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jueves, 20 de febrero de 2020

  • 20.2.20
El pasado 9 de febrero se celebró una efeméride en la Filmoteca Española: el centenario del estreno de Das Cabinet des Dr. Caligari (El gabinete del doctor Caligari, 1620), de Robert Wiene. El guion de esta película de terror fue elaborado por Hans Janowitz y Carl Mayer, basado en un hecho real vivido por el propio Janowitz.



Como suele decirse en estos casos, ¡ojo! ¡Spoiler! El joven Franzis cuenta la llegada a su ciudad natal del doctor Caligari con un sonámbulo, Cesare. Se suceden varios crímenes, ordenados por Caligari a un Cesare inconsciente. En el quinto acto, el criminal es detenido y metido en un hospital psiquiátrico. Sin embargo, en un último acto añadido al guion original, tras la narración del joven, el espectador se encuentra con la sorpresa de que Caligari es en realidad el director del psiquiátrico, y que Franzis es un internado más. Al final de la película, tras sufrir un ataque del protagonista, el director afirma con una mirada inquietante: “¡Por fin comprendo su locura! ¡Me tiene por el místico Caligari! ¡Y ahora también sé cómo curarlo!”.



Esa es la clave de la película: ¿Quién es el enfermo? ¿El joven o el doctor? ¿La autoridad enloquecedora es la encargada de la curación? Los guionistas manifestaron su deseo de mostrar la superación de la autoridad totalitaria, y se sintieron molestos por el añadido que invirtió los papeles. Si Franzis es el enfermo, el doctor es una autoridad benéfica. Si no, el joven queda a su merced. Una duda imposible de resolver con la información aportada por la película y que ha dado lugar a numerosas publicaciones.

Todavía el lenguaje cinematográfico estaba en construcción y, de hecho, la película tiene mucha herencia del teatro. Los decorados reflejan la mente del desquiciado, con escritorios y sillas de casi dos metros de altura, imágenes retorcidas, paredes de proporciones irregulares... Y a todo ello hay que sumarle las particularidades de las películas mudas del período.



Das Cabinet des Dr. Caligari es considerada la primera película del movimiento conocido como Expresionismo alemán, y fue la primera película notable de la industria cinematográfica de la República de Weimar. Hay quien considera que la primera del movimiento fue la pionera Der student von Prag (El estudiante de Praga, 1913), si bien siempre lo he considerado más como un antecedente que como un hito fundacional.

No todo el cine de Entreguerras en Alemania fue expresionista, pero sí que tuvo un carácter único. Entre el expresionismo y el realismo, nos encontramos con películas emblemáticas como Genuine (1920), Nosferatu, eine Symphonie des Grauens (Nosferatu: Una sinfonía del horror, 1922), Dr. Mabuse (1922, en dos partes, que daría lugar a una saga), Die Straße (La Calle, 1923) Metrópolis (1927), Der blaue Engel (El Ángel Azul, 1930, que lanzó al estrellato a Marlene Dietrich), M, Eine Stadt sucht einen Mörder (M, el Vampiro de Düsseldorf, 1931) y otras joyas desconocidas por el gran público.

Si aceptamos las tesis de Sigfried Kracauer, todas ellas reflejan un estado psicológico favorable al totalitarismo, que facilitó el ascenso del nazismo. En especial, Kracauer hace hincapié en los principios del cine de Entreguerras, netamente expresionista, y el último período, ya influido por la industria estadounidense y más cercana al realismo.

Si bien es fruto de una casualidad, no son pocos a los que se les escapa que la primera película notable de la República de Weimar concluye de la misma manera que la última película importante de este período, Das Testament des Dr. Mabuse (El testamento del Dr. Mabuse, 1933): en un psiquiátrico. Buena metáfora de lo que fue el país.

En 2014 se estrenó el documental Von Caligari zu Hitler: Das deutsche Kino im Zeitalter der Massen, expuesto en el Festival de Cine de Sevilla, que trata de explicar el cine de la República de Weimar desde las tesis de Kracauer: “¿Qué sabe el cine de nosotros, que nosotros no?”. Una pregunta inquietante.



Me he hecho muchas veces esa pregunta en nuestro contexto. ¿Qué sabe el cine de nosotros que nosotros mismos no sepamos? No sé si hay una respuesta. Sería reconocer que es posible extraer las tendencias psicológicas de una población a través del análisis del contenido o, incluso, del discurso, de un corpus conformado por películas.

Sea como sea, vale la pena reflexionar sobre la cuestión en un momento en el que el país no se sostiene: los populismos arrecian, la crisis económica promete agudizarse y no hay valores estables. ¿Qué dicen de nosotros películas como Dolor y Gloria, Quien a hierro mata, Mientras dure la Guerra o Lo que arde? Admito que no me siento capacitado para encontrarle una solución. No soy tertuliano.

En cualquier caso, para los que tengan curiosidad, les diré que el evento de la Filmoteca Española fue un éxito. La sala 1 del Cine Doré de Madrid estuvo casi lleno, y disfrutamos de música en directo de manos de un DJ alemán especializado en la musicalización de obras del período, Raphäel Marionneau. Una gozada que no creo que se repita en mucho tiempo. En cualquier caso, recomiendo visualizar la película a quien no lo haya hecho ya. No deja indiferente a nadie.

Haereticus dixit.

RAFAEL SOTO

lunes, 17 de febrero de 2020

  • 17.2.20
Acostumbrados a lo “normal”, esa regla que estandariza y homogeniza lo diverso en casi todos los órdenes de la existencia (moda, costumbres, ideas, cultura, economía, política, comercio, deportes, ocio...), llama la atención el éxito que están obteniendo en los últimos tiempos las “excepciones”.



En una sociedad como la Occidental, que se amolda a lo establecido y sirve de “modelo” al resto del mundo (desde su gorrita de béisbol, a su música, su sistema de valores y hasta sus manías), están de un tiempo a esta parte emergiendo los que antes eran “invisibles”, los ignorados o excluidos que no se ajustaban a lo “normal”, entendiendo “normal” como sinónimo de “mayoría”, lo que es mayoritario o común.

Un concepto estadístico que solo refleja porcentajes, aunque sean mayoritarios, de hábitos, costumbres y formas de ser en cada lugar y tiempo, y no como categoría ética o natural de lo correcto, bueno o sano. Es por eso que hubo una época en que fue considerado “normal” fumar, pero ni entonces ni hoy era bueno ni conveniente, desde el punto de vista de la salud, por mucho que esa aparente mayoría –y la industria que la incentiva– se empeñase en imponer un vicio nocivo para el fumador y para el no fumador.

Hoy día, las excepciones a la norma están teniendo éxito y reconocimiento. Van siendo valoradas como una opción tan legítima como la ortodoxa y, si acaso, mucho más efectiva para triunfar en algunos aspectos en que era considerada una extravagancia o un hándicap para alcanzar cualquier objetivo en la vida.

En una sociedad que presume de “normalidad”, los discapacitados, los que sufren determinadas enfermedades y trastornos psíquicos, los dependientes de sustancias adictivas o los que se comportan contra las normas sociales, todos ellos están dejando de ser “raros” y llegan a convertirse en ejemplos dignos de admiración y seguimiento. Son modelos “heterodoxos” de lograr cualquier ambición o éxito que se desee.

Es el caso de la artista norteamericana Billie Eilish, una cantante y compositora adolescente a la que el síndrome de Tourette, un trastorno neuropsiquiátrico, la hace parecer indolente, inexpresiva o aburrida, lo que en otros tiempos la hubiera condenado a encerrarse en su casa y ocultarse de los demás.

Hoy, sin embargo, ni sus tics ni su apariencia le impiden, no solo ser todo un fenómeno musical que consigue los más codiciados galardones, como los premios Grammy, sino demostrar, ante los ojos cuadriculados de los demás, su inteligencia y capacidad para triunfar donde artistas “normales” les cuesta o fracasan. Aparte de sus dotes musicales, ha sabido utilizar su “excentricidad” para distinguirse con enorme acierto. Un éxito de la excepción.

Algo similar le ha sucedido a Jeremy Meeks, un exdelincuente que tiene todo el cuerpo lleno de tatuajes y que, en el pasado, si te hubieras tropezado con él en medio de la noche, habrías cambiado de acera. La verdad es que estuvo arrestado y preso en Los Ángeles por robar a mano armada, pero un rostro bien parecido y una excelente forma física le valieron para convertirse en un “top model” cotizado y un sex symbol masculino de las pasarelas.

En su caso, no era una discapacidad lo que le apartaba de la “normalidad”, sino una tendencia antisocial hacia los bienes ajenos. Cazadores de “belleza” para diseñadores y algo de suerte le permitieron ingresar en el sofisticado mundo de la moda y olvidar aquella época en que era parte de los “otros”, de los rechazados o esquivados por la sociedad. Otro éxito de la excepción.

Pero el caso más significativo es el representado por Greta Thunberg, el icono del activismo juvenil contra el cambio climático y la lucha por el medio ambiente. Esta estudiante sueca de 17 años, que padece el síndrome de Asperger, un trastorno mental del espectro del autismo, ha conseguido ser referente mundial en la lucha contra el cambio climático e invitada imprescindible en los encuentros políticos o ecológicos del máximo nivel, como la Cumbre del Clima, la ONU y el foro de Davos, por ejemplo.

Su aspecto delicado, la actitud convulsiva y sus discursos entre el enfado y la riña, exigiendo actuar más y mejor a los gobiernos para combatir la contaminación, reducir la huella de carbono de la actividad humana y potenciar más decididamente la sostenibilidad, es todo un símbolo mundial.

Su incapacidad psíquica, con sus depresiones y su mutismo selectivo, le han servido para emprender una lucha que nadie, al principio, tomaba en serio. Pero desde que comenzó a faltar a clase para protestar todos los viernes, con un cartel elaborado a mano por ella misma invitando a una huelga escolar por el clima, otros jóvenes en diversos países la imitaron hasta constituir todo un movimiento ecológico global que ya es imposible ignorar. Un éxito indudable de la excepción en el activismo ecológico.

No son los únicos, pero los citados tal vez sean los ejemplos excepcionales más conocidos en todo el mundo. Sin embargo, historias similares se producen cada día en nuestras ciudades y en el anonimato de nuestros barrios, donde personas con el síndrome de Down consiguen trabajar y llevar una vida tan “normal” como la de cualquiera. O exdelincuentes y drogadictos que logran superar sus “baches” para incorporarse a la “normalidad” familiar y laboral que ambiciona cualquier ciudadano. Y muchos más.

Todos y cada uno de ellos son ejemplos de que de la invisibilidad se puede salir, que ser “raro” no es un estigma que impida el desarrollo de la persona en su integridad y dignidad, y que la excepción también es una posibilidad de éxito. El triunfo de la excepción.

DANIEL GUERRERO

domingo, 16 de febrero de 2020

  • 16.2.20
Me gustaría que en esta nueva serie aparecieran pronto mujeres españolas que han dejado huella dentro del campo de la pintura, pero nos tendríamos que remitir a tiempos históricamente cercanos como es el siglo pasado para que viéramos asomar algún nombre femenino dentro de este ámbito. A fin de cuentas, esta ausencia es el reflejo de la cultura fuertemente patriarcal que se desarrolló en la sociedad que hunde sus raíces en un país en el que históricamente las ideas liberales o igualitarias eran arrinconadas, cuando no aplastadas sin miramientos.



Habrá que esperar, pues, a que hayan aparecido algunos nombres de pintoras fuera de nuestras fronteras que abrieron cierta brecha en siglos anteriores; aunque justo es de reconocer que tampoco se las suele citar en los libros de arte o se las presenta en exposiciones con la relevancia que ellas tenían.

En esta ocasión quisiera citar a la suiza Angelica Kauffmann (1741-1807), intentando ser breve, no extendiéndome en datos biográficos que serían adecuados en revistas especializadas, para destacar algunas de sus obras con el fin de conocer tanto sus valores pictóricos como los temas que abordaba, que, a fin de cuentas, estaban constreñidos a los marcados por la sociedad que su época consideraba que eran específicamente adecuados al género femenino.

Como es de esperar, son escasas las obras publicadas en nuestro país que hablen de las pintoras. Para este trabajo, he de mencionar dos que he podido consultar: una de ellas es Seeing Ourselves. Women´s Self-Portraits de Frances Borzello; la otra es el excelente libro Ellas mismas. Autorretratos de pintoras de la escritora Ángeles Caso, quien nos introduce en ese mundo de las artes plásticas con nombre de mujer. De Ángeles Caso, extraigo este comentario:

“Kauffmann fue una de aquellas niñas prodigio que tanto gustaban en el siglo XVIII, conocida desde muy joven por su talento para las artes plásticas y por su bellísima voz. Su educación había sido extraordinaria: su padre, Joseph Kauffmann, era un buen retratista austríaco, que la enseñó a pintar desde pequeña. Su madre, Cleophea Lutz, se ocupó además de su formación intelectual y del aprendizaje de idiomas”.

Un hecho que se repite en las pintoras pioneras es el respaldo familiar que reciben cuando sus progenitores comprueban el talento de sus hijas. Tengo que resaltar esto dado que, si no se cuenta con ese apoyo, entonces difícilmente una chica podría entrar en un campo que se consideraba esencialmente masculino.

Por otro lado, en la cita anterior se indica que el padre de Angelica era retratista. Esto enlaza con una de las temáticas muy habitual dentro de las artistas: el retrato femenino como cuestión prioritaria de las mujeres pintoras, dado que era un ámbito asequible para ellas. Esta es la razón por la que he seleccionado como portada del artículo un fragmento de un autorretrato que la propia pintora hizo de sí misma en el año 1784, es decir, cuando contaba cuarenta y tres años.



Remitiéndonos a sus orígenes, tendría que apuntar que Angelica Kauffmann nació en Coire, capital del cantón suizo de Los Grisones, colindante con Austria. Tal como he indicado, la profesión de su padre fue crucial para su desarrollo artístico, puesto que comenzó a pintar desde muy joven. Con quince años ya realizaba excelentes retratos, y, aunque ella no se consideraba únicamente como retratista, lo cierto es que el dominio que llegó a adquirir dentro de esta temática es innegable, tal como podemos comprobar en los dos cuadros anteriores que he seleccionado de su extensa producción.

El primero lleva por título Retrato de una dama, realizado en 1780. El siguiente es de un personaje masculino: el que corresponde a su padre Joseph Johann Kaufmann, al que también lo muestra en plano medio y en el que se aprecia la madurez pictórica que Angelica había adquirido en el retrato de personas cercanas a su entorno.



Como cabía esperar, las escenas predominantes en el mundo de una artista del siglo XVIII eran de tipo femenino, pues a pesar del prestigio que había alcanzado, dado que fue una de las fundadoras de la Royal Academy of Art de Londres, lo cierto es que contar con modelos masculinos en su taller de pintura resultaba bastante cuestionable socialmente para la moral imperante de entonces.

Un ejemplo de este mundo de la intimidad femenina lo manifiesta el lienzo Tres hermanas, de 1795, cuando la autora contaba con cincuenta y un años. En el cuadro aparecen tres mujeres jóvenes que, muy cercanas entre sí, miran hacia un libro como si lo estuvieran leyendo.



Uno de los hechos más singulares de la biografía de Angelica Kauffmann fue su primer matrimonio. Así, en 1757, contando con solo dieciséis años, se casa con un supuesto noble sueco, el conde de Horn, quien finalmente resultó ser un impostor, aparte de bígamo. Cabe entender el sufrimiento de Angelica al conocer que había sido engañada impunemente, ya que tuvo que esperar a la muerte de este personaje, en 1780, para anular a posteriori ese matrimonio.

Por otro lado, y como nos dice Ángeles Caso: “Consciente de su talento y de su calidad, Kauffmann no quiso resignarse a ser una famosa retratista más, y comenzó a practicar cada vez más a menudo la pintura de la historia, grandes cuadros con representaciones mitológicas o temas inspirados en la literatura. Ese era el género pictórico que en aquel momento del Neoclasicismo se consideraba superior a todos”.

Ciertamente, las temáticas históricas o mitológicas obligaban a los pintores a tener sólidos conocimientos intelectuales, al tiempo que una gran competencia en el dibujo y la composición. Esto lo apreciamos en el cuadro Ariadna abandonada por Teseo, de 1774, en el que se aprecia un dominio de la figura femenina, plasmada con cierto lirismo y lejos del dramatismo que podía esperarse en la figura mitológica de Ariadna.



Quizás el lienzo más exitoso de la artista suiza haya sido el que llevaba por título La artista dudando entre la Música y la Pintura, realizado en 1791 o en 1794 (se desconoce la fecha exacta), en el que vemos a la propia autora en el centro de la escena, rodeada entre la musa de la Música y la de la Pintura, ya que estas dos manifestaciones artísticas fueron sus pasiones a lo largo de su vida.

Angelica Kauffmann mantuvo su fama y su prestigio a lo largo de su vida. Así, cuando falleció el 5 de noviembre de 1807 a los sesenta y seis años en Roma, donde se había instalado tras haber contraído un nuevo matrimonio con el pintor italiano Antonio Zucchi, tuvo un claro reconocimiento social, ya que su funeral fue organizado por el escultor neoclásico Antonio Canova, de modo que dos obras suyas fueron llevadas en procesión hasta la iglesia de Sant’Andrea delle Frate donde fue enterrada.

AURELIANO SÁINZ

sábado, 15 de febrero de 2020

  • 15.2.20
Me siento alegre cuando duermo bien; cuando me levanto y la realidad no pesa; cuando los árboles vuelven a ser tridimensionales y la naturaleza se abre paso entre las tinieblas de mi mente haciéndome ver que solo eran malos pensamientos. Pensamientos que me atrapan y me meten en un agujero excavado en una tierra oscura.



Me siento alegre cuando me levanto con ganas de caminar, de hablar, de ser yo misma sin hipotéticos escenarios tenebrosos. Es la alegría de vivir, de contemplar todo sin deseos u objetivos: hablar con la gente, ver pasar el río, contemplar las nubes sin prisas y carreras. Todo se para y todo tiene sentido.

Estudiar tanto y relacionarme poco a veces me vuelve demasiado introspectiva. Nadie que no haya estudiado unas oposiciones no sabe lo duro que es vivir por páginas y con un fin que nunca llega. La mente solo se centra en estudiar para aprobar y lo demás no existe. Pero a veces me pregunto: "¿Qué pasaría, Marta, si mañana desapareces? ¿Para qué estudias? Es el yin y el yang de mi existencia: el ahora o el futuro.

Pero es que si solo vivo el ahora, ¿cómo llego a tener un un futuro, una estabilidad? El equilibrio entre planificar y no desperdiciar el momento presente me vuelve loca a ratos. Sé que tengo que mirar al horizonte y soltar este agarre que tengo de querer estar en todas partes y controlar todos mis sentimientos. Me encanta cuando confío en la vida y me dejo llevar, cuando me veo como un ser humano que no controla nada. Ahí me inundo de alegría porque esa sí que es la realidad, la de verdad.

Se acerca la fecha del examen y encontrar la calma en la centrifugadora de mi cabeza es difícil, pero mi esencia siempre busca la paz, la tranquilidad que te deja quietos los pensamientos y solo te quedan los sentidos para percibir los cambios de todo lo que te rodea. El camino es abrupto pero estoy segura de que mi mente alegre encontrará el sendero que lleva al abandono y a esa deseada calma.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ


  • 15.2.20
Uno de los grandes y graves problemas con el que nos encontramos en la actualidad es el de viviendas, más que en número, que a veces también, en la posibilidad del acceso a la mista tanto en cuanto se ha convertido, más que en un derecho, en un artículo de lujo. Pero la falta de vivienda en nuestro pueblo no es algo nuevo; tampoco es una cuestión o un problema que ataña únicamente a nuestro pueblo, pero es en el mismo donde me voy a centrar.



El primer documento que nos habla de vecinos y de viviendas es el Censo de 1588. Gracias al mismo podemos hacer una comparación entre el número de vecinos, que eran 200 (entendiendo como tal al cabeza de familia y a su prole, aunque también había viudas) y el de viviendas, que eran unas 180. Estamos ante el primer dato que nos habla de falta de viviendas en un pueblo de algo más de 800-1.000 habitantes. Y como decíamos anteriormente, no es un problema que atañe únicamente al Viso, sino que se repite en los pueblos de la comarca: Alcalá, Mairena, Carmona y Gandul; únicamente Guadajoz, que contaba con 89 vecinos, tenía 89 casas.

Medio siglo después, fray Pedro de San Cecilio nos describe la localidad de la siguiente manera: “ El lugar del Visso es de corta vecindad, y casi toda pobre. No pasan sus casas de ciento y setenta, todas de humilde edificio”. En esta breve descripción el número de viviendas sigue siendo similar. Podemos apreciar cómo la construcción de viviendas se ha paralizado, tal vez por la grave crisis social y económica del momento.
Si el siglo XVII resulta un tanto desalentador, lo mismo podemos decir de la primera parte del siguiente, pues el Catastro de Ensenada (1755) nos dice que en nuestro pueblo había 450 vecinos, 343 viviendas hábiles y 3 en estado de ruina, por lo que el déficit habitacional en estos momentos era de 107 viviendas. En 1785 nos encontramos con 604 vecinos y 461viviendas, por lo que la falta de vivienda asciende a 143, por lo que en una misma casa viviría una familia compuesta por abuelos, padres e hijos, con el consiguiente problema de hacinamiento y de salubridad, más si tenemos en cuenta que éstas eran, por regla general, pequeñas.

En este contexto de déficit de viviendas podemos entender que en el período comprendido entre 1747 y 1799 contabilicemos, para el caso de El Viso, 117 licencias para construir casas en distintas calles, lo que hace una media de 2,25 viviendas al año, número insuficiente, más si tenemos en cuente que este período coincide con un incremento poblacional que se nutre, además del crecimiento natural (la diferencia entre nacidos y fallecidos) del elevado número de personas procedentes de otros lugares que ven en Andalucía un lugar idóneo en el que buscar mejores condiciones de vida.

Ya entrados en el siglo XIX nos encontramos con la ausencia de fuentes hasta 1885, fecha en la que el Ayuntamiento, al parecer sin permiso del Marqués del Moscoso, había concedido la construcción de más de 200 viviendas ante la gran necesidad que había. A pesar de ello, el Marqués que era el propietario de la gran mayoría de las tierras que conforman actualmente el casco urbano, revocó el permiso. Esto hace que nos encontremos en 1889 con un total de 1638 familias y 1222 viviendas (hay un déficit de 416).

A lo largo del siglo XX nos vamos a encontrar con el mismo problema. Así en 1910 el déficit era de unas 280 viviendas, en 1930 de algo más de 600 y treinta años después, en 1962 unas 500, lo que nos puede dar una idea del grave problema con el que se encuentra el Ayuntamiento y que intentará solventar con la creación de nuevos barrios, es el caso del denominado “Barrio de las Anchoas” o “de las suegras”, unos 7000 metros de terreno situados entre las calles San José, San Laureano, Santa Ana y Corredera. Se trataba, de esta manera, de abrir una calle entre las de San José y Queipo de Llano. Como en dicho lugar estaba proyectada la construcción de un grupo escolar, era necesario abrir entre las calles Santa Ana y la Plaza de San Gil una calle que sería bautizada como Roma. Las calles del nuevo barrio (salvo la denominada como Lepanto y plaza de Bastilippo) van a recibir nombres vinculados con la historia de Roma: Teodosio, Adriano, Trajano, Séneca y plaza de Itálica, nombres muy recurrentes si tenemos en cuenta que en dicho lugar hubo una necrópolis y cuando los vecinos empezaron a construir sus modestas viviendas, en el subsuelo, aparecieron restos humanos de este período.

Hay que decir que el barrio se construyó en dos fases que vienen marcadas por sus dos calles principales: Trajano y San Laureano.
Otro barrio surge justo enfrente, en el otro margen de la Corredera, es el que se conoce como del “Depósito del Agua”, de ahí el nombre de sus calles: Agua, Lumbreras y Pozo, lugar donde se va a construir un grupo escolar y una nueva plaza de abastos que recibirá el nombre de Santa Ana.
En el otro extremo, hacia el SO de la localidad, en los pagos de Santa Lucía y de la Muela, el Ayuntamiento va a presentar un plan de expansión del casco urbano en una zona apta para construir por estar situada en un terreno llano. Para poder ejecutar este ambicioso plan el Consistorio inicia la compra y expropiación de terrenos, por lo que pide ayuda económica a la Diputación.

Otro de los nuevos sectores por donde se va a producir el crecimiento urbano de la localidad, a principios de la década de los sesenta, es el tramo comprendido entre las traseras de la calle Manuel Jiménez León y las de la calle Conde. Así el pleno municipal concederá los pertinentes permisos a Francisco Martín Caraver para derribar la casa número 21 de la calle Manuel Jiménez León y abrir una calle (denominada Juan XXIII) que comunicaría con la de Armero (con posterioridad Juan Bautista). No podemos olvidar tampoco el barrio que nace en lo que fue el “olivar del Cura”, al final de lo que era el callejón de “enriquito”, o la parcelación a mediados de los años 60 de la huerta del Carmen, entre otras.

Sin duda alguna entre los años 60 y 70, el crecimiento urbano, un tanto desordenado, configuró lo que es la actual trama urbana de la localidad que sigue creciendo de forma irracional, pues no se colmatan espacios vacíos que van quedando en determinados barrios, y lo que es más preocupante, el vacío poblacional que se viene observando en el centro urbano, de tal manera que estamos dando lugar a espacios vaciados; la urbe se está convirtiendo en un gigantesco donut. Es un fenómeno similar al que ocurrió a finales de la Edad Media cuando los pueblos ubicados en torno a un castillo fueron abandonando las zonas más escarpadas y se establecieron en zonas más llanas. La diferencia entre un momento y otro está en el hecho de que el la Edad Media no había normas urbanísticas y en la actualidad sí.

Por otra parte, la especulación de los terrenos y la débil economía de los jóvenes, a lo largo de los años 80 y 90, va a provocar un fenómeno que va a consistir en “doblar” las viviendas, por lo que nos encontramos en la planta baja la familia que construyó la vivienda, y en el alta un piso que se construye, no sin trabajo, para una de las hijas casaderas de la familia. Estamos ante un fenómeno sociológico digno de estudiar pues es por regla general una de las hijas la que se queda a vivir en la nueva vivienda con la “obligación” adquirida implícitamente de hacerse cargo de sus padres cuando éstos requieran cuidados.

Para terminar, hay que decir que el censo de población y vivienda del año 2011 que nos ofrece el Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía, en nuestro pueblo había 7.394 viviendas familiares y 368 secundarias. Lo que llama poderosamente la atención es la existencia de 1.162 viviendas vacías.


JOSÉ ÁNGEL CAMPILLO


viernes, 14 de febrero de 2020

  • 14.2.20
Vivimos el presente. O, mejor dicho, vivimos en el presente. Hay quien no vive, pese a que cueste creerlo. Vivimos el presente como un tiempo eterno en nuestras vidas, como un conjunto de momentos dispersos que vagan por nuestra memoria descontextualizados de cualquier entorno. Ni la memoria más eficaz abarca a ordenarlos con orden y concierto, sin otra música que distraiga de su principal argumento. Vivimos el presente como un tiempo indefinido que se nos escurre de las manos como hielo derretido.



Apenas han pasado unas horas, y ya olvidamos sin pretensión la mirada fugitiva que buscaban nuestras manos o el whisky que nos reconfortó a atravesar la noche. No hay rasguños en la memoria, ni heridas abiertas que sanaron en su día, pero ese olvido nunca premeditado borra a cada instante toda hora vivida, sin ser conscientes de que en ese balance imposible de nuestras vidas dejamos atrás trozos irrecuperables de ese presente, de ese tiempo de ahora, que muere en cada instante.

El presente es ya pasado. La vida, después de todo, se mueve en un hoy huidizo que nunca logramos atrapar para imprimirlo con tinta indeleble. En ese paso indeleble y fugitivo del hoy al ayer, apenas quedan indicios, pruebas o declaraciones que demuestren que las horas que dejamos atrás fueron nuestras o de los más próximas.

Recordar qué hicimos hace apenas dos semanas es un esfuerzo hercúleo que no conduce a ninguna parte. Vivimos entre un tiempo que naufragó hace mucho y cuya memoria es un vacío sin fondo, un agujero negro en una biografía apócrifa que nadie reconoce como propia.

Y el futuro es un argumento que alimentamos en las movedizas arenas de cualquier desierto naufragado. Los océanos, en su misteriosa profundidad, esconden una quietud e inquietud colectivas y anónimas que no pertenece a nadie. Alimentamos el futuro con frases invisibles e imágenes mudas. Trazamos fronteras imposibles e inoportunas entre el presente y el futuro.

Pero solo en los estrechos bastiones que atravesamos en la vida real y en aquellos otros mundos virtuales con que alimentamos la poesía, los tiempos que ensamblan presente y futuro son reales. Pero en aquel mapa virtual de la vida que habitamos y en este otro crucigrama real que construimos con palabras, el hilo de arácnida que une presente y futuro representa la más acertada metáfora de la existencia.

Carlos Revolli es físico teórico, pero de él dice también Gianfranco Angelucci que es poeta. En su memorable obra El orden del tiempo, escribe que la física de los siglos XIX y XX se tropezó también con algo tan inesperado como desconcertante de que el tiempo transcurra a velocidades distintas en diferentes lugares, y es que “la diferencia entre pasado y futuro –entre causa y efecto, entre memoria y esperanza, entre remordimiento e intención– no existe en las leyes elementales que describen los mecanismos del mundo”.

Pero este argumento parece más propio de la poesía que de la física. Tal vez, cuando Revolli se encierra a escribir, le pueda más el corazón del poeta que la razón del físico. O bien puede ser también que ambos mundos no vivan tan equidistantes como los dioses y sus delegados en la tierra nos quieren hacer creer.

Luego viene la noche y nos envuelve en una oscuridad que admitimos sin dilemas y que, extraviados en esos sueños que doblegan toda razón y fantasía, nos llevan y traen de un mundo irreal a otra fantasía tangible. Pero, al despertar, buscamos ante el espejo un rostro que no reconocemos como propio y nos palpamos los ojos y la mirada y allá tampoco encontramos a nadie con quien convivimos en esas pesadillas que siempre pasan a ser pedazos de un puzle al que llamamos "olvido".

Vivimos entre un mundo que se extinguió y que se extingue y que cada vez ocupa más espacio en nuestras vidas. Y en ese perímetro que denominamos "pasado" tendemos un puente hacia un futuro imaginado e imposible, para no caer al vacío difícil y estrecho del tiempo presente, una provincia sin país, un tiempo sin límites y tan limitado, una casa que se derrumba ladrillo a ladrillo, como un movimiento sísmico implacable y eterno que destruye y consume todo a su paso. Un tiempo al que llamamos "presente" y que nada más pronunciado es territorio de un pasado que deja paso al olvido más pertinaz y que deja de ser, como consecuencia, parte inalienable de nuestras vidas.

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

jueves, 13 de febrero de 2020

  • 13.2.20
El Día de los Enamorados se remonta a antes de la aparición del cristianismo. Su origen coincide con las Lupercales, fiesta dedicada al Dios de la Fertilidad y de la Sexualidad. Ofrecían ritos de purificación y pedían al Dios que les favoreciera con un buen cambio de estación para obtener fertilidad tanto humana como agrícola. Luperco deriva de lobo (lupus) y hace referencia al Fauno Luperco, romanización de Pan, el Dios griego de la Agricultura.



Como curiosidad, los miembros lupercales se reunían en una cueva sagrada donde sacrificaban una cabra. A continuación, los niños salían a la calle para azotar a las mujeres con la piel de los animales, para que aumentaran la fertilidad. Las Lupercales se celebran el 15 de febrero en el entorno del monte Palatino. Son el origen del Carnaval y de la fiesta de los enamorados o san Valentín.

¿Por qué el 14 de febrero se celebra el Día de los Enamorados o san Valentín? Los antecedentes quedan claros en la fiesta romana. Llamarle san Valentín o enamorados depende del matiz cristiano o no cristiano que se le quiera dar a dicho evento.

La excusa o la razón de tal celebración nos la plantean como una forma de sorprender a nuestra pareja con regalos variados y festejar el amor compartido. Dicha festividad se conmemora en bastantes países, cada cual según sus tradiciones. Pero ¿dónde se celebra dicha festividad y cómo? Hago un breve recorrido por algunos países de la mano de Canal de Historia, que ofrece bastante información. Veamos algunos ejemplos.

Parece ser que esta festividad, como se le conoce en la actualidad, tiene su origen sobre el siglo XIV en el Reino Unido, donde comenzó como la fiesta de la amistad. También en Inglaterra, Jack Valentine, personaje misterioso, la noche antes de san Valentín llama a las puertas y deja regalitos para grandes y pequeños. Debe desaparecer sin ser visto.

En Francia hay costumbre de reunirse hombres y mujeres por separado en dos casas. Por la ventana van asomándose para decidir a quién le atraen la mujer asomada. Las no seleccionadas queman las fotos de los hombres que las rechazaron. Dicha fiesta está prohibida en la actualidad. ¿Por parecer una ofensa o un desprecio? No, simplemente por el descontrol bullanguero que se monta.

Brasil celebra el Día de los Enamorados el 12 de junio, festividad de san Antonio de Padua, patrón del amor y del matrimonio, día en que se exalta el amor romántico y la amistad. A modo de juego, cada mujer soltera escribirá en un papel el nombre de su “amor” y hay que adivinar de quién es dicho mensaje. Otra referencia más.

China celebra en agosto “la leyenda de los amantes” (la Noche de los Siete Qi xi). Se refiere a la historia de un hada y un mortal que se casan desobedeciendo a los dioses. Al enfadarlos, estos crean la Vía Láctea para separarlos y solo les dejan verse una vez al año coincidiendo con la celebración del “Qi xi”. Dicha fiesta también es la excusa para que las mujeres pidan al dios Zhinu encontrar al amor de su vida.

En la República Checa, las parejas de enamorados deben besarse bajo un cerezo en flor para obtener felicidad y salud en su relación. La fiesta se celebra a primeros de mayo, siguiendo sus costumbres, que vienen de lejos.

En Dinamarca y Noruega no está muy arraigada dicha fiesta. Aun así, en san Valentín los hombres mandan cartas con poemas anónimos, dejando pistas de su identidad y las chicas, si lo adivinan, ganan un huevo para Semana Santa; si no lo descubren, se lo deben.

En El Salvador se celebra el Amigo Invisible por san Valentín a través del juego del Angelito en el que participan pequeños y mayores haciéndose regalos. El fin del juego es adivinar quién te hizo tal regalo. Previamente se envían cartas o notas dando pistas. En Colombia y Paraguay es muy popular celebrar el Día de la Amistad.

En Guatemala se celebra el Día del Amor Platónico o Romántico. La nota simpática la pone el llamado “Amor Viejo”, consistente en un desfile de mayores vestidos con trajes originales y adornados con corazones o flores. Las flores son indicio de amor.

En Japón y Corea ese día se regala chocolate a los hombres. Operación que se repite a la inversa en marzo en el llamado “Día Blanco”. En Corea se celebra el “Día Negro”, que sirve de consolación para los solteros no elegidos y que quedan desparejados.

En Perú es típico intercambiar orquídeas como muestra de amor. Esta clase de flor es muy abundante y de variados colores y parece que bastante caras de precio. Recordemos que, en este caso, las orquídeas simbolizan un amor profundo. Y por amor… lo que sea.

En Filipinas, el Día de los Enamorados se celebran, a lo grande, muchas bodas que duran más de lo normal y, si es posible, las oficia un personaje socialmente conocido. En Polonia existe la costumbre de viajar a la “Ciudad de los Amantes”, Chelmo, donde aseguran que reposan las reliquias de san Valentín. La pareja le pide al santo un matrimonio feliz.

Rumanía celebra san Valentín el 24 de febrero. Tradicionalmente le llaman el día de “Dragobete”, personaje mitológico joven y bello parecido a Cupido que protege contra las enfermedades, el resto de año. Simboliza el fin del frío invernal y la llegada de la primavera. Durante la fiesta el pueblo se reúne en la plaza para cantar y jugar.

Hay más historietas en relación a otros países. Esto solo es un botón de muestra, una curiosidad. Completo el recorrido citando la presencia de san Valentín y explicando quién fue o quiénes fueron dichos “valentines”. Han existido más de tres candidatos llamados Valentín para el día 14 de febrero.

San Valentín es un médico y luego sacerdote que vive en Roma donde gobierna Claudio II quien decide prohibir los matrimonios jóvenes. ¿Motivos? Los solteros son mejores soldados porque no tienen nada que perder. El cura se opone e insta a que se casen. El emperador manda matarlo el 14 de febrero. Este Valentín es más popular y al que está dedicada la festividad.

Otro candidato fue el obispo Valentín de Terni (Italia) que era famoso y muy querido. Fue decapitado por orden del emperador Marco Aurelio. Del tercer Valentín solo se sabe que fue martirizado en África junto a otros cristianos.

Valentín Raetian, es otro obispo que vive en el siglo V y cuya festividad se celebra sobre todo en Alemania. Suelen representarlo con un niño epiléptico tumbado a sus pies. Fin de la historia valentiniana.

En el siglo XX (1969), después del Concilio Vaticano II, se elimina la fiesta de san Valentín pero el festejo de los enamorados ya era imparable. El negocio es el negocio y el gasto, primero en tarjetones y después regalando flores, bombones, regalos varios…, la fiesta no para. El comercio y los regalos se diversifican y amplían cada vez más.

Baste recordar los actuales días del Padre, de la Madre, de los Abuelos; el santo de cada cual u onomástica, que cada vez se celebra menos y su lugar lo ocupa el cumpleaños, el aniversario de…, Navidades, etcétera. El comercio tiene que comer.

Una anécdota curiosa sacada del periódico 'Las Provincias' de Valencia: “el san Valentin más comercial llega gracias a Galerías Preciados”. ¿Se acuerdan de Galerías? “En 1948, un periodista propone importar la fiesta de san Valentín para celebrar el Día de los Enamorados. Cuenta con Pepín Fernández, dueño de tal comercio. ¿Objetivo? Hacer regalos. La idea se extiende y la publicidad prende fuego…”. Éxito total porque las ventas fueron en aumento.

PEPE CANTILLO

martes, 11 de febrero de 2020

  • 11.2.20
El diálogo es una condición existencial, tal y como nos legó Paulo Freire. No hay sujeto sin voluntad de atenta escucha, pero en la sociedad del ruido y voxiferante, en la alborotadora sociedad del cansancio, la norma, afirma Byung-Chul Han, es la sordera, y este es nuestro principal problema democrático, considerando que el sistema cultural es materialmente autista.



El futuro, por contra, eso esperamos, debe ser el de la escucha activa, una sociedad de ciudadanos que oyen, atienden y, en consecuencia, logran aprender del otro. Un ideal de la Dictadura de la Pedagogía, como sugiriera Blas Infante, por hacer, y hoy más que nunca necesario. Y no, como propone Reventós, una sociedad que ignora el grito.

La indiferencia no es la cultura de la tolerancia. Antes bien, el futuro de España se adivina entre el discurso del miedo y el discurso del medio. La querencia del IBEX 35 por la Familia, la Tradición y la Propiedad, pareciera añeja, de otro siglo, el XIX.

Pero he aquí que seguimos anclados en el diseño canovista, de burgos podridos, caciques y oligarcas empoderados y un sistema político y electoral con su propio chivo expiatorio –los comunistas–, amenaza fantasma de los intereses rentistas de la casta acomodada en los consejos de administración, que se reparte los recursos y medios de vida, por encima de nuestras posibilidades.

Una casta que vive de la tradición como norma no cuestionable de la misa, el responso y los discursos meapilas sobre el destino universal y el imperio del nacionalcatolicismo. Una casta sin historia, con la que se impone el refugio de la familia, sin Estado, por una mal entendida concepción subsidiaria de lo público, entre la miseria, la dependencia y el citado extractivismo que dejan a los ciudadanos a la intemperie de una vida indigna, al pairo del Padre Omnipotente de la corona garante del orden y la confabulación de una narrativa decimonónica que condenó al ostracismo a liberales, intelectuales, líderes políticos y dirigentes que amenacen esta cosmovisión hoy dominante.

Y todo ello gracias, en parte, a la degradación cultural del sistema educativo y unos medios de contaminación masiva cuya función básicamente es evitar que la gente común piense, demande y exija lo que nos es propio, no vaya a ser que empecemos por pensar que esto de la Marca España –familia, tradición y propiedad– no sea más que una milonga, y el jefe del Estado, un mero traficante.

Así, tanto gusto de los de Serrano y la milla de oro por la caza y la montería termina resultando irremediablemente obsceno, un remedo de la estética madelman con la que echarse al monte a fuerza de pronunciar ilógicos panegíricos extremistas entre ridículas contradicciones y la falta de sentido de humor. Pues perdieron todo juicio, estética y razón.

Y es que la crisis civilizatoria que vivimos es pródiga para soluciones futuristas de violencia y velocidad, a golpe de tuit o de asesores improvisados titulados con Máster de saldo y ocasión. Por lo mismo, el discurso del odio y neofascista no debe ser combatido.

Todo experto en comunicación sabe que información produce información, como la dialéctica del fetichismo de la mercancía. La comunicación política ultramontana se combate con el BOE, con reformas fiscales, regulación del oligopolio eléctrico, con derechos y fiscalización social y con economía política, que es la caja negra que nunca nombran los del pin parental y otras ocurrencias premodernas.

Esto es, con ciencia y con conciencia, no subiendo el tono de voz, que es muy propio de una cultura, como digo, replicante, pero no dialógica, autista y no dialéctica, violenta y nada productiva. Una cultura, en fin, anclada en el pasado y poco cultivadora de la virtud y el ejemplo, que a fuerza de ir más allá, no sabe estar de vuelta. Es lo que tiene el espíritu ultramontano: nunca supo de los límites ni del arte de lo posible.

FRANCISCO SIERRA CABALLERO

lunes, 10 de febrero de 2020

  • 10.2.20
En el momento de escribir estas líneas, transcurrida apenas una semana del segundo mes del año, ya han sido asesinadas ocho mujeres en nuestro país a manos de una violencia machista que algunas personas se niegan a reconocer, ocultando la realidad con el relato ficticio sobre una supuesta violencia “intrafamiliar” o “doméstica”. Sin embargo, el cómputo de hombres muertos por sus esposas o exparejas es tan insignificante que compararlo con el de mujeres muertas por un machismo asesino resulta insultante y ofensivo.



Los que niegan esta evidencia insisten tanto en la mentira –como aconsejó Goebbels– que, incluso, algunas mujeres dan su confianza y su voto a partidos que desprecian la realidad y no admiten que la mujer sea víctima de la peor de las desigualdades, la que no reconoce su dignidad como persona y la considera un ser inferior.

Una cultura patriarcal y machista ha consentido durante siglos que la mujer sea tratada como simple objeto a disposición y disfrute del hombre. Y que, por lo tanto, pueda desprenderse y ser eliminarlo, incluso con el asesinato, cuando no sirve o se revela. Es la actitud –asesina– que adopta el engreído de su superioridad machista.

Para estos obtusos a la razón, el feminismo –la lucha por la igualdad en derechos de la mujer– es una peligrosa ideología porque combate la discriminación que la mujer sufre por el mero hecho de ser mujer, algo que los conservadores de las tradiciones –como el machismo en nuestra sociedad– no son capaces de soportar ni tolerar, negando la realidad.

Por tal razón, los reaccionarios que intentan desacreditar o suprimir las políticas feministas que persiguen la igualdad efectiva de la mujer (listas paritarias, colegios mixtos, igual salario a igual trabajo, acceso a trabajos acordes con su formación...) y las de protección contra la violencia machista (amparo judicial y policial, teléfonos de ayuda, casas de acogida...) se ven en la necesidad de recurrir a la falsedad, al bulo y a la abierta mentira para justificar sus prejuicios y “vender” sus mensajes a la ciudadanía.

No quieren aceptar que la mujer sigue siendo víctima de una violencia machista reacia a desaparecer. Y que se expresa, no como violencia intrafamiliar, sino como lo que es: machismo asesino. Si no fueran tan obtusos, les bastaría lo que llevamos de año para comprender que la realidad ha vuelto a ponerse tristemente de manifiesto, contradiciendo sus falsedades negacionistas sobre la discriminación criminal que soporta la mujer, por razón de sexo.

Del mismo modo, es también falso y tergiversado que los inmigrantes sean los culpables de todos los males que padecemos como colectividad. Ni la delincuencia ni el desempleo ni el deterioro de los servicios públicos son debidos a ellos, como proclaman los que exigen vallas, muros y ejércitos en las fronteras para “impermeabilizar” nuestro país de quienes huyen del hambre, la miseria o las guerras.

Mientras los que se dedican extender bulos que criminalizan hasta a los menores sin familia confinados en centros de acogida, propalando el odio al migrante, el jefe del Estado, a la sazón Rey de España, durante los actos celebrados en Jerusalén por el 75.º aniversario de la liberación del campo nazi de Auschwitz (Polonia), donde fueron exterminadas 1.300.000 personas, pedía al mundo entero, lo que incluye a nuestros “puristas” raciales, que había que “poner coto al odio, la xenofobia y el racismo”.

Entre lo expresado por el rey Felipe VI y lo sostenido por esos negacionistas de la diversidad, existe la misma distancia que entre la realidad y la mentira. Sin embargo, se empeñan los xenófobos en manipular los hechos para intentar convencer a los ingenuos de que limitando libertades y recortando derechos ganamos seguridad, necesaria para “resolver” un problema que en realidad no existe: el de la migración.

Al contrario, los inmigrantes representan una oportunidad. Es lo que declara el flamante ministro de Seguridad Social y Migraciones al asegurar que, sin una media de 270.000 migrantes anuales, de aquí al 2050, no se podrá garantizar el sistema público de pensiones, debido al envejecimiento de la población.

La realidad vuelve a desmentir a los populistas xenófobos, quienes, no obstante, no dejan de irradiar el miedo y el odio para ganar adeptos a sus mentiras, bulos y falsedades. Y conseguir votos, a costa de pisotear los Derechos Humanos. ¡Ni la mujer ni el inmigrante merecen respeto como personas!

La última falacia demagógica que circula con profusión es la censura escolar, denominada eufemísticamente “pin parental”, que promueven los mismos que despotrican del feminismo y practican el racismo. No quieren que en las escuelas se eduque a sus hijos en el respeto a la igualdad de las personas, la diversidad de la identidad sexual y la pluralidad social en cuanto a ideas, creencias y costumbres, derechos todos ellos reconocidos y protegidos por la Constitución.

Esgrimen los censores la defensa de la “libertad” de los padres a elegir la educación de sus hijos, pero se guardan en señalar que a lo que aspiran es someter la escuela al sectarismo de una ideología que es contraria a los valores constitucionales de igualdad, tolerancia, respeto y libertad.

Denuncian alarmados un supuesto adoctrinamiento quienes, precisamente, persiguen adoctrinar en las escuelas con ideas religiosas (respetables a título individual) y valores sectarios (válidos como opción política) que hacen prevalecer la desigualdad de la mujer, la tutela moral de la sociedad, la discriminación racial y la injusticia económica que condena los pobres a la pobreza eterna, por condiciones de nacimiento.

Se trata, pues, de otro enfrentamiento que los propagandistas de bulos, falsedades y mentiras mantienen contra las conquistas logradas en democracia y que posibilitan que la educación sirva de “ascensor” social y ayude a emancipar a las futuras generaciones de las ligaduras que nos mantienen atados a convencionalismos trasnochados y a formas de pensar reaccionarias, excluyentes o discriminatorias.

La verdadera intención del “pin parental” no es dar “libertad” a los padres para escoger una educación “a la carta” (podrían pagársela en colegios de élite), sino atacar a la enseñanza pública. Pretenden que el Estado financie centros privados de educación que –¡oh, casualidad!– imparten esas asignaturas que “eligen” los padres para adoctrinar a sus hijos, sin respetar el derecho de los niños a recibir una educación acorde con los derechos y valores que consagra la Constitución. O que los colegios públicos se conviertan en centros religiosos.

La realidad, no obstante, vuelve otra vez a contradecir estas mendacidades, porque el verdadero adoctrinamiento es presentar una creencia como si fuera una verdad científica, impedir que los profesores ejerzan su cometido y arrebatar al Estado su obligación de garantizar modelos educativos basados en valores constitucionales que buscan conformar sociedades más libes, plurales, diversas, abiertas, tolerantes, pacíficas y respetuosas. Solo los sectarios que están en contra de estos objetivos son partidarios del “pin parental”.

Rechazan la pluralidad y la diversidad existente en la sociedad como reniegan del cambio climático. Va en contra de sus intereses y del capitalismo mal entendido. Que no se pueda explotar todo un bosque y ganar dinero por respetar los árboles que contribuyen a fijar el dióxido de carbono de la atmósfera, evitando ese calentamiento atmosférico que hace cambiar el clima, no entra en sus molleras. No creen en la ecología, la sostenibilidad y la salvaguarda del medioambiente. Chorradas.

Para ellos, la contaminación es progreso, las calles atascadas de coches es signo de vitalidad económica, el agotamiento de recursos es capacidad productiva, el destrozo de formas y medios de vidas (para animales y humanos) es libre comercio y poder empresarial, el empobrecimiento de muchos es inevitable para la riqueza de pocos.

Arrasar el planeta es incondicional al emprendimiento… lucrativo de unos cuantos. Y esos cuantos, siempre los mismos, son los que reniegan del ecologismo, la solidaridad, el feminismo, la educación en igualdad y tolerancia, y del bienestar de todos, porque les perjudica.

Todos son explotadores que están en contra de cuantos movimientos de liberación emerjan en el mundo para la emancipación de los oprimidos y la defensa de este barco en el que navegamos por el Universo. Y para engañar a todos, recurren a los bulos, las falsedades y las mentiras.

Se llamen como se llamen (aquí, en Italia, Brasil o Estados Unidos, por citar algunos sitios donde logran convencer), ya los vamos conociendo, aunque crean que con sus populismos ultranacionalistas puedan seguir manipulando nuestra percepción de la realidad. Esta acaba imponiéndose, no solo por terca, sino por responder a la verdad.

DANIEL GUERRERO

domingo, 9 de febrero de 2020

  • 9.2.20
Una reciente encuesta realizada por una aplicación de seguridad femenina asegura que el 83% de las mujeres encuestadas indicaba que cuando más miedo sentía era cuando tenía que caminar sola por la calle y de noche. La calle se convertía para ellas en un entorno que les hacía aflorar los miedos que en otros lugares no los tienen.



Y si a la calle se le sumaba la oscuridad, los temores se acentuaban. Hemos de tener en cuenta que muchas de las mujeres que respondían al cuestionario ejercían sus trabajos hasta entrada la noche, por lo que necesariamente debían regresar a casa cuando el sol se había puesto.

No se especificaba en la encuesta los lugares de residencia de quienes la habían respondido, aunque, me imagino, que la preocupación crece a medida que se vive en localidades con mayor población, de modo que será en las grandes urbes donde el sentimiento de inseguridad se acentúa, dado que en ellas el anonimato se encuentra mucho más extendido entre la gente.

De todos modos, quisiera apuntar que los miedos que manifestaban en la encuesta se debían al mero hecho de ser mujeres; no porque les pudieran tener incidentes similares a los que les acontecen a los hombres (que también pueden ser víctimas de episodios de agresividad).

En las explicaciones aportadas, de un modo u otro, aparecía descrito el machismo imperante en nuestra sociedad, de forma que a algunos sujetos ese machismo les hace creer que son superiores y que, en consecuencia, tienen la potestad de molestarlas, e, incluso, asaltarlas o agredirlas por el mero hecho de la propia condición femenina de la mujer.

En la encuesta también se les preguntaba acerca de las soluciones que encontraban para sentirse seguras. En su mayoría respondía que la solución más habitual era la de ir acompañadas por alguna persona amiga o conocida y, si esto no fuera posible, mantener el contacto por SMS o WhatsApp con algún familiar, de modo que pudieran estar localizadas durante el recorrido que tenían que hacer hasta llegar a la casa.

La verdad es que la primera vez que me hice consciente de este miedo que afecta de modo especial al género femenino fue en la convocatoria de una concentración que se llevó a cabo tiempo atrás como repulsa a la agresión sufrida por una chica por parte de la tristemente famosa ‘Manada de Pamplona’.

En esa ocasión me vi con algunas compañeras que son profesoras de la Facultad en la que trabajo. En medio de la charla que mantuvimos surgió el tema de la indefensión en la que se encuentran algunas mujeres ante las agresiones de ciertos personajes.

Silvia, una de estas compañeras, me hizo ver que desde su adolescencia siente miedo a caminar sola por la calle en determinadas circunstancias, y que este temor difuso lo padecen muchas de las jóvenes que ella conoce, dado que pueden ser molestadas o agredidas de manera física o verbal por el mero hecho de ser mujeres

Por mi parte, le manifesté que nunca había pensado en ello, dado que yo nunca he sentido ese temor por el hecho de ser hombre. Bien es cierto, que en determinados contextos o situaciones puedo sentirlo, especialmente si pienso que pudiera ser abordado por otros (las mujeres no te atracan) con la intención de ser robado.

A partir de la charla que mantuve con aquellas compañeras, acudieron a mi mente los trabajos de investigación que en cierta ocasión realicé con un grupo de estudiantes de Secundaria acerca de las ideas que tenían de lo que acontece en las calles. Como habitualmente les planteo, esas ideas deberían plasmarlas en dibujos que ellos crearan de forma libre y sin que les preocupara si estaban mejor o peor realizados, pues lo importante era lo que expresaban en la lámina.

Me llamó de modo especial la atención algunas de las escenas que ciertas alumnas habían plasmado, pues reflejaban con bastante claridad ese sentimiento de temor que les generan los espacios públicos como lugares en los que se dan todo tipo de agresiones o violencias.



Es lo que expresó Marina, de 13 años, con el dibujo de una escena urbana. Si lo observamos con cierto detenimiento, nos muestra como elemento central a una madre que sostiene a su hijo pequeño, al tiempo que una voz oculta les dice: “¿Dónde estáis? Vuestros amiguitos no os van a hacer nada…”.

Por otro lado, en un gran plano general se contempla una plaza en la que acontecen distintas formas de agresión. Así, desde una ventana se escuchan: “No me pegues más. ¡¡Desátame!!; a lo que otra voz responde: “No. ¡¡No quiero, estúpida!!”.

Continúa con otras expresiones agresivas como la de un chico que es atropellado por un coche o el atraco en un supermercado en el que matan a una persona. Cierra con una pareja que está sentada en un banco en el que el chico dice: “Me encanta este barrio. ¡Es tan divertido!”, al tiempo que la chica que le acompaña le responde: “Pues a mí no me gusta porque hay mucha violencia. Por esto me voy a mudar a otro barrio”.

Resulta ilustrativo el diálogo que mantiene esa pareja del dibujo anterior, ya que al chico no le molestan todas las formas de violencia que se dan en el barrio en el que vive; mientras que la joven que le acompaña manifiesta tal rechazo que está deseando cambiarse de barrio. Es un modo no planificado de expresar cómo sienten cada uno de los géneros.



Otro trabajo pertenece a Julia, compañera de la anterior y también de su misma edad. En este caso, la autora trazó una calle cargada de tensiones y agresiones. Así, vemos como elementos principales un par de coches que vienen de frente: uno conducido por chicas y el otro por chicos que los conducen con sonido a todo volumen, al tiempo que los conductores que iban en sentido contrario se lo recriminan; también, una niña sola en una acera llorando; un bebé abandonado en la otra acera al lado de una botella rota y colillas; y en una de las esquinas, una mujer que es atracada por un individuo que porta una pistola.

Quizás estos dos dibujos que he seleccionado del conjunto no sean tanto de experiencias directas que las alumnas hubieran vivido, sino el resultado de las noticias alarmantes que cotidianamente nos llegan por los medios de comunicación y que ellas han sintetizado en sus pensamientos y las han trasladado a unos espacios urbanos.

Y es que conviene tener en cuenta que en la actualidad las noticias de las diversas agresiones que sufren las mujeres, con especial significado los casos en los que son víctimas las jóvenes, impactan en los oyentes o espectadores, que, entre atónitos e indignados, sienten la impotencia ante una realidad que parece que se resiste a cambiar.

AURELIANO SÁINZ

sábado, 8 de febrero de 2020

  • 8.2.20
Esta vez todo ha empezado de madrugada. He sentido cómo unos colmillos azules de hielo se clavaban en mi tobillo haciendo que mi cuerpo desapareciera, convirtiéndome en un pellejo asolado por el que el dolor no solo corría, sino que también se había hecho dueño y señor del terreno. Yo luchaba para despegarlo de mí, intentaba correr, pero sus dientes no me dejaban. Había caído en su cepo.



Anduve por mi casa como una loca hasta que fui consciente de que en esta batalla iba a necesitar refuerzos. Esta no era la batalla con las hormigas. A esas las conocía, llevan tiempo que suben y bajan por mi pierna dejando pequeñas huellas frías a su paso.

Necesité dos aliados: una pastilla y un libro. Mientras la primera hacia su efecto, el segundo me contaba historias y me pedía que no pensara en el hielo, que solo su historia era real, la del dolor era ficticia. Pasó más de una hora hasta que pudimos abrirles las fauces al lobo.

Llevo un mes en el que los mordiscos vienen y van, haciendo que mis contornos se difuminen. La ansiedad se apodera de mi mente a ratos y solo me queda esperar, confiando que las energías del universo se muevan a mi favor y mi cuerpo encuentre el camino al equilibro.

Esto lo escribí hace un tiempo, una noche negra en la que mi pierna sufría y yo con ella. Ahora llevo unos días perdida en pensamientos oscuros que tiran de cada parte de mi cuerpo, queriendo partirme. Desde que descarrilé con el estrés hace un tiempo, siempre ando por el alambre intentando no caerme, pero mi vida no es plana, y en las subidas y bajadas a veces tropiezo y caigo en un agujero donde solo se oyen las voces de los "deberías".

Hay periodos en los que aguanto, pero otras veces caigo agotada por no llegar, por no conseguirlo todo, por no ser perfecta. Sé que esa tiranía no me hace bien. De hecho, me consume toda mi energía. Pero es que no sé cómo parar esas voces, cómo encontrar esa quietud y esa paz que tanto ansío. O conseguir que griten sin que me movilicen y agoten. No es fácil...

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ

  • 8.2.20
Diego de los Santos, hijo de Manuel y Alcora, nació el 20 de agosto de 1936 en El Viso del Alcor, curiosamente el mismo día que fusilaron a Federico García Lorca.



La enseñanza básica la recibió, junto a su inseparable hermano José María, de manos de su tío, el maestro y Alcalde, Gil López. Continuó sus estudios en un internado en Utrera. Fueron años duros, aunque fructíferos, superando con éxito el examen de la reválida de sexto para el ingreso en la Universidad.

Continuó el legado de su padre estudiando medicina. Estando en quinto curso conoce a Alejandro Rojas-Marcos, Secretario del Sindicato de Estudiantes Universitario, para que colaborara en el proyecto de su democratización, y que aceptara el cargo de Delegado de la Facultad de Medicina. De esta forma, entró de lleno en política, dirigiendo acciones estudiantiles en contra de la dictadura.

Dudó por especializarse en Psiquiatría, pero finalmente se decidió por la especialidad de Cirugía. Una vez terminada la Carrera, decidió marcharse a Alemania para mejorar su formación como médico. Su primer destino fue el Hospital de Lüdenscheid, en Westfalia. Curiosamente, su primer paciente en tierras germanas fue un visueño (¡estamos en todos los lados!) de la familia de los Patentes. Posteriormente, para perfeccionar y ampliar conocimientos, se traslada a un Hospital de la máxima categoría, en Zürich. Diego se dedica en exclusiva al Hospital, actuando como primer ayudante del doctor Hess, director del prestigioso centro hospitalario. Tras tres años de formación en Suiza y Alemania, regresa a España, en 1965, concretamente, a la residencia paterna, acompañado de su hijo Diego, de apenas un año de edad.

Permaneció en su pueblo unos tres años, tiempo en el que falleció su abuela Carmen, con 96, y nacieron sus hijos Pablo y Sandra. De forma inmediata se incorpora al Servicio de Cirugía del Profesor García Díaz. Al no recibir ninguna gratificación económica por parte de la Facultad de Medicina, tiene que ejercer, al mismo tiempo, la medicina privada; primero, en El Viso, y, posteriormente, en Sevilla, concretamente en una consulta instalada en la calle Capitán Vigueras, 15, situada junto al Despacho de Abogados Laboralistas de Felipe González, Manuel del Valle y Rafael Escudero, con los que estableció una buena relación. Sin embargo, a pesar de la vecindad de este núcleo socialista, sus intenciones políticas eran otras. Coincidió por casualidad con Alejandro Rojas-Marcos en la hispalense Puerta de la Carne y le invitó a participar en una importante reunión que se iba a desarrollar en la calle Castelar. Diego tenía absoluta confianza en la figura de Alejandro:”Para mí era el líder carismático, idóneo para para desarrollar un proyecto político moderno largamente esperado”. De esta forma, participa en la creación de la asociación “Compromiso Político de Andalucía, S.A” (CP de Andalucía. S.A), aprovechando la recién promulgada Ley de Asociaciones del ministro Fraga Iribarne.

Volviendo de nuevo, al campo profesional, sigue trabajando en el Departamento de Cirugía de Sevilla, aplicando, en la medida de lo posible, las buenas prácticas aprendidas en Alemania, actuando con eficacia en la consulta externa de cirugía. Dados los buenos resultados médicos, tuvieron que habilitarse dos nuevas consultas. Un paso importante en la modernización de la medicina en Sevilla fue la compra, gracias a la recomendación de Diego de los Santos, de un endoscópico de fibra óptica, que había salido al mercado en Alemania, y que suponía, en palabras de nuestro protagonista, “un instrumento revolucionario, capaz de modificar radicalmente el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades digestivas”. Curiosamente, utilizó por primera vez este instrumento en un barrendero de El Viso, que se atragantaba comiendo frecuentemente. Gracias a la exploración con el fibroscopio, pudo detectar un tumor maligno en el esófago y salvarlo de una muerte segura, ya que hasta entonces, este tipo de cáncer era una enfermedad mortal debido a la dificultad de su diagnóstico.

Sus éxitos profesionales fueron recompensados, en cierta forma, con la concesión de una beca para el Hospital de Santa Cruz y San Pablo de Barcelona, en el servicio del profesor Gallart Monet, pionero en España de la endoscopia y la citología exfoliativa. A pesar del alto nivel técnico del Hospital catalán, no disponían del citado fibroscopio. “Por una vez Andalucía se adelantaba y nuestro era el primero adquirido en España, que yo me llevé a Cataluña para que juntos aprendiéramos a utilizarlo y a valorar la trascendencia que tenía en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades digestivas” (Diego de los Santos).

Una vez de vuelta en Sevilla, formula su tesis doctoral, aprovechando la puesta en marcha de la arteriografía selectiva por cateterismo del Dr, Rivera y las modernas instalaciones radiológicas de la Clínica Santa Isabel.

Su alta formación en las imágenes radiológicas, novedosas en aquel momento, le allanaron el camino para ser nombrado Jefe de sección de exploraciones iniciales en el recién creado Departamento de Cirugía del Hospital Virgen del Rocío (el primer Hospital moderno de Andalucía), abandonando, con pesar, su trabajo en la Universidad, ya que su sueldo era ínfimo. A pesar de ello, siguió colaborando, gratuitamente, dando clases en la Facultad de Medicina, como director de la escuela del aparato digestivo. Cuando el Hospital Virgen del Rocío pasó a ser universitario, consiguió la plaza de profesor titular de cirugía, con poco más de treinta años, cerrando su consulta privada, lugar de reunión de los miembros de la Junta Democrática de Andalucía, en Sevilla.

En dichos años, es propuesto como candidato a concejal en las elecciones municipales de Sevilla, por el Tercio Familiar. A pesar de presentar más de las trece mil quinientas firmas necesarias, fue la única candidatura no aceptada por la Junta Electoral. Las protestas fueron rápidamente sofocadas por las fuerzas de orden público. Desde entonces, fue acosado por policías de lo social.

Tras la muerte de Franco y la consiguiente Transición a la Democracia, Diego de los Santos tiene una participación destacada en la creación del Partido Socialista de Andalucía (PSA).

En la multitudinaria manifestación sevillana del 4 de diciembre de 1977 tuvo el privilegio y honor de portar la bandera de Andalucía. “Tras la gigantesca manifestación sevillana del 4 de Diciembre de 1977… me cupo la satisfacción de abrir la marcha portando la bandera de Andalucía, lo que nunca olvidaré” (Diego de los Santos).

El PSA obtiene 5 diputados en las elecciones generales de 1979, ocupando uno de esos escaños nuestro protagonista, tras la renuncia de un compañero. Su capacidad de trabajo es intenso, compatibilizando su trabajo en el Hospital con el Diputado (su sueldo como representante de la soberanía popular pasaba directamente al joven partido andalucista).

Su principal función en las Cortes, entre 1979 y 1982, fue participar en la Comisión de Sanidad. El asunto más grave que tuvo que tratar fue el envenenamiento por aceite de colza mezclado con grasa industrial, lo que causó más de veinticinco mil víctimas, muchas de las cuales murieron o tuvieron efectos adversos muy graves. El PSA acusó al gobierno de Calvo Sotelo (UCD) de la magnificación de aquella tragedia, solicitando De los Santos la dimisión del nuevo Presidente de Gobierno, que poco antes había sustituido a Adolfo Suárez.

El ocaso político del PSA facilita que pueda dedicarse más intensamente a su profesión de galeno, reduciendo su actividad política a la presidencia de la Comisión Permanente de su partido. Su actividad profesional se multiplica, obteniendo el título de Profesor Titular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla, impartiendo clases de Patología Quirúrgica en su propio hospital, constituido como Centro Universitario Virgen del Rocío. Además, dirige más de quince tesis doctorales de variopintos temas quirúrgicos.

La docencia es compatibilizada con las intervenciones médicas y la investigación, con experiencia en trasplantes de riñón, hígado y corazón, iniciando el estudio experimental de trasplante de páncreas. No obstante, alcanza altas cotas en la cirugía digestiva, desarrollando una novedosa experiencia quirúrgica en la enfermedad de Crohn y realizando mejoras sustanciales en el tratamiento de la hernia de hiato.

El final de la década de los noventa fue muy dolorosa para nuestro protagonista. En la primavera de 1989, tras apenas dos meses de diferencia, fallecieron sus padres, y, el 5 de enero de 1990, su hermano. “La muerte de mis padres había sido un hecho natural, pero la de José María, a los cincuenta y cuatro años, en plenitud de sus facultades físicas y mentales, fue para mí sencillamente insoportable”. El dolor por la pérdida de las tres personas que más habían influido en su vida fue paliado por su frenética actividad política, ocupando el cargo de eurodiputado en 1990 por el PA. Fue miembro de la Comisión de Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural, defendiendo los intereses de Andalucía durante cuatro años. En dicho período, José Calabuig le solicita que se presente a las elecciones municipales de su pueblo como número dos de la candidatura andalucista. Consiguen gobernar, por lo que tiene que compatibilizar su cargo de eurodiputado con el de concejal, participando activamente en la consecución de un Centro de Salud para su pueblo, que, para su sorpresa, fue bautizado con el nombre de Manuel de los Santos, médico de El Viso durante más de cincuenta años.

El término de su legislatura en el Parlamento Europeo le permite reflexionar sobre su experiencia con el libro “Andalucía en Europa” (2004) e incorporarse a su trabajo en el Hospital Universitario Virgen del Rocío, ocupándose de la dirección de la docencia como profesor de la Facultad de Medicina y jefe de sección del Departamento de Cirugía de dicho centro hospitalario. Al unísono, su faceta política no decae, ocupando la concejalía de Sevilla con su amigo Alejandro Rojas-Marcos como Alcalde, siendo nombrado Delegado del Distrito Este y representante del grupo andalucista en la Diputación Provincial.

Posteriormente, ocupa el cargo de adjunto al Defensor del Pueblo de Andalucía durante más de ocho años, colaborando con José Chamizo, atendiendo las quejas ciudadanas en sanidad y medio ambiente, especialmente.

El fallecimiento de su amigo íntimo, Carlos Cano, en diciembre de 2000 le afecta sobremanera, realizándole su particular homenaje con la redacción de “A la luz de sus cantares” (2005), donde analiza la aportación del cantautor granadino a la cultura andaluza. Cinco años más tarde realiza un ensayo sobre el tema de la violencia de género:”Las mujeres que no amaban a los hombres”.

Una vez retirado de su actividad profesional y política, el Ayuntamiento de su querido pueblo, El Viso del Alcor, por unanimidad, le nombra Hijo Predilecto en enero de 2010, siendo Alcalde el socialista Manuel García Benítez, además de ser rotulada una plaza con su nombre. Con motivo de la entrega de tal merecida distinción, el Ayuntamiento de El Viso editó el libro “Hijo de Alcora y Manuel”, escrito por el propio Diego de los Santos, con la colaboración de su amigo José Luis Ortiz Nuevo.

Su última manifestación pública fue solicitar, junto al resto de fundadores, la disolución del Partido Andalucista. Falleció en Sevilla el 21 de marzo de 2016. Las banderas del Ayuntamiento de El Viso ondearon a media asta en señal de duelo y la capilla ardiente se instaló en el Salón de Plenos del Ayuntamiento, donde recibió el último adiós de los visueños. La Alcaldesa, Anabel Burgos, señaló que “hoy todo el pueblo de El Viso está de luto para despedir al que siempre será Hijo Predilecto de su Villa, hijo que, tanto en política como en su profesión, destacó en primera línea y llevó el nombre de El Viso como bandera"( lunes 21 de marzo de 2016. Página web Ayuntamiento).

Falleció, pues, a los 79 años, dejando como legado su enorme valía como galeno y sus enormes méritos políticos, además de dejar una huella imborrable como un hombre cercano, afable y enamorado de su pueblo y de su patria, Andalucía.

El último secretario general del PA, Antonio Jesús Ruiz, tras conocer el triste suceso, incidió en la labor desplegada durante toda su vida por Diego de los Santos, que "trabajó con empeño para que los andaluces y las andaluzas pudieran contar con una herramienta política que defendiera los intereses y derechos de nuestro pueblo frente a quienes querían relegarnos a ser una autonomía de segunda y plantando cara a los tópicos que insultaban a los andaluces"(El Mundo, 21/03/2016).

MARCO ANTONIO CAMPILLO

FOTOGRAFÍA:Andaluces, regeneraos

viernes, 7 de febrero de 2020

  • 7.2.20
Hace ahora casi cinco años, la foto del niño sirio de tres años Aylan Kurdi, muerto en las arenas de la playa de Bodrum (Turquía) conmocionó a todo el mundo. La imagen exponía sin tapujos la tristeza del espanto, el reducto de una realidad que nos costaba admitir. Pero ahora teníamos el documento que enfrentaba nuestra conciencia a los hechos. Más vale una imagen que mil palabras. Pero también habría que preguntarse cuántas palabras necesita la memoria para olvidar lo que ha visto.



Tal vez no sea así. Y las palabras sigan siendo necesarias para contextualizar aquella foto de la infamia. Después siempre viene el olvido deshojando racimos de perfume que nos narcotiza. Si no nos ponen otra vez la foto delante de las narices, no hay razones que esgrimir, ni siquiera para ponderar una felicidad acomodada a nuestro antojo.

Podemos pensar que nada es eterno, incluida la posibilidad de la vida después de la muerte. Pero no es cierto. El hambre y la miseria, la pobreza en todas y cada de sus manifestaciones, sobrevive a todos los reveses del tiempo, se encapsula en los nudos de los troncos de árboles más longevos, en los archivos oxidados de las academias, en las iglesias cerradas a otros cantos, en los restaurantes donde los pobres nunca tocaron un tenedor.

Tres años después de haber visto aquella foto, al menos 640 niños migrantes o refugiados perdieron la vida en el Mediterráneo desde 2014. Pero las cifras siguen creciendo. El número de menores ahogados cuando trataban de alcanzar las costas europeas no ha dejado de aumentar. La ONG Save the Children cree que las cifras podrían ser aún mayores. Se sabe que muchas desapariciones no están certificadas ni documentadas.

Esta organización advierte de que los niños migrantes y refugiados, sobre todo los que viajan solos, son los más vulnerables, no solo por sus desplazamientos por mar o tierra, sino por el peligro de poder sufrir explotación, violencia y tráfico de personas.

Una foto vale más que mil palabras. Pero cuánto valen las estadísticas. Qué credibilidad les podemos dar. Al terminar 2014, los países más pobres eran los más solidarios con los 60 millones de desplazados y refugiados del mundo. Al contrario que Europa. En solo dos años, esta cifra se había duplicado. En 2015, superaba los 62 millones.

A día de hoy, sin estadísticas, no cabe duda de que los números engordan. Huyeron y huyen de sus países por múltiples razones: guerras, hambre, persecución étnica. Pocos regresan a su país. En 2014, apenas 100.000 personas volvieron a la tierra donde nacieron. Los números solo se podrían modificar al alza.

Después de estas cantidades, siempre nos queda una imagen redonda que no sabemos dónde ubicar. Tal vez un par de miles de fotos de niños muertos en las playas de Europa no nos harán más humanos y sensibles, porque la razón evita la contundencia de una argumentación severa y rotunda. Preferimos digerir el desastre en cápsulas, como enfermos crónicos incapacitados para traducir tanta catástrofe en un solo plato de sopa.

La primera vez lloramos la foto de Aylan tirado para siempre en una playa turca, pero las lágrimas se evaporan de usarlas, y después se pierde su rastro entre las cremas y los perfumes que nutren nuestra piel en cada fiesta.

Las fotos se olvidan y las estadísticas se manipulan al paladar del cliente más exquisito. No hay satisfacción mayor que codificar módulos para trocear el dolor, o dosificar grajeas contra la tormenta justiciera que se nos amontona por momentos en la fe de cualquier creyente.

Es plausible ignorar para no forzar el olvido, saber restar a sumar para que los números no nos desborden, entender que una foto no es un símbolo, sino imagen aislada del entorno, desperdigada por azar de una exposición que nunca tuvo lugar.

Save the Children nos previene: la mitad de las personas que requieren protección internacional hoy son niños y niñas. Pero vivirán afuera en la calle, pensamos, porque por casa no andan. Si miramos, no vemos. Y si no vemos, será con toda seguridad que no hay foto. Porque las palabras, quién lo diría, sabemos que se las llevó el tiempo hace mucho. Y eso que entonces todavía andaban inventando internet.

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO

jueves, 6 de febrero de 2020

  • 6.2.20
El coronavirus o neumonía de Wuhan ha sacado a la palestra al grupo racial más discreto del país: los asiáticos. ¿Chinos, japoneses, camboyanos, tailandeses? “¡Todos los chinos son iguales!”, dice el castizo. Muchos acaban de darse cuenta de que la población asiática, en especial la china, existe más allá de los restaurantes y de las tiendas de alimentación. Se suben a los medios de transporte, esperan en las salas de espera e, incluso, asisten a nuestras escuelas, que también son suyas.



El Instituto Nacional de Estadística cuantificó la población china en España en 190.600 personas en enero de 2019. Una cifra con muchos matices. China no reconoce la doble nacionalidad a sus ciudadanos, lo que hace que muchos inmigrantes abracen la ciudadanía española en cuanto tienen oportunidad, y sus hijos nacidos en España ya son considerados nacionales.

Por otro lado, no podemos menospreciar el numeroso colectivo de chinas adoptadas como consecuencia del documental Las habitaciones de la muerte. De acuerdo con datos de 2017 del entonces Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, el 24 por ciento de las adopciones internacionales en España procedieron del país asiático. Por tanto, estamos hablando de un colectivo amplio y subestimado.

El caso es que siempre ha estado ahí. En mayor o menor número, pero siempre. En especial, en las grandes ciudades. Va siendo hora de concienciarse de la presencia de los asiáticos, de sus derechos y deberes, y dejar de sorprenderse por el hecho de que algunos hablan mejor español que muchos españoles. Véase ejemplos como los de Quan Zhou, hija de emigrantes y dibujante de cómics con perfecto dialecto andaluz o Chenta Tsai, más conocido como “Putochinomaricón”, cantante taiwanés criado en Madrid.

El coronavirus ha alarmado a parte de la población. No es para menos, puesto que la Organización Mundial de la Salud ha llamado a tomar precauciones. Si dejamos aparte el lamentable tratamiento informativo que se le ha dado a la cuestión, confundiendo alerta con alarma, es cierto que la llegada del virus a Europa ha preocupado a muchas personas. Personas que, en ocasiones, por falta de formación, información o por racismo, no dudan en señalar o marginar a los asiáticos desconocidos que se encuentran en los lugares públicos.

La posibilidad de que un chino que comparte espacio con nosotros haya estado recientemente en China y que haya contraído la enfermedad es ínfima. Y, sin embargo, he visto en un tren de Cercanías de Madrid cómo una asiática se sonaba la nariz con un pañuelo y la gente se alejaba de ella con discreción. No quiero pensar en los menores asiáticos que tengan que vérselas en la escuela con otros chavales inconscientes.

La xenofobia y el racismo no necesitan de justificación, pero la agradecen. La posibilidad remota, casi inexistente, de contraer una rara enfermedad no puede servir de excusa para la discriminación.

Haereticus dixit.

RAFAEL SOTO

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