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María José Cortés | Acostumbrad@, aguantad@ o enamorad@

PARTIER- Dígase Martín que, lanzando miradas discretas hacia aquella ventana, paso mis días soñando en poder ver, aunque sea su reflejo. Hay veces que solo una ráfaga de ensueño me acelera el corazón, otras solo el pensar que es la hora en la que acostumbra a salir al alféizar y si ya es una realidad que lo haga, me llena de una felicidad inmensa que desborda mi ser. Y así transcurre el sino de mi vida y el sentido de la misma.


MARTIN. - Cómo es habitual en usted, esa palabrería fina me hace pensar, pero a la vez me confunde.

PARTIER. - Hombre de poca fe, es cuestión de práctica, intente evadirse de la realidad lo suficiente para coger aire y no ahogarse, llene su alma de cosas bellas sin dejar hueco para las que no lo son, reduzca su tiempo de exposición a lo que nada le aporta y diga en voz alta lo que su alma le cante.

MARTIN. - No le digo yo ¿No fuimos al mismo maestro? ¿No podría decir las cosas cómo todo el mundo? Señor Partier, llevo años viendo como hace sus pinturas y escuchando la historia de su musa platónica y cada vez me parece más enrevesado. Y en confianza por loco o rarito lo tienen. 

PARTIER. - Usted lo ha dicho, ella es la musa de mi pincel, el color de mi paleta, la textura de mi lienzo, mi obra maestra. Los años, mis aliados en la ejecución del cuadro de mi vida. Y mi sentimiento hecho palabra lucha contra la banalidad del mundo y glorifica la victoria de la expresión. 

MARTIN. -Lo que yo mantengo, un romántico empedernido.

PARTIER. - Puede que lo sea, pero me revelo contra la ignorancia normalizada, me sacudo de las pulgas parásitas de la alienación personal, y es la única forma que tengo de inmunizarme ante la mediocridad existencial. Lucha constante por sus maravillosas formas, defensor retórico por su olvido mundano y detractor de los ataques constantes de modas absurdas. 

MARTIN. - Eso quiere decir que su amor por ella es inmenso. ¿No? Y que lucha a su manera por quererla y cuidarla. ¿Voy bien encaminado?

PARTIER. - Si Martín, me desvela que la descuiden y sigo ahí luchando por ella, pintando cada día el cuadro que me fascina, donde ella y siempre ella es el centro de mi mundo, de mis ideas y de mi rincón.

MARTIN. - Voy cogiendo el tranquillo, esta vez sí que sí, de tanto oírlo me voy acostumbrando y lo veo venir. Y ahora ya solo queda me diga su nombre y me la presente.

PARTIER. - Usted ya la conoce al igual que yo, es más, gracias a ella se comunica incluso conmigo, amplíe su mirada, reconozca la magnitud de su riqueza y disfrútela en su esplendor. No la reduzca, no la soslaye, no se acostumbre a ello, no aguante que así sea. Siga luchando por ese amor que yo prodigo. 

MARTIN. - Y dígame usted: ¿acostumbrado, aguantado o enamorado?

PARTIER. - Aguantado por las mareas que nos inundan.
               
Acostumbrado por las constantes irreverencias que padece.
                 
Enamorado, enamorado, siempre enamorado de la lengua y la literatura.
                         
“Y si por loco o raro me tienen      por amarla en su extensión, deja q loco me llamen, su olvido, es su traición”.

MARÍA JOSÉ CORTÉS

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