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sábado, 18 de enero de 2020

  • 18.1.20
Nuestro Padre Jesús Nazareno, el Señor de El Viso, llegó a nuestro pueblo en 1670. Reinaba en las Españas el muy católico Carlos II (1665-1700), el último de los Austrias españoles; el imperio se desmorona poco a poco, como ya preconizó en el reinado de Felipe IV el ingenio de Quevedo:

“Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuerte ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía”.



Sevilla, la que en tiempos fue puerta y puerto de las Indias, languidecía y cedía su emporio portuario a Cádiz, hecho que se hizo oficial con la llegada de los Borbones a España. Es la epidemia de peste bubónica que asoló Andalucía en 1649, la que cercenó la vida de prácticamente la mitad de su población que quedó reducida a unos 60.000 habitantes de los 120.000 que llegó a tener. Pero no fue la única que corrió esta suerte, pues El Viso paso de los 1400-1500 habitantes a prácticamente la mitad; incluso podemos hablar de la desaparición de alguno de ellos, es el caso de la Monclova, que perdió a todos sus vecinos y se convirtió en lo que es hoy, una cortijada en un bello entorno.

Según las crónicas de la época eran tantos los que morían que no había lugar sagrado donde enterrarlos, lo que provocaba aún más temor en la población. Sin duda alguna, la peste supuso un duro golpe a la sociedad del momento, que veía la enfermedad como un castigo divino motivado por sus muchos pecados que había que expiar a base de rogativas y penitencias. En este contexto, fruto de la contrarreforma, la Semana Santa va a ir cobrando cada vez mayor auge, de ahí que la consolidación de determinadas Hermandades va a provocar la sustitución de imágenes de escaso valor, o así lo consideraban en el momento, muchas ellas de papelón (de molde, es el caso del Cristo de la Misericordia). Es el momento en el que de las manos de una pléyade de imagineros asentados en la capital van a surgir verdaderas obras de arte y de devoción. Muchas desaparecieron, otras han tenido la gran suerte de llegar a nuestros días, es el caso del Nazareno del Viso, del Dios hecho hombre que en su lento caminar al Calvario sufre y padece. Esta es la razón por la que a lo largo del siglo XVII triunfó la iconografía de Cristo con la cruz a cuestas, del Nazareno.

Pero antes de hablar del Nazareno del Viso tenemos que hablar de su Hermandad que nació, muy posiblemente, a la par que el convento del Corpus Christi.

Las primeras referencias nos la ofrecen fray Pedro de San Cecilio en sus Annales sobre la Orden de la Merced, obra editada en Barcelona en 1669, por lo que en esta fecha la imagen titular de la Hermandad era aún el Cristo de la Misericordia, que es el que vino con los mercedarios y que ha sido calificado muy acertadamente como “el primer visueño”. En los Annales podemos leer: “En el cuerpo de la Iglesia, arrimado a la pared oriental, o muro que la divide del palacio de los condes, está en otro Altar la imagen de Santo Crucifixo que la condesa fundadora embió de Madrid […]. Tiene gran devoción con ella todos los vecinos de aquel lugar; y por esso han situado allí una principal cofradía que es la de Jesús Nazareno, cuya procesión muy devota, y edificativa se hace el Viernes Santo de cada año a punto de amanecer”.

Por lo que respecta al Nazareno, es en el testamento del autor de la imagen, Andrés Cansino (1636-1670) donde encontramos la primera referencia al mismo; es breve, pero concisa e imprescindible para datar la obra cronológicamente y no tener que especular con hipotéticas autorías.

Sin duda alguna, Andrés Cansino es un imaginero poco conocido. Muy probablemente nació en Sevilla en el año 1636, por lo que su vida no fue muy longeva, pues murió a los 34 años, momento en el que alcanzaba la madurez artística, siendo una de sus últimas obras la de Nuestro Padre Jesús. Tenemos constancia que estaba casado y tenía hijos de corta edad, por lo que su joven viuda se va a encontrar en una difícil situación económica tras su temprana muerte. Tenemos constancia de su mal genio, y que alguna que otra vez tuvo alguna que otra pelea, por lo que no es muy descabellado pensar que estuviese herido de muerta a causa de un duelo.

Lo cierto es que sintiéndose enfermo, testó el 25 de octubre de 1670, por lo que en esta fecha el Nazareno ya estaba en el convento, pues afirma “Declaro que el Padre Comendador que hoy es del convento de Mercenarios Descalzos de la Villa de El Viso, me debe cien reales del resto de la hechura de un Jesús Nazareno, mando se cobre”. Esta referencia nos sirve también para poder, incluso, averiguar lo que costó la imagen, pues era costumbre pagarla en tres o cuatro plazos, siendo el último el que quedaba por cobrar.

Teniendo en cuenta que la economía de la comunidad mercedaria no era la más boyante, el comendador optaría por un artista poco conocido que tendría un modesto taller que no podía competir con el de Pedro Roldán, con el que mantuvo gran amistad.

No volvemos a tener referencias documentales de la imagen hasta comienzos del siglo XVIII, momento en el que se hace mención a “la capilla nueva del Nazareno”, que no es otra que la que tiene en la actualidad, y que ha sufrido varias modificaciones a lo largo de su dilatada historia.

El siglo XIX es una centuria nefasta para las Hermandades que a raíz de la invasión francesa y de las distintas desamortizaciones que se llevaron a cabo, la mayor parte de ellas desaparecieron al quedarse sin sus propiedades. A la del Nazareno hemos de unir la exclaustración de los frailes, por lo que la iglesia conventual fue cerrada y la Hermandad, al igual que otras muchas, y dado el estado de extinción en el que se encontraba no tuvo más remedio que fusionarse con la Sacramental el 24 de mayo de 1847. En el documento de fusión se hace referencia a la “Imagen de un Jesús Nazareno con corona y potencias de plata”.

Por lo que respecta a la imagen hemos de destacar que es de las denominadas como “de vestir”, y en este caso de cuerpo entero, que destaca por su gran realismo y movimiento helicoidal, pues Cansino, discípulo de José de Arce, representa a una imagen que gira el torso y la cabeza hacia la derecha mientras que los brazos giran levemente hacia la izquierda, por lo que se crea movimiento y tensión en la imagen.

En su lento caminar hacia el Calvario el imaginero nos representa a un hombre cansado, con la mirada baja y ojos entreabiertos. La cruz pesa y el dolor le hace fruncir el ceño mostrando dolor contenido, pero a pesar de ello se muestra sereno. Estamos ante una bellísima imagen en la que Cansino muestra la clara influencia de su maestro, fundamentalmente en la forma en la que la gubia ha esculpido la cabellera y la barba bífida y triangular, que se disponen a base de masas compactas que dan la sensación de pelo mojado.

El nazareno flexiona levemente una de sus piernas porque la cruz pesa, pero su rostro no se descompone, sus finas manos más que aferrarse al madero, lo acarician.
El imaginero ha creado una escena en la que la imagen, con su mirada baja, reflexiva, mira al fiel de la misma manera que el fiel lo mira, esta conexión es la que hace que la imagen, de madera, trascienda de lo material a lo devocional, una devoción que este año cumple su 350 aniversario, de ahí que la Muy Antigua, Fervorosa y Mercedaria Hermandad y Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso, San Juan Evangelista y Nuestra Señora de la Merced haya organizado una serie de actos que comenzaron el pasado 25 de octubre con la presentación del logotipo de la efeméride por su joven autor, D. Jesús Vergara Jiménez.

De la misma manera, el 13 de diciembre se presentó el magnífico cartel anunciador, obra de D. Daniel Franca, todo un acierto, que ha recogido el testigo de D. Juan Roldán, el pintor de las inmensidades de la vega, autor del cartel del 325 aniversario de la llegada del Señor (1995).

Entre los días 3 al 11 de enero, en la iglesia conventual se ha celebrado novena que terminó el 12 con la solemne función principal presidida por el Cardenal y Arzobispo emérito fray Carlos Amigo Vallejo. Para tal motivo, el Señor fue colocado en un magnífico y decimonónico altar de cultos. De la misma manera el Consejo General de Hermandades y Cofradías ha elegido a la imagen para presidir el Vía Crucis general de este año.

La culminación de todos estos actos será la salida extraordinaria que acordó y solicitó la Hermandad en Cabildo extraordinario celebrado el 15 de noviembre, y que está pendiente de su aprobación por la autoridad eclesiástica. Lo cierto es que el pueblo de El Viso se ha sumado al reconocimiento de la magna efeméride con la concesión, por parte del Ayuntamiento, de la llave de oro de la localidad, distinción que será posible gracias al acuerdo plenario del 24 de octubre pasado por el que, en el punto nº 9 de la orden del día se proponía la “Aprobación, si procede, de la propuesta de modificación del reglamento de protocolo, honores y distinciones”.


JOSÉ ÁNGEL CAMPILLO
FOTOGRAFÍA: HERMANDAD DE NUESTRO PADRE JESÚS


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