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domingo, 13 de octubre de 2019

  • 13.10.19
En un reciente encuentro con unos amigos en la cafetería de la Facultad, y en medio de la charla que manteníamos sobre la situación en la que se encuentra nuestro país, uno de ellos, refiriéndose al estado crítico de un sector de la economía, dejó caer la expresión ‘la espada de Damocles’ que pendía sobre ese sector. Al momento de oírla, la mente se me detiene en ella, dado que hacía poco había estado escribiendo sobre un pintor inglés, Richard Westall, que fue conocido, de modo muy especial, por el lienzo que llevaba por título precisamente La espada de Damocles.



Una vez que acaba quien tenía en ese momento la palabra, le hago notar ha utilizado una expresión que, como bien sabemos, su origen se remonta a la mitología grecolatina.

“¿Os habéis parado alguna vez a pensar la cantidad de expresiones que procedentes de las mitologías de la Grecia y la Roma clásicas utilizamos de modo habitual, y, aunque sabemos sus significados en nuestra lengua, desconocemos sus orígenes concretos o no hemos entrado a averiguarlos?”, les indico con la intención de que nos detengamos un momento en esta cuestión y seamos capaces de memorizar algunas de ellas.

Estuvimos de acuerdo en que el significado de ‘la espada de Damocles’ está bastante extendido en la población, y que se emplea cuando se alude al grave riesgo que pende sobre una persona o un grupo y que puede caer sobre sus cabezas en cualquier momento.

Puesto que, tal como he manifestado, tenía muy reciente el comentario sobre el lienzo de Westall, les indico que la expresión ‘la espada de Damocles’ la conocemos por el uso que hicieron de ella los escritores romanos Cicerón y Horacio, que la tomaron prestada del griego Timeo de Tauromenio.

En el relato de Cicerón y Horacio se nos habla de Damocles, un ciudadano de Siracusa que envidiaba al soberano de la ciudad siciliana. El rey, conocedor de este hecho, le propuso ocupar su lugar un día para que conociera los agobios y los riesgos que se asumen cuando se ejerce el poder. Cuando Damocles, tras aceptar la propuesta, se sentó en el trono observó que una espada, sostenida por la crin de un caballo, pendía de punta sobre su cabeza. De este modo, este envidioso ciudadano comprobó que al placer de gobernar lo rodea una atmósfera cargada de amenazas y presiones.

Tras comentarles brevemente su origen, le indico a un compañero que mire un momento su móvil, ya que lo tiene sobre la mesa, para que podamos ver el cuadro de Richard Westall.

Al rato aparece la imagen de La espada de Damocles. La observamos y realizamos algunos comentarios sobre la misma. Por otro lado, los datos referidos a su autor nos indican que fue realizado por el pintor británico Richard Westall, nacido en Reepham en el año 1765, habiendo fallecido a la edad de setenta y años en Londres. Como aspecto a retener, conviene apuntar que Westall se destacó por sus pinturas de corte historicista y las de temas literarios, aunque la fama le llegaría por este cuadro y los retratos que le hizo a Lord Byron.

Por otro lado, en la obra, que se encuadra abiertamente dentro una estética neoclásica, parece que asistimos a una escena teatral, ya que muestra a los personajes como si fueran esculturas congeladas por una instantánea.

Además, el lienzo presenta una particularidad: en la escena se han sustituido a los valerosos jóvenes, descritos por Cicerón y que rodean a Damocles, por vírgenes, quizás por el deseo del pintor de resaltar el lujo y la ostentación con los que convivía el monarca de Siracusa.

La conversación que mantenemos en la cafetería ahora ya se centra de lleno en esta temática. Muy pronto, como era de esperar, uno de los contertulios apunta a ‘el talón de Aquiles’, dicho popular que solemos utilizar para aludir al punto débil de una persona o de una cosa, significado con cierta proximidad con el primero que hemos comentado, ya que ambos anuncian ciertos riesgos que no se tienen en cuenta por quienes pueden sufrirlos.

Brevemente, quisiera apuntar esta expresión proviene de la mitología griega, ya que al nacer Aquiles, hijo del rey Peleo y de Tetis, la diosa del mar, su madre lo intenta hacer inmortal sumergiéndolo en las aguas del río Estigia. Pero su madre no tuvo en cuenta que lo sostenía con la mano por el talón derecho, por lo que acabó siendo vulnerable precisamente en esta zona que quedó sin ser bañada por las aguas.

Continuamos pensando en las posibles expresiones de orígenes grecolatinos. De pronto, y relacionándolas con el nombre de una antigua alumna, le pregunto a una de las compañeras de la tertulia: “¿Te acuerdas de aquella alumna rubia de pelo largo que tuvimos un par de cursos atrás y que se llamaba Ariadna? ¿Sí…? Te lo digo porque, aparte del nombre que nos remitía a la antigua Grecia, yo la relacionaba con la expresión ‘el hilo de Ariadna’ que lo utilizamos cuando nos referimos a una serie de explicaciones y razonamientos que conducen hacia la solución de un problema que parece no tener una salida clara”.

Sería esta compañera la que se lanzara a explicarnos el origen etimológico de la frase: “La expresión nace de Ariadna, personaje mitológico griego e hija del rey Minos de Creta, lugar en el que se encuentra el Minotauro dentro de un laberinto. Cuando llega Teseo para librar a la ciudad del monstruo, al que tenían que entregar anualmente siete hombres jóvenes y siete doncellas como tributo, Ariadna, enamorada del héroe, le facilita una espada y un hilo para encontrar la salida del laberinto, una vez que le hubiera dado muerte al Minotauro”.

El tiempo se nos está acabando, puesto que se acerca la hora en la que tenemos que retomar las clases. El suficiente para que alguien apuntara una cuarta expresión que, por ahora, parecía una forma geométrica perfecta, pues nos recordaba a los cuatro vértices de un cuadrado imaginario que encerraba dentro de sí un conjunto de problemas que amenazantes condicionaban el rumbo de muchas vidas. Se trataba de ‘la caja de Pandora’ que en medio de la charla terminó por salir a colación.

“La caja de Pandora”, comentó uno de los contertulios, “la solemos utilizar cuando de pronto salen a la luz todos los problemas y conflictos que han quedado ocultos durante tiempo”.

“Su origen etimológico hay que buscarlo en uno de los mitos griegos, aquel que tiene su origen en la valentía desplegada por el titán Prometeo, el mismo que provoca la furia de Zeus, el mayor de los dioses del Olimpo, cuando arrebata el fuego de los dioses para entregárselos a los hombres”.

“Ante semejante osadía”, continuó con su explicación, “Zeus convoca a los dioses del Olimpo, de modo que cada uno de ellos le entrega una desgracia para ser guardado en la caja que se le entrega a Pandora. Esta, una vez casada con Prometeo, y debido a su ingenuidad, destapa la caja para ver qué contiene, de modo que se esparcen todos los males entre los hombres”.

Miramos el reloj, de gran tamaño, que hay en la pared enfrente al lugar en el que nos encontramos y nos damos cuenta de que faltan solo unos minutos para las doce del mediodía, hora en la que tenemos que reanudar las clases. En esos momentos me viene a la mente la expresión ‘el nudo gordiano’, pero ya no teníamos más tiempo. Nos levantamos, pues, y caminamos hacia la puerta con la sensación de haber penetrado en un mundo bastante ajeno al que ahora tenemos que abordar con los alumnos.

AURELIANO SÁINZ

sábado, 12 de octubre de 2019

  • 12.10.19
El río refleja igual lo nuevo que lo antiguo: él no nos juzga, nace y muere en silencio. Si acaso, alguna risa entre piedras pulidas. No se cuestiona nada. Calla, pero conoce miles de historias. Nos ve pasar cada mañana sobre su puente. No hace alarde de nada. Su belleza es eterna pero fugaz para los que andamos movidos por la obligación, con los ojos cerrados al día.



Serenidad que se escapa por no contemplarla. Cuando quieres darte cuenta de las horas de agua, estas han llegado al mar. Mezcla de sal y azúcar, olas que van y vuelven. Curioso que todos los ríos necesiten un mar en el que reposar, en el que dejarse mecer, en el que abandonarse y no correr más.

Decía el poeta que nuestras vidas son los ríos que van a parar a la mar. Hay miles de mares: lo importante es encontrar el tuyo, sumergirte y aparecer en una playa en la que poder contemplar todo con perspectiva. Un sitio donde no juzgar, donde no haya una vida clara u oscura, donde haya miles de colores que amar.

Pero yo ahora necesito cruzar el puente. No puedo dejarme acunar por la corriente silenciosa que refleja esta torre de piedra que no se achica ante la nueva vigía de la ciudad: el pintalabios gigante de espejos comparte los colores de la tardía noche.

Es la hora justa de la calma. Lorenzo apenas se vislumbra, ni se ha desperezado. Los miles de pájaros guardan silencio en sus nidos y solo los humanos andamos de pie para ganarnos el pan con el sudor de la frente. Las sábanas blancas son un recuerdo lejano. Y yo deslizo mi mirada sobre el espejo de agua y despierto a la belleza.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ
  • 12.10.19
La Tablada ocupa un promontorio al sur del casco urbano de El Viso del Alcor, a espaldas del recinto de las Fiestas de la Santa Cruz y junto al parque de la Muela. Su ubicación es realmente privilegiada al adelantarse la meseta de 174 metros de altitud que la conforma a la línea de la cornisa de Los Alcores. Los soldados que la custodiaban podían divisar, desde sus altos torreones, el lucero de Carmo, la milenaria Gandul, la minera Ilipa (Alcalá del Río), la fértil campiña, las sierras que se pierden en la lejanía y, especialmente, el lago Ligur ¡Qué cerquita teníamos el mar!



Además, poseía unas excepcionales condiciones de habitabilidad al tener en sus proximidades una excepcional riqueza hídrica (que está empezando a ser explorada y estudiada), tierras fértiles, arcilla abundante (no nos podemos permitir el lujo de olvidar en la bruma del tiempo nuestra tradición alfarera), variedad cinegética y diversidad de recursos naturales en su triple ecosistema (terrazas, alcor y vega)

La Tablada fenicia (siglos VIII-VI a.C.)

El concepto de Tartessos como cultura es objeto de debate científico. El tesoro tartesio del Carambolo, máximo exponente de esta civilización, es considerado en la actualidad como fenicio, aunque elaborado en estos lares.

Los colonos procedentes del Mediterráneo Oriental trajeron a estas tierras importantes novedades: el alfabeto, el torno cerámica, nuevos usos y ritos funerarios, los hornos de tiro vertical, la técnica de injertar el acebuche, la gallina (¡gracias a los fenicios podemos disfrutar de unos deliciosos huevos fritos en aceite de oliva!), sus costumbres y creencias religiosas,…

La presencia fenicia en la Tablada descansa en sus entrañas, esperando salir a la luz con un metódico estudio arqueológico (¡desgraciadamente los objetos metálicos han sido terriblemente saqueados con total impunidad!) En definitiva, conocemos poco de los mercaderes, campesinos, artesanos, sacerdotisas, soldados o reyezuelos que vivieron en esta tierra, pero podemos rastrear su sagrada morada eterna. Carlos Cañal hace referencia, en 1896, a la existencia en Santa Lucía (Olivar de los Toruños) de entre 15 a 17 túmulos, frente a los 14 mencionados por Bonsor ¡La escena sería sobrecogedora! Un nutrido cortejo fúnebre descendería en fila india de la Tablada, dejando atrás las casas de planta cuadrangular, construidas de sillares, mampostería o tapial. La noche se tornaría en día con el crepitar de las antorchas y el silencio de la misma sería roto con los cánticos en honor a los dioses y los gemidos guturales de las plañideras que alabarían incesantemente las virtudes del fallecido.

Éste, llevado en andas, con todos los honores característicos de su rango, sería conducido hacia el oeste, donde su alma se elevaría al cielo junto al humo que convertiría su cuerpo inerte en polvo y cenizas, y podría renacer, de la misma forma que renace cada día el Sol, venciendo la oscuridad de las tinieblas. Lógicamente, estos honores estaban reservados para las personas de alto estatus, que eran cremadas en piras funerarias y sus restos sepultados en túmulos, con alturas que oscilaban entre 1,50 y 6 metros de altura. Jorge Bonsor excavó uno de ellos, de 2´35 metros de altura, en marzo de 1895. Los resultados fueron espectaculares, pero en mal estado de conservación: un pequeño bote de marfil, cuatro peines y tres placas de marfil decoradas con frisos de animales, palmeras y flores de loto; dos conchas grabadas con figura de león (en las interiores) y de un carnero y un capullo de loto (en las exteriores), y un huevo de avestruz con los bordes dentados y decorados con líneas rectas y zig-zag grabadas y pintadas en rojo.

Mª Ángeles Aubet destaca la extraordinaria calidad en el tratamiento y decoración de estas piezas en comparación con los demás marfiles de Los Alcores ¿Pudo ser la morada eterna de una sacerdotisa o de una mujer de la alta nobleza? Estos lujosos materiales indican que existía en la Tablada una élite con capacidad económica suficiente para canalizar la producción y comercio de estos bienes de lujo. Estos ricos materiales fenicios, datados entre los siglos VII-VI a.C., fueron adquiridos, en su mayor parte, por la The Hispanic Society de Nueva York en 1906, siendo vendidos de forma legal por Bonsor. Resulta un contrasentido que en la lejana ciudad americana conozcan la riqueza arqueológica de Los Alcores, mientras que en esta comarca es desconocida por la gran mayoría.

El arqueólogo anglo-francés, siempre incansable, excavó en 1908 el más grande de los túmulos, de 5,60 metros de altura, que cubría una gran fosa crematoria cavada en la roca. A pesar de las colosales dimensiones, no halló nada destacable, porque, según el insigne arqueólogo, había sido previamente saqueada ¿Qué refinados objetos poseería el ajuar de tal colosal túmulo? Nunca lo sabremos…

Juan Antonio Martínez, después de una incesante búsqueda, ha precisado la localización de las necrópolis fenicias de la Santa. Estima que los límites de la inmensa necrópolis la conforman la carretera Mairena-Viso, al Norte, y el antiquísimo camino de Zapata, al Sur. En cuanto a los túmulos señalados por Bonsor dentro del Olivar de Don Marcelino Calvo, señala que puede situarse en el “espacio comprendido entre la finca de San Francisco y el Ventorrillo”, y pueden formar parte de una nueva necrópolis, por lo que de confirmarse la ciudad de la Tablada estaría conformada por tres necrópolis (las dos mencionadas y la del Raso de Chirolí). Por otra parte, Bonsor excavó, en 1909, dos de los siete túmulos de esta necrópolis, situada en la parte más elevada del barrio de las Anchoas, obteniendo escasos resultados (cenizas de carbón mezcladas con fragmentos de cerámica y huesos) Milagrosa Sánchez señala que los dos túmulos anteriores albergaban unas estructuras muy simples, ya que la cremación se levantó directamente sobre el suelo y los restos calcinados se cubrieron con piedras o cerámica. Presenta similitudes con algunos túmulos de Acebuchal, Bencarrón y Alcaudete ¿Habría que replantearse la vinculación directa con la Tablada?

El poblado de la Tablada pudo adquirir en esta etapa convulsa una fisionomía urbana y sus primeras murallas pétreas, coincidiendo cronológicamente con la construcción de las defensas pétreas de Gandul y Carmona, o con la “elevación” de la Motilla, en Alcaudete. Según José Luis Escacena, las murallas tartesias se construyen a partir del siglo VIII a.C., siguiendo “el prototipo oriental introducido por la colonización fenicia”. Las murallas de la Tablada son construcciones en talud, que siguen una línea zigzagueante, y utilizan como material básico de construcción la piedra alcoreña sin desbastar y ciclópeos sillares magistralmente trabajados. Una excavación arqueológica daría luz sobre la cronología de estas murallas, aunque, como hipótesis de trabajo, es posible que se remontaran a la época fenicia, cuando el poblado adquiriría dimensiones urbanas y un trazado más o menos regular, siendo necesaria una fortificación pétrea para facilitar su defensa, así como símbolo de prestigio del gran poder de los reyezuelos y de la alta aristocracia.

MARCO ANTONIO CAMPILLO

jueves, 10 de octubre de 2019

  • 10.10.19
Seguimos inmersos en las turbias aguas de los títulos, las tesis doctorales escamoteadas, el engaño a cara descubierta. Este tema es más llamativo de lo que podamos pensar. Llamativo porque se da entre personas públicas que se significan con dichas “mentiras”. ¿Cuántas más personas anónimas pueden estar metidas en dicho saco?



En lenguaje coloquial y con sobrecarga despectiva, la definición de “titulitis” viene a decir que es una “valoración desmesurada de los títulos y certificados de estudios como garantía de los conocimientos de alguien” (sic). Quien sobrevalora y se ufana es el sujeto que “supuestamente” se ha ganado dichos títulos y alardea de ello.

La ostentación de un título o de toda una ristra y pavonearse de ellos no garantiza los conocimientos que pueda poseer el titulado. En otras palabras, la titulitis solo es una manera de vender la burra a los demás. La valoración académica desmesurada no la hace quien certifica tales conocimientos sino el propio sujeto que se ufana de poseerlos.

En las últimas semanas han brotado nuevos casos de falsedades académicas contra las que se ha podido bramar pero que ahí siguen. El personal suele preguntarse cuál es la razón para que dicho asunto siga en marcha. ¿Dimisiones? Aquí no dimite nadie.

El daño ya está hecho y quien puede sufrir las consecuencias de tales desmanes es la Universidad que se aviene a entrar en dicho juego, que no cubre la gotera abierta en su tejado. ¿Se han preguntado por qué hay tan pocas universidades españolas en la lista de las más importantes del mundo? Supongo que ésta debe ser una razón. Alguien dijo ya hace tiempo que vivimos en un país de pillos y el más listo suele ser quien manda.

Cargarle el “sambenito” a quien manda no es levantar falso testimonio contra quien manda: solo se ratifica una realidad que está revoloteando entre nosotros y no deja de hacer daño en el sentido más amplio de la palabra…

Para vanidad de muchos y regocijo de piratas, los títulos académicos pueden comprarse, falsearse sin muchas dificultades. Si a alguien le pica la curiosidad, puede entrar en Internet a curiosear cómo comprar títulos y alucinará con la oferta que existe en dicho campo. Hay todo un mercado falsificador en el que se obtienen visados o pasaportes y, de igual manera, titulaciones universitarias sin mayores dificultades.

Oficialmente es posible que algunas personas influyentes, sin asistir a las clases de tal o cual especialidad académica, puedan llegar a poseer una acreditación oficial. Algún caso, aun calentito, da fe de tales incidentes. Es otra manera, poco limpia, de conseguir dicho objetivo.

Todo el relato anterior engarza bien por la manga ancha que desde organismos docentes se pueda llevar a término sin necesidad de cumplir con todos o parte de los requisitos exigidos para obtener el plácet oficial. En resumen, que o se tiene dinero y compro tal o cual título o tengo cierta bula y me regalan el diploma acreditador porque soy o seré importante…

Entre los políticos ha habido y sigue apareciendo mucho “gato por liebre” en este asunto y en otros muchos. El tema de falsear méritos académicos es amplio y no solo ocurre en nuestro país. Si hacemos memoria vendrán a colación engaños académicos varios que van de Pernambuco a Jauja.

Copiar trabajos o fusilar tesis doctorales son liebres que saltan de cuando en cuando. En algunos países, el cazado o cazada renuncian al puesto por incuestionable falsedad. En otros, callan y siguen con el tongo y, los menos, disimulan mirando para otro lado.

¿Es necesario que el político ostente títulos universitarios? Si los tiene, estupendo. Entra dentro de una lógica general el hecho de que mientras más preparado se esté en un tema, mejor rendimiento daremos y mayores beneficios podremos ofrecer a los demás. Hasta aquí, ejemplar. Si se es buen profesional, los títulos pasan a segundo plano.

Embustes, fraudes y mentiras se agarran del brazo como un matrimonio bien avenido y, cómo no, la “titulitis” nos visita un día sí y al otro también; los enchufes y el nepotismo son otro terreno bien regado en este compás de espera, callejón en el que nos ha metido la eventualidad política.

Pero no nos engañemos. Ni beneficiados ni sufridores de tales despropósitos: la deuda por enchufismo o por nepotismo hay que pagarla. O por el donador o por el receptor. “No te preocupes, ya me la pagarás cuando llegue el momento”. El enchufado suele ser una “persona aduladora y servil” (sic), es decir, un “lameculos” que prefiere el peloteo y la sumisión antes que el esfuerzo personal. El padrino, un listillo.

Un ejemplo sin mayor importancia. En el momento que escribo estas líneas, en el Ayuntamiento de Móstoles iban ya por siete los casos de nepotismo muy sonados. La hermana y el tío de la alcaldesa son dos de ellos. Claro que todo esto puede ser “pecata minuta” (error o falta leve) si lo comparamos con grandes dosis de dinero evadido desde algún punto del país, con comisiones recibidas por honorables personas. Y una larga estela de chanchullos.

Empecemos por la cabeza. Una moción de censura da el poder al PSOE. Así tenemos un presidente de Gobierno legal pero no salido de las urnas. Democráticamente estamos en una situación anómala. Las posibilidades de continuidad son pocas. Sánchez anunció en su momento (mayo de 2018) que las elecciones generales serían "cuanto antes". No tarda en mover ficha, cambia de opinión y anuncia que terminará la Legislatura.

La idea era resistir en el poder más allá de lo razonable y así culminaría la Legislatura. El siguiente paso fue convocar nuevas elecciones que salieron frustradas en abril de 2019. Era la convocatoria a Cortes Generales para la XIII Legislatura. Para los supersticiosos, el número 13 trae mala pata. Vuelta a empezar.

Elecciones ¡ya! Para llegar a dichas elecciones hemos pasado unos pocos-bastantes meses. ¿Ha mejorado el escenario? Sinceramente creo que no. Políticos anunciando hoy un plan de pactos para estabilizar la situación y que mañana cambiaron de opinión.

Yo pacto, ¿tú pactas, pactamos? Hemos vivido la duda deshojando la margarita: si, no, si, tal vez… Esperemos que en noviembre se aclare por fin el tema, gane quien gane. La verdad es que apostillar de sabios a los políticos actuales, sean del color que sean, suena a choteo para unos e ironía para muchos. Mientras tanto, los listillos y las listillas siguen haciendo su agosto.

Vivimos en tiempos confusos. Nuestro entorno se había acostumbrado a subsistir sin grandes contratiempos, sin demoledores huracanes que destrozan lo que encuentran al paso. Y vivir en la bonanza de la mano de la paz era todo un lujo.

Pero el fanatismo, la intolerancia de cualquier color, de cualquier tipo de fe –política o religiosa– cercena vidas o machaca esperanzas a la par que derrama angustias, miedo. Y de nuevo parece que apostamos por la enemistad a sabiendas de que es posible vivir en armonía, aunque nadie dijo que fuera fácil. ¿Falta voluntad y sobra egoísmo? Parece que a mayor desarrollo corresponde menor grado de humanidad. Y así nos va…

Tengamos presente que en la ausencia de la paz termina por diluirse la libertad y la carcoma agujerea a la justicia. En tales circunstancias, la democracia peligra porque no puede funcionar sin demócratas, es decir sin personas que apuesten por la tolerancia y la solidaridad desde una responsabilidad libremente aceptada.

Tengo que reconocer que la cultura del esfuerzo no está de moda, incluso se la machaca alegando que es un valor cutre, facha, porque no es solidario. Quizás el trasfondo pueda reducirse a que “hay que llegar a la meta propuesta como sea, a costa de lo que sea, pero sin esfuerzo; si hay que hacer trampa se hace y si algo puede obtenerse gratis mejor que mejor”. ¿Esfuerzo? No, gracias. No está valorado.

PEPE CANTILLO

martes, 8 de octubre de 2019

  • 8.10.19
Entre la libertad de expresión y el respeto a una creencia religiosa, por muy ofendida que se sienta, debe prevalecer el derecho que garantiza la primera. La delicada sensibilidad que muestran los que son libres de creer en lo que quieran no puede coartar, como si gozaran de una virtud privilegiada, la libertad de expresión que la Constitución reconoce a todos los españoles, profesen o no un credo, ni brindar una protección especial que prevalezca sobre el ejercicio de cualquier otro derecho, como el de opinión o la libre expresión.



Es lo que se espera del juicio, que hace unos días ha quedado visto para sentencia, al que se han enfrentado tres activistas que participaron en la “procesión del coño insumiso”, celebrada el 1 de mayo de 2014 en Sevilla, en la que pasearon en andas una enorme vagina de plástico como si fuera el paso de una Virgen, con objeto de denunciar la precariedad laboral que sufre la mujer y en un momento en que el Gobierno pretendía recuperar una ley del aborto más restringida.

Independientemente del objeto y contexto de la manifestación, cualquier referencia o simulación de prácticas o rituales religiosos no constituye, por sí mismo, una burla, escarnio o mofa de los sentimientos religiosos, puesto que ningún credo ni sus fieles disponen de la exclusividad de expresar públicamente, a través de procesiones que portan imágenes y objetos o en reuniones y actos también de carácter público, su particular adhesión o compromiso con lo que Kierkegaard definía por su irracionalidad, es decir, con creencias que contradicen las evidencias y la razón, como es la fe, toda fe.

Ni por ello, por muy libres que sean para abrazar el credo que elijan, exigir de la sociedad el privilegio exclusivo de que su fe y sus modelos de vida y moral sean aceptados en la esfera pública como si de verdades absolutas e irrefutables se trataran, arrogándose el respeto de una intocabilidad que los blinda de toda crítica o cuestionamiento, cosa que no se concibe con las “verdades” de la ciencia, siempre expuestas a revisión.

Es por ello que cabe confiar, sobre todo en un Estado garantista de derechos y supuestamente aconfesional, en una sentencia que absuelva a las procesadas. Y no sólo por resolver la aparente colisión de derechos fundamentales a favor del de mayor preponderancia social y más profunda raíz democrática, como el de libertad de expresión ante supuestas ofensas de subjetivos sentimientos religiosos, sino también para aclarar jurídicamente la errónea consideración de que, por el mero hecho de creer en afirmaciones sobrenaturales o ancestrales supersticiones, se disfruta del privilegio de ser “intocable o incuestionable”.

Flaco favor harían los creyentes a su creencia si apelan a que ésta deba de ser protegida por subterfugios legales –una intromisión de la iglesia en el Código Penal– más que por el convencimiento o la solidez que la fe debería proporcionar al devoto.

Una especial protección ante la crítica que no reclama ninguna otra institución social, como los partidos políticos, los sindicatos, las ONG o cualesquiera asociaciones culturales, artísticas, deportivas, económicas, etc., que se expresan en el ámbito público. Únicamente las religiosas exigen –y hasta ahora consiguen– el blindaje legal ante la sátira o el cuestionamiento.

Los integrantes de una comunidad de intereses religiosos, como en puridad son los creyentes católicos, están acostumbrados a disfrutar de indulgencia pública, de dinero público, de prerrogativas para el adoctrinamiento –colegios religiosos, asignatura religiosa evaluable– y de respaldo legal para que sus creencias se consideren preeminentes e indiscutibles en la sociedad.

Y por el arraigo que confiere tanto apoyo estatal, no toleran que se les trate como a cualquiera que afirme su convencimiento absoluto en hadas, duendes y seres sobrenaturales, algo muy respetable a nivel privado, pero expuesto a crítica, sátira o divertimento a nivel público, sin que ello suponga ninguna ofensa de los sentimientos, sino libertad de expresión.

Por tanto, la única sentencia posible de un juicio que no debía haberse producido es la de la absolución de las imputadas. No hicieron otra cosa que exhibir públicamente –como hacen los creyentes continuamente sin que los no creyentes se consideren ofendidos– lo más íntimo de la mujer para exigir el respeto que merece la dignidad la mujer en todos los ámbitos de la sociedad, incluido el religioso, donde, por cierto, se relega a la mujer a un papel subalterno y servil en una iglesia cuya jerarquía, aunque vista faldones, es radicalmente patriarcal y misógina. Como para no mofarse de las supersticiones.

DANIEL GUERRERO

domingo, 6 de octubre de 2019

  • 6.10.19
A principios de diciembre del pasado 2018, se celebró en Katowice, Polonia, la cumbre COP24 (Conferencia de las Partes) de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en la que se abordaban algunas iniciativas para reducir la emisión de gases de efecto invernadero y frenar el cambio climático.



En ella participó la joven sueca Greta Thunberg, que entonces tenía solo 15 años, y que se ha convertido en un icono del movimiento juvenil por la protección del medio ambiente y la lucha contra el cambio climático, ya que ella fue la iniciadora de Fridays For Future, iniciativa que ha conseguido arrastrar a chicos y chicas de todo el mundo preocupados por el deterioro global en el que se encuentra nuestro planeta.

El discurso de Greta fue bastante contundente, pues no hay tiempo que perder ya que nos encontramos ante las puertas de un hecho irreversible. Del mismo, extraigo las siguientes palabras: “Decís que amáis a vuestros hijos y, sin embargo, les robáis su futuro”.

Creo que a estas alturas, con los veranos tan calurosos que vivimos, los inviernos climáticamente reducidos, los temporales, como ha sucedido recientemente con la gota fría que en el mes de septiembre inundó partes considerables del levante español, con los enormes daños sufridos por la población, los pueblos y los campos, a los que habría que añadir las muertes de personas, la situación nos enfrenta a un problema de dimensiones globales que hay que tomarse muy en serio si no queremos que las alteraciones que sufre el planeta acaben siendo irreversibles.

En días pasados, tras las numerosas marchas que se produjeron en distintos puntos del planeta, encabezabas especialmente por jóvenes, Greta Thunberg tuvo ocasión de intervenir en la Cumbre del Clima en la sede de las Naciones Unidas de Nueva York. Allí se topó con ese personaje despreciable llamado Donald Trump, que como es habitual en él despreció a esta chica que ahora tiene 16 años con una de sus memeces a las que nos tiene acostumbrados. Esto es en cierto modo, lógico, puesto que Estados Unidos es el país con mayor índice de contaminación junto con China.

Sin embargo, tuvo que escuchar la frase que Greta dijo en su discurso, cuando en tono abiertamente enfadado dijo a los presentes: “Me han robado mis sueños y mi infancia con sus palabras vacías (…) Nos están fallando. Pero los jóvenes están empezando a entender su traición. Los ojos de todas las generaciones futuras están sobre ustedes. Y si eligen fallarnos, nunca los perdonaremos”.

En la actualidad, la figura de Greta Thunberg resulta ser el paradigma de la toma de conciencia de los más jóvenes acerca de la educación medioambiental. Una educación que bastantes de ellos ya conocen en sus aulas, necesitándose trasladarla a la práctica y no quedarse meramente como algo de lo que se habla, pero, que en la realidad, no implica cambios de los hábitos de consumo que tenemos. Y esta toma de conciencia real debe darse desde los niveles más próximos, como es la familia, pasando por la localidad en la que se vive, ampliándola hasta que pudiera alcanzar un nivel global.

Hablando de la toma de conciencia de esta problemática, debo apuntar que son muchos los docentes de diferentes niveles -Infantil, Primaria y Secundaria- que desde hace años trabajan en la formación y sensibilización de sus alumnos en sus centros, de modo que quienes trabajamos dentro de la Educación Artística no hemos tenido problemas a la hora de plantear experiencias educativas basadas en la realización de actividades (collages, carteles, dibujos) para que ellos, libremente, dieran rienda suelta a su imaginación sobre la protección del medio ambiente.

Sobre estas experiencias, de los numerosos trabajos que dispongo he seleccionado siete dibujos de chicos y chicas del ciclo superior de Primaria para que veamos cómo es posible la utilización de la Plástica como medio de expresión de sus ideas acerca de los valores ecológicos.

La propuesta planteada en las clases fue lo suficientemente amplia para que representaran escenas en el contexto familiar, el urbano o relacionadas con la propia naturaleza. He aquí, pues, algunos de sus trabajos.



En los trabajos gráficos de los escolares es habitual la plasmación de dos imágenes contrapuestas: la que se logra responsabilizándose del medio ambiente y su contraria, es decir, la que resulta de no mostrar ninguna sensibilidad ante el mismo contaminando el entorno. Así, el autor del dibujo anterior, un chico de 11 años plasma esta contraposición mostrando un campo limpio en un día soleado y otro sucio en un día lluvioso, de modo que ambos están separados por un contenedor lleno de residuos. Ilustra su trabajo con dos frases: “¿Es tan difícil?” y “Reciclar está en tu mano”.



Uno de los problemas medioambientales habituales durante los veranos son los fuegos que acaban arrasando cientos o miles de hectáreas de la naturaleza. Sobre estos deterioros medioambientales nos informan puntualmente los medios de comunicación; pero se ha comprobado que, a pesar de los avisos habituales, siguen apareciendo, incluso, cuando es la mano del hombre el origen del problema. De nuevo, otro chico de 11 años acude a la contraposición de las imágenes para advertir visualmente del daño que causan los incendios.



Los ciclos vitales de la naturaleza ya los conocen los escolares del ciclo superior de Primaria. Saben que la tala de árboles que se lleva a cabo, por ejemplo, en la Amazonía con la aprobación entusiasmada del presidente de Brasil Jair Bolsonaro es un verdadero problema para el mantenimiento de los ecosistemas de esta zona, al tiempo que este inmenso territorio es un “verdadero pulmón” de nuestro planeta que hay que conservar. Es lo que de modo muy sencillo plasma en su dibujo un chico de 10 años, muy sensibilizado sobre la tala de árboles que se produce en zonas boscosas de distintos países.



Uno de los problemas cíclicos que por el tiempo de verano suele aparecer es el de la sequía, especialmente en los años en los que ha habido pocas lluvias. Entonces se suele recomendar un uso moderado del agua, un bien de la naturaleza limitado. De todos modos, el uso racional del agua debe ser una constante y no limitarse a los momentos de alerta. Sobre esta cuestión trata el dibujo de esta niña de 10 años, al presentar a una chica derrochando agua, dado que deja los grifos abiertos sin importarle la cantidad de líquido que está gastando inútilmente, tal como apuntaba la autora.



La sensibilización que se les fomenta en el aula acaba siendo asimilada por los escolares cuando comprueban, al observarlo directamente, que aquello que se les dice es verdad. Puesto que la educación medioambiental, tal como he indicado, se les presenta de manera amplia, es frecuente que en los dibujos de los escolares aparezcan escenas del deterioro urbano. Es lo que hace la autora del dibujo anterior, que muestra los muros de la esquina de un entorno urbano llenos de pintadas de todo tipo. Precisamente su denuncia va en el sentido de que mayoritariamente son adolescentes los que realizan grafitis sin importarles los lugares que deterioran.



Cuando hablamos de medio ambiente y de cambio climático no debemos pensar exclusivamente en la naturaleza, puesto que los entornos urbanos también son núcleos abiertamente contaminantes. Esto es indicio de que en la clase se había debatido este tema, por lo que los escolares estaban sensibilizados ante la falta de civismo de cierta gente que cuando se encuentran al mando de los volantes de vehículos se convierten en auténticos agentes de contaminación acústica. A este problema, la autora le añadía la suciedad y la violencia urbana, por medio de la escena de un atraco, añadiendo algo tan sorprendente como es un niño abandonado junto a una botella rota y un cigarrillo encendido.



Para cerrar, acudo a otra escena de ámbito urbano, que presenta algunas semejanzas con el dibujo precedente ya que fue realizado por otra chica de 12 años que se encontraba en la misma aula. La autora nos muestra todo un conjunto de violencias y agresiones que padecen las grandes ciudades, quizás influida por los medios de comunicación que suelen abrir los informativos cargados de noticias negativas: agresiones, violencias, robos, contaminación, accidentes, inseguridad de la población, etc., dando lugar a que en el imaginario colectivo acabe configurándose un panorama pesimista, cargado de tensiones, sobresaltos e incertidumbres hacia el futuro.

AURELIANO SÁINZ

sábado, 5 de octubre de 2019

  • 5.10.19
Oler a jazmín es volver a tener 10 años y volver a bajar por las escaleras, dando los buenos días al San Antonio que colgaba en la pared con el niño Jesús en brazos y unos labios muy sonrosados. Es oler a cal blanca, aceite de oliva virgen denso; a comer chorizos fritos para merendar.



Me lleva a las tardes de verano donde recogía los jazmines, aún cerrados, con una puntita blanca que prometía aromas junto a la almohada. Siempre he creído que esta pequeña flor olorosa espanta a los mosquitos. Si mi abuela decía que lo hacía, será verdad. Ella no mentía y me enseñaba cosas de la vida, sencillas, pero que alegraban el día día.

Saber encontrar la raíces de los hinojos para chuparlas, como si fuera la mejor de las chucherías. Reconocer la hierbaluisa, con la que ella se preparaba aquellas infusiones digestivas que tanto le gustaban tomar después del almuerzo. Coger romero y tomillo para hacer conejo al ajillo. Todo era natural, lejos de la rigidez de los internados. Había risas en la mesa y abrazos y mimos.

¿Y aquellos jeringos colgados de un junco? Por muchos años que pasen estarán en mi memoria: el mejor de los desayunos que he probado nunca. La sencillez de las cosas, esa que ahora anhelo y que solo encuentro cuando me alejo del “ mundanal ruido”. Como este fin de semana pasado.

Dormir hasta tarde en una casa castellana de piedra; visitar antiguas ciudades que se congelaron en el tiempo y pasear por una alameda que escondía un riachuelo donde las mamás ciervas bajaban al atardecer a dar de beber a sus pequeños.

Un ciervo joven corriendo y haciendo virguerías con sus patas traseras. Sentirme como la protagonista de alguna historia antigua de hadas y elfos. Mirar el color tierra de las montañas mientras el sol se aleja por la vía de un tren que tuvo mejores épocas. Respirar aire puro, sentir el sol, oler a naturaleza salvaje y todo ello cogida de la mano de mi compañero de vida. La felicidad tiene que ser algo como esto…

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ

viernes, 4 de octubre de 2019

  • 4.10.19
Estimados padres, damos la bienvenida a este nuevo curso deseando iniciarlo con la mejor de las intenciones, aprender, hacer de nuestros alumn@s personas formadas y felices a su vez.



Hemos tenido a bien recordarles las conclusiones por las cuales su hijo ( o hijos) tiene que repetir curso, esperando apoyen nuestra labor educativa y reforzando desde casa la misma.

Nos referimos en primer lugar a las asignaturas básicas en el desarrollo y de carácter obligatorio:

Lenguaje: Le cuesta asimilar los conceptos, siempre repite las mismas expresiones, tiene dificultad para comprender y termina divagando.

Matemáticas: Conoce los números, los identifica, presenta buena disposición a la hora de realizar sus ejercicios, pero finalmente nunca alcanza los resultados correctos, diríamos “que nunca le salen las cuentas”.

Estudios Sociales: en la parte de educación cívica, escucha las normas, las repite gustoso y transmite a todos lo aprendido, pero el gran problema es que no las cumple. Los valores y principios que es capaz de estudiar, memorizar y transmitir luego no son mantenidos ni respetados en sus acciones. “se los salta a la piola”.

En Historia tiene las limitaciones de su memoria, es capaz de atender a las explicaciones, de recordar las fechas importantes y de enfatizar lo que aprende. Pero todo cae en saco roto, y dedica todos sus esfuerzos a algo puntual dejando abandonada el resto de la asignatura y pasando a un olvido extremo. Es una loza pesada que nunca se sabe si podrá levantar.

En Geografía dedicamos gran parte de nuestro tiempo a trabajar con él esta materia. Tiene una gran dificultad para asimilar las divisiones geográficas. La confusión constante sobre las definiciones, los contenidos y la valoración final, hace que tenga muchas dudas. Nos preocupa realmente que alguna vez sea capaz de entenderlo.

Religión, ética y moral: las englobamos en el mismo grupo porque en el caso que nos ocupa, hemos trabajado ambas, no suponiendo una la exclusión de la otra. Aparentemente su comportamiento es correcto, obediente, creyente, cumplidor de las pautas marcadas, y esa es la sensación del profesorado. En el trasfondo de su comportamiento deja mucho que desear, una cosa es lo que intenta reflejar a la vista de los demás y otra la que realmente lleva a cabo.

Educación física, Educación musical y sobre todo recreo, son las que podemos valorar de forma más positiva.

Educación Física: Salta perfectamente, corre cuando es preciso, esquiva obstáculos con tal agilidad que siempre sale airoso, en fútbol es un gran goleador, en baloncesto las encesta sin que nadie se percate hasta anotado el tanto. En balonmano rápido y ágil. En natación como pez en el agua. Y en caso de lesión siempre es culpa de otro.

Educación musical: buen oído, le gustan los tiempos cuaternarios, pero también en su caso los terciarios. Siente predilección por los instrumentos de cuerda pulsada (por ejemplo, la bandurria) y los de viento de metal (la trompeta).

Recreo: Es su tiempo predilecto, aprovecha cada segundo en juegos de los más variados y tradicionales: desde el clásico escondite, a corre que te pillo, a policía y ladrón, a Marco Polo, (es convertirse en estatua hasta que alguien te salva). Y solo cuando es atrapado decide irse a clase porque no tiene buen perder.

Por todo ello la conclusión del informe es la transmitida: Repetición de curso.

No podemos garantizar que todos los esfuerzos dedicados en este nuevo curso académico vayan a ver sus resultados, pero desde esta comunidad educativa vamos a intentar por todos los medios que sea una realidad.

p.d. Esperamos mediante el presente haber respondido a su pregunta de cuál podría ser el futuro profesional de su hijo.

Atentamente la comunidad educativa.


MARÍA JOSÉ CORTÉS

jueves, 3 de octubre de 2019

  • 3.10.19
Las verdades a medias son peligrosas. Un arma de propaganda y desinformación masiva. Su lógica se ha aplicado con atino desde los tiempos antiguos y todavía hoy es el instrumento de manipulación más afectivo para los populistas.



Este hecho se debe a que tienen una parte de verdad –o, al menos, desde un punto de vista intencional–, y otra que es inexacta, silenciada o, incluso, mentira. ¿Por qué funcionan tan bien? Porque permite a cada uno quedarse con lo que prefiera. Y siempre será la parte que quieran escuchar. Cataluña es buen ejemplo.

Ya avisé de que la violencia en Cataluña (y en España en general) era una cuestión de tiempo y, por ello, no me sorprendió en absoluto saber que una pandilla de fanáticos estaba preparando explosivos caseros. Tampoco comprobar que aumentan las agresiones a periodistas. Sin embargo, hay cuestiones que no me cuadran.

El independentismo catalán tiene un marcado carácter supremacista que se sustenta, entre otras virtudes y excelencias, en la superioridad moral del buen patriota. Por ello, una mayoría de catalanes se oponen a todo tipo de violencia. Es más, resulta su único argumento contra su supuesto Estado opresor. Dicho de otra manera, el independentismo catalán es supremacista, pero no violento. Es más partidario de la imposición, de la marginación del contrario y del acoso. Pero no es violento desde un punto de vista físico.

Pero los fanáticos, los que no necesitan excusas para hacer barbaridades, están en todos los bandos, y son ellos los que condicionan al resto. Tan cierto es que unos impresentables agredieron a Laila Jiménez, periodista de Telecinco, como que otros independentistas hicieron de barrera para ayudarla a salir de donde estaba.

En lo que respecta a los miembros de los Comités de Defensa de la República (CDR) detenidos, la información que se está filtrando tiene una dimensión política seria. Conexiones activas entre las CDR, la Generalitat y los fugados, la posible existencia de una célula terrorista, objetivos para atentar supuestamente confirmados por los propios detenidos…

Como suele ocurrir en estos casos, ante el secreto de sumario, la información filtrada viene avalada por atribuciones on background, o sea, fuentes señaladas, pero indeterminadas: “personas cercanas a la investigación”, “fuentes judiciales”… Por supuesto, nadie se responsabiliza de la información ofrecida.

Es posible que todas estas informaciones se confirmen cuando se levante el secreto de sumario. Mientras, lo único que de verdad sabemos, por las imágenes ofrecidas, es de la existencia de cuatro parias influidos por la kale borroka que pretendían hacer ruido con explosivos caseros. Nada más.

Lo más extraño del asunto es que, a la luz de estas informaciones, el presidente del Gobierno en funciones ha dado un giro, –otro más–, a su discurso, y ahora promete aplicar la Ley de Seguridad Nacional y, llegado el caso, el artículo 155 de la Constitución en Cataluña si fuera necesario para garantizar el orden. Con ello, no solo calienta el ambiente en todos los frentes ante las próximas elecciones, sino que le quita a Ciudadanos su único argumento ante el electorado más moderado.

Muy raro todo. Pedro Sánchez y su equipo son populistas baratos, cínicos y manipuladores que se creen inmersos en una especie de House of cards. Juegan con la ciudadanía como si fueran cartas de mus y, encima, se creen grandes estadistas por ello. ¿Quién nos asegura que no han aprendido de los supremacistas vascos y catalanes que la mejor manera de manipular a la población es con verdades a medias? Mucho suponer es eso.

Sin embargo, hay una serie de realidades evidentes. Carles Puigdemont y Joaquim Torra son unos conspiradores, pero no necesitan de las CDR para estar conectados. Y las CDR, por mucho fanático que tenga entre sus filas, no es ETA, ni tiene el apoyo en su territorio que sí tuvo la banda terrorista en Euskadi.

No descartemos que, tras el levantamiento del secreto de sumario, se desinflen muchas de las acusaciones vertidas contra los fanáticos presos. Pero, para entonces, las elecciones habrán pasado. Hoy, más que nunca, cuidémonos de las verdades a medias, que las cargan los populistas, y pueden provocar heridas irreversibles.

RAFAEL SOTO

martes, 1 de octubre de 2019

  • 1.10.19
Estaba pendiente el último trámite judicial y ya se ha resuelto. El Tribunal Supremo ha avalado por unanimidad la decisión del Gobierno de sacar los restos del dictador Francisco Franco de su cripta de la basílica del Valle de los Caídos para su inhumación en el cementerio de la localidad madrileña de El Pardo-Mingorrubio, donde la hija del dictador compró una sepultura.



Exhumar a Franco era la iniciativa más simbólica del Gobierno socialista de Pedro Sánchez que, debido a los recursos interpuestos por los familiares del líder fascista, no se había podido llevar a cabo con la celeridad que el Ejecutivo pretendía.

Ahora, tras el aval del Supremo, solo resta completar los trámites y aprobar en Consejo de Ministros el traslado definitivo de la momia de Franco al sitio que le corresponde, si la autoridad eclesiástica permite el acceso a la basílica de Cuelgamuros para la exhumación.

Aunque el cura Santiago Carrera, prior de la basílica –un lugar público que se financia con dinero público–, se niega a conceder tal permiso, sus superiores en el Vaticano han asegurado que mantienen su postura de no oponerse, si el fallo de la Justicia, como es el caso, avala la exhumación.

La aparente “neutralidad” del Vaticano tiene por objeto evitar que la momia del dictador sea inhumada en la cripta de la catedral de la Almudena, única opción que contemplaba la familia Franco, y convertir al templo del centro de Madrid en un santuario para la exaltación del único líder fascista de Europa enterrado en una catedral.

La familia del dictador, liderada por el abogado Luis Felipe Utrera Molina –hijo de un ministro falangista de la dictadura–, procura por todos los medios (piensa seguir recurriendo sentencias) que los restos de Franco continúen vinculados a una Iglesia que, en vida, lo paseaba bajo palio como forma de preservar la "dignidad" del personaje.

Un personaje, no hay que olvidarlo, que lideró un levantamiento militar contra el Gobierno legítimo de la República e inició una guerra civil para instaurar una dictadura en España que, no solo prohibió derechos y libertades hoy afortunadamente recuperados, sino que asesinó sin juicio previo o tras juicios sumarísimos a centenares de miles de españoles inocentes, acusados de haber sido leales a la República, albergar ideales izquierdistas y progresistas o, simplemente, no manifestar con la debida convicción su adhesión inquebrantable al “Movimiento Nacional” que impuso Francisco Franco.

Ahora, pues, España recobra la moral y la normalidad democráticas de situar en su sitio –como hizo Alemania con Hitler, Italia con Mussolini, Argentina con Videla o Chile con Pinochet– a aquellos personajes que protagonizaron las páginas más negras de su historia. Y no es revanchismo, como acusa la ultraderecha, sino ser consecuentes con la veracidad histórica.

DANIEL GUERRERO

domingo, 29 de septiembre de 2019

  • 29.9.19
No creo descubrir nada nuevo si indico que, por estas fechas, la sociedad española está cansada, aburrida y hastiada del marco político en el que nos movemos. Hay una enorme decepción y me temo que, si no cambia el rumbo, va a ser un tanto complicado recuperar el entusiasmo de la gente, puesto que existe la sensación de que no se les dice las cosas con claridad, que las medias verdades, por no decir las mentiras encubiertas, están presentes en los discursos políticos.



Como apunta el gran sociólogo polaco Zygmunt Baumann, vivimos en una modernidad o ‘sociedad líquida’ en la que no hay nada sólido, dado que los valores son cambiantes y que la verdad y la mentira se entremezclan según los intereses ocultos que no conviene que se conozcan. Y lo más curioso de todo es que, en esta sociedad, las estrategias de la publicidad comercial y de la propaganda política se han mezclado de tal manera que es casi imposible separarlas: ambas conviven con un perfecto maridaje.

Una y otra se confunden, de manera que los enormes avances persuasivos que se han logrado dentro del campo publicitario en la promoción de los productos se traspasan a esos nuevos centros de control de la mente de los ciudadanos como son los equipos de asesores de algunos partidos políticos que diseñan con todo cuidado las estrategias, y que van cambiando según marquen los resultados de las encuestas. Todo ello con la finalidad de planificar cuidadosamente y buscar los modos de convencer a los potenciales electores, por lo que electores y consumidores terminan siendo equivalentes para estos estrategas políticos.

Puesto que no soy en absoluto derrotista, considero que, a pesar de todos los problemas desalentadores con los que nos encontramos, conviene siempre ir a votar lo mejor informados posible, puesto que estar bien enterados de lo que apoyamos nos hace más libres y responsables de nuestros actos. Pero, junto a la información, es necesaria la formación y la reflexión, es decir, saber los modos de funcionamiento de la comunicación política y social de estos tiempos tan acelerados que vivimos.

Así pues, y con el fin de que veamos cómo funciona la propaganda política en nuestros tiempos, podemos remontarnos al primer tercio del siglo pasado, puesto que en él se configuran algunas de las estrategias básicas de la persuasión política que, con el paso del tiempo, se irían perfeccionando hasta llegar a los sutiles modos que se utilizan en el mundo de Internet en el que actualmente nos movemos.

Aunque a algunos pueda parecerles chocante, es necesario acudir a un personaje de la Alemania nazi para ubicarnos en el punto de partida del uso de las estrategias desarrollas por las potentes agencias publicitarias de los países más avanzados económicamente (Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania) para aplicarlas al campo político en las sociedades democráticas en las que los gobiernos se forman a través de las elecciones dentro de los partidos contendientes.

Y ese personaje fue Joseph Goebbels, quien fuera responsable del Ministerio para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich alemán entre 1933 y 1945. Este último año sería en el que se suicidaría ante la inminente derrota de la Alemania nazi.



Hemos de tener en cuenta que Joseph Goebbels se había doctorado en Investigación en la Universidad de Heidelberg a los 24 años, por lo que conocía perfectamente los mecanismos de la comunicación y la publicidad y la propaganda de su época, lo que daría lugar a que él perfeccionaría, posteriormente, los medios de propaganda política, integrando todos los avances que la publicidad había sido capaz de lograr hasta entonces.

Para comprender el éxito de Goebbels, acudo a un párrafo del investigador mejicano Eulalio Ferrer, quien, en uno de sus libros dedicados al estudio de la publicidad y la propaganda políticas, decía lo siguiente: “Hitler reunió en su entorno a un grupo de fanáticos que entienden que la propaganda es la más efectiva de sus armas, sin ocultar su desprecio por las masas que convoca y moviliza, convencido de que estas tienen una capacidad limitada para la absorción de ideas argumentadas y una capacidad de olvido muy grande”.

Es decir, sirve de poco razonar y argumentar ante una parte significativa de la población, por lo que se hace necesario apoyarse en eslóganes o frases cortas (‘ideas-fuerza’ se llaman actualmente), en puestas en escenas, creación de símbolos, apoyo y exaltación del líder, en la constante presencia en los medios de comunicación… para que los mensajes, explícitos y subliminales (aunque este término se utilice posteriormente), penetren en las mentes y, especialmente, en campo emocional de la gente.

No debemos olvidar que estas estrategias planificadas y llevadas a la práctica por Joseph Goebbels ayudaron a Adolf Hitler a alcanzar el poder en Alemania por medio de las urnas, dado que contó con un amplio apoyo de una población enfervorizada, como en la actualidad sucede con Donald Trump en Estados Unidos.

Sus biógrafos nos dicen que comenzó su andadura como propagandista político organizando una de las más espectaculares concentraciones que se habían producido en la ciudad de Colonia. El acto debería culminar con el toque de las campanas de la magnífica catedral que posee esta ciudad. Como el arzobispo de Colonia le negó el permiso, recurrió a la grabación del sonido de las campanas, logrando el efecto buscado al ser transmitido por los altavoces y la radio sin que el truco pudiese ser advertido

Otra de sus hazañas fue seleccionar de entre las pinacotecas nacionales y los museos particulares 650 pinturas y dibujos considerados ‘sacrílegos’ y ‘antipatrióticos’, supuestamente projudíos, con el fin de ridiculizarlos y encender la campaña que habría de culminar con el exterminio de millones de seres humanos.

Paso a paso, la compenetración entre Goebbels y Hitler cada vez fue a más, de modo que el primero se gana la confianza total del Führer, ya que aquel ve a este como el auténtico mesías carismático que necesita el pueblo alemán, para, entre otras cuestiones, resarcirlo de las humillantes condiciones firmadas en el Tratado de Versalles, tras la Primera Guerra Mundial.

Goebbels lo halagará cuidando sus representaciones públicas a una hora adecuada de la noche para situar mejor los reflectores, a veces con antorchas encendidas; elige los fondos con música de Wagner; crea un clima de expectación para la llegada de su jefe, entre redobles de tambores; mide los silencios, calcula los aplausos, intercala los gritos con los lemas de la multitud enardecida, que repite una y otra vez: ¡¡¡Führer… Führer…Führer…!!! Crea un espectáculo impresionante, montado con gigantescas banderas y miles de banderines en los que ondea la cruz gamada.

En el año 1933, finalmente, Adolf Hitler es nombrado canciller de Alemania tras ganar las elecciones. Su triunfo se basa, entre otros aspectos, en que no tiene que improvisar una política de propaganda, dado que lo que hace es poner en práctica los planes e ideas que se han estudiado y discutido minuciosamente tiempo atrás, supervisados por el nuevo ministro de Propaganda, que, a fin de cuentas, resulta ser el antecedente a los actuales asesores políticos.



Esta planificada propaganda la expone de modo detallado el periodista alemán Emil Dovifat en su libro Política de la Información. En él encontramos esta frase de Joseph Goebbels: “La propaganda fue nuestra arma más afilada en la conquista del Estado y continúa siendo nuestro poder más fuerte en el afianzamiento y en su construcción. Por eso, la propaganda es una función vital e imprescindible del Estado moderno”.

Una vez que Joseph Goebbels asume el cargo del Ministerio de Propaganda, se le otorga nada menos que el diez por ciento del presupuesto total del Gobierno alemán. Además, a los cuatro meses de haber tomado posesión de su cargo, concibe una insólita ley, que será promulgada el 4 de octubre de 1933, en virtud de la cual se transforma a los periodistas en servidores del Estado. Se hace, pues, necesario el control de la información, para que llegue una sola voz a la población alemana.

Para comprender las estrategias de comunicación y persuasión diseñadas por Goebbels, extraigo algunos lemas que son la síntesis de su pensamiento:

a) “No es preciso que una idea política esté avalada por una buena filosofía, si se dispone de una magnífica propaganda”.

b) “Nada es absoluto, todo es relativo. Las verdades duran lo que una imposición las hace durar”.

c) “Una buena propaganda es lo más cercano a la verdad, aun cuando sea la mentira misma”.

Aparte de esas tres frases que nos indican el descarado uso de los medios con tal de conseguir lo fines propuestos, aporto otras tres que han llegado hasta nuestros días:

d) “Quien dice la primera palabra al mundo es quien tiene la razón”.

e) “No basta con mentir, debes decir la mentira más grande para que se crea”.

f) “Una mentira repetida mil veces acaba siendo una verdad en la mente de la población”.

Quizás la última frase sea la más famosa de Goebbels, ya que se ha extendido tanto que casi nadie recuerda quien la formuló. Es por ello que en nuestros días, en los que las redes sociales funcionan a tope, se encuentre actualizada a través de las denominadas fake-news, es decir, falsas verdades que funcionan a nivel de vértigo en un mundo en el que la publicidad, la propaganda, las noticias y las tertulias televisivas se han entremezclado de tal modo que resulta muy difícil saber dónde se encuentra la verdad y la información planificada cargada de medias verdades o, llanamente, de mentiras. Esta es, a fin de cuentas, la compleja realidad en la que vivimos.

AURELIANO SÁINZ
  • 29.9.19
Durante estos días se cumplirán los primeros cien días de gobierno del los alcalde y nuevo gobiernos con origen en las pasadas elecciones municipales de 26 de Mayo. Hoy en día que nos organizamos con listas, decálogos, “top ten” y toda serie de medidas simbólicas clasificatorias, la política no iba a quedar ajena. De hecho, en nuestro pueblo, estamos asistiendo ya a numerosas publicaciones, entrevistas y comentarios tanto de los equipos de gobierno como de la oposición para calificar esos primeros cien días que se suelen dar “de gracia” a los gobernantes.



Sin embargo, la idea de los cien días no es algo nuevo sino que sus orígenes se remontan a Napoleón Bonaparte y su retorno a Francia y el poder. En marzo de 1815, tras casi un año de reclusión en la isla de Elba, Napoleón protagonizó una espectacular evasión. Al frente de poco más de un millar de hombres, marchó sobre París. Casi nadie pensaba que triunfaría en esta nueva aventura pero Napoleón llegó a París el 20 de marzo de 1815. El 18 de junio la batalla de Waterloo selló su suerte definitivamente. El tiempo trascurrido de restauración del imperio napoleónico son los famosos cien días.

Pero la concepción moderna la encontramos en Franklin D. Roosevelt al acceder a la presidencia de los Estados Unidos en 1933, en plena crisis económica derivada del crack de 1929 y, nada más acceder al poder, usó el lema de los «100 primeros días de gobierno» para adoptar medidas («actuar y actuar ahora”) y demostrar su eficacia ante los ciudadanos. Era el origen del New Deal y del 5 de marzo al 24 de julio tuvo lugar esta revolución política que cambió el país y han copiado todos los presidentes. En realidad no importa demasiado el origen. Lo cierto es que durante este periodo lo usual es que los grupos de Gobierno intenten fijar las propuestas más importantes comprometidas en su programa electoral y la oposición haga gala de cierta cortesía a la hora de afrontar la intensidad de su tarea.

Por tanto, la apertura de los 100 días se ha convertido en una referencia para la medición de las intenciones y la eficacia de un nuevo gobierno municipal. El reto de los 100 primeros días para los gobiernos es fuerte. Sobre todo en el caso de los nuevos gobernantes que necesitan demostrar que ellos no van a defraudar a los votantes y son el cambio que necesitaba este municipio. Es decir, demostrar capacidad de gestión y generar confianza y optimismo. Y aunque sea más simbólico que otra cosa, porque a lo largo de ese centenar de días no se van a solucionar los problemas existentes son importantes porque en política percepción es realidad y la impresión que nos causen en este periodo de tiempo será esencial para construirnos una imagen suya como políticos eficaces o no.

Como dijo un conocido articulista, «nunca tendremos una segunda oportunidad de crear una buena primera impresión. Y los cien primeros días son esa primera impresión».

Sin duda, se trata de un hito mediático, como lo será el primer año de legislatura, pero también un buen ejercicio de transparencia política y de demostración de eficacia en la gestión pública en un plazo de tiempo que la ciudadanía espera, consecuencia del interés despertado por las elecciones y sus efectos inmediatos en la sociedad.

En estos primeros 100 días a los responsables del gobierno se les percibe un gran entusiasmo e ilusión, al afrontar con sentido común, ganas y éxito en algunas de las picias de gestión del anodino gobierno anterior. Esperemos no caigan en la complacencia y loas de sus más fervorosos seguidores y/o interesados y estos 100 días sean un simple espejismo.

Han presentado medidas que merecen su aprobación; la aplicación del superávit presupuestario a inversiones y con ello la creación, por fin, de unas instalaciones adecuadas para el archivo histórico. La publicación de la Agenda de Alcaldía como un ejercicio de transparencia, el compromiso de aprobar los presupuestos en fecha, la activación de obras municipales y PGOU, la reconsideración de ofertas públicas de empleo, entre otras.

No obstante, algunos echamos de menos algún pronunciamiento sobre carencias estructurales que sufre el ayuntamiento; organización de los servicios, la modernización de la administración, el parque de la muela, políticas medioambientales y la transición hacía la economía circular, …. Hubiera sido necesario conocer las intenciones sobre el portal de transparencia y una información veraz y objetiva sobre la externalización del Servicio de Alumbrado Público que llevó a cabo el gobierno anterior, fuertemente contestado por los medios de comunicación y PSOE, entonces en la oposición.

GUILLERMO JIMÉNEZ


lunes, 16 de septiembre de 2019

  • 16.9.19
En tiempos de relatores fallidos, ensayar la primera columna, y comprometerse a pensar desde el sur y desde abajo para un espacio como Andalucía Digital, hoy que priman los quintacolumnistas de toda laya, es cuando menos una temeridad. Pero uno siempre ha estado abonado a tentar la suerte, por esquiva que resulte. Hecha la invitación de mi colega Juan Pablo Bellido, aquí estamos, encontrando nuestra voz.



Dudamos como expresara Ibáñez con la imagen del ciempiés qué pata mover antes, con qué estilo escribir, para qué lectores, con qué agenda de temas y problemas interpelar al lector, nómada itinerante de los dispositivos móviles. Si emular a maestros de la columna como Vázquez Montalbán o retomar el clasicismo de Corpus Barga, o, más bien, quizás, por qué no, pegarnos más a la viva actualidad como el bueno de Francisco Umbral.

La política del estilo, como es sabido, es la política por otros medios. Cambia la forma, ha de cambiar la escritura, no tanto el mensaje. Y pensar en nuestro tiempo cómo pensarnos es, en buena medida, un problema de formas. Pero no tema el lector que nos vayamos por una deriva o disquisición más propia del periodismo y la literatura, que poco conviene a la política, y no hablamos precisamente de la realpolitik, sino de distinguir relato y realidad, el viejo dilema maquiavélico entre ser y apariencia.

Hoy que nuestros responsables públicos basculan, a golpe de encuesta, en la espiral del disimulo discutir de la palabra del verano, y probablemente el año –el relato– es algo más que cuestionar la comunicación política. Se trata, realmente, de comprender un síntoma de nuestro tiempo.

Etimológicamente, relatar significa volver a, llevar unos hechos al conocimiento de alguien, narrar vívidamente un suceso histórico y/o social. Lo curioso del término es que procede del verbo latino refero (volver a llevar). Sobran aquí las palabras, a propósito del inicio de la legislatura y la negociación de un gobierno de progreso. Pues el prefijo fero en la palabra que da origen en latín a relato indica transferir y trasladar o diferir y dilatar.

Y en ello estamos, en procesos psicoanalíticos, narcisistas, de transferencia y de diferimiento, pese a que la raíz latina indica también, en lo correspondiente al verbo fero, las acciones de legislar o producer leyes. Doble paradoja del estado de la nación. Previsible por otra parte, más allá de los actores en escena.

Dice Jacques Rancière que la ficción es la condición para que lo real pueda ser pensado, el problema es cuando lo real deja inane la ficción. Experiencias como el desastre de Macri en Argentina ilustran hasta qué punto la apelación al relato del cambio amenazan con la ruina y producen un hartazgo de incalculables efectos electorales.

De Salvini a Lenín Moreno, de Trump a Bolsonaro, de Sánchez a Iván Duque, vemos cómo las mentiras tienen poco recorrido y alcance, pese a su efectividad en la política del regate corto. En tiempos de grandes turbulencias e incertidumbres, sobran pues los asesores de marketing y estrategias de la imagen electrónica que nos chorrean, como dirían en el país austral, con un discurso de la vacuidad, en el que domina, parafraseando a Marx, pasiones sin verdad; verdades sin pasión; relatos de una historia sin acontecimientos; un proceso cuya única fuerza propulsora parece ser el calendario, y la caducidad, fatigosa, como vemos en España con la ingobernabilidad y las reiteradas convocatorias electorales, por la sempiterna repetición de tensiones y relajamientos; antagonismos que sólo parecen exaltarse periódicamente a efectos de inventario y justificación proselitista y partidaria, lo que termina por embotar y decaer el compromiso cívico, tejiendo como están desde Moncloa y las altas instancias del IBEX 35 las más mezquinas intrigas y comedias de mala calidad sobre el sentido de la Constitución y la Democracia.

El imperio de la retórica sin oficio ni beneficio, salvo el siguiente episodio de más de lo mismo, un melodrama, en definitiva, o telefilm de serie B con destino a rellenar minutos en la parrilla de programación a mayor Gloria de la cotización en bolsa va a tener un mal final, vaticinamos.

Pues el mundo de los cuentos y de las cuentas, los universos paralelos, comunicados y complementarios del entre-tenimiento, solo se sostiene si la gente tiene. La pausa del entre presupone más cosas. Si lo que se dice va por un lado mientras lo que ocurre va por otro y la realidad termina por desbordarse en los contornos del relato con toda la crudeza de lo vivido por la gente, que no es precisamente un melodrama, la representación deja de tener valor.

Llegado a este punto, lo que denominan la batalla por el relato no deja de ser otra cosa, en fin, que el cutre sainete del reino del filibusterismo. La asunción de una política de bellas palabras, consistente como costumbre en no hacer lo que se dice ni decir lo que se hace, deja de ser funcional.

Y los sofistas perniciosos de la política de lo peor se convierten en todo un peligro: no tanto por lo que dicen si no porque escamotean el contenido en el fragor de la frase y la espuma de la gestualidad malinterpretada de una suerte de culebrón que entretiene mientras nos tienen atentos a la pantalla.

Muchos profesionales de la opinión gratuita han acusado a Pedro Sánchez de ser el Ken de la política, un sinsustancia, un político fatuo de ínfulas incontenibles Pero el problema, como decimos, no es el actor, o los actores, ni el juego narcisista propio de toda representación.

El problema es la política del escamoteo, la prevalencia de un sistema de comunicación política creado para errar, una administración comunicativa hiperinflacionista, absorta en una suerte de autismo, empeñada en que olvidemos la historia y la vida de perversos efectos, como probablemente veamos.

Como suele ser habitual en este tipo de situaciones, esperamos equivocarnos, queda la traca final de la desafección: los jefes se regodearán, empezando por Sánchez, en la satisfacción agridulce de poder acusar a su pueblo de deserción y falta de apoyo, de ser responsables de la restauración neofranquista, y el pueblo replicará que fueron engañados en su manifestación en las urnas.

En definitiva, si bien no hay campo de acción sin discurso, la práctica política como storytelling, ni genera escucha ni tiene eficacia a largo plazo. Antes bien, contribuye al pensamiento cínico, y todos sabemos que tras la razón cínica anida el fascismo: en Estados Unidos, con las fake news, y en España con VOX. Todo consiste en lo mismo: la negación de la realidad para anular la voz de los de abajo, simple y llanamente.

En estas estamos, y en esta disputa el sentido común que es el común del derecho de gentes pasa por pensar las palabras y la comunicación de acuerdo al principio del clinamen. Lo demás es pura tontería. La cuestión es, hasta cuándo soportará la población esta secuela o mala película de una democracia de baja intensidad. ¿Renunciaremos a dejar en manos de asesores de imagen el presente y futuro de nuestra vida en común ? Espero que no, aunque dejen de leernos.

FRANCISCO SIERRA CABALLERO

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