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ANDALUCÍA CON UCRANIA

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Mostrando entradas con la etiqueta El sequero [Cesáreo de los Santos]. Mostrar todas las entradas
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sábado, 29 de octubre de 2022

  • 29.10.22

No hay rincón más bonito, más pintado y más fotografiado en El Viso que la plazoleta del Palacio con la torre de la iglesia al fondo. Hoy plaza Sacristán Guerrero. Marco incomparable con una rampa que nos lleva a la iglesia salvaguardada con postes que soportan rejas terminadas en puntas de lanzas que desde abajo buscan las preciosas buganvillas de un colorido púrpura con el fondo blanco del muro. Plató fotográfico visueño de BBC (bodas, bautizos y comuniones).

A lo largo de su historia la plaza ha tenido varias ampliaciones. En un principio era cuadrada y pequeña, de ahí la denominación de plazoleta. Entonces llegaba hasta la calle el Horno que continuaba hacia abajo para llegar al Palacio. La última ampliación tuvo lugar en 1936 cuando un empresario acaudalado visueño, José Blanco Benítez, compró la casa de los Sardinas para donarla al pueblo. Por este motivo se rotuló la calle el Horno con su nombre hasta la transición democrática.


 Fue durante mucho tiempo la Plaza del Concejo o de la Villa por encontrarse en ella el primer ayuntamiento de nuestro pueblo que aparte era cárcel y pósito dónde se guardaba el grano de cereal para que los pelentrines (pequeños agricultores) pudieran disponer de semillas para hacer sus siembras en épocas de carencias.

La plaza es tan antigua como las primeras casas de El Viso y la explanada ya existía como descansadero del ganado y caballerías que abrevaban en el pilar de la Fuente que se encuentra debajo de la plazoleta, estaba también la primera posada que tuvo nuestro pueblo que ofrecía a los viajeros la oportunidad de pernoctar con sus carros y caballerías. En un lado tenía el ayuntamiento con la iglesia al fondo, al otro lado contiguo decidieron construir el Palacio, los Condes de Castellar al final del XV.


Era la plazoleta el lugar dónde se hacían los tratos de compra-venta, trueque y donde se montaban los puestos del mercado de hortelanos, carniceros y pescadería (salazones y pescado de río). De este pasado mercantil de la plaza y alrededores queda el nombre que le damos incluso en la actualidad a los aledaños de la iglesia: la lonja.


Lugar privilegiado en los comienzos de nuestro pueblo por la fuente que aportaba una gran cantidad de agua que aprovechaban la Casa Palacio, el Convento del Corpus Christi, la huerta Abajo de los condes, los vecinos de las primeras casas que se construyeron en El Viso y el pilar abrevadero del camino que unía Sevilla con Carmona por los Alcores. Muchos visueños, en esa época, la llamaban entonces la plazoleta de la Fuente Vieja o del Palacio.



El terremoto de Lisboa que tuvo lugar en 1755 destruyó parcialmente el edificio del ayuntamiento cuya fachada delimitaba uno de los lados de la plaza a la que también llamaban como la plazoleta de Arriba (por llegar hasta la iglesia) y decidieron derribarlo totalmente y construir el nuevo ayuntamiento a la que denominaban, para distinguirla, como la plazoleta de Abajo que es donde está el monumento al Sagrado Corazón.

Es testigo nuestra emblemática plaza de muchos acontecimientos y vivencias de nuestra historia.

Las fiestas de la Cruz se estuvieron celebrando en la plaza hasta bien entrado el siglo XX. Hay un relato de 1889 del escritor costumbrista Benito Mas y Prat que nos habla de las fiestas de la Cruz en la plazoleta.

  "Cerca de la iglesia, en una explanada ancha y despejada, con los muros blanqueados con cal de Morón y las ventanas adornadas con sencillas persianas verdes, se alzaba un bonito altarillo al aire libre. La cruz, que ocupaba una ancha hornacina, tenía cerca de vara y media de alto, estaba pintada de verde y tenía una particularidad característica que llamó profundamente mi atención; de sus extendidos y abiertos brazos tenía pendiente, a la manera de esos pasos que cubren las de los Descendimientos de nuestras cofradías, un riquísimo mantón de Manila rojo, con grandes y hermosos flecos y soberbios dibujos de colores".


Se celebraban todas las fiestas locales también cuando nacía un conde de Castellar, se coronaba un nuevo rey o alguna efeméride religiosa. Las primeras corridas de toros tuvieron lugar en El Viso en la plaza con un coso improvisado de carros y carretas.

Antiguamente era el lugar de reunión de los Concejos de los vecinos para decidir mediante votaciones (referéndum) cuestiones locales y dónde el pregonero comenzaba a vocear los bandos del Ayuntamiento.

Se encendían en la plaza luminarias (hogueritas) el día anterior a la fiesta de la Inmaculada en siglos pasados. 


En 1907 por los motivos que pone la placa que está en una de las esquinas, se rotula con el nombre de  PLAZA DEL CARDENAL SPINOLA.

ESTA VILLA AGRADECIDA  AL EXMO. SR. CARDENAL POR LOS EXTRAORDINARIOS AUXILIOS PRESTADOS EN LA PENOSA CRISIS OBRERA DEL AÑO 1905 A 1906 LE DEDICA ESTE RECUERDO 25 DE MARZO DE 1907.

El 21 de julio de 1936, primeros días de nuestra triste, cruenta, maldita e injusta Guerra Civil, fue el lugar donde quemaron las imágenes, mobiliario y enseres de la iglesia, atentado absurdo y provocador que destruyó un importante patrimonio cultural. Días después en la misma plaza se escuchaban los gritos de angustia de algunos de los incendiarios que fueron encarcelados en el edificio del Palacio. Algunos pagaron desmedidamente su osadía, siendo vilmente asesinados y menos mal que no hubo más fusilamientos gracias al entonces alcalde Juan Manuel León Ríos que, haciéndose con la llave del Palacio para custodiarla, no consintió más muertes. Se dice que León Ríos por la noche dormía con la llave y una pistola debajo de su almohada.


Pasó a nombrarse plazoleta de los Caídos en 1954, al erigirse en ese año la enorme cruz con una lápida en su base con los nombres de los muertos en la Guerra Civil en el bando de los nacionales, con motivo de los 15 años de paz.


El 21 de enero de1963, medio festivo en El Viso por haber sido San Sebastián el patrón de nuestro pueblo hasta el XVII, tuvo lugar un acontecimiento curioso que recuerdan muchos visueños. Instalaron un cable de acero desde la salida de la calle La Palma a la torre de la Iglesia por donde subieron unos acróbatas comandados por un tal Renato. En la mitad del trayecto saltó una sorpresa inesperada al levantarse uno de los artistas de un carro que arrastraba otro acróbata.


En 1970,  procesionando el Cristo del Amor frente a la calle el Horno, se enganchó la cruz en un cable del tendido eléctrico, cayendo la imagen y rompiéndose sobre la escalinata de la plaza. Afortunadamente se restauró felizmente y siguió participando su paso en la Semana Santa visueña.

En 1976 tuvo lugar la misa funeral por el guardia civil visueño Manuel Vergara Jiménez, asesinado por ETA en el País Vasco, cuando contaba con tan solo 21 años. Sus restos descansan en el cementerio de San Francisco de nuestro pueblo.

Se rotuló con el nombre de Sacristán Guerrero en 1978 en homenaje a Manuel Guerrero Borreguero que salvó de la quema de los incidentes de la guerra a la imagen de la Virgen de los Dolores y al copón del Santísimo Sacramento.


Desde la inauguración del nuevo ayuntamiento, en el solar del palacio de los condes, es el lugar de encuentro de los que se disfrazan en la Nochevieja para participar en el concurso y para tomar las uvas con las campanadas del Año Nuevo.


En los últimos años se han celebrado verbenas con motivo de las fiestas patronales y otros actos religiosos.



En 1977 es testigo nuestra plaza del atropello cultural más grande acaecido en El Viso; el derribo de la Casa Palacio de los Condes de Castellar. Era nuestro castillo, nuestro alcázar, una de las reliquias de nuestro pasado histórico. Es por lo que titulo este artículo como plazoleta del Palacio. Al menos que quede el nombre de referente para futuras generaciones.


En su solar se construyó el nuevo ayuntamiento, inaugurado en 2007, cuya planta y fachada nada tienen que ver con nuestro antiguo Palacio. Son muchos los visueños que mediante sus escritos o relatos me han servido para escribir este artículo, mención especial a José Ángel Campillo de los Santos.


Ojalá este artículo sirva un poco para que en El Viso pongamos en valor nuestra historia, nuestra cultura y nuestro patrimonio y nos sintamos orgullosos de nuestro pueblo.






CESÁREO DE LOS SANTOS


sábado, 1 de octubre de 2022

  • 1.10.22
Qué recuerdos más bonitos de la escuela que yo viví al final de la década de los 50 y principio de la del 60 del siglo pasado. Tendría para escribir un libro. Con estas pocas pinceladas podéis imaginar el cuadro completo.


Empecé con 4 años en el colegio de las monjas que había en el malogrado Palacio de los Condes de Castellar, donde está construido el nuevo Ayuntamiento. 
El edificio me parecía inmenso. Las escaleras enormes. Los patios muy espaciosos. Antes de su destrucción sirvió como granero a unos agricultores y volví a entrar. Todo había disminuido como si de un cuento se tratara. 

Allí aprendí a leer y a contar. Monjas de piel blanca y olorcito a limpio de las pastillas de jabón Heno de Pravia. Mujeres sonrientes que totalmente tapadas con sus hábitos y su cofia emanaban dulzura. Nos enseñaban canciones. Nos ponían a dibujar. Mis primeros partidos de fútbol en uno de los patios de los del Betis contra los del Sevilla.

Comíamos en el colegio. Teníamos una cesta de mimbre donde llevábamos el almuerzo mi hermana y yo. Mi padre le puso un chapita grabado con nuestros nombres. ¡Qué orgulloso estaba con nuestra cesta!

Todos recuerdos agradables, pero una excepción: cuando me cagué. Todo el día aplastadito sentado, triste, muy triste y sin moverme. Ya por la tarde casi a la hora de la salida, me imagino que por el olor descubrieron de dónde venía la tristeza. Había una señora que se llamaba Trini que era la cocinera, la limpiadora y la encargada de solventar los imprevistos de las monjas. Me llevó al lavadero y con un cubo y un trapo me quitó mi pesadumbre. El marido de Trini se llamaba Daniel y era el encargado del huerto y supongo del mantenimiento del Palacio. Recuerdo cómo se reía viendo el pastel del que me estaba liberando su mujer.


Sólo cuatro años estuvieron las monjas teatinas en el Palacio. En 1960 comencé el curso en la escuela pública con 7 años. Se denominaba Grupo Escolar Rafael Sotomayor. Estaba la escuela en el edificio del Convento del Corpus Christi de la calle Convento que poco antes había sido el Cuartel de la Guardia Civil. En el edificio de mi nueva escuela había 5 maestros y 1 maestra. Don Francisco Medina, don Gil López, don Pedro, don Esteban Martínez y don Tomás Ocaña. Había otras dos maestras en otras dependencias de casas cercanas. Las maestras eran las señoritas Carmen Antonetti, Manuela Morales y María Rodríguez.


Me apuntó mi madre con don Pedro García Carrasco. El aula tenía cierto parecido a la de las monjas: pupitres dobles de madera, con dos agujeros para los tinteros y con asientos que se subían y bajaban. Mapas en las paredes laterales y en la frontal el crucifijo flanqueado por dos retratos: uno de Franco y otro de José Antonio Primo de Rivera. Los pizarrines, los vasos plegables para la leche en polvo, el queso de bola para la merienda, libros y la bola del mundo que se giraba. El Catón, el Parvulito, el Primero, Segundo y Tercer Grado de la Enciclopedia Álvarez. La escuadra, el cartabón, la regla, el compás y el semicírculo graduado colgados en la esquina de la pizarra.


Variaban los alumnos. Había más diversidad. De 6 a 14 años de edad. A mí me gustaba. Los mayores ayudaban al maestro a enseñar a los pequeños. La matrícula era amplia pero faltaban, unos porque los padres se preocupaban poco y otros porque se iban a las tareas (recolección de aceitunas o castra del algodón). Alumnos con más empeines y más mocos. Coderas en los abrigos, y algunos agujeros en los pantalones. Más alpargatas de esparto que zapatos.


 Antes de entrar en clase nos poníamos en fila y cantábamos el Cara al Sol sin tener ni idea de lo que iba aquello. Don Pedro tenía fama de buen maestro. Con menos de 10 años, la mayoría sabía las cuatro reglas, las tablas y el sistema métrico decimal; los ríos de España, las capitales de Europa, las regiones por provincias, algo de nuestra historia, el descubrimiento de América y la Gloriosa contienda nacional. Nos sabíamos los tiempos de los verbos de las tres conjugaciones, las entonces 17 preposiciones y hasta hacíamos análisis sintácticos.  Teníamos pocas faltas de ortografía con los dictados diarios copiando 20 veces las palabras incorrectas. Especial atención al cuaderno de rotación para no equivocarnos el día que nos tocaba. Los sábados era el día del evangelio y de vez en cuando nos llevaba a la iglesia a no sé qué.


Redactábamos y leíamos bien. Por las tardes en un corro delante de su mesa nos ponía a leer en voz alta el mismo texto a golpe de “siga fulano”. Palmetazo al que no seguía. De vez en cuando se reventaba el sistema. Un ejemplo: había dos o tres que antes de entrar hacían una “felipa” de lechugas en la Huerta Abajo. Con los cogollos y un montón de sal que traían de sus casas en los bolsillos los engullían y cuando el maestro seguía la lectura mirando hacia abajo en su libro se metían los dedos hasta la campanilla provocando el vómito de las lechugas mezcladas con lo que habían almorzado. Empezaban las arcadas en todo el corro.


Los mejores lectores iban al Sequero y con “almorzás” de tierra (lo que cabía entre las dos manos unidas) tapaban las “gomitauras”. Al rato y casi perdida la tarde, vuelta a empezar. El maestro se desesperaba. Veo su cara roja y las venas de su cuello hinchadas, sus ojos brillantes de ira conteniéndose de lo que con muchas ganas le daría a los indispuestos.

 

Antiguo edificio del colegio Gil López.

Don Pedro era el maestro más duro detrás de don Francisco. Maestros de la pedagogía de “que la letra con sangre entra”. Yo era de sus favoritos para darme leña. Creía entonces que le caía mal y la tenía tomada conmigo. Eso al menos es lo que yo le decía a mi padre.

Cuando terminaba su larga tarea escolar después de las “permanencias “ (clases particulares) y preparar por libre a los bachilleres, don Pedro se dedicaba a otras actividades. Tenía algunos gastos. Era un empedernido fumador, cortaba por la mitad los cigarros de marca Bisonte y se los fumaba con un pitillero con filtro. Todos sabíamos que hacía unas “visitas” los domingos y fiestas de guardar que costaban dinero y en aquella época del “ganas menos que un maestro escuela” y con tres hijos estudiando, tuvo que buscarse otros medios para costearse. Era el representante de la empresa de hilaturas HITASA y hacía los contratos a los agricultores de siembra de algodón y le suministraba las sacas para la recolección. 

Al caer la tarde subía por la calle Real a llevarle las cuentas a la Panificadora. Era el escribiente y el contable. Veía a mi padre cuando pasaba por la puerta de mi casa y recuerdo su repetida frase:

-“Es un gandul y cuando se pone… hace bien las cosas”.  

D. Pedro García Carrasco

Mi padre siempre le daba la razón al maestro. Yo al contrario me rebelaba y junto con otros compañeros le quitábamos la palmeta y la hacíamos desaparecer. Ese día nos daba coscorrones con los nudillos con puño cerrado en la cabeza. Otro sistema era el de las “viescas o viejas” con el pulgar apretando a contrapelo desde las patillas hasta arriba de la cabeza o desde la nuca hasta la coronilla. Al otro día no faltaba un pelota que le trajera una palmeta nueva.  De tarde en tarde pasábamos por “el cepo”, con la cabeza metida entre sus piernas nos daba con la palmeta en los glúteos. Un día hicimos una apuesta a ver quién era el que tenía más cardenales. Ganó el gordito blanquito, tenía las dos cachas del culo que parecían dos enormes berenjenas moradas. Como se ve yo no era de los peores. Ojo avizor a cuando venía pelado. No le sentaba bien cortarse el pelo. El día que lo veíamos venir recién salido de la barbería, el comportamiento por parte de todos era ejemplar.

Otra afición del maestro era ponerle motes a los alumnos. Entre otros, tenía un zoológico y una cacharrería en la clase. Y como niños normales, crueles como nosotros mismos, a machacar al señalado. Desde el gafitas cuatro ojos capitán de los piojos, a la lengua o las patas de algún animal, a las orejas, a lo feo, a lo loco que estaba o lo tonto que parecía, cómo estaba “criao”, a lo chico o lo grande que era. Todo no era leña, había días o más bien momentos en que nos daba bromas y nos contaba cosas agradables. 


Estábamos deseando que llegaran las once y media para salir al recreo a una explanada, lo que es hoy el colegio Gil López, en las traseras de la Escuela-Convento y del Palacio a modo de isla que conformaban los arroyos de Juanico con aguas de la Fuente del Palacio que salía por la Huerta Abajo y el arroyo Alcantarilla o Almenillas que tenía su cauce debajo de la actual calle San Pedro Nolasco formando el barranco del Sequero.

 

Arroyo Juanico con el túnel de la alcantarilla al fondo. 

Jugábamos al fútbol con pelotas de goma (pocos o ningún balón de cuero o badana había). Las porterías con dos piedras y los equipos se formaban echando pie y alternativamente eligiendo jugadores. Siempre se quedaban los mismos sin jugar. Tenían la alternativa de jugar a la quincarra (tres en raya con piedrecitas en el suelo), a la lima, a la bombilla, al paremacho, al lapo, al pañolito, al trompo, a las bolas y a otro montón de juegos. Los más atrevidos aprovechaban el recreo y con suelas viejas de zapatos encendidas a modo de antorchas entrar por la boca del túnel-alcantarilla que salía por debajo de la Piedra Morterito (cimento de una torre púnica o molino romano) y llegaba hasta el arroyo que está por detrás de las casas de la calle la Palma. Los que lograban conseguir llegar al final superando tres grandes escalones con la corriente de agua sucia bajo sus pies eran aceptados en las pandillas de las que hoy llamarían “guais”.


 Piedra Monterito.

El campo de recreo no estaba vallado y muchos aprovechaban para acercarse a sus casas. Sobre todo las niñas que aunque compartían edificio con nosotros había poco contacto. Ellas jugaban a la picarona, a los cromos, al yoyó, al diábolo, a la comba o al elástico. Eso sí, los niños con los niños y las niñas con las niñas. El o la que jugara a lo que no le correspondía era tachado de machota o de mariquita.

Jugando a las bolas.

De vez en cuando hacíamos rabona. Antes de entrar siempre alguno de los mayores empezaba a retar a ver quién era capaz de irse con él, a la Vía, a la Muela o las faldas del Calvario. Algunos de los más inocentes y los más atrevidos los seguían. Casi siempre el que había auspiciado la rabona se rajaba y volvía para entrar en la clase. El resto se alejaba y volvía a la una o a las 5 según si la rabona era matutina o vespertina con temor por si algún chivato se lo había dicho al maestro o lo que es peor a sus padres en algunos casos como el mío.

Hasta los 10 años estuve en la escuela de don Pedro. Primero en el Convento y después en el nuevo Gil López que se estrenó en 1962, los alumnos ayudamos a los maestros a cambiar el mobiliario.  Al final descubrí todo lo que le debía al maestro. Junto a otros compañeros, nos preparó para el Ingreso en Bachillerato. Fuimos a examinarnos al Instituto San Isidoro de Sevilla. Nos acompañaba como tutor uno de los alumnos que estudiaban por libre con don Pedro. Era Aurelio de la Emiliana. ¡Qué alegría y satisfacción vi en el rostro de mi gran enemigo el maestro cuando supo que todos habíamos aprobados! Algunos gandules como yo, con más de un 7. Con 10 años, tenía un buen nivel académico y confieso que no me quedó ningún trauma de la leña recibida.

Curso 75-76. Una tutoría con Magdalena García y Cesáreo de los Santos.

Al siguiente curso seguí con él y don Gil estudiando por libre el primero de bachiller. Don Gil López aparte de maestro era el alcalde de El Viso, amante de su pueblo, gran escritor y mejor poeta. Más condescendiente y menos duro que don Pedro. Estaba muy enfermo. Los últimos meses del curso ya no acudíamos a su aula en la escuela, íbamos a su casa y en su habitación postrado en la cama nos daba las clases de lengua y geografía. Entrábamos cuando salía don Manuel el médico, de hacerle las curas. El fuerte olor a lejía y a alcohol los llevo grabados, igual que el recuerdo de ese gran hombre de pelo canoso con gafas. Algunos días subíamos al “soberao” dónde daba clases particulares para que nos repasaran los cuadernos algunas de sus hijas mayores. Tenía 6 y como don Pedro tenía que ayudarse económicamente con esas “permanencias”. Éramos 7 alumnos; 2 de segundo, José Manuel de Celia y  Manuel García “el Pequeño” y 5 de primero;  Manolo y Paco, los dos mellizos de Jacinto, mi primo Juan Manuel el Folla, Cayetano el del Titi Mairenero y yo que es el que os he contado lo feliz que fui en la escuela. Escuela a la que volví 10 años después como maestro.

 


CESÁREO DE LOS SANTOS

sábado, 3 de septiembre de 2022

  • 3.9.22

- Abuelo. ¿por qué la patrona se llama Santa María del Alcor?


- Mira Mario, un alcor es una montañita pequeña de forma redondeada. Se ven muy bien cuando vas por la carretera de la circunvalación. Esta zona de alcores ha sido siempre muy rica, con mucha agua, manantiales, arroyos; dónde vivían muy bien las plantas y los animales. El hombre primitivo se instaló en las cuevas del escarpe porque la comarca tenía frutos y animales en gran cantidad para su alimentación. Después pasaron por aquí entre otros pueblos, turdetanos, fenicios, cartagineses, romanos, visigodos y musulmanes. En 1246 un rey castellano llamado Fernando III al que llamaban el Santo reconquista nuestra tierra para el reino de Castilla. La madre de este rey le inculcó la devoción a la Virgen por eso llevaba siempre una virgencita en todos sus viajes y batallas. Cuando conquistó nuestra tierra se encontró en un alcor, en el cerro dónde está hoy la iglesia, con una edificación dónde parece ser que vivía un ermitaño dedicado al culto musulmán. Aprovechó el edificio para convertirlo en un monasterio franciscano para el culto cristiano. Unos dicen que
 Fernando III le donó la talla de la Virgen que le acompañaba a los franciscanos que la llamaron María del Alcor, otros por el contrario dicen que los franciscanos ya estaban antes de la reconquista y tenían una virgen que la llamaban de las Cuevas a la que después llamaron del Alcor. De todas formas el sitio se convirtió en un lugar de culto y peregrinación de los nuevos colonizadores cristianos y musulmanes conversos que vivían en todos los Alcores.

 

- Abuelo, ¿la tita Alcora se llama así por la virgen?

- Sí José, en El Viso quieren mucho a la Virgen. Por eso hay muchas mujeres que se llaman María del Alcor, María del Carmen, María Dolores o María del Rosario. Es la misma virgen con distintos nombres o advocaciones. A las María del Alcor le dicen familiarmente Alcoris o Alcoras.

A la primera niña que le pusieron Alcora en El Viso fue hace más de 100 años, en 1913. Desde entonces son muchas familias visueñas que le ponen a sus hijas el nombre de la patrona María del Alcor.

 - Abuelo, ¿la Virgen siempre ha sido la misma?.

- No, que va Manuel, creo que han sido tres. La primera imagen de Santa María del Alcor, probablemente fue la que le regaló a los monjes franciscanos el rey Fernando el Santo o la que ellos trajeron y le llamaban de las Cuevas. Debía de ser pequeñita. Después y se perdió en el incendio que destruyó la parroquia en 1640. La segunda es la que se ve en esta foto que estuvo unos trescientos años en la iglesia.


- ¿Y dónde está esa Virgen?

- Desapareció. Hace ochentaitantos años hubo una guerra civil, una guerra entre españoles que pensaban diferente. En todas las guerras se cometen muchos crímenes y atrocidades. Una de estas atrocidades fue que le metieran fuego a las cosas que había en la iglesia, entre ellas a esta virgen.

Terminada la guerra algunos visueños se organizaron para arreglar la iglesia y llenarla de

“santos”; fundaron la hermandad de Santa María del Alcor. El ayuntamiento encargó una nueva talla de la virgen. Es la que tenemos ahora. La nueva hermandad hizo la primera romería, a los Molinos de Alcaudete en 1940. Desde entonces han ido todos los años menos cuatro los 2020 y 2021 años de la pandemia y 1945 y 1946, años conocidos como los “de la jambre”. La romería de El Viso es de las más importantes de España y está declarada de interés turístico de Andalucía.

 





-  Abuelo, tú te sabes la canción de la patrona.

- Yo sí Mercedes.

Reina del cielo y de la tierra,

Bendita madre, flor de pureza,

A ti rogamos, madre de Dios

Que nos otorgue gracia y perdón.

Que nos otorgue gracia y perdón.


Por esta tierra de los Alcores,

brota ferviente tu devoción.

Bendice siempre a sus moradores,

que te saludan con los mejores

hondos cantares del corazón.

 

Virgen santa, madre mía,

del cielo luz y alegría,

consuelo del pecador,

impera en los corazones,

que en místicas emociones ,

te ofrecen su humilde amor.

 

Reina del cielo y de la tierra.

Bendita madre, flor de pureza,

A ti rogamos, madre de Dios

Que nos otorgue gracia y perdón.

Que nos otorgue gracia y perdón.

Este himno es de cuando llegó la nueva imagen de la Virgen en 1939 a nuestro pueblo, lo escribió un famoso y conocido abogado visueño que vivía en la calle Real que se llamaba Sixto Sánchez-Barbudo y le puso la música un zapatero que a su vez era maestro de música, Juan Sánchez García al que lo apodaban Maestro Seri. Era un gran compositor, también es de él la Diana Florecida que se toca el día de La Cruz.



   

- Abuelo me ha dicho un amigo que quieren poner una calle con el nombre de “12 de septiembre” por la Virgen.

-  Le van a poner una calle y le van a hacer un monumento. Lo que no sabe tu amigo es que desde que los franciscanos veneraban a la virgen en el siglo XIII hasta 1940 el día de Santa María del Alcor se celebraba el 25 de marzo, día de la Anunciación o Encarnación de la Virgen y siempre caía en Cuaresma o Semana Santa. Con la llegada de la nueva imagen, mucho más grande, cambiaron la fecha para que las celebraciones fueran más alegres. Se pasó primero al día 8 de septiembre y poco más tarde al día 12. El monumento de la Virgen va a ser muy grande y lo van a poner en la plazoleta dónde empieza la calle Rosario junto a la plaza de abastos.

 


         

-  Abuelo, ¿por qué la prima Mercedes y el primo Jesús han llevado a las primitas nuevas a la iglesia para ver a la Virgen?

Esto se llama la Presentación de los niños a la Virgen y es una tradición que la empezó en 1980 un cura muy devoto de la reina de Los Alcores que se llamaba don Nicasio. En  el último domingo de agosto se presentan todos los niños nacidos en esos 12 meses. Otra tradición muy bonita es llevarle nardos a la Virgen para que los luzca el día de la Procesión.

 





           

Abuelo, ¿siempre se han celebrado las fiestas patronales como ahora?

En la vida cambia todo. Desde su llegada a Los Alcores en el siglo XIII hasta 1940 era una fiesta muy religiosa y más íntima. Misas, rezos y novenas. Desde 1940 se montaban atracciones en la calle Rosario en el ensanche que hay entre la calle La Palma y la calle El Horno. Se llegó a montar algunos años una caseta de feria y una tómbola para recaudar fondos para la Hermandad. Cuando se trasladaron las fiestas de La Cruz al Sequero en 1964, dónde está el colegio Gil López se celebraban las fiestas patronales montando casetas y atracciones como en las ferias. Siguió igual cuando se pasó el recinto ferial primero al Parque de la Constitución en 1967 y después a la Tablá en 1981. En aquella época participaba poca gente en la Procesión.  En 1983 se cambió de festivo a laboral la fecha del 12 de septiembre. Ese año un grupo de vecinos de la calle Real celebró por su cuenta el día de la patrona haciendo un potaje. Aquello fue un chispazo para que al siguiente año todas las calles prepararan el potaje y la noche de vísperas el chocolate con magdalenas y dulces de El Viso adornando las calles con flores de papeles, banderitas y engalanando sus balcones. Se dejaron de celebrar los días de la patrona estilo feria y se hicieron verbenas en otras calles, plazas y la plazoleta del Palacio.

 


     

-  Ojú abuelo, ya no quedará más de la Virgen.

-  Sí.

Que fue patrona de El Viso y Mairena hasta 1959.

Que es Alcaldesa Honoraria desde 1939 y desde entonces todos los años el alcalde le da la vara de mando.

Que fue coronada canónicamente en el Parque de la Constitución en 2005.

Que en 1989, en su 50 aniversario le entregaron la Medalla de Oro de nuestro pueblo.

Que está hecha de madera de pino de Flandes.

Que los colores de El Viso son blanco y azul igual que los de la Patrona y lo que significan estos colores.

Que hay una gasolinera, una confitería y muchas empresas que tienen el nombre de Santa María del Alcor.

Que el Niño tiene una bola en su mano y la Virgen unos cuernos en sus pies y lo que eso significa.

Que hacen con los nardos después de la Procesión.

Que hay novenas para los mayores y para los niños.

Que la romería siempre es el tercer domingo de septiembre… o no, y no siempre fue a los molinos de Alcaudete.

Que la ermita de los Molinos de Alcaudete es muy antigua.

Quedan muchas más cosas pero esto se está poniendo ya aburrido y sé que estáis deseando terminar para coger uno el mando de la tv, el otro la tablet, el tercero la consola y la otra el móvil. Pero que sepáis que las fiestas de los pueblos forman parte de su historia y son cultura.

Espero que os lo paséis muy bien en la verbena, en el chocolate, en el potaje y en la romería. Y que améis a vuestro pueblo y defendáis sus raíces. Los pueblos como los árboles, sin raíces se van para dónde los lleve el viento.


CESÁREO DE LOS SANTOS



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