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ANDALUCÍA CON UCRANIA

COLEGIO PROFESIONAL DE PERIODISTAS DE ANDALUCÍA

Mostrando entradas con la etiqueta Negro sobre blanco [Aureliano Sáinz]. Mostrar todas las entradas
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domingo, 20 de noviembre de 2022

  • 20.11.22
Uno de los sentimientos básicos del ser humano es el de la autoestima, muy ligado a otros como el amor (propio), la alegría y la felicidad, que, a fin de cuentas, son indicios de sentirse bien consigo mismo. Por otro lado, debemos entender que la autoestima, además de los sentimientos indicados, se encuentra estrechamente relacionada con dos factores de tipo psicológico: la autoimagen y el autoconcepto, que se irán formando a medida que se crece.


Vemos, pues, que la autoestima aúna los campos afectivos y cognitivos de la persona, de modo que comienza a gestarse en la infancia a partir de elementos emocionales, como resultado de las expresiones de cariño de los padres hacia los hijos, para, posteriormente, y a medida que se adquiere autonomía, ir afianzando la imagen que se tiene de sí mismo, y de la que se supone se recibe de los demás, junto con los valores y cualidades que configuran el mapa del autoconcepto personal.

El fondo complejo de la autoestima proviene de que, ya como adultos, somos conscientes de que formamos parte de una sociedad altamente problemática, en la que tenemos que afrontar numerosos retos en nuestras relaciones cotidianas. En la actualidad, por ejemplo, las nuevas tecnologías, los medios de comunicación y las redes sociales nos sitúan frente a una cultura de la información en la que la rapidez y la instantaneidad han modificado los hábitos y comportamientos de tiempos pretéritos.

Ya no son solo las experiencias y las relaciones interpersonales directas, o las obtenidas a través de lecturas las que conforman el conjunto de nuestros conocimientos. Ahora se amplían, se multiplican y se diversifican por el conjunto de datos virtuales que recibimos de entornos muy alejados del nuestro, por lo que solemos vernos desbordados frente a acontecimientos en los que no podemos actuar, lo que genera cierta impotencia frente a una realidad que nos hace dudar de nosotros mismos.

Sabemos, por otro lado, que, en el proceso de configuración de la personalidad, llega el momento en el que uno tiene que valerse por sí mismo y tomar decisiones relevantes e intransferibles en las que juega un papel crucial la autoestima.

En apoyo a lo indicado, y aludiendo a los orígenes, los psiquiatras franceses Christophe André y François Lelord apuntan a tres factores como los pilares de la autoestima: amor propio, buena autoimagen y confianza en sí mismo. Según los autores citados, “hoy sabemos que el amor a uno mismo depende, en gran medida, del amor que nos prodigó nuestra familia cuando éramos niños y de los alimentos afectivos que nos ofrecieron”.

Llegados a este punto, cabe preguntarse: “¿Cómo podemos conocer los inicios de la autoestima en los niños?”. Desde la perspectiva en la que trabajo, quisiera indicar que el dibujo libre es un instrumento idóneo para indagar en los campos emocionales, por lo que ahora mostraré y comentaré varios dibujos en los que a través de la representación de la familia expresan esa naciente seguridad y confianza hacia sí mismos, que, sin lugar a duda, es, en gran medida, la manifestación de lo que ellos reciben de su entorno familiar.

Por ejemplo, si nos fijamos en el dibujo de la portada, el hecho de que su autora se haya dibujado la primera es una manifestación de confianza en sí misma, ya que se ha seleccionado para comenzar a representar el grupo familiar.


Otra de las manifestaciones de la identidad personal, en el caso de los escolares de Educación Infantil, es el aprendizaje del trazado del propio nombre. Desde que son bebés, han escuchado de sus padres su pronunciación cuando les hablaban; pero el que ellos aprendan a plasmarlo por medio de unos signos llamados letras supone un cierto orgullo personal.

Es lo que manifiesta una niña de 5 años que, al realizar el dibujo de la familia, se sitúa en medio de las figuras materna y paterna, una vez trazada la mesa del comedor. La pequeña, muy contenta, una vez terminado el dibujo de las figuras, escribió el nombre de cada uno de los tres miembros, con la alegría y satisfacción de que ya sabe hacerlos.


Otra manifestación de la autoestima se expresa por medio del tamaño con el que se traza a uno mismo. Esto queda bien reflejado en el trabajo de Adrián, un niño de 5 años que tiene TEA, es decir, Trastorno del Espectro Autista. En su dibujo alcanza un nivel gráfico similar al de otros niños de su edad, de modo que el pequeño se dibuja muy grande, con los brazos hacia arriba, como expresión de júbilo o alegría.

Llama la atención el trazado de dos soles y el hecho de que la figura femenina no represente a su madre, como habitualmente suele suceder, sino a una amiga que tiene en el colegio; pero esto forma parte de ese mundo emocional de niños y niñas con TEA, en el que resulta muy complicado penetrar.


La aceptación de la propia imagen da lugar a que se favorezca la autoestima. Como ejemplo de lo que indico, muestro el dibujo de Paula, una niña que había cumplido los 6 años y que, al pedir en la clase que dibujaran a una familia, me mostró la escena que acabamos de ver.

Dado que la niña es zurda, comenzó representando a su madre en el lado derecho de la lámina y con una larga melena; pasó a dibujarse a sí misma también con un pelo muy largo, incluso superior al de su madre; acabó, en el poco espacio que le quedaba, con la figura paterna. La pequeña autora manifiesta la autoestima y la identidad femeninas por la proximidad a su madre y por el trazado de esas melenas exuberantes.


A medida que se crece, los géneros masculino y femenino comienzan a diferenciarse también por los distintos gustos en los juegos. Como bien sabemos, en el caso de los niños, el fútbol es un juego colectivo con el que tempranamente se identifican.

Es lo que plasma Enrique, de 7 años, que representó a su familia alrededor de su deporte favorito, incluyendo a su hermana que hace de portera. El autor, como señal de autoestima y confianza en sí mismo, se dibuja en el centro de la escena; detrás aparecen su padre y su madre, a los que ha dibujado con un solo brazo, pero esto no es un error, ya que la dificultad del trazado del perfil de las figuras humanas lo conduce a la idea de que los dos brazos van juntos, tapándose el uno al otro en la misma dirección.


La autoestima se puede expresar a partir de la seguridad y el sentimiento de protección que llegan de los padres. De este modo, la autora del dibujo anterior lo manifiesta con bastante nitidez en la escena que ha plasmado. Así, en un plano general cercano al espectador, se representa a sí misma, siendo el centro de atención de la imagen; detrás, traza a su padre y su madre, de menor tamaño, puesto que están algo alejados. Las figuras paterna y materna se muestran, pues, como protectoras de la protagonista de la escena, ofreciéndole afecto y confianza, valores emocionales que recibe de sus progenitores y que son la base de su naciente autoestima.


Para cerrar este breve recorrido por la expresión gráfica de la autoestima, quisiera presentar otro ejemplo de este sentimiento manifestado a través de la cohesión y el cariño familiar. Tal como hemos ido viendo, debemos entender que en estas edades niños y niñas son básicamente receptores de los afectos de los adultos, aunque, lógicamente, ellos tienen también que responder a esas manifestaciones. Es lo que expresa gráficamente la autora del dibujo anterior, una chica de 11 años que ha representado a los miembros de su familia juntos y cogidos de la mano. Por otro lado, ella, que es la última en aparecer, se dibuja con su mascota, un pequeño perro que lo conduce con una correa.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 13 de noviembre de 2022

  • 13.11.22
Quienes son amantes de la lectura, y de modo especial quienes siguen las obras de Luis Landero, ese maestro de la fabulación, ya saben que recientemente le ha sido concedido el Premio Nacional de las Letras Españolas, reconocimiento que, de manera ininterrumpida desde 1984, viene otorgando el Ministerio de Cultura.


Para que se entienda la importancia de este galardón, quisiera apuntar que lo han recibido autores tan relevantes como Julio Caro Baroja (1985), Gabriel Celaya (1986), Miguel Delibes (1991), Carmen Martín Gaite (1994), Francisco Umbral (1997), Ana María Matute (2007) o Rosa Montero (2017), por citar algunos dentro de los treinta y nueve autores nominados. A ello tendría que indicar que once de los premiados también lo fueron con el Premio Cervantes, que es el reconocimiento más grande que se puede obtener por las Academias de la Lengua de los países hispanohablantes.

No descubro nada si digo que Luis Landero es uno de los grandes narradores en la historia de literatura de nuestro país, por el que siento una enorme admiración y sobre el que hablé en este medio cuando publicó El huerto de Emerson, relato de autoficción, que venía a completar El balcón en invierno, en el que se mezclaban sus recuerdos, mayoritariamente de la infancia, con ficciones nacidas de una prodigiosa mente que sigue la estela de los mundos fabulados que en su día marcó Miguel de Cervantes.

En aquel artículo indicaba que conozco a Luis Landero desde que éramos unos críos, puesto que habíamos nacido en el mismo año (1948), en la misma calle (Calzada) del mismo pueblo extremeño: Alburquerque (Badajoz).

Bien es cierto que siendo un adolescente se trasladó con su familia a Madrid, por lo que le perdí la pista hasta que salió su primera novela, Juegos de la edad tardía, publicada en 1989. Esta obra fue un auténtico aldabonazo en el campo de la ficción, ya que al año siguiente recibió el Premio Nacional de Narrativa y el Premio de la Crítica por este trabajo.

Al igual que otros que lo leyeron por entonces, yo quedé fascinado con esta novela. A partir de ella le he ido siguiendo de manera regular en las obras que publicaba. Así, por estas fechas, y aunque había visto la luz con anterioridad en 2013, yo terminaba de leer un estudio con el título de Luis Landero, publicado por la Universidad suiza de Neuchȃtel, en el que distintos autores analizaban la mayor parte de las obras que habían salido de una mente hecha para construir relatos fabulados.

El contacto más reciente que he tenido con este amigo de la infancia se ha producido hace pocos días, cuando le pedí que, si le era posible, grabara un breve vídeo para que fuera proyectado durante el homenaje que se le iba a hacer a Antonio López Hidalgo, periodista y catedrático de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, que falleció de forma súbita el pasado mes de mayo.


Esta petición provenía de los organizadores de este homenaje, que también me pidieron otra grabación personal, dada la amistad que me unía con este gran periodista y escritor, al tiempo que me solicitaban que me pusiera en contacto con Luis Landero, ya que sabían que ambos somos de Alburquerque y que Antonio López Hidalgo lo había acompañado en las presentaciones de sus libros en Sevilla. Puntualmente, y de forma cordial, como es su carácter, Luis me remitió ese vídeo que también se vio el miércoles pasado en el salón de actos de la Facultad de Comunicación.

No me quiero extender más, pues corro el peligro de alargarme en demasía; lo que sí deseo apuntar es que el premio citado ha coincidido temporalmente con el cierre de la lectura que yo llevaba de su última novela, Una historia ridícula, en la que Landero continúa con esa forma tan cervantina de construir unos relatos en los que se mezclan situaciones y personajes que se nos antojan en tanto absurdos, lo que, por otro lado, acaba enlazando con el mundo del escritor checo Franz Kafka, al que él tanto admira.

Desde estas líneas, quisiera felicitar a este gran escritor por este reconocimiento, que viene a confirmar de manera inequívoca que forma parte de los más relevantes nombres de la literatura contemporánea de nuestro país, por lo que no viene mal que quienes no lo conozcan se asomen a algunos de sus libros, que, a buen seguro, quedarán deslumbrados por su forma de narrar.

AURELIANO SÁINZ
FOTOGRAFÍA: ELISA ARROYO

domingo, 6 de noviembre de 2022

  • 6.11.22
Uno de los temas que más llama la atención a los alumnos cuando abordamos la evolución de los sentimientos infantiles es la ausencia de algunos de los personajes que componen la familia cuando se les pide a los escolares que la representen en sus dibujos.


Lo cierto es que, en la mayoría de los casos, esas ausencias están motivadas por conflictos emocionales que viven de un modo intenso en el entorno familiar y que las manifiestan en sus representaciones gráficas. Bien es cierto que son los responsables de las aulas quienes me manifiestan las situaciones en las que ellos viven, pues, la mayor parte de las veces, no conviene preguntarles directamente, dado que no son conscientes de que a través del dibujo nos están contando sus estados anímicos.

Este tema ya lo apuntó el psicólogo francés Louis Corman en su obra clásica El test del dibujo de la familia, cuestión que personalmente he podido comprobar en los trabajos de investigación que he llevado a lo largo de los años. Celos, rechazos, rencores, angustias o sentimientos de abandono, se suelen manifestar en las escenas que libremente plasman ante la propuesta que se les hace en el aula.

Así, en líneas generales, la ausencia de la figura de un hermano o una hermana, habitualmente, se debe a los celos que sienten los autores de los dibujos hacia aquel miembro familiar que no ha dibujado. Este sentimiento negativo se da con mayor intensidad en edades pequeñas. También la ausencia de la figura fraterna se produce cuando el hermano no representado muestra un carácter dominante o abiertamente hostil sobre el que ha realizado el dibujo.

Aunque llame la atención, dado que se suele pensar que en todas las relaciones paterno o maternofiliales son positivas con una abierta atención hacia los hijos, lo cierto es que no todas las familias funcionan con estas características. Hay casos de enorme frialdad, por no decir falta de cariño, por parte de los progenitores. Esto conduce a que en la vida familiar aparezcan situaciones de graves carencias emocionales y de tensión derivadas de conflictos que, en ocasiones, sus protagonistas no saben controlar delante de los menores.

Lógicamente, aunque con rasgos emocionales algo distintos, en las familias monoparentales se da con frecuencia una ausencia, aunque sea simbólica, de una de las figuras parentales. Lo más habitual suele ser la del padre; aunque hay casos de familias monoparentales en los que la ausencia corresponde a la de la madre por su fallecimiento.

Para que comprobemos cómo se manifiesta la ausencia familiar a través de los dibujos de escolares, presento una pequeña muestra de edades comprendidas entre 5 y 11 años, para que comprendamos el significado de esas lagunas emocionales.

Comienzo por el de la portada que corresponde a una chica de 11 años que estudiaba en sexto curso cuando realizó el dibujo de la familia tras habérselo propuesto en su clase. Como podemos ver, en la escena solo aparecen ella y su propia madre, reflejando la ausencia paterna en su propio mundo.

Apreciamos, no obstante, la madurez gráfica de la chica, ya que las dos figuras se muestran en un primer plano alargado, con miradas de medio perfil y un alto grado de realismo de los rostros. Comenzó por la figura que la representa a ella misma, pasando posteriormente a trazar la de su madre. El hacerlo por sí misma, podría ser una manifestación de seguridad; no obstante, hay un cierto sentimiento de soledad que queda insinuado por el amplio espacio de la lámina que queda vacío detrás y al que ambas le dan la espalda. A mi modo de entender, es la manifestación implícita de rechazo a la figura paterna que no aparece en la escena.


El dibujo que acabamos de ver corresponde a un niño de 5 años que vivía con sus abuelos maternos, ya que su madre lo tuvo siendo soltera y lo dejó al cuidado de ellos, puesto que tenía que trabajar fuera de casa para mantenerlo, por lo que no podía prestarle la atención como a ella le hubiera gustado. El problema de la ausencia paterna, generadora de sentimientos de soledad, se le agudizó con la enfermedad y el fallecimiento de su abuela, por lo que se encontró viviendo solo con su abuelo y acompañado de su madre en los días que podía contar con ella.

Por las anotaciones que yo tenía de este dibujo, y que me proporcionó su profesora, debo apuntar que el niño no hablaba con ninguno de sus compañeros de clase. Esto es comprensible, pues el fallecimiento temprano de su abuela fue un impacto importante para el pequeño. Así, en el dibujo solo aparecen su abuelo y su madre; no se dibuja a sí mismo, porque se siente triste, insignificante y carente de valor.


En este caso, nos encontramos con un dibujo en el que falta la figura materna. Se trata del trabajo de una niña de 8 años que la vemos representada junto a su padre, no apareciendo en la escena ni su madre ni los otros dos hermanos que tenía. Comenzó por el trazado de la figura que la representaba, pasando posteriormente a la de su padre. Cuando yo esperaba que continuara con el resto de la familia, me encuentro que la autora traza dos grandes montañas con los picos blancos y cayendo una nevada entre ellos.

Al preguntarle a la niña por qué no aparecía ni su madre ni sus hermanos, la respuesta que recibí es que “no cabían”. No quise interrogarle más pues no quería incomodarla, ya que su respuesta era claramente evasiva. De todos modos, simbólicamente ha acudido a la representación de dos elementos en pico, lo que implica algo punzante (¿padres enfrentados?), y a una nevada que cae entre ellos, como símbolo del sentimiento de frialdad y de rechazo emocional que le producen los miembros familiares ausentes.


Acabamos de ver una escena elaborada por una chica de 11 años. Al finalizar la clase de sexto curso de Primaria en la que se encontraba, y en la que había pedido que realizaran un dibujo de la familia, me entregó este en el que solamente aparece ella misma junto a su hermana mayor.

La escena, como podemos comprobar, es agradable, con los colores vivos y alegres. Por otro lado, ambas llevan unas camisetas en las que se encuentran escritas las frases “I love París” y “I love…”. No obstante, no aparecen ni su madre ni su padre en la escena, lo que verdaderamente llama la atención.

Por la edad de la autora, no me pareció oportuno preguntarle las razones de estas ausencias, ya que comprendí que era indicio de un conflicto emocional que estaba viviendo en casa, según me indicó su profesor. Este conflicto lo expresaba a través del rechazo que sentía hacia sus padres, por lo que buscaba el apoyo de su hermana mayor para sobrellevar la situación emocional que la embargaba.

Para cerrar este breve recorrido por las figuras ausentes en el dibujo de la familia, quisiera indicar que son numerosos los trabajos gráficos que tengo sobre esta cuestión, dado que, al interiorizarse los sentimientos negativos, sus modos de expresión son indirectos y no conocidos por los propios autores. De ahí el gran valor que representa el dibujo libre sobre este tema para conocer el mundo interior de quienes atraviesan conflictos emocionales relacionados con el entorno familiar.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 30 de octubre de 2022

  • 30.10.22
Uno de los debates que dominan el panorama nacional por estas fechas es la denominada Ley Trans, que, de fondo, supone un encontronazo entre el Ministerio de Igualdad y un sector feminista del PSOE, que no está de acuerdo con algunos de sus puntos. El clima de tensión ha llegado a tal nivel que una histórica militante socialista, la exdiputada ‘trans’ Carla Antonelli, se ha dado de baja en señal de protesta a lo que entiende como un alargamiento innecesario de un debate que ya debería estar zanjado y sometida la ley a la aprobación.


No me extiendo en este tema, ya que, sorprendentemente, algo que afecta directamente a una parte muy pequeña de la población –aunque no por ello deja de ser importante– se convierta en un hecho que suponga, para algunas, que la identidad de la mujer queda en entredicho si se aprueba esta ley tal como está planteada.

Curiosamente, parece ser que aquellas que la cuestionan solo piensan en femenino, cuando la ley es para las personas, es decir, para hombres o mujeres que no se identifican con el sexo con el que han nacido, por lo que también hay hombres ‘trans’ o transexuales.

No obstante, si nos fijamos en el fondo de la polémica, podemos imaginar que todo ello supone un importante avance, no solo con respecto a lo que se pensaba acerca de este tema décadas atrás sino también a lo que estaba legislado como negación de derechos que ahora se pretenden aprobar, tanto para hombres como mujeres transexuales. Por otro lado, no debemos nunca olvidar que los avances sociales son el resultado de una lucha reivindicativa permanente que, a pesar de su lento avance, acaba abriéndose paso.

Lo que acabo de apuntar, y aunque no coincida exactamente con la controversia actual, me hace recordar una corriente musical que se gestó hace cincuenta años en el mundo del rock. Corría el año 1972, cuando aparecieron dos magníficos discos, uno de David Bowie y el otro de Lou Reed, en los que se reivindicaba cierta ambigüedad en lo masculino y lo femenino a partir de las letras de sus canciones y de la estética con la que ambos se mostraban, especialmente, en las portadas de sus elepés.


Los títulos de aquellos elepés eran The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, de David Bowie, y Transformer, de Lou Reed. Antes de que viera la luz Ziggy Stardust (forma abreviada de referirnos al disco), el propio David Bowie había hecho pública su bisexualidad en la revista Melody Maker, por lo que crea un alter ego musical con la figura de Ziggy Stardust, una especie de astronauta bisexual y guitarrista zurdo del grupo Spiders from Mars. De este modo, y de manera no consciente, el cantante londinense inauguraba el que habría de llamarse glam rock.

Para el diseño de la portada acudió al fotógrafo Brian Ward, quien tenía su estudio en la calle Heddon de la cosmopolita ciudad. Allí, en un día lluvioso, Ward toma diecisiete fotografías en blanco y negro. Dos de ellas serán las elegidas para la portada y contraportada, tras haber sido previamente coloreadas a mano.

Así, en la portada, aparece David Bowie en la puerta del número 23 de la citada calle, embutido en una especie de mono azul, portando en su mano derecha una guitarra eléctrica, al tiempo que su pie izquierdo se apoya en un cubo de basura. Al ser coloreada la fotografía, se opta por un tono amarillo intenso, tanto para la farola que ilumina la calle como para el rótulo de una peletería en el que se lee K. West.

Puesto que se trata de un disco conceptual, yo aconsejaría oírlo de manera completa. De todos modos, hay un tema inolvidable, Starman, que conviene que lo recordemos ahora.


Pasamos de Londres a Nueva York, que es el lugar en el que podemos situar a Lou Reed en aquel 1972, fecha en la que él también saca su segundo elepé, tras su paso por la Velvet Underground. Recordemos que, tiempo atrás, se cuidaba mucho el diseño de las portadas de los elepés de vinilo, por lo que resulta curioso que el desenfoque causado por un error de revelado llamara la atención del fotógrafo Mick Rock, dando lugar a que finalmente esa fotografía le sirviera para una de las cubiertas más emblemáticas de la historia del rock. Así, Transformer, disco coproducido por David Bowie y Mick Ronson, guitarrista de Spiders from Mars, llegó a ser uno de los discos más importantes de Lou Reed.

Y es que, no por casualidad, dentro del mismo se encontraba Walk on the Wild Side, un tema casi susurrado, en el que el cantante se acompañaba de los sonidos de un persistente bajo y del potente sonido de un saxo, junto con coros femeninos que lo acompañaban. De este modo, Lou Reed logró plasmar una canción que ha traspasado las fronteras del tiempo.


Lejos han quedado los años del glam rock. Ambos artistas ya no están con nosotros. David Bowie nos dejó el 10 de enero de 2016, con un enorme legado musical tras de sí. Algo más de dos años antes, el 27 de octubre de 2013, había fallecido Lou Reed, otra leyenda del rock urbano.

Y si volvemos al punto de partida, puedo imaginarme que ambos verían con buenos ojos la Ley Trans que aún se encuentra debatiéndose en nuestro país. A fin de cuentas, con anterioridad, y con total descaro, ellos se atrevieron a ir rompiendo los rígidos moldes culturales que separaban lo masculino de lo femenino, sin que consideraran que con ello se derrumbarían los pilares de las sociedades británica y estadounidense que, por cierto, sí comenzaron a tambalearse a partir de personajes tan grotescos como Boris Johnson o Donald Trump.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 23 de octubre de 2022

  • 23.10.22
Uno de los países europeos que mejor conozco es Suiza, gracias a las numerosas estancias que he podido disfrutar a lo largo de los años. Sería prolijo comentar las singularidades de este país, ya que en gran medida presenta diferencias significativas con el nuestro, sea por el carácter, el clima, las costumbres, sus tradiciones, la multiplicidad de las lenguas que se hablan en un territorio que, aproximadamente, tiene la extensión de Extremadura y en el que viven algo más de ocho millones y medio de personas.


Dentro de esas singularidades se encuentran las políticas, puesto que Suiza es una confederación de 26 cantones, en los que se hablan alemán, francés, italiano o romanche, junto a otros dialectos de la zona. Esto nos hace ver su complejidad lingüística, aunque queda resuelta por el pluralismo idiomático de gran parte de su población.

Oficialmente, el día de la fiesta nacional es el 1 de agosto, ya que, por tradición, consideran que fue en esa fecha del siglo XIII cuando comenzaron a gestarse los primeros acuerdos de algunos de los cantones para confederarse. De todos modos, las fronteras del actual Estado suizo quedan definitivamente establecidas en el siglo XIX.

Su diversidad de lenguas, culturas y tradiciones se articuló a partir de un derecho que está muy arraigado en la confederación: el derecho a decidir a través de los referendos (utilizo el término referendo, en vez de referéndum, ya que es el aconsejado, pues es mucho más claro de pronunciar el plural en el primer caso).

En ese tema sí que hay una gran diferencia con lo establecido en nuestro país, puesto que, en el caso de España, según el Derecho Constitucional, los referendos son de tipo consultivo, es decir, que sus resultados no son vinculantes: se pueden transformar o no en normas legales. Por lo que yo pueda conocer de algunos países, en ellos los referendos sí son vinculantes, pues no tiene sentido llevar una consulta de esta índole a la población para que, después, los resultados sean meramente orientativos para el Gobierno.

Como todos sabemos, donde se ha dado un conflicto de gran envergadura ha sido con los criterios de independentistas catalanes a partir de lo que llamaron el procés que, según sus deseos, debería culminar con el derecho a un referendo de autodeterminación.

Curiosamente apelaban a las consultas celebradas en Escocia y en Canadá que, según ellos, deberían de servir de ejemplo para el Gobierno español. Ejemplos, a mi modo de ver, bastante aviesos, dado que Escocia era un reino independiente y formó parte voluntaria del Reino Unido en 1707, al tiempo que Gran Bretaña carece de constitución escrita.

Por otro lado, los intentos de la región de Quebec –de mayoritaria lengua francesa– de independizarse de la parte anglófona de Canadá fallaron en dos ocasiones. Y, de igual modo, no se tuvo en cuenta la opinión de los nativos de este país que se oponen tajantemente a que sus pueblos sean divididos y que pudieran considerarse extranjeros los unos con los otros.

Sin embargo, los defensores del supuesto derecho a la autodeterminación nunca hicieron referencia a Suiza, que es un país que celebra referendos con cierta regularidad y que ahora quisiera comentar.


Sobre este tema hablé en bastantes ocasiones con mi cuñado Markus, que, lógicamente, conocía perfectamente la realidad helvética. Dado su carácter cordial, se encargó de irme enseñando la mayor parte de los territorios de su país, de modo que pude comprobar las grandes diferencias que hay con el nuestro.

Debatimos, cómo no, sobre el sistema político tan singular que Suiza posee y, de modo especial, me interesé por los referendos que allí son tan frecuentes.

Las formas más habituales de consultas vinculantes son aquellas que se producen por la petición ciudadana con cien mil firmas (teniendo en cuenta la población que posee el país, aproximadamente, se correspondería con medio millón de firmas en España).

Pero cuando son temas de Estado, no basta con que una mayoría de quienes han votado se haya pronunciado favorablemente para que se acepte la propuesta. Es también necesario que más de la mitad de los cantones vote a favor. Esto da lugar a que se respete la diversidad de las regiones suizas.

Así, por ejemplo, cuando se llevó a consulta si el pueblo suizo quería integrarse en la Unión Europea se produjo esa doble consideración, de modo que el voto personal fue mayoritario a la pertenencia a esta nueva organización; sin embargo, la mayoría de los cantones votó en contra, por lo que finalmente la Confederación Helvética no se encuentra entre los países de la UE.

Quizás nuestro país necesitara una reforma constitucional de las consultas en referendos, de modo que si se llevan a cabo fueran vinculantes, pues no tiene ningún sentido organizarlas simplemente para recabar la opinión de la población. Y en casos de relevancia estatal, se podría acudir al modelo suizo, de modo que, por ejemplo, para que se produjera la segregación de un territorio tendría que ser aprobado por la mayoría de la población de ese territorio, al tiempo que también lo fuera por el conjunto de los españoles o de las Comunidades autónomas que conforman el país.

Me imagino que para quienes hablan de autodeterminación esto supondría una especie de atentado a la libre soberanía, otras de sus invenciones, pues la España que conocemos no es el resultado de la unión voluntaria de los territorios que la conforman. La historia, nos guste más o nos guste menos, ha caminado por otro lado muy distinto a la fantasía con la que algunos quieren reconstruir el pasado y organizar un futuro idílico (que solo está en sus sueños).

AURELIANO SÁINZ

domingo, 16 de octubre de 2022

  • 16.10.22
Por estas fechas me encuentro finalizando un libro que llevará por título El dibujo de la familia, con el subtítulo de Análisis del desarrollo de las emociones infantiles a través del dibujo. Es el resultado de muchos años de investigación, por lo que las temáticas abordadas son numerosas. En esta ocasión, traigo una bastante sorprendente, puesto que se trata de la incorporación de amigos en los dibujos a las familias, como si ellos también formaran parte de las mismas.


Digo que es sorprendente puesto que los propios autores saben que sus amigos realmente no pertenecen al grupo familiar; sin embargo, el vínculo emocional naciente de la amistad da lugar a que los integren como otros miembros más. Y es que, sin ser conscientes de ello, van dando paso a que los lazos afectivos fuertes sean razones con suficiente peso para ampliar el grupo con otros componentes con los que no tienen vínculos de sangre, sino lazos de afectividad y cariño con aquellos a quienes han elegido ser amigos o amigas.

Debemos tener en cuenta que un hecho positivo en la evolución histórica de las familias es que cada vez se da más valor a los sentimientos para explicar tanto las uniones de las parejas como los lazos que vinculan a los padres con los hijos, que deben estar cimentados sobre el amor paterno y materno-filial, y no en convenciones sociales que durante mucho tiempo han estado arraigadas en las estructuras familiares.

Con un significado distinto, aunque también fundamentado en el cariño, comprobamos cómo los escolares que tienen algún animal en la casa lo suelen representar como si fuera parte de la misma familia, ya que para ellos las mascotas son un miembro más: les ponen nombres y las cuidan como si fueran pequeñas criaturas a las que hay que prestar el tipo de atenciones que ellas necesitan.

Y si hablamos de relaciones basadas en los vínculos emocionales, no cabe la menor duda de que la amistad es una de ellas, ya que todos necesitamos tener amigos, pues no nos bastan los sentimientos y afectos que surgen en el seno familiar, puesto que somos seres sociales. Conviene, pues, profundizar en el significado afectivo-emocional en la formación de las amistades de la infancia y en los inicios de la adolescencia, para comprender cómo se van gestando esos lazos en las primeras edades.

Para este caso, he acudido a dos trabajos que me parecen bastante acordes con esta temática. Se trata de Amistades infantiles, del profesor estadounidense Zick Rubin, de la Universidad de Waltham y, también, La amistad entre niños y adolescentes, del profesor francés Pascal Mallet.

En el primero de los libros citados, el autor estudia cómo se van formando las relaciones de amistad en niños pequeños. Del mismo quisiera destacar este párrafo: “Las destrezas para la amistad no solo incluyen la aptitud para lograr entrar en las actividades de grupo, sino también la de ser amigo: un compañero de juego que presta atención, aprobación y ayuda. Incluso en el primer año de vida, los niños presentan estilos diferenciados de interacción que pueden hacerles agradables o desagradables para sus compañeros”.

Como ilustración de este tema, he seleccionado cuatro dibujos que nos ayudan a entender lo expuesto. Así, el dibujo de la portada es una escena familiar realizada por una niña de 8 años que es zurda, puesto que comienza a representarse ella misma en el lado derecho de la lámina. Tras dibujarse, representa a su hermano mayor en el centro de la lámina; en tercer lugar, a su padre en el lado opuesto; junto a su padre, muestra a su madre, ambos cogidos de la mano; finalmente, muestra a su amiga jugando al fútbol con ella. Comprobamos la fuerte relación que la une a su amiga, dado que este fue la primera en ser dibujada.


En las edades inferiores es habitual que niños o niñas comiencen a dibujar a la familia empezando por ellos mismos. En realidad, es una manifestación del egocentrismo infantil, que también puede interpretarse como autoestima, ya que, a fin de cuentas, la autoestima es la cara positiva de ese partir de sí mismo.

Es lo que sucede con esta otra escena familiar, cuya autora, de 10 años, inicia la representación del grupo familiar con la figura que la representa. Pasa, posteriormente, a plasmar a su padre, su madre y su hermano mayor. Como podemos comprobar, en quinto lugar, y junto a ella, ha trazado a su “mejor amiga”, tal como ha escrito en la lámina. Es, pues, una clara integración de su amiga dentro de su propia familia como si fuera un miembro más de la misma.


Pareciera, por los dos dibujos que hemos visto, que la expresión gráfica de la amistad dentro de la familia fuera una cosa estrictamente femenina; sin embargo, en ocasiones, también encontramos trabajos de chicos que acuden a represarse con su mejor amigo cuando se les plantea este tema en la clase.

Es lo que acontece con el autor de este trabajo, un chico de 12 años que comienza a plasmar la escena familiar por sus dos mascotas –un perro y un hámster– antes de dibujarse a sí mismo. Posteriormente, aparecen su hermana y su amigo, con los que mantiene una estrecha relación. Cierra el grupo con su hermana mayor y sus padres. De modo similar a las escenas femeninas, el carácter afectivo del autor se expresa por la representación inicial de todo lo que le rodea emocionalmente.


Cierro con esta escena que corresponde a una chica de 12 años, que se encontraba en sexto curso de Educación Primaria. Como puede apreciarse, dentro de la familia ha trazado dos grupos: en la izquierda, el formado por su padre y su madre; en la derecha, el de ella misma con sus dos amigas. En medio, ha puesto a su hermanito y un enorme sol, que les sirve de puente o separación entre ambos grupos.

Hay una clara interpretación del modo en el que la autora ha plasmado a su familia: por un lado, dibuja de manera ordenada a los cuatro que componen el núcleo familiar; pero, al acercarse por edad a la adolescencia, quiere expresar ese naciente sentido de autonomía y el deseo de cierta independencia de sus padres con la inclusión de sus dos mejores amigas, como si las tres formaran un grupo con vida propia. De todos modos, es una expresión del mundo afectivo ampliado con las amistades que en esa época se tienen.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 9 de octubre de 2022

  • 9.10.22
Este 15 de octubre se cumplen cien años del nacimiento del que ha sido el psiquiatra más importante de nuestro país, Carlos Castilla del Pino, ya que nació en San Roque (Cádiz) ese mismo día de 1922. En su larga vida, no solo destacó dentro de su ámbito profesional sino también en el científico y como escritor, ya que alcanzó a ser miembro de la Real Academia Española (RAE) de la Lengua. He considerado, pues, oportuno recordar esta fecha, dado que merece la pena que quienes no lo hayan conocido tengan alguna referencia suya, más allá de los datos e informaciones que se pueden consultar en la red.


Personalmente, tuve el primer contacto con él cuando yo dirigía y diseñaba una revista cultural que se llamaba Utopía, allá por los inicios de los ochenta. No se me olvida que, a través de uno de sus discípulos, pude lograr un encuentro en el despacho de su consulta, ya que deseaba realizarle una entrevista para ser publicada como tema central en uno de los números de aquella publicación.

Fui muy diligente a la hora de acudir a la cita prevista, ya que una de sus aficiones era la de coleccionar relojes de bolsillo, siendo esto indicio de la puntualidad y el rigor con los que manejaba los tiempos. También recuerdo la cordialidad con la que me atendió y la precisión de los términos empleados con los que respondía a mis preguntas, muy acorde con su misma forma de escribir sobre el pensamiento, la mente y las conductas humanas, en la que el rigor y la exactitud eran su norma.

La culpaPosteriormente, tuve otros contactos con él, debido a que su mujer, Celia Fernández, era miembro del grupo de investigación de la Universidad de Córdoba al que yo también pertenecía. Esto daba lugar a que, en ocasiones, Carlos Castilla del Pino participara en los congresos que organizaba el grupo, lo que para nosotros era una suerte y un modo de reforzar la importancia de esos eventos.

Remontándome, por otro lado, hacia mis años de estudiante de Arquitectura, no recuerdo bien cuál fue el primero de sus libros que leí. Me parece que La culpa, publicado en la sección de Alianza de Bolsillo, cuyas magníficas portadas, del gran diseñador gráfico Daniel Gil, captaban la atención inmediata del lector.

Era un libro bastante asequible en su lectura y comprensión, si tenemos en cuenta que, dentro de su amplia producción escrita, hay otros en los que es necesario contar con unas bases de psicología o psiquiatría para poder seguirlos.

Lo que en el fondo buscaba con la lectura de La culpa eran las razones por las que a los críos que habíamos sido educados en el franquismo nos habían insuflado un alto sentimiento de culpabilidad, en el que se mezclaban culpa y pecado como si fueran lo mismo. Sus páginas fueron como una luz que penetra en las brumas de la mente y acababa despejando una parte de ese entramado oscuro y represivo con el que éramos formados los que pertenecíamos a aquellas generaciones.

AflorismosCon el transcurrir de los años, fui leyendo con enorme interés gran parte de lo que publicaba, lo que condujo a que sea el autor del que más libros tengo (que, por cierto, de vez en cuando, vuelvo a consultarlos, ya me sirven en ocasiones para algunos de los temas ligados al conocimiento de la mente de los escolares y que suelo publicar).

No voy a extenderme ante una vida tan fructífera en muy distintos niveles. Si me preguntaran cuáles han sido las obras que más me han interesado, respondería que todas, pero, si finalmente me tuviera que decantar por algunas en concreto, citaría sus memorias que, con los títulos de Pretérito imperfecto y La casa del olivo, nos legó para que siempre pudiéramos saber de primera mano cómo había transcurrido su existencia.

También, hay uno al que te tengo un especial aprecio. Se trata de Aflorismos. Pensamientos póstumos, colección de 844 frases o pensamientos breves que fueron recogidos y publicados por Celia Fernández en 2011, dos años después de que Carlos Castilla del Pino falleciera.

No es una colección de aforismos con los que se pretenda deslumbrar al lector: son reflexiones sobre muchas de las facetas de la compleja vida humana, escritas por una persona que acumuló un alto bagaje de sabiduría, por lo que con su lectura ayuda a que podamos comprendernos mejor. Como ejemplo, muestro una breve selección de los que aparecen en el libro:
  • “La felicidad –ya me entienden– no se la encuentra; se construye”.
  • “La vejez comienza cuando no hay proyecto”.
  • “La compasión no mejora el mundo. La solidaridad sí”.
  • “No hay causa que justifique la guerra”.
  • “La crueldad es expresión de impotencia frente a la víctima”.
  • “No hay muerte si no hay olvido”.
  • “En el fondo de toda inmoralidad está la mentira”.
  • “Callar, pero no mentir”.
  • “Saber usar la soledad. No es fácil”.
  • “La amistad, un asunto que exige la mayor delicadeza, pues basta herirla para que se pierda”.
  • “La amistad, lo más importante. Y el amor, siempre que derive en la mejor amistad”.
Cierro estas líneas diciendo que Carlos Castilla del Pino siempre me ha parecido uno de los grandes intelectuales de nuestro país del siglo pasado y de la parte que le tocó vivir del presente. Gracias a él, conocemos mejor la mente y el comportamiento del ser humano, por lo que, usando el neologismo que empleó para el título del último libro citado, muchas de sus ideas han ‘aflorado’ en todos los que le hemos seguido y también admirado a través de sus obras.

AURELIANO SÁINZ
FOTOGRAFÍA: AGUSTÍN CARRASCO

domingo, 2 de octubre de 2022

  • 2.10.22
Se encuentra en imprenta, y a punto de salir, el libro que he escrito con el título de Vida y muerte de don Álvaro de Luna. La historia del castillo de Alburquerque y la lucha por conservarlo. La razón de ello se debe a que Álvaro de Luna fue el personaje quizás más poderoso, tras el rey castellano Juan II, en la primera mitad del siglo XV.


Aunque el motivo de fondo se encuentra en el hecho de que el castillo de Alburquerque fue una de las fortalezas que le pertenecieron, por lo que en el pueblo en que nací se le da el nombre de Castillo de Luna.

También porque la lucha que llevamos en la Asociación para la Defensa del Patrimonio (Adepa) en contra del proyecto auspiciado por la Junta de Extremadura y el Ayuntamiento de la localidad para transformar la fortaleza en una horrenda hospedería se puede calificar, aunque parezca un exageración, de casi titánica, pues lograr que una pequeña asociación, tras las numerosas movilizaciones, echara definitivamente para atrás en los tribunales ese proyecto resulta ser bastante inaudito en nuestro país.

Cuando el libro esté en la calle escribiré de forma más detallada sobre esta publicación, pues la historia de don Álvaro de Luna fue verdaderamente apasionante, ya que siendo hijo ‘ilegítimo’ de María Fernández la Cañeta llegó a escalar los más altos cargos del reino y acumular una inmensa fortuna. También sabemos que, finalmente, acabó cruelmente decapitado en la Plaza Mayor de Valladolid el 2 de junio de 1453, siendo su cabeza expuesta al gentío colgada de un garfio o garabato, como escarnio público del antiguo valido del monarca.

De su imagen solo conservamos una tabla que fue encargada, en 1488, por su hija María a Sancho de Zamora, es decir, treinta y cinco años después de su ejecución. Se encuentra en la capilla de la catedral de Toledo, donde está enterrado junto con Juana Pimentel, su segunda esposa (muestro abajo un fragmento de este retrato suyo).


Sin embargo, en esta ocasión, quiero abordar algo poco conocido de este personaje. Resulta que Álvaro de Luna fue el autor de una obra titulada Libro de las virtuosas e claras mugeres, texto relevante de la primera mitad del siglo XV y del que solo teníamos conocimiento de manera parcial hasta hace pocos años que se editó de manera completa con los minuciosos análisis de dos excelentes investigadores: Lola Pons Rodríguez, cuyo trabajo vio la luz en 2008, y de Julio Vélez-Sainz, que lo publicó un año después.

No deja de ser sorprendente que el de la casa de Luna se preocupara y ensalzara la vida de mujeres en una época en la que ellas apenas tenían significación fuera del trabajo doméstico y la de traer hijos al mundo (también como medio de enlaces matrimoniales y de acumulación de las grandes fortunas o de los territorios).

Con toda lógica, el Libro de las virtuosas e claras mugeres aparece ahora editado tal cual fue escrito en el castellano de la baja Edad Media; no obstante, su lectura atenta da lugar a que entendamos, de manera general, el significado de lo que en él se dice, aunque haya algunas palabras algo difíciles de comprender.

El texto se encuentra dividido en tres partes o tablas. La primera parte está destinada a exponer las virtudes de nombres femeninos del Antiguo y Nuevo Testamento; la segunda, a las de las mujeres del mundo clásico y, la tercera, a las de féminas cristianas que tuvieron rangos de reinas o pertenecientes a la nobleza.

El primer folio de la obra (Incipit) se encuentra dedicado a la presentación del autor y a explicar el contenido de los tres libros o partes principales. En el párrafo inicial, cargado de loas hacia Álvaro de Luna, podemos leer:

Comiença el libro de las virtuosas e claras mugeres, así santas como otras que ovieron spíritu de prophecía, e reinas, e otras muy enseñadas. El qual fizo e compuso el muy noble e ínclito, e muy esforçado cavallero e muy virtuoso señor varón siempre vencedor e de muy claro ingenio don Álvaro de Luna, maestre de la horden de la caballería del apóstol Santiago del espada, condestable de Castilla, conde de Santestevan e señor del Infantadgo, so el señorío e imperio muy alto e muy excelente soberano príncipe e muy poderoso rey e señor don Juan Rey de Castilla e de León, e rey segundo de los reyes que en los sus reynos ovieron este nombre”.

Una vez que ya entramos en la obra, comprobamos que en total son 88 nombres de mujeres de las que nos habla, considerándolas a todas modelos de virtud cristiana, aunque las del segundo libro, curiosamente, pertenecieran al mundo clásico. La razón de que escriba sobre ellas se debe a “porque inhumana cosa nos paresçió de sofrir que tantas obras de virtud e enxemplos de bondad fallados en el linaje de las mugeres fuesen callados en las oscuras tiniebras de oluidança”.

Loable objetivo del condestable de Castilla el de rescatar de “las oscuras tinieblas del olvido” nombres de mujeres, ensalzando sus virtudes y cualidades, tal como se tenían en consideración en una época con valores bastante distintos a los actualmente predominantes. Y no me extiendo más, dado que el estudio realizado por los dos investigadores citados es exhaustivo, de lo que se deduce la importancia que tiene este libro que ya está al alcance de todos.

Imagino, finalmente, que don Álvaro de Luna buscaría esas cualidades que describe en su obra en las dos mujeres que compartieron sus vidas con él. La primera esposa, Elvira Portocarrero, que falleció tempranamente sin que tengamos datos precisos de la fecha de la defunción, y, la segunda, Juana Pimentel, apodada La triste condesa, que sobrevivió 35 años a la ejecución de su marido, ya que ella falleció en Guadalajara en 1488.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 25 de septiembre de 2022

  • 25.9.22
Una de las experiencias más tristes por la que es posible pasar se debe al desencanto que en algún momento de la vida acontece con la persona que uno quiere y de la que te fiabas plenamente, porque estabas enamorado y creías que ese amor iba a durar para siempre.


Ya de por sí, es muy penoso comprobar, en las relaciones humanas, que ese amigo (o esa amiga) en el que habías creído y en el que habías depositado tu confianza, pensando que con él te podías sincerar ya que guardaría y respetaría las confidencias, por determinadas circunstancias, no es la persona que imaginabas y que ahora lo contemplas con unas cualidades muy distintas, casi opuestas, a las anteriores.

Y si eso también se produce en las relaciones de amistad, es posible imaginar qué significado emocional tiene la expresión de corazones rotos que se suele aplicar a las parejas que se enamoraron, pero que un inesperado día acabaron rompiendo esos lazos de amor que las unían, de forma que ahora anidan en ellas la desconfianza, el rencor, la frustración, llegando, en algunos casos, a un sentimiento de odio.

Si tuvieran hijos quienes deciden romper sus vínculos, el problema se agranda, dado que deben sortear los sentimientos negativos que ahora emergen sabiendo que nunca podrán dejar de ser padres o madres de esas criaturas, por lo que estas llegan a ser el nexo forzado de unión de dos que ya no se quieren y no desean seguir juntos.

En el caso de que fueran dos personas razonables, en el sentido de ser conscientes de que sus conflictos y problemas afectivos no deben trasladarlos a los hijos, tendrán que ser capaces de controlar las emociones negativas que inevitablemente surgen ese proceso de ruptura y, de ningún modo, utilizarlos como instrumentos de información ni como única causa de la ruptura.

Lógicamente, por su parte, los hijos tendrán que asumir que sus padres ya no se quieren, ya no son los mismos que ellos imaginaban. Dura tarea para ellos, pues, como bien representa la niña de ocho años que realizó el dibujo de la portada, en el que expresa que sus padres se quieren mucho trazándoles un corazón entre ambos como manifestación de ese amor, en el hipotético caso de que se rompiera la relación tendría que asumir que ese cariño que ella veía tan natural se ha transformado en una relación fría y distante, sin comprender las razones por las que ahora tienen que cambiar de modo de vida.


En algunos casos, se sienten tan confiados de que sus padres están muy enamorados que, como acontece con el niño que realizó el dibujo que acabamos de ver, pueden representar sus figuras con un globo de cómic que sale cada uno de ellos pensando con un corazón en su interior, como expresión gráfica de que se quieren mucho.


Pero, en ocasiones, la dura realidad termina por imponerse, por lo que es frecuente que, cuando en sus clases tienen que realizar el dibujo de la familia, acaben de manera espontánea trazando una línea vertical que divide la hoja en dos partes para ubicar al padre en una de ellas y a la madre en la otra. Es el modo de decir que ahora hay dos espacios, que hay dos casas, y que tiene que vivir repartiendo su tiempo en cada una de ellas.


Una forma menos habitual, pero sorprendente de que niños tan pequeños acudan a ella, es la de dibujar un corazón roto en medio de sus padres, como lo hace esta niña de cinco años que ya sabe que su padre y su madre se han separado, pero que ella los dibuja juntos. Le cuesta mucho aceptar la ruptura, por lo que acude a este simbolismo para expresar la razón de que ya cada uno viva en un sitio distinto.


Más difícil aún de entender la separación para esta niña de origen chino, también de cinco años, que fue adoptada. Lo cierto es que las figuras de sus padres y la que la representa las dibuja sin brazos, como si el amor entre ellos y hacia ella hubiera desaparecido de pronto, puesto que la ausencia de brazos, en este caso, significa la falta de cariño, ya que sin brazos no pueden abrazarse. Sin embargo, a su hermana mayor sí se los dibuja, quizás porque sea quien le proporciona el afecto que tanto necesita.


Cierro este breve recorrido por los ‘corazones rotos’ con el dibujo de un chico de 12 años. Por su edad, es más consciente de la irreversibilidad de la ruptura que se ha producido entre sus padres; sin embargo, no acude a representarlos en espacios separados, como hace gran parte de los escolares que atraviesan esta dura situación, sino que también ha trazado un corazón resquebrajado dentro de un círculo para manifestar que el amor que los unía se ha roto, por lo que él y su hermano tendrán que adecuarse a un modo de vida que desconocen y que no desean.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 18 de septiembre de 2022

  • 18.9.22
Ahora que las frutas y las verduras se han puesto por las nubes, me viene a la mente el nombre de un singular artista italiano al que se le ocurrió la genial idea de pintar los rostros de la gente poderosa de su época con estos elementos. Propuesta verdaderamente inaudita, dado que a nadie del mundo del arte se le había ocurrido algo semejante. Pero antes de entrar en la vida del italiano Giuseppe Arcimboldo y en los comentarios de algunas de sus obras, permitidme una pequeña digresión para contextualizarlos.


Siempre que voy a Madrid suelo visitar el Museo del Prado, quizás el más importante del mundo dentro del campo de la pintura (no así en el de esculturas, ya que otros, como el Louvre parisino, acumulan gran cantidad de ellas). Es por lo que sus salas me las conozco bastante bien. Son numerosos los recorridos que he realizado en ellas. Trayectos algo planificados que me permiten contemplar con tranquilidad las obras que se cuelgan en sus paredes.

Para mí sería difícil citar los pintores o las obras que más me gustan. No obstante, puedo hacer referencia a dos de ellos que me apasionan: El Bosco y Brueghel, magistrales artistas que podemos considerarlos como los antecedentes del surrealismo del siglo pasado.

Y relacionado con las obras de estos dos pintores, en cierto modo, se encuentran las de Giuseppe Arcimboldo, a pesar de que en esta gran pinacoteca no se encuentre ningún lienzo suyo. Hay solo tres en nuestro país: uno de ellos se encuentra en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, al tiempo que los otros dos están en manos privadas.

Esto no deja de ser sorprendente, ya que el rey Felipe II, gran entusiasta de las obras de El Bosco, recibió once lienzos de Arcimboldo, cuadros que actualmente se consideran perdidos, aunque se sospecha que esas obras que pertenecieron al monarca español pueden encontrarse en colecciones privadas de Europa y Norteamérica.

Puesto que Arcimboldo es poco conocido en nuestro país, quisiera hacer una breve presentación de algunas de sus singulares obras, centradas en la construcción de rostros humanos a partir de frutas y hortalizas, también de plantas, hojas, peces... Un mundo pictórico que, tal como he indicado, enlaza con el denominado surrealismo, corriente pictórica cuyo creador más significativo fue Salvador Dalí.


Giuseppe Arcimboldo vino al mundo en 1527, en las cálidas tierras de Milán, dentro de una familia de pintores. Ese entorno familiar fue un factor decisivo en su vida, dado que desde muy pequeño estuvo en contacto permanente con el taller artístico paterno. De su adolescencia y juventud no se conocen obras significativas. Se sabe que, a la edad de 22 años, tanto él como su padre recibieron el encargo de diseñar las vidrieras de catedral de Milán, así como una serie de tapices para la catedral de Como. Y estos trabajos de diseño, consistentes en la realización de los bocetos y dibujos previos a la ejecución en las vidrieras, configuraron la base de su formación antes de dar el salto definitivo hacia la pintura.


Arcimboldo se dio a conocer más allá de las tierras milanesas cuando tuvo la singular idea de plasmar rostros a partir de frutas y hortalizas, circunstancia que despertó amplia curiosidad entre los reyes europeos, deseosos de novedades con las que mostrar sus renovados gustos a los miembros de sus entornos. Esto dio lugar a que fuera pintor de la corte de los Habsburgo entre 1562 y 1587. Para ello, tuvo que dejar su taller de Milán e ir a residir primeramente a Viena, para después instalarse en la ciudad de Praga.

Puesto que su esquema compositivo lo fijó de forma muy precisa, como ejemplo del modo en el que el construía los rostros de sus personajes, he mostrado, en primer lugar, el retrato que hiciera en el año 1591 para el emperador Rodolfo II, cuadro que actualmente se encuentra expuesto en el Museo Skokloster de Estocolmo (Suecia), seguido de otro que tiene bastante similitud con el primero.


El carácter festivo, alegre y vitalista aparece de modo continuo en sus cuadros; sin embargo, esas metamorfosis que evolucionaban de las plantas y frutos hacia los rostros humanos, en ocasiones, provocan cierto desagrado en el espectador que los contempla. Esto puede comprobarse cuando observamos su versión de El invierno, lienzo que podemos contemplar directamente si visitamos el Louvre en la capital francesa, ya que es en este museo donde se encuentra una de las versiones más conocidas.


Esa sensación de desagrado continúa en los lienzos titulados El agua y El jurista. El primero de los indicados, construido con animales marinos (peces, pulpos, tortugas…), resulta poco grato; más aún, si pensamos que se trata de un rostro de mujer, dado que la palabra ‘agua’ es femenina, tal como el autor nos lo hace ver con el collar de perlas que añade al conjunto.

Por otro lado, El jurista, pintado en 1566, se encuentra también en el Museo Skokloster de la capital de Suecia. Como puede apreciarse, el rostro se compone de pollos desplumados y de pescado, de modo que del mismo sale una mueca de desprecio en la boca del personaje que surge de esta composición.


Giuseppe Arcimboldo fue un pintor muy popular en vida; sin embargo, llegó un momento en que sus obras ya no causaban el asombro de sus inicios, por lo que, tras su fallecimiento, en 1593, no tuvo continuadores. Sería ya en el siglo XX, cuando se produce su recuperación a partir de los surrealistas que retomaron las ideas que subyacían en sus pinturas para profundizar en el mundo de los sueños o de los absurdos del mundo real en el que vivimos.

Como vemos, siguiendo la idea que dominó en sus lienzos, acabó también adentrándose en la elaboración de personajes a partir de objetos, caso de El camarero, pintado en 1574, en el que nos muestra a un personaje resultado de la articulación de barriles, vasos o jarras, elementos de la vida cotidiana de las tabernas de entonces. En el último de los que he seleccionado, vuelve a su tema favorito: los rostros construidos con frutas y verduras.

Cierro, pues, este breve recorrido por la obra de Arcimboldo reiterando que la gente que le seguía dejó de interesarse por sus cuadros; sin embargo, hoy bien podía ser reivindicado, con cierto humor, como “patrón de las frutas y verduras”, pues de ellas pudo sacar bastante partido.

AURELIANO SÁINZ

domingo, 11 de septiembre de 2022

  • 11.9.22
Después de haber estudiado detenidamente la vida de don Álvaro de Luna (dado que está a punto de ver la luz el libro que he titulado Vida y muerte de don Álvaro de Luna. Historia del castillo de Alburquerque y la lucha por conservarlo), me ha llamado la atención que su itinerario vital no haya sido llevada al cine. Esto lo digo porque es verdaderamente apasionante conocer la trayectoria de una de las personas que llegó a ser la más poderosa del reino de Castilla durante la primera mitad del siglo XV bajo el reinado de Juan II, quien fuera padre de Isabel la Católica.


Quisiera indicar que sobre la vida del que fuera condestable de Castilla ya publiqué un artículo en este medio que llevaba por título La muerte de don Álvaro de Luna. Y puesto que la Asociación para la Defensa del Patrimonio de Alburquerque logramos parar el proyecto en el que se pretendía hacer una horrenda hospedería en la que es la mejor fortaleza medieval de Extremadura, también publiqué Habla el Castillo de Luna, en el que se incluía el vídeo con el que los amigos de la infancia me homenajeaban por mi jubilación.

Todo esto que ahora comento salió a relucir en la charla que mantuvimos con unos amigos que nos invitaron a cenar en su casa en el mes de agosto, ya que hacía tras años que no volvíamos a Madrid por el impasse que nos había generado la pandemia. En medio de esa tertulia colectiva, me preguntaron qué era de mí, qué había hecho durante todo este tiempo, una vez que hay una cierta normalidad en nuestras vidas cotidianas.



“Bueno, ya sabéis que, a pesar de estar jubilado, continúo como profesor honorario en la Universidad de Córdoba. Como ahora tengo bastante tiempo para escribir, suelo publicar habitualmente artículos semanales en los diarios de Andalucía Digital y también en Azagala, que es una revista de mi tierra”, les indico como inicio de mi intervención, una vez que hemos cumplimentado los saludos habituales.

“Ahora”, continúo, “estoy esperando que salga el libro que he escrito sobre la vida de don Álvaro de Luna, un personaje muy ligado a mi pueblo, pues recibió el título de conde de Alburquerque por parte del rey Juan II de Castilla. Por otro lado, hablo también del Castillo de Luna, que es como lo denominamos, y de la lucha que llevamos adelante para que no se creara en él una espantosa hospedería…”

“¿Sobre don Álvaro de Luna?”, me pregunta Juan, uno de los anfitriones, que se sorprende que haya tomado como tema la vida del valido de Juan II de Castilla. “Resérvanos un libro, pues para nosotros tiene mucho interés, ya que fue quien mandó construir el castillo de San Martín de Valdeiglesias, localidad madrileña que conocemos muy bien”. Le confirmo a él y a Pilar, su mujer, que, sin lugar a duda, tendrán uno de los ejemplares, pues es una edición limitada la que he encargado a la editorial Punto Rojo.


Al regreso a Córdoba, y recordando lo que habíamos hablado en aquella cena, acudo al tercer volumen de la Historia de los castillos de España, conjunto de tres extensos libros prologados por mi amigo el historiador británico Edward Cooper (con el que aparezco en la foto de portada en el paseo de Alburquerque denominado La Alameda), para informarme con detenimiento sobre el castillo de La Coracera, que es el nombre que recibe el de San Martín de Valdeiglesias, al tiempo que entro en internet para saber de los datos más recientes de esta fortaleza. Así pues, extraigo unos párrafos de este volumen:

La historia del castillo de La Coracera va unida a la de la villa de San Martín de Valdeiglesias. La zona se repobló en el siglo XIII, al amparo del monasterio de Bernardos, cuyas enormes ruinas se encuentran junto a Pelayos de la Presa. Fue primero benedictino y posteriormente cisterciense. San Martín fue creciendo y los vasallos se sublevaron contra las posesiones de los monjes, pidiendo éstos ayuda a don Álvaro de Luna, que sofocó la rebelión e inició las obras en torno a 1434”.


Puesto que considero que siempre conviene que nos informemos de la organización arquitectónica de las fortalezas medievales, especialmente de aquellas que tuvieron relación con quien fuera el primer conde de Alburquerque, aporto aquí algunos datos, así como un sencillo dibujo de la planta para que comprendamos su estructura.

El castillo de La Coracera se encuentra emplazado fuera de la población, en un cerro de laderas muy suaves. Consta de una cerca, construida posteriormente al propio castillo, con forma irregular y tramos curvados. La planta del castillo, como puede apreciarse, es cuadrada, de modo que en tres esquinas aparecen torres de tipo cilíndrico, y la cuarta, que corresponde a la torre del homenaje, es de tipo pentagonal, con tres garitones en la parte exterior, siendo el central más grande y alto que los otros dos.

Como datos recientes a tener en cuenta, conviene indicar que, en el año 1940, así como hace un par de décadas, se emprendieron obras de restauración y rehabilitación, por lo que la fortaleza se encuentra en buen estado de conservación. En el año 2003 se creó la Fundación Castillo de la Coracera en la que participa el Ayuntamiento de San Martín de Valdeiglesias y que, con el fin de potenciar el valor del castillo, se ha aprobado un proyecto para la instalación en sus dependencias del Museo de los Vinos de Madrid.


Regresando a don Álvaro de Luna, quisiera indicar que a lo largo de su existencia tuvo numerosos y poderosos enemigos en la alta nobleza, ya que lo consideraban un advenedizo y un personaje que manejaba a su antojo al rey. Es por ello que, frente a los Infantes de Aragón y la gran nobleza terrateniente, el condestable se apoyó en la pequeña nobleza, las ciudades, el bajo clero y en algunos personajes con poder en la corte de Castilla.

A todos sus enemigos externos los conocía muy bien. Sin embargo, el apoyo incondicional que prestó al nuevo matrimonio de Juan II con Isabel de Portugal sería, con el paso del tiempo, el mayor error que pagó con su vida, al ser condenado y ejecutado el 2 de junio de 1453 en la Plaza Mayor de Valladolid.

Parar cerrar, quisiera apuntar que los autores que lo defienden manifiestan que el juicio al que fue sometido acabó siendo un simulacro, pues previamente ya estaba sentenciado. Por otro lado, Álvaro de Luna siempre fue leal al rey, al tiempo que defendió la integridad del reino de Castilla, frente a las ambiciones secesionistas de la nobleza.

Quienes se posicionan en su contra, lo han presentado como a un ser ambicioso y sin escrúpulos, que manejaba al rey a su antojo y que se deshizo de sus enemigos sin parar en los medios a utilizar. Lo cierto es que su vida, tal como indico al principio, se nos muestra como una historia verdaderamente apasionante, cargadas de intrigas, con luces y sombras, por lo que queda abierta a distintas interpretaciones.

AURELIANO SÁINZ

GRUPO PÉREZ BARQUERO


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