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sábado, 5 de enero de 2019

  • 5.1.19
Salgo a caminar casi todas las mañanas al rayar el día. Lo hago normalmente entre El Viso y Mairena. Pocos días después del hallazgo del cadáver de la joven profesora del pueblo onubense de El Campillo, coincidí con una chica en un cruce de calles del "descampao" entre los dos pueblos, para seguir los dos en la misma dirección. Estaban las luces encendidas, aún era de noche. La noté nerviosa, temblando, dubitativa. Ella unos pasos más adelante, llevábamos casi el mismo ritmo. Pronto se cruzó a la otra acera y cambio de sentido. Me sentí culpable. Comprendí el miedo que sienten las mujeres. Miedo a todos los hombres desconocidos. Y a esto no hay derecho.



La psicosis que han creado estos canallas, criminales y asesinos. La inmensa mayoría de los hombres no son acosadores ni violadores. En una sociedad narcotizada por el consumismo, el pasotismo, el fútbol, la prensa del corazón, los "realitys" de tv y el pamplineo. Con unos políticos más pendientes del "y tú más" y unos jueces que se permiten denominarse progresistas o conservadores, hace falta un cambio para poder acabar con esta lacra que se ha convertido en epidemia. No basta sólo con las manifestaciones, no basta con las declaraciones rimbombantes. Hacen falta medidas. Medidas efectivas y consensuadas por todos. Esto no es una lucha de mujeres contra hombres. No es una lucha entre políticos de distinta ideología. Esta debe ser una lucha de casi todos contra unos pocos, muy poquitos que generan miedo en una parte importante de nuestra sociedad.

No es la medida individual que cada uno aporte. Unos que cortarle los cojones a los violadores, otros que pena de muerte, que prisión permanente revisable, qué meterle hormonas para dormir sus apetitos sexuales, bla-bla-bla. No son medidas personales. Lo que hacen falta son medidas conjuntas de toda la sociedad. Desde el último al primero.

Indiscutiblemente la medida más efectiva es la educación. Educación en valores como la honestidad, el respeto y la tolerancia. Educación que comienza en casa, en la familia y se complementa en la escuela, con los medios de comunicación, con las religiones (algunas relegan a roles inhumanos a la mujer), Mucho pueden hacer el cine y el mundo de la música en este sentido. Actores y músicos son referentes para los jóvenes.

No sé si está bien estigmatizar a los violadores, como es el caso de La Manada con que son sevillanos,y de los que sabemos nombre, apellidos y fotos, pero si está bien hay que hacer lo mismo con los musulmanes, rumanos, gitanos, catalanes, gallegos u otros que también lo sean. Que sientan vergüenza sus comunidades. Hay ciertos reparos con informar de la delincuencia de determinados grupos. O todos o ninguno. También hay mujeres, aunque muy pocas que también son acosadoras y criminales. El mismo rasero para todos.

Los delincuentes sexuales son unos criminales que tienen que cumplir sus penas. Pueden reinsertarse, pueden tener permisos penitenciarios pero cuando salgan tienen que tener un control. Por ejemplo que se les ponga un microchip como el de los perros, que se sepa en cada momento dónde están y qué están haciendo. Estos indeseables no son presuntos inocentes, son presuntos culpables. No nos engañemos. Hay que cambiar la ley. Muchos vuelven a reincidir.

Si cualquier comercio tiene una red de cámaras que controlan todo lo que acontece en el interior, no es tan difícil tener controlados todos los accesos de los pueblos y ciudades. Eso da seguridad a todos y no sólo en cuanto a delitos sexuales.

La colaboración ciudadana es muy importante. Debemos de denunciar casos sospechosos de acoso o pederastia. Podríamos evitar muchas victimas inocentes.

Tenemos la suerte de vivir en uno de los países más seguros del mundo con unas fuerzas de seguridad que son modélicas pero que algunas veces fallan. Como en el caso de Laura. A un asesino, a un violador, a un delincuente peligroso, cuando se ha producido una desaparición o un caso como el de esta chica hay que abordarlos con la máxima premura.

Que un tío salga de la cárcel donde ha estado por delitos de asesinato, violación y robo con intimidación, que la chica que acaba de llegar al pueblo a vivir enfrente de este depravado y denuncien su desaparición, la encuentren muerta después de varios días y el criminal no se le haya ni siquiera molestado los primeros días, aquí falla algo. Laura podría estar impartiendo clases.

Vive, educa, colabora y deja vivir. Ni una menos ni uno más. La violencia no tiene género ni edad.

CESÁREO DE LOS SANTOS
FOTOGRAFÍA: igualesuji 



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