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ANDALUCÍA CON UCRANIA

COLEGIO PROFESIONAL DE PERIODISTAS DE ANDALUCÍA

Mostrando entradas con la etiqueta El aldabón [Marco Antonio Campillo]. Mostrar todas las entradas
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sábado, 19 de noviembre de 2022

  • 19.11.22
El tapiz multicolor de la Vega fue cambiando al ritmo de las estaciones un año tras otro, dando paso a una sucesión de campos dorados y espolones calcáreos tamizados por la luz de la Luna.


Los astros se alinearon y Caronte viajó al inframundo para traer de vuelta, por unas horas, al arqueólogo Jorge Bonsor, setenta y dos años después de su muerte.

Después de habituarse un poco a la nueva realidad del siglo XXI, tuve la oportunidad de realizarle una entrevista. Para ello, lo invité a la Cafetería Koski, en El Viso del Alcor.

Don Jorge llegó a la cita en una antiquísima bicicleta. Tenía un aspecto de un hombre de unos cuarenta años, lo que me sorprendió, pues falleció en 1930 a la edad de setenta y cinco. Su aspecto era elegante, vistiendo un traje negro, camisa blanca y pajarita. Sus cabellos eran color azabache, la frente despejada, su gesto serio con mirada penetrante y lucía un gran mostacho negro. 

Tras las presentaciones oportunas, y dar cuenta de un humeante té y unas exquisitas tortitas con nata a las cinco en punto, pude comenzar, con gran emoción y algo de nerviosismo, la entrevista de mi vida. 
- ¡Buenas tardes, don Jorge! Es un placer poder entrevistarle.

- ¡El placer es mío! He podido abandonar mi húmeda y fría morada eterna en el cementerio de Mairena del Alcor, aunque sea por un breve lapso de tiempo- comentó con una tibia sonrisa y un fino acento inglés.

- ¿Dónde nació usted? ¿Quiénes eran sus padres?

- Nací en la ciudad francesa de Lille el 30 de marzo de 1855. Mi padre se llamaba James Bonsor y era un ingeniero inglés que trabajó en las minas de cobre de Riotinto, destacando por la instalación en Sevilla y Cádiz de la fábrica de gas para el alumbrado público. Mi madre, Pauline Saint Martin, era francesa y murió a temprana edad, por lo que pasé mi infancia en casa de mis tíos en Seaboroug Court, Inglaterra.


- ¿Cuál fue su formación?

- Siendo joven viajé por Europa acompañando a mi padre, permitiéndome dominar varios idiomas. Además recibí una esmerada educación en diversos centros de Europa, estudiando Bellas Artes en Londres, Bruselas y en la Deutsche Shule de Moscú.

- ¿Cómo descubrió España?

- Recién licenciado en Bellas Artes por la Academia de Bruselas, e hipnotizado por la imagen romántica que se tenía de España en la Europa decimonónica, llegué en 1879, con tan solo 24 años, con el propósito de buscar nuevos temas de inspiración para mi pintura.

- ¿Y Los Alcores?

- Antes de trasladarme definitivamente a Los Alcores. tuve breves estancias en Burgos, Madrid, Toledo, Córdoba, Sevilla, Granada y Marruecos. Sin embargo, aconsejado por mi padre, visité la ciudad de Carmona. ¡Fue amor a primera vista! Embrujado por sus monumentos, paisajes y costumbres, decidí instalarme allí, siendo conocido como el pintor inglés.

- ¿Por qué decide hacerse arqueólogo?

- Acompañado por Luis Reyes “Calabazo”, recolector de plantas medicinales y buscador de antigüedades, visité la Tumba del Banquete. Fue la fuerte impresión que me produjo penetrar en esta cámara funeraria y contemplar sus portentosas pinturas cubriendo la totalidad de la superficie de sus paredes la que me hizo decidirme, conmovido, a consagrar mi vida a la arqueología.

- ¿Cómo decidió comprar los terrenos de la Necrópolis de Carmona?

- Los hallazgos de numerosas tumbas en la zona eran vox pópuli, por lo que me asocié con un gran erudito local, el farmacéutico Juan Fernández López para la compra de los terrenos en 1881, donde descubrimos y excavamos la necrópolis romana y el anfiteatro entre 1882 y 1885. Dichas excavaciones se prolongaron hasta 1905.

- ¿Cuándo se empezó a fraguar el Museo de la Necrópolis y se funda la Sociedad Arqueológica de Carmona?

- La Sociedad Arqueológica de Carmona la fundé junto a los hermanos Fernández López, el reverendo Sebastián Gómez y el comerciante Antonio Ariza en 1885, teniendo como objeto el estudio de todo cuanto se relacionase con la arqueología y la historia local, para cuyo efecto haría excavaciones, excursiones y toda clase de investigaciones históricas. 

El  museo de la necrópolis, en cambio, el primero de este tipo en España, se comenzó a construir el 2 de abril de 1887, teniendo allí su sede la Sociedad Arqueológica de Carmona.

- Don Jorge, siguiendo la estela de la primera excursión de dicha Sociedad a la Motilla de Alcaudete, tres jóvenes soñadores (Blas Jiménez, Vidal Prieto y un servidor) la volvimos a realizar en julio de 2008, siendo el germen de la Asociación Cultural Fuente del Sol. Como curiosidad, las primeras Jornadas de Historia de El Viso del Alcor la dedicamos a su figura, concretamente en 2010, ochenta años después de su fallecimiento.

- ¡Todo un honor!

- ¿Cuándo se instala en Mairena del Alcor?

- Compré las ruinas del castillo en 1902 por la cantidad de 2000 pesetas, con el objeto de instalar mi residencia y convertirlo en un museo. Reconstruí sus torreones medievales, rehabilité sus vetustas murallas, abrí una nueva puerta de acceso hacia la Vega y construí un pabellón entre las dos torres que protegían el cuerpo de guardia. Empecé a vivir en mi nueva residencia en 1907, tras la boda con Gracia Sánchez Trigueros.


- ¿Cómo puede resumir sus excavaciones en Los Alcores?

- Durante más de cincuenta años realicé una incansable investigación arqueológica, centrándome fundamentalmente en la comarca comprendida entre los ríos Corbones y Guadaira, donde destacaron mis excavaciones en la necrópolis de Carmona, en los monumentos funerarios de Gandul, en la Cruz del Negro, Alcaudete, Acebuchal, Alunada, Santa Lucía, entre otros, situando a Los Alcores en primera línea de la investigación arqueológica en España y en Europa.

- ¿Qué otros trabajos arqueológicos realizaron?

- Mis investigaciones arqueológicas no sólo se centraron en esta zona, pues abarcaron gran parte de Andalucía occidental (coto de Doñana, valle del Guadalquivir, Bolonia, …), incluso trabajé en el suroeste de Inglaterra.

- ¿Cómo puede definir su metodología?

- Mi labor arqueológica era metódica e infatigable. Solía trabajar instalando dos grandes tiendas de campaña a pie de la excavación. Me despertaba todos los días un poco antes de las cinco. A las cinco ponía a hervir el agua para hacer el café. A las cinco y media, el agua hervía; me levantaba a las cinco cuarenta y cinco, y el café estaba ya listo. A las seis, los hombres concluían de tomar el café y se iban a trabajar. Es entonces cuando escribía cartas, notas, etc. A las siete me arreglaba. A las ocho, iba a ver los trabajos...

- ¿Qué opina que sea considerado uno de los pioneros de la arqueología española?

- ¡Es una gran satisfacción! Contribuí a la consolidación de la Arqueología como disciplina científica y me codeé con la élite arqueológica del momento. Empleaba un método plenamente científico: representación gráfica, uso de la cartografía, utilización de fotografías, análisis de la flora de los yacimientos,… Además, fundé dos museos, el de la necrópolis de Carmona, que es el primero de este tipo que ha existido en España, y el del Castillo de Mairena del Alcor, donde reuní  mis colecciones arqueológicas, pinturas y  distintos objetos de artesanía popular.

- ¿Cuáles han sido los temas más frecuentes de sus investigaciones?

- Aunque mis primeras actividades arqueológicas tuvieron como marco el mundo hispanorromano con la excavación sistemática de la necrópolis romana de Carmona, mis temas más frecuentes fueron el colonialismo fenicio y en general la arqueología protohistórica del Bajo Guadalquivir.

- ¿Y Tartessos?

- Fui el primero en tratar de definir arqueológicamente la cultura tartésica, precisando su cronología, definiendo su delimitación territorial y su cultura material, así como sus costumbres funerarias.  Los materiales que exhumé en los Alcores son de gran importancia, contribuyendo de manera significativa al conocimiento y definición de la cultura tartésica, incluso de manera más decisiva que el arqueólogo Shulten.


- Sus detractores, en cambio, se quejan de su confusión, ambigüedad, falta de rigor o parcialidad, aparte de sus ventas de materiales a la Hispanic Sociey of América en Nueva York.

- ¡Son unos mentecatos y unos ignorantes! Las ventas que realicé a esta institución se produjeron entre 1905 y 1910, estando permitidas por la legislación española sobre exportación de antigüedades. Las ventas fueron interrumpidas en 1911 cuando cambió la normativa al respecto- comentó malhumorado.

- ¿Qué opina de la Tablada, el yacimiento más destacado de El Viso del Alcor?

- La Tablada es un recinto amurallado donde tuvieron que refugiarse los íbero-celtas o turdetanos de los ataques de los cartagineses y estos últimos de los romanos en la segunda guerra púnica. La gran importancia de su principal necrópolis, donde se encontraba un grupo importante de monumentos funerarios compuestos por catorce motillas, cuyas alturas oscilaban entre 1,50 y 6 metros es una señal inequívoca del gran papel que desempeñaría esta ciudad en el valle del Guadalquivir. Recuerdo perfectamente que la visité con Schulten en 1910. 

Perdone, tenemos que ir terminando la entrevista; es hora de volver- comentó Bonsor, mientras su cuerpo se iba haciendo translúcido.

- ¡Sí, claro, Don Jorge! Una última pregunta. ¿Cree usted que su labor fue reconocida en vida?

- Buena pregunta. En líneas generales, sí. Fui miembro de las Academias de la Historia, de San Fernando y de la Hispanic Society of América. También fui nombrado Hijo Adoptivo de Carmona en 1927, así como Director de la sección arqueológica de la Exposición Iberoamericana de Sevilla. Recibí, además, la Gran Cruz de Alfonso XIII en 1930 al donar al Estado la Necrópolis de Carmona y su Museo. Además, mi segunda esposa, Dolores Simó, tras mi fallecimiento, veló por la conservación de mi legado. Sin su labor, gran parte del mismo se hubiera perdido.

- ¡Muchas gracias. Don Jorge, por dedicarme su tiempo en esta situación excepcional!

- ¡He pasado un buen rato repasando mi vida y mi obra!

Acto seguido, se levantó con rapidez, se montó en su vieja bicicleta y su silueta se perdió en el horizonte. 

PD: Idea original de mi amigo, Vidal Prieto Pineda. 


MARCO ANTONIO CAMPILLO

sábado, 15 de octubre de 2022

  • 15.10.22

La penumbra dio paso a luces anaranjadas al rayar el alba, que se filtraban entre el ramaje de los árboles y dejaban entrever el blanco inmaculado de las casas de humilde edificio, el albero de calles polvorientas, el dorado de las espigas en el mar de la Vega y el verdor de olivos, vides y huertas regadas por acequias y norias accionadas por disciplinadas mulas.

Una mujer enlutada completamente se confunde con los últimos atisbos de oscuridad mientras asciende con dificultad por la calle Amargura. Sus manos callosas y ásperas empujan la pesada puerta de la Iglesia Parroquial, dirigiéndose a paso lento a rezar a la imagen sagrada que acaba de llegar al pueblo en el año de Nuestro Señor Jesucristo de 1850 de la mano del sacerdote visueño D. José Cadenas.

La anciana, de cabellos plateados y enorme roete, se arrodilló ante la Virgen de los Dolores, tibiamente iluminada por unos chorreantes cirios. Alzó su mirada cansada y carcomida por el tiempo y el duro trabajo, escapándose un suspiro de lo más profundo de su ser. El sereno sufrimiento del rostro de la Virgen pasó a ser el suyo, elevando al unísono sus ojos al infinito. Acto seguido, se levantó con rapidez, surcando lágrimas salobres por sus aventadas mejillas, comenzando a acariciar suavemente los estilizados dedos de la Virgen ¡Había nacido la devoción dolorosa en el corazón de Los Alcores!

Setenta y un año más tarde…

El pequeño pueblo de El Viso, de poco más de ocho mil habitantes, estaba de luto por la muerte de muchos soldados inocentes en el Desastre de Annual, localidad norteafricana situada entre Melilla y la bahía de Alhucemas, así como por el asesinato del Presidente Eduardo Dato, tiroteado por unos terroristas anarquistas desde una moto-sidecar. Fue, sin duda, el año más triste del reinado de Alfonso XIII. La crisis política local iba en consonancia con la nacional, síntoma evidente de la crisis del sistema de la Restauración, fundamentado en el turnismo pacífico de los partidos conservador y liberal, los pucherazos y el caciquismo. Las elecciones municipales de 1922 en El Viso fueron anuladas por el Gobernador Civil por razones no aclaradas. Posteriormente, el uno de abril fue nombrado Alcalde, D. Manuel Jiménez Jiménez. No obstante, su mandato fue efímero, ya que falleció en Sevilla el 25 de noviembre tras una fallida intervención quirúrgica. Le sucedió el Teniente de Alcalde, D. Juan Ramón León Sánchez.

Nuestro microcosmos local estaba repleto de contrastes: una minoría de burgueses que frecuentaban el Casino y vivían en grandes mansiones repletas de criadas frente a una amplia masa de jornaleros que trabajaban de sol a sol por un salario miserable; de amos y criados; de niños enchaquetados y mozalbates churretosos, sucios y harapientos…

En este contexto, el Párroco, D. Primitivo Tarancón Gallo solicitó al Arzobispado, el siete de noviembre de 1921, la fundación de la cofradía de Nuestra Señora de los Dolores debido a que la Hermandad Sacramental, propietaria de la imagen, no podía costear los gastos de los cultos a esta venerada imagen, ya que su función principal era la de sufragar el entierro de sus Hermanos. Ante esta preocupante situación, un grupo de jóvenes idealistas persiguieron un sueño en el horizonte. Su amor inquebrantable a la Dolorosa y su deseo de que continuara procesionando por las calles visueñas provocó que decidieran crear una nueva Hermandad. Concretamente fueron cinco, quedando sus nombres marcados con hilos de plata: D. Manuel Guerrero Borreguero, D. Rafael de los Santos Falcón, D. Aurelio Jiménez León, D. Camilo León Guerrero, y D. Manuel León Cordones. Del mismo modo, fue muy importante el rol desempeñado por el capataz del paso de la Virgen de los Dolores, D. Ramón Guerrero Jiménez.

La nueva Hermandad floreció en primavera, el el 16 de abril de 1922, con el título de Hermandad del Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo y Nuestra Señora de los Dolores. Sin embargo, todo no fue un camino de rosas, siendo los inicios años difíciles, en un contexto de crisis económica y escasos Hermanos. Sin embargo la Fe mueve montañas y estos primeros dolorosos realizaron numerosas  actividades para recaudar fondos, tales como rifas, cultivo de tierras... y, al mismo tiempo, obras de caridad, como donaciones de pan para saciar la hambruna de un sector significativo de la sociedad visueña.

La primera Estación de Penitencia de la Hermandad la realiza la Semana Santa de 1924. El Jueves Santo por la noche, procesionó el Santísimo Cristo de la Vera-Cruz (imagen desaparecida en la Guerra Civil) seguido de la Virgen de los Dolores bajo palio. El Viernes Santo al atardecer, procesionó el Cristo de la Vera-Cruz, seguido del Santo Entierro (imagen que actualmente está en el Convento del Corpus Christi) y tras él la Santísima Virgen de los Dolores.

La centenaria historia de esta Hermandad está repleta de hitos: la salvación de la imagen de la Virgen en la cruenta Guerra Civil de 1936, la primera Estación de Penitencia del Cristo del Amor (bello crucificado de Juan Bautista Vázquez “el Viejo” procedente de la Iglesia de San Martín de Sevilla), la construcción de la Casa Hermandad en la calle Horno, número ocho (inaugurada por el Cardenal Arzobispo de Sevilla, D. Carlos Amigo Vallejo, el 19 de diciembre de 1982), la fusión con la Hermandad Sacramental (aprobada por el Vicario General del Arzobispado de Sevilla el cinco de febrero de 1992),…

Los actos conmemorativos del Centenario son un brillante broche de oro a la dilatada Historia de esta sueño de esos cinco Hermanos que vieron cumplir un sueño, denominado con el paso del tiempo como la Antigua Real e Ilustre Hermandad Sacramental, Ánimas Benditas, Santo Lignum Crucis y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo del Amor, Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo y Nuestra Señora de los Dolores.

Hoy, sábado 15 de octubre, será un día histórico para El Viso del Alcor. El paso de Nuestra Señora de los Dolores, aromatizado por rosas de color blanco roto y nardos a sus pies, procesionará por las engalanadas calles en honor de multitudes desde las cinco de la tarde bajo los sones de la Banda de Música Virgen del Castillo, de Lebrija, siendo el momento culminante cuando el Alcalde, D. Gabriel Santos le imponga la Llave de Oro de la Villa. La noche se tornará en día con los cohetes iluminando su nueva saya, bordada en oro sobre tisú de plata. luciendo sobre su pecho tocado de encajes antiguos en tonos dorados y cobre, de estilo art-decó, y collar de chatones de cristal de roca y plata, de los años treinta. Sostendrá un rosario de cristal de roca verde, el más antiguo de cuantos posee la Virgen. Sobre sus benditas sienes, la antigua corona de salida, con joyas adheridas, inspirándose esto en los años setenta. Y, finalmente, lucirá la Medalla de Oro de la Villa de El Viso, concedida por el Excmo. Ayuntamiento hace veinticinco años.

Desde estas modestas líneas, quiero felicitar a la Hermandad de los Dolores por su centenario, deseándole otros cien años más repletos de gozo, amor e ilusión. 


MARCO ANTONIO CAMPILLO
FOTOGRAFÍA: HERMANDAD DE LOS DOLORES


domingo, 11 de septiembre de 2022

  • 11.9.22

Cuando la Vega era mar,

y el Alcor, orillar era,

se sublimaron los vientos,

se encendieron las estrellas

y se vistieron de gala

los caminos y las sendas

para dar la bienvenida,

gracia, dicha, recompensa,

a María del Alcor,

Reina de Mares y Tierra”

Clemente Calabuig

 


Las Fiestas Patronales en honor a la Patrona de El Viso del Alcor son, sin duda, la máxima expresión y reproducción de nuestra identidad como pueblo. Tal como manifiesta Durkheim, “los ritos son ante todo, los medios por los que el grupo social se reafirma periódicamente...Hombres que se sienten unidos, en parte por lazos de sangre, pero aún más por una comunidad de intereses y tradiciones, se reúnen y adquieren conciencia de su unidad moral”. Identidad es sinónimo de estabilidad, permanencia, tradición y continuidad en el tiempo, de generación a generación, de padres a hijos, y de abuelos a nietos.

En primer lugar, la devoción a Santa María del Alcor, tanto en El Viso como en Mairena, supuso, desde el siglo XIII al XX el florecimiento del sentido identitario con respecto a esta comarca, perviviendo el término árabe de Alcores, Yâbal-Yibâl-al-Rahma, que puede traducirse como la “Montaña de la dicha o de la felicidad”. El Himno, con letra de Sixto Sánchez-Barbudo y música del Maestro Seri, fortalece, del mismo modo, esta simbiosis:

“Por esta tierra de Los Alcores,

brota ferviente tu devoción.

Bendice siempre a sus moradores,

que te saludan con los mejores

hondos cantares del corazón”

 

En sentido inverso, existe una creciente identidad de los visueños y visueñas con su Patrona, Alcadesa perpetua desde 1939, denominándose de esta forma una gasolinera, una confitería, una banda de música, un hotel y varias empresas. En este sentido, la numerosa difusión de la imagen de Santa María del Alcor en cuadros, retablos cerámicos, carteles o placas, repartidas por toda la población, son otra muestra más de esta unión.  Por otro lado, en 1913 nació la primera niña denominada María del Alcor, sin embargo, en la actualidad hay 105 mujeres que reciben el nombre de Alcora, lo que supone un 5,45 %. No es un nombre exclusivo de El Viso, ya que viven 10 en Mairena del Alcor y 13 en Sevilla, aunque son, sin duda, de origen visueño. La Coronación Canóniga de 2005, con su novena itinerante por calles y barrios, fortaleció la popularidad de las Fiestas Patronales y la devoción a su Patrona, que, curiosamente, da nombre a un tipo de azul, el de la bandera visueña, símbolo del municipio.


Esta fiesta, exclusivamente religiosa en sus orígenes, floreció tras la llegada de la nueva imagen en 1939, el traslado de la festividad de la Virgen del 25 de marzo (día de la Encarnación o de la Anunciación, y que caía en Cuaresma o en Semana Santa) al 12 de septiembre, el nacimiento de la romería y la creación de la Hermandad. Sin embargo, por distintas circunstancias, estos brotes verdes se fueron marchitando con el paso inexorable del tiempo, teniendo una rápida efervescencia en 1985, cuando el gobierno local del PCE quiso convertir en día laborable el 12 de septiembre, día de la Patrona, debido al escaso arraigo de esta festividad, y trasladarla al lunes de “resaca”, tras la romería. Esta acción municipal supuso un inesperado fenómeno de reacción municipal, incentivado por la oposición y la Hermandad de Santa M.ª del Alcor y San Pedro Nolasco. Las humeantes chocalatadas y los reconfortantes potajes de garbanzos que se realizan desde entonces son la máxima expresión de la fraternidad de un pueblo, que olvida sus diferencias y fortalece sus raíces comunitarias. “En definitiva, se genera un nuevo ritual-festivo, hoy suficientemente consolidado, que convierte el día de Santa María del Alcor, el 12 de septiembre, en el día grande de los visueños y las visueñas” (Ángel del Río).

Los símbolos festivos a lo largo del mes de septiembre expresan la identidad social visueña, permitiendo realizar y ejercer la condición de miembro de una comunidad. La presentación de los recién nacidos a su Patrona, tradición nacida en 1980, o la de llevarle en familia los nardos a la “Reina del cielo y de la tierra” son una muestra palpable de ello.

La Procesión del 12 de septiembre es el culmen de la fiesta. Los cantes, bailes, petaladas, fuegos artificiales, calles exornadas con flores de papel y banderas azules y blancas, arcos efímeros, cúpulas o los propios exornos de las casas, etc, suponen la renovación de los lazos del imaginario colectivo de los moradores del corazón de Los Alcores.

Por último, la romería supone un colofón veraniego, donde peregrinamos a pie, a caballo o en carreta al emplazamiento mágico-religioso de Alcaudete. En esta peregrinación nos despojamos de los roles previos y alcanzamos un significativo grado de empatía con nuestros semejantes. Vamos sucediendo etapas (misa de romeros, salida de la Iglesia Parroquial de Santa María del Alcor, rezo del ángelus en el Moscoso, llegada a Alcaudete…). Según V. y E. Turner, el camino de este tipo de peregrinaciones tiene figura de elipse. Es de ida y vuelta, si bien propiamente lo es de ida, mientras que queda invisible el de vuelta, realizándose rápidamente y con menor interés por los puntos intermedios. Como ya sabemos, la romería en honor a Santa María del Alcor Coronada se celebra en Alcaudete, término municipal de Carmona, pero, histórica, simbólica y sentimentalmente, propiedad del corazón de todos los visueños y visueñas.

¿Es la romería, además de una manifestación cultural y religiosa, una subconsciente y simbólica reivindicación territorial?

Como conclusión, las Fiestas Patronales, con indiferencia de nuestras ideas religiosas, suponen, junto a otros ciclos festivos y tradiciones, la renovación de nuestros lazos comunitarios como pueblo con una identidad e idiosincrasia definidas. La sustitución del nomenclátor de la Avenida República de Nicaragua por Avenida 12 de Septiembre o el colosal Monumento a la Patrona son ejemplos palmarios de esta “visueñidad”.

¡Felices Fiestas Patronales!

Fiestas de Interés Turístico Nacional de Andalucía. 





MARCO ANTONIO CAMPILLO

sábado, 20 de agosto de 2022

  • 20.8.22

¡El Viso no tiene Historia!

¡En El Viso no hay na!

Estas expresiones se escuchan frecuentemente en el corazón de Los Alcores, pero ¡nada más lejos de la realidad! Las venas y arterias de El Viso del Alcor están repletas de Historia y de vestigios de nuestro pasado, tradicionalmente ignorados, maltratados y, en muchas ocasiones, destruidos. Uno de estos vestigios de tiempos remotos salió a la luz el pasado uno de junio, coincidiendo con la peregrinación al Rocío. El descubridor fue José Antonio Bonilla Espinosa, quién durante una excursión escolar, se percató de una pieza cerámica interesante y tuvo la generosidad de compartirlo con la Asociación Cultural Fuente del Sol, quién estudió la placa y la puso en conocimiento de la Delegación de Cultura, para su custodia, conservación y protección. La actitud de José Antonio, tal como afirma el Colectivo Solano “es todo un ejemplo de comportamiento ciudadano en relación al patrimonio público para su cuidado y conservación, frente a esas otras actitudes egoístas que destrozan lo de todos o lo expolian y lo acaparan exclusivamente para si mismos”.

José Antonio Bonilla y su hijo Ángel




Miembros de Fuente del Sol: Antonio Roldán, Armando Rueda y

Marco Antonio Campillo



 

El lugar del hallazgo fue en un sitio público, el Parque de la Muela, en el área de influencia de la Villa de la Estación, que debió contar, según se puede deducir de los escasos restos encontrados, de lujosas estancias decoradas con mármoles de colores y mosaicos, termas, molinos, necrópolis, alfares, etc., y, posiblemente, su propia iglesia cristiana o basílica. 



La pieza es una placa de barro cocido cuadrangular con relieves realizados a molde y de unas dimensiones considerables: 41 cm de longitud, 37,5 de ancho y 4 centímetros de grososr. En el centro, destaca una protuberancia piramidal cruciforme, en forma de estrella o cruz, que sobresale unos 3 cm de la superficie de la placa. De las cuatro aristas de la pieza central parten tallos hacia las esquinas, que acaban en una especie de decoración vegetal, coronados por triángulos en las esquinas. La decoración está enmarcada por una doble moldura cuyo espacio central presenta dientes de sierra.

Existen dos ladrillos idénticos, y otros cuatro similares, en la Colección Alhonoz en Écija, aunque éste va a tener la particularidad que va a poder contemplado de forma pública y gratuita en su lugar de origen.

Referente a su cronología, tampoco aparecen elementos que nos permitan definir con mayor concreción su datación, aunque comparado con otras placas similares se puede encuadrar en la época tardoantigua, entre los siglos IV y VII.

Su funcionalidad no está del todo clara, estableciendo los historiadores especializados varias hipótesis:

- Por una parte, hay autores que adscriben su uso al mundo funerario, es decir, actuando como tapaderas de las propias tumbas o como revestimiento de fosas o sarcófagos. A favor de esta teoría estaría que nuestra placa ha aparecido relativamente cerca de las tumbas que aparecieron tras las fuertes lluvias de 2010 (una parte de los restos de una de ellas se conservan en el Centro cultural Convento de Corpus Christi.

- La segunda propuesta es aquella que defiende que estos ladrillos fueron destinados a ornamentar los espacios sagrados, especialmente los templos: utilizados directamente en paramentos, actuando como verdaderas placas; también en cubiertas, concretamente como casetones de bóvedas o a modo de pavimento. Ya San Isidoro de Sevilla (siglo VI-VII), en sus Etimologías, se refiere a éstas como elementos ornamentales de los edificios de culto cristiano, tanto para las paredes, como para los techos o los pisos. De estas posibilidades, existe cierto consenso entre los investigadores en señalar su uso preferente como decoración de los casetones de las cubiertas planas de madera. La protuberancia central cruciforme de la pieza en cuestión formaría un juego de luces espectacular cuando los fieles, a la luz de las velas, miraran hacia el techo.



- La tercera propuesta admite los mismos posibles usos que la anterior, pero extensibles para el ámbito civil no siendo exclusivos del mundo sacro y funerario.

Ahora bien, no todos los ladrillos o placas disponen de la misma morfología y tamaño, por lo que, además de existir talleres locales (entre ellos el ubicado en El Viso) puede indicar que cada uno de ellos tenga una funcionalidad determinada.

Como conclusión, queda mucho por conocer e investigar de esta magnífica pieza, pero lo que es totalmente demostrable que El Viso tiene un Patrimonio de gran potencial y valor, que debemos conocer, proteger y legar a las generaciones venideras. 




MARCO ANTONIO CAMPILLO
FOTOGRAFÍA: FUENTE DEL SOL



sábado, 11 de junio de 2022

  • 11.6.22

La casa de la calle Real, número 57, es un buen ejemplo de las mansiones de la rica burguesía visueña de tiempos pretéritos.

Fue construida en torno a 1904, tal como indica el bello cancel de la entrada, que aparece rotulado por las siglas S.J.L., es decir, Sixto Jiménez León.

Efectivamente, don Sixto era miembro de la élite local, gran propietario y un influyente abogado. Como curiosidad, llegó a ser Alcalde de El Viso del Alcor de forma interina, desde el 26 de abril de 1894 hasta el 11 de mayo del mismo año. Además, aparece en varias listas del Censo electoral de compromisarios para senadores, como el quinto mayor contribuyente de la localidad a finales del siglo XIX, únicamente superado por Salustiano Jiménez Cadenas, Antonio López Vergara, Juan Ramón León Sánchez y Gil Jiménez León.

La fachada, como podemos observar, es sobria, donde podemos saborear el néctar del clasicismo,  predominando las líneas rectas y la simetría. La puerta está situada en la parte central, aunque no destaca como una portada monumental de otras casas del XVIII. Cuatro sobrias  ventanas, ligeramente arqueadas, integradas en la fachada y que no arrancan del suelo, la flanquean, dos a cada lado, sobre un paramento ligeramente almohadillado. Sobre ellas, se alzan cinco elegantes balcones, estando acristalados los de las esquinas. El conjunto es rematado por una cornisa con ménsulas y jarrones que desafían la cúpula celeste.

Tras cruzar el zaguán, cuyo techo está decorado con elementos geométricos de rica policromía, y el exquisito cancel, que sustituye, como rasgo de la modernidad industrial, a los tradicionales portones de madera, entramos en el salón principal de la casa, donde el agua de la clepsidra parece haberse detenido. 

Las mecedoras guardan secretos de tiempos pasados, rodeadas de un mobiliario realizado por manos expertas y exquisitas, siendo flanqueadas por un precioso alicatado geométrico, dando el espejo una imagen de mayor profundidad.

El piano, de líneas elegantes, nos traslada a largas veladas musicales, donde se reuniría la flor y nata de la aristocracia visueña.

Sobre el techo, cabalga la estructura de las vigas de hierro, toda una novedad en el corazón de Los Alcores a principios del siglo pasado, y una lámpara de seis brazos.


Rápidamente, desde el salón principal, podemos acceder al despacho de don Sixto, donde parece escucharse todavía el trazado de la pluma sobre un mar de papel.


De nuevo en el salón, podemos tomar el aire en el patio, cruzando un arco de medio punto peraltado, flanqueado arcos de herradura de menor porte. La arcada parece decorada con paños de sebka, de inspiración giraldiana y neomudéjar, y por una cristalera multicolor de líneas geométricas, y coronadas por estrellas de seis puntas, que llena el salón de luces caleidoscópicas.



El patio, de forma cuadrada, y alineado con la calle, es un placer para los sentidos, contrastando el blanco de los muros con el color azulado del alicatado, bajo el susurro de agua de una espectacular fuente poligonal. Podemos adentrarnos en las arenas del tiempo e imaginarnos a los señores de la casa tomando el fresco, sentados en elegantes asientos de mimbre, en una noche de luna llena, mientras las criadas les traían el aperitivo, bajo la protección de un azulejo de la Inmaculada Concepción.




 

Otras dependencias importantes de la casa era el comedor, con un bello brasero para calentar las frías noches de invierno, la cocina, el patio trasero con las pilas o el cuarto de baño (todo un lujo en esta época), de mayores dimensiones que muchos pisos actuales. En la planta baja, también están las dependencias anexas del servicio (como curiosidad todavía se conservan los timbres para requerir su pronta presencia).


Las dimensiones de la casa son enormes en la planta baja y, además, se dobla en el piso superior, por el que podemos acceder subiendo una escalera, de dos tramos, que parece flotar en el aire. Todo el que sube al “cielo”, recibe la protección de un cuadro de buena factura de la Inmaculada concepción, posiblemente del siglo XVIII.




En las habitaciones del piso superior, el tiempo parece haberse detenido. También encontramos otros salones y espacio para granero y otras dependencias menores.

En definitiva, una maravilla de casa, que pude saborear sorbo a sorbo, gracias a las gestiones de mi amiga, Rosario Jiménez, y a la amabilidad de don Salvador Sánchez-Barbudo. Un Patrimonio, por tanto, que debe ser restaurado, conservado y donado a las generaciones venideras. 

MARCO ANTONIO CAMPILLO


sábado, 7 de mayo de 2022

  • 7.5.22
Las Ordenanzas Municipales de El Viso del Alcor de hace 500 años regulaban, como no podía ser de otra manera, las transacciones comerciales dentro de la villa, haciendo especial hincapié en el abastecimiento de productos de primera necesidad.



El abastecimiento de carne estuvo regulada por varias disposiciones que regulaban su regular suministro y consumo. En primer lugar, cualquier ganadero debía comunicar al arrendador de la carnicería su intención de venderle carne. 
Pasados dos días sin contestación, el ganadero podía vender su producto fuera de la villa, sin ser multado por ello. Del mismo modo, los propietarios de cabritos que se alimentaban de los pastos del concejo tenían terminantemente prohibido venderlos en Sevilla, donde los precios eran mucho más elevados, con el consiguiente perjuicio de desabastecimiento de los vecinos. Por otro lado, todo vecino que vendiese carne tenía que comunicarlo previamente de manera pública para pagar su correspondiente alcabala (impuesto, de carácter indirecto y de origen musulmán, que gravaba las transacciones internas en la Corona de Castilla). Al arrendador de la carnicería le estaba permitido tener alrededor de 150 carneros en la dehesa del concejo, incluso durante la Cuaresma y hasta la Virgen de agosto, e incluso podía meter los sobrantes en las dehesas de los labradores; pasado este tiempo, debería sacarlo de este lugar, pudiendo vender fuera entre 30 y 40 reses, sin necesidad de licencia del cabildo, siempre que la villa quedara suficientemente abastecida.

El carnicero tenía la obligación de guardar cada domingo dos piezas de carne en canal para el consumo del concejo.
Las autoridades municipales controlaban las ventas de carne, intentado impedir los fraudes. En este sentido, el almotacén tenía la obligación de repesar en la puerta de la carnicería la carne vendida a los vecinos; regular el precio, peso y venta de reses muertas o lisiadas o prohibir el peso de la carne en casa de cualquier vecino, entre otras.
El consumo del pescado era menor que el de la carne, aunque experimentaba un fuerte crecimiento los días de Cuaresma y los días de abstinencia (viernes y sábado) La mayoría del pescado que llegaba a la villa procedía de Sevilla, siendo las especies más consumidas la pescada fresca o cecial y la sardina blanca. Este producto era traído por el arrendador de la pescadería, o bien por otros vecinos, todos los martes y miércoles del “año carnal”, al objeto de estar cubierto su consumo durante todos los días de vigilia, incluso llegando a ser multado el pescadero con 200 maravedíes por cada jornada que faltase el pescado.

Una vez en la tienda, se procedía a su remojo, no pudiéndose vender remojado de una semana a otra, si no era con consentimiento de los regidores, y a un precio más bajo. La sardina blanca tenía que ser lavada en el río (no sabemos a cuál se refiere) Tras el remojo se le ponía precio de venta según su postura, no pudiendo sobrepasar un tercio de lo que costara al tendero, sancionando a éste si lo vendía a un precio más elevado del precio fijado.
El vino local recibía un fuerte proteccionismo por parte de las autoridades municipales frente al foráneo, ya que se prohíbe la entrada de vino mientras existan en la villa tres tabernas dedicadas a la venta del mismo. 

Las personas que venían a vender vino a la villa tenían que hacerlo en la Plaza, con su correspondiente cédula firmada por un juez o escribano, estando prohibida su reventa.
El Viso era un pueblo básicamente cerealista, aunque son pocas las reglamentaciones que regulan la elaboración del pan. Los regidores eran los encargados quiénes ponían el peso el peso y el precio de este producto de primerísima necesidad, ajustándose a lo dispuesto en las Ordenanzas de Sevilla al respecto.

Los tahoneros tenían prohibido vender pan amasado en su casa, así como tener gallinas u otras aves fuera del corral para evitar pérdidas innecesarias de trigo o harina.

Estaba prohibido quitar el horno a la persona que le había sido concedido, bajo multa de 200 maravedíes para el señor de la villa.

El peso del pan era vigilado celosamente, siendo multado el panadero que fuera cogido en falta, y su pan entregado a los pobres.

Las aceitunas locales no podían venderse fuera de la villa, salvo con consentimiento de los jueces.

El adecuado abastecimiento de aceite estaba asegurado con las reglamentaciones de las Ordenanzas al respecto. El arrendador de la tienda de aceite o cualquier otra persona dedicada a su comercio, ya fuera comprado o de su propia cosecha, estaba obligado a venderlo conforme a lo regulado por el regimiento de la villa, estableciendo una relación entre el precio y la ganancia del vendedor. Si en algún momento el tendero no vendiera su aceite por parecerle escasa su beneficio, estaba obligado a pagar una multa de 200 maravedíes al concejo por cada día que no lo pusiera a la venta.
El concejo también reglamentó el comercio de frutas y hortalizas de producción local y foránea. Los forasteros tenían permitido vender los productos en la villa junto a sus vecinos, siempre que lo hicieran en la Plaza o tiendas autorizadas dentro de ella; lo sobrante podían venderlo por las calles, dando cuenta previamente a los arrendadores de las tiendas. 

Estos a su vez, estaban autorizados a vender frutas de su propia cosecha en sus casas sin tener que pagar alcabala por ello, ya que iba implícito en el arriendo de la tienda.
Los vendedores de espárragos, palmitos, alcachofas, nabos de majuelo, etc, estaban obligados a surtir en primer lugar a la villa, pudiendo fuera de ella lo sobrante.

El arrendador de la huerta del concejo estaba obligado a permitir la venta de frutas y hortalizas a los foráneos, siempre que le pagaran la correspondiente alcabala; sin embargo, los hortelanos de las huertas del Moscoso y Alcaudete sólo podían vender sus productos los lunes, siendo requisada la mercancía y multado con 200 maravedíes para el señor de la villa en caso de incumplimiento.

Los forasteros que venían a El Viso a vender miel tenían que hacerlo obligatoriamente en las tiendas destinadas a tal efecto en la Plaza, También podían hacerlo por las calles en un horario fijado: desde la tarde hasta las diez de la mañana; en caso de que vinieran en horario matutino, podían venderla hasta la puesta del sol, estaba prohibida su reventa.

El arrendador del mesón tenía que tener obligatoriamente para su venta jabón de jueves a sábado, siendo multado con cien maravedíes parar el concejo en caso de incumplimiento.
En definitiva, las Ordenanzas regulaban, con fuerte proteccionismo, el comercio en la villa, con normas estrictas y con afán recaudatorio, para asegurar el abastecimiento de la población de productos de primera necesidad. La Plaza de la villa (actual Plaza Sacristán Guerrero, aunque mucho más pequeña) era el centro neurálgico del comercio local, contando con carnicerías, pescadería, tiendas de venta de aceite, de frutas y hortalizas, miel,... Es decir, “la plaza ejercía las funciones de mercado público, de esta manera se fiscalizaban las ventas y se podían cobrar los pertinentes arbitrios a los vendedores...”
El mercado era, pues, el lugar de la distribución y de la redistribución de bienes y mercancías. En el él también se producen transmisiones de información, encuentros de conocidos, activación y ensanchamiento de las redes sociales.

La plaza, elemento simbólico de la aldea, se concibe, pues, como el lugar de llegada, confluyendo, las calles, en ella. Del mismo modo, era el escenario habitual de los grandes acontecimientos de la vida social, económica, política y religiosa de la aldea.

sábado, 9 de abril de 2022

  • 9.4.22
¡No hay que mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista!

Tras la tempestad de la pandemia y dos años sin poder disfrutar de nuestra Semana Grande, el Domingo de Ramos está a la vuelta de la esquina.


El extraordinario y emotivo pregón de D. Miguel Ángel Crespo Martín, presentado elegantemente por el Hermano Mayor de la Hermandad de la Esperanza, D. Juan Ramón Benítez Bonilla, supuso el gran aldabonazo de salida de esta tradicional Fiesta.

Nuestra Semana Santa se vivirá, sin duda, con pasión, sentimiento y mucha tradición, transmitida de abuelos a nietos, de padres a hijos. Despertarán al rayar el alba de mañana, Domingo de Ramos, nuestros anquilosados sentidos.

Las puertas de nuestra mirada se abrirán de par en par para contemplar las obras de arte que procesionarán por las calles de nuestro pueblo, que serán llevadas por esforzados costaleros. Las calles y balcones engalanados embellecerán más aún nuestro pueblo bajo las luces anaranjadas del ocaso o las llamas oscilantes de cirios y velas.

Los sonidos de las cornetas y tambores erizarán nuestra piel. Las Marchas tocadas por las Bandas de Música de San Sebastián de Villaverde del Río, las locales de Nuestra Señora de la Merced y de Santa María del Alcor, de Nuestra Señora de la Soledad de Cantillana o la íntima de la Capilla musical y de cantores “De Profundis”, nos emocionarán y harán derramar más de una salobre lágrima. Las desgarradoras saetas, en cambio, despertarán los suspiros, que serán mecidos por una ligera brisa que, desde el Alcor hasta la Vega, impregnará el ambiente de incienso, azahar, torrijas y pestiños. El recio sonido del llamador, los gritos de ánimo del capataz, el sonido rítmico de los varales y de las zapatillas de los costaleros, despertarán la nostalgia de los que se fueron demasiado pronto y nos contemplan desde Los Alcores del cielo.

Las yemas de nuestros dedos volverán a sentir el terciopelo de los mantos de las Vírgenes, el raso de las túnicas de los penitentes, el esparto de las zapatillas, o el tacto inconfundible de una bola de cera, que nos trasladará a nuestra infancia.

El olor a azahar de nuestros naranjos, a dulces, a incienso, a ropa recién estrenada, abrirá para los Creyentes el ciclo de la festividad de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.
La Semana Santa es también sabor, mucho sabor; a pestiños, torrijas, miel, canela o tomate con bacalao.

Esta cascada de emociones estará llena de esperanza por volver a la normalidad después de dos duros años y alcanzar una paz que marque con hilo de plata el rumbo de la prosperidad económica.

Hablando de esperanza, el 2022 será recordado, además, por la primera estación de penitencia, si las condiciones meteorológicas adversas no lo impiden, de la Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Redención en el Beso de Judas, María Santísima de la Esperanza y Patriarca Bendito San José. Por tanto, esta joven Hermandad, nacida en abril de 1998, verá cumplido un sueño, fraguado en la emblemática barriada de Nuestra Señora del Carmen, y coronado el 20 de noviembre de 2019 de manos del Monseñor Juan José Asenjo, Arzobispo de Sevilla, quién firmó el decreto nombrando Hermandad de Penitencia a esta agrupación de fieles.

La Cruz de Guía rasgará el azul cielo visueño a las seis de la tarde del Martes Santo desde la Casa Hermandad de Vera-Cruz y Rosario, provocando un torrente de emociones de sus Hermanos, muchos de los cuales, con túnica de cola de color hueso y antifaz de sarga verde con escudo bordado de la Hermandad, acompañarán a María Santísima de la Esperanza. La belleza, elegancia y dulzura, plasmada en magistrales golpes de gubia del imaginero Ventura Gómez sobre madera de cedro, irradiará sobre las calles, plazas y rincones de Los Alcores de El Viso, de El Viso de Los Alcores, al son de las tambores y cornetas de la Banda de Música San Sebastián de Villaverde del Río.

En definitiva, este Martes Santo debe ser el de la recuperación de nuestra ansiada normalidad y volver a disfrutar de nuestra añorada Semana Santa, donde la devoción, el arte y la pasión irradian el atardecer baja la efigie de la Cruz del Calvario.

MARCO ANTONIO CAMPILLO 
FOTOGRAFÍA: REDENCIÓN Y ESPERANZA 

sábado, 5 de marzo de 2022

  • 5.3.22

Los guardaesquinas o guardacantones son elementos arquitectónicos situados en las esquinas de calles de nuestros pueblos y ciudades, no siendo El Viso del Alcor una excepción. Su función era resguardar las esquinas de los edificios del impacto de carruajes, carros y carretas. Por tanto, son postes de piedra que protegían dichas esquinas de los golpes de los vehículos o del paso de éstos. Esta antigua costumbre se conservó hasta que empezó a generalizarse el empleo de las aceras.

 


Cuando paseamos con tranquilidad por el bello centro histórico de nuestro pueblo, si prestamos un poco de atención, podemos contemplar los guardacantones, vestigios de nuestro pasado, perfectamente integrados en nuestro paisaje urbano, pasando, en muchas ocasiones, desapercibidos para nuestros fatigados ojos. Las casas tradicionales visueñas estaban realizadas con tapial, siendo, pues, especialmente las esquinas muy frágiles a roces y golpes. Siendo la piedra escasa y cara, se reutilizan materiales de acarreo, es decir, columnas antiguas de villas romanas y desgastadas ruedas de molino, a los que se le ofrece una segunda vida, en un tiempo en el que no había ningún tipo de conciencia patrimonial (en la actualidad, tampoco se ha avanzado mucho, por desgracia) Su forma suele ser algo redondeada, con la finalidad de que no se deterioraran fácilmente con los roces y golpes de las ruedas de carros y carretas.

Estos elementos son parte de nuestra historia y, como bienes de interés patrimonial, son señas de identidad de nuestro pueblo, mereciendo, por tanto, ser valorados y conservados para el disfrute de las generaciones venideras.

El Viso del Alcor conserva varias de estos guardaesquinas, vestigios, la mayoría, de nuestro floreciente pasado romano.

En la esquina de la calle Real con Colón, divisamos un colosal fuste de una columna de mármol, reforzado por dos aros metálicos, procedente, quizás, de una de las importantes villas romanas de nuestro entorno. Las dimensiones son a tener en cuenta: 1,25 metros de altura, 32 cm de anchura y unos 18 de diámetro. Entre las desgastadas capas de pintura, podemos observar el frío mármol.

 



En la calle Real, en la
esquina de la calle Tío Pinto, conocida antiguamente como Alpechín, encontramos lo que parece un fragmento de rueda de molino, con el fin de proteger la esquina de esta callejuela estrecha de reminiscencia medieval. Sus dimensiones son 25 centímetros de ancho, 32,5 de alto y 57 de largo.

 




En la Plaza del Ayuntamiento Viejo, concretamente en la esquina con la calle Tren, encontramos, mimetizado con el color blanco de las casas, una columna, con su fuste y capitel, y reforzada con un aro de hierro. Sus dimensiones son 70 centímetros de alto, 37 de ancho y 20 de diámetro.

 



rosiguiendo nuestro paseo por las calles de sabor tradicional, encontramos un gran fragmento pétreo, concretamente en la calle Convento, frente a la Iglesia Conventual de Corpus Christi, y junto al Restaurante Convento 33. Su forma es diferente a los anteriores, pudiendo tratarse, como hipótesis, de un miliario romano, aunque muy deteriorado y salpicado de excrementos de palomas. Sus dimensiones son 67 centímetros de altura, 22 de ancho y unos 30 de diámetro.




Ascendiendo a nuestra Acrópolis del corazón de Los Alcores, en la esquina de la Lonja de la Iglesia Parroquial de Santa María del Alcor Coronada, nos divisa, viendo pasar el tiempo, un fuste de una columna de 70 centímetros de altura, 18 de anchura y 27 de diámetro.


 




Muy cerca, en la esquina de la Iglesia con la Plaza Padre Nicasio, frente a la “puerta de los muertos” del templo parroquial, nos encontramos con una columna de dimensiones importantes, incrustada en la esquina, y reforzada con un aro metálico, o sea,  de 1,05 metros de altura y 27 de anchura.

 




Por último, en frente de la anterior y de la puerta trasera de la Iglesia Parroquial, concluimos nuestro paseo con un pequeño fragmento columnario, de 35 centímetros de altura y unos 23 de anchura.




En conclusión, los guardacantones o guardaesquinas son vestigios de nuestro pasado que deben ser conservados y valorados. La próxima vez que pasees por nuestro casco histórico, disfruta de su belleza y saborea su valor patrimonial e histórico. 


MARCO ANTONIO CAMPILLO 


GRUPO PÉREZ BARQUERO


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