera necesidad que, ante el elevado precio, no todo el mundo podía comprar en la cantidad deseada y esto provoca entre la población hambre y enfermedad, por lo que es, nuevamente, el Ayuntamiento el que tiene que negociar con los panaderos para subvencionar el pan y rebajar el kilo a 40 céntimos.

En este contexto hemos de situar la visita del Cardenal Spínola y el reparto de pan que hizo ante la delicada situación social. A este respecto hay que decir que el reparto de pan era algo frecuente, pues lo realizaban las hermandades o, en situaciones muy dramáticas es el propio Ayuntamiento el que la lleva a cabo. Pero fue tan acuciante la necesidad aquel año que tuvo que subvencionar la carne para que los menos pudientes pudieran comprarla a un precio razonable. Ante esta situación nos podemos hacer una idea de la situación en la que se encontraban las finanzas del Consistorio.

Los años 1906 y 1907 fueron de la misma índole, hasta tal punto que el Ayuntamiento tuvo que seguir repartiendo un kilo de pan entre los pobres (se entiende por familia) y poner en marcha, a través de partidas extraordinarias, pequeñas obras públicas.

Estos períodos de crisis, que son cíclicos y se volverán a repetir en 1911 y en 1924, siendo el reparto de pan o el arreglo de calles y caminos el tipo de trabajo que intenta paliar las grandes necesidades de la población, todo ello en un contexto social de exasperación y división ante la temida propagación del comunismo y anticlericalismo por Europa y por España, lo que lleva entre otras cosas a una lucha contra el ateísmo poniéndose en marcha, por parte de la iglesia, lo que se llamó “la nueva evangelización” cuyo ejemplo lo tenemos en nuestro pueblo con la inauguración y bendición de la capilla del Rosario el 21 de noviembre de 1920, o la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús el 30 de mayo de 1919 por el rey Alfonso XIII.


                                                                  José Ángel Campillo de los Santos

sábado, 15 de mayo de 2021

  • 15.5.21
El que en otros tiempos fuese el callejón del “corral de los almendros”, también conocido como “callejón del monte” porque conducía a la vereda del referido nombre, recibe en la actualidad y desde hace bastante tiempo el nombre de Manuel Jiménez León. En este artículo vamos a desentrañar los motivos por los que el Ayuntamiento de nuestro pueblo le dedicó una calle.

Manuel Jiménez León nació en El Viso del Alcor el día 8 de septiembre de 1821 en el seno de una familia muy acomodada de nuestro pueblo. Hijo de Alonso Jiménez Rico y de Águeda León Mateos, prolífico matrimonio que entre 1820 y 1840 tuvieron diez hijos, siendo uno de ellos Manuel.

El padre de Manuel, rico propietario, pues a su temprana muerte (48 años) dejó un capital estimado en 1.627.375 reales, suma nada desdeñable que fue repartida en partes iguales entre sus descendientes en concepto de legítima. No tenemos constancia de la herencia que dejó Águeda, pero a buen seguro fue también cuantiosa. A esto hemos de añadir la herencia que les correspondió por parte de su abuelo paterno ante el temprano fallecimiento de su padre. 

Entre las muchas propiedades que dejó Alonso a sus hijos hemos de hacer referencia a la que era conocida como “la casa de los pájaros” que después se convertiría en la capilla del Rosario.

No tenemos referencia alguna de la infancia de Manuel, aunque hemos de pensar que no fue nada difícil teniendo en cuenta que procedía de una familia bastante acomodada. Las primeras letras las aprendería en nuestro pueblo, aunque los de bachillerato y universitarios en Sevilla (aunque no tenemos constancia documental de tal hecho).

Las primeras referencias documentales sobre su vida política la encontramos en 1866, fecha en la que nos aparece como diputado provincial por el distrito de Alcalá de Guadaíra, al que pertenecía en aquellos tiempos El Viso, junto a Mairena del Alcor y la propia Alcalá. En esta primera etapa lo encontramos formando parte de la comisión de presupuestos y expedientes de desamortización. No volvemos a tener referencias suyas hasta el año 1872, fecha en la que nos aparece como Secretario de la Diputación, pero ahora es diputado por el distrito de Carmona y como miembro de las denominadas comisiones especiales , o en 1874 como miembro de la Junta de Bienes Nacionales . No nos consta documentalmente que fuese presidente de la Diputación, como tantas veces se ha dicho, pero tampoco lo podemos descartar.

Manuel Jiménez León ha pasado a los anales de la historia local porque fue el artífice, la persona que facilitó la construcción del actual cementerio, el que lleva el nombre de San Francisco. 
En la segunda mitad del siglo XIX, en lo que eran los terrenos aledaños a la vieja ermita de San Sebastián, en la vereda del Cañalizo, se construyó un amplio y espacio cementerio que cumplía todos los requisitos: espacio cerrado con altas tapias y puerta con su correspondiente cerradura. Pero los que allí lo situaron no contaron con dos cuestiones importantes que, desde el primer momento, provocaron lo que podemos considerar un verdadero problema de salubridad pública, a pesar de estar alejado de las últimas casas.

El primero de ellos era que los vientos dominantes, procedentes del sur, llevaban los malos olores a la población. 

El segundo, no menos importante, era que la tierra en la que se sepultaban los cadáveres no era la más apta para este menester, al tratarse de albero, tierra calcárea que conservaba los cadáveres. 

Manuel Jiménez León, consciente del problema, propuso al Ayuntamiento su proyecto de construir un nuevo cementerio en otro lugar en el que ni los vientos ni la tierra fuese un problema. A pesar de ello podemos intuir que este proyecto no fue bien aceptado, o no contó con el apoyo suficiente, tal vez por cuestiones de carácter ideológico. Posiblemente este hecho motivo que en la sesión de 14 de febrero de 1881 se diese lectura a una orden del Gobernador en la que se pone de manifiesto que Manuel Jiménez León “le había presentado un plano y un pliego de condiciones bajo las que se ofrece a construir a sus expensas y ceder a este Municipio el Cementerio en virtud de las malas condiciones del que hoy existe”. Esto creó cierto malestar y los ediles acordaron por unanimidad que se consignase en el acta que “no se le ofrece dificultad alguna en la construcción del citado Cementerio, sino que no sabe cómo elogiar tan acertado pensamiento”.

 A pesar de estos formalismos y alabanzas hemos de leer entre líneas cierta resistencia, porque el hecho de ser el Gobernador Civil de la Provincia el que se dirija a la corporación y no el propio interesado, que muestra una actitud altruista, nos resulta bastante extraño. Por otra parte el hecho de consignar en el acta que la corporación no ofrece dificultad alguna, también enciende, de alguna manera, las alarmas, más cuando el 17 de marzo de 1881 es el propio donante el que se dirige a la corporación manifestando “las dificultades con que tropiezan para construir a sus expensas un Cementerio que cederá al Municipio luego que esté terminado”.

La intervención del Gobernador Civil hizo que la corporación municipal cambiase su postura inicial de tal manera que acordó declarar la construcción del cementerio “de utilidad pública” y que los peritos municipales buscasen fincas rústicas en la zona de poniente y norte de la localidad para que hiciesen catas con el objetivo de asegurar si se podían hacer fosas con una profundidad entre el metro y el metro y medio. El nuevo recinto debía de estar como mínimo a 700 metros de las últimas casas. 

Sin duda alguna, Manuel tendría buena relación con el Gobernador Civil porque días después de este enfrentamiento, por orden gubernativa, bajo la acusación de negligencia y apatía la corporación municipal fue destituida, tomando posesión la nueva corporación el 21 de abril de 1881, siendo Alcalde D.Florentino Sigler y Villar. A partir de estos momentos desaparecieron las trabas y el cementerio se construyó sin grandes dificultades, por lo que se construyó con prontitud, tanta, que fue bendecido el 10 de abril de 1882. 
Jiménez León se comprometió a construir a su costa el cementerio, en contrapartida el Ayuntamiento debería de aportar los terrenos precisos en un lugar alejado de la población, esto supuso que, ante la falta de suelo público, no hubo más remedio que expropiar unos terrenos colindantes con la Vereda del Monte (actual Avenida de Blas Infante).

Además hubo que habilitar un camino para acceder al nuevo cementerio, pues aunque la vereda del Monte era su acceso natural, resultaba demasiado alejada de la Iglesia, por lo que era preciso habilitar un acceso más cercano; de esta forma los cortejos fúnebres no tendrían que dar un rodeo para llegar hasta el nuevo camposanto. Este nuevo acceso es la actual calle Jiménez Muñoz, también conocida como “callejón de los muertos”.

Este es el motivo por lo que el Ayuntamiento, en gratitud bautizó a la que hasta entonces se llamó calle del Monte como Manuel Jiménez León.                                                                                                                                             José Ángel Campillo de los Santos


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