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COLEGIO PROFESIONAL DE PERIODISTAS DE ANDALUCÍA

Mostrando entradas con la etiqueta El aldabón [Marco Antonio Campillo]. Mostrar todas las entradas
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sábado, 9 de abril de 2022

  • 9.4.22
¡No hay que mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista!

Tras la tempestad de la pandemia y dos años sin poder disfrutar de nuestra Semana Grande, el Domingo de Ramos está a la vuelta de la esquina.


El extraordinario y emotivo pregón de D. Miguel Ángel Crespo Martín, presentado elegantemente por el Hermano Mayor de la Hermandad de la Esperanza, D. Juan Ramón Benítez Bonilla, supuso el gran aldabonazo de salida de esta tradicional Fiesta.

Nuestra Semana Santa se vivirá, sin duda, con pasión, sentimiento y mucha tradición, transmitida de abuelos a nietos, de padres a hijos. Despertarán al rayar el alba de mañana, Domingo de Ramos, nuestros anquilosados sentidos.

Las puertas de nuestra mirada se abrirán de par en par para contemplar las obras de arte que procesionarán por las calles de nuestro pueblo, que serán llevadas por esforzados costaleros. Las calles y balcones engalanados embellecerán más aún nuestro pueblo bajo las luces anaranjadas del ocaso o las llamas oscilantes de cirios y velas.

Los sonidos de las cornetas y tambores erizarán nuestra piel. Las Marchas tocadas por las Bandas de Música de San Sebastián de Villaverde del Río, las locales de Nuestra Señora de la Merced y de Santa María del Alcor, de Nuestra Señora de la Soledad de Cantillana o la íntima de la Capilla musical y de cantores “De Profundis”, nos emocionarán y harán derramar más de una salobre lágrima. Las desgarradoras saetas, en cambio, despertarán los suspiros, que serán mecidos por una ligera brisa que, desde el Alcor hasta la Vega, impregnará el ambiente de incienso, azahar, torrijas y pestiños. El recio sonido del llamador, los gritos de ánimo del capataz, el sonido rítmico de los varales y de las zapatillas de los costaleros, despertarán la nostalgia de los que se fueron demasiado pronto y nos contemplan desde Los Alcores del cielo.

Las yemas de nuestros dedos volverán a sentir el terciopelo de los mantos de las Vírgenes, el raso de las túnicas de los penitentes, el esparto de las zapatillas, o el tacto inconfundible de una bola de cera, que nos trasladará a nuestra infancia.

El olor a azahar de nuestros naranjos, a dulces, a incienso, a ropa recién estrenada, abrirá para los Creyentes el ciclo de la festividad de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.
La Semana Santa es también sabor, mucho sabor; a pestiños, torrijas, miel, canela o tomate con bacalao.

Esta cascada de emociones estará llena de esperanza por volver a la normalidad después de dos duros años y alcanzar una paz que marque con hilo de plata el rumbo de la prosperidad económica.

Hablando de esperanza, el 2022 será recordado, además, por la primera estación de penitencia, si las condiciones meteorológicas adversas no lo impiden, de la Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Redención en el Beso de Judas, María Santísima de la Esperanza y Patriarca Bendito San José. Por tanto, esta joven Hermandad, nacida en abril de 1998, verá cumplido un sueño, fraguado en la emblemática barriada de Nuestra Señora del Carmen, y coronado el 20 de noviembre de 2019 de manos del Monseñor Juan José Asenjo, Arzobispo de Sevilla, quién firmó el decreto nombrando Hermandad de Penitencia a esta agrupación de fieles.

La Cruz de Guía rasgará el azul cielo visueño a las seis de la tarde del Martes Santo desde la Casa Hermandad de Vera-Cruz y Rosario, provocando un torrente de emociones de sus Hermanos, muchos de los cuales, con túnica de cola de color hueso y antifaz de sarga verde con escudo bordado de la Hermandad, acompañarán a María Santísima de la Esperanza. La belleza, elegancia y dulzura, plasmada en magistrales golpes de gubia del imaginero Ventura Gómez sobre madera de cedro, irradiará sobre las calles, plazas y rincones de Los Alcores de El Viso, de El Viso de Los Alcores, al son de las tambores y cornetas de la Banda de Música San Sebastián de Villaverde del Río.

En definitiva, este Martes Santo debe ser el de la recuperación de nuestra ansiada normalidad y volver a disfrutar de nuestra añorada Semana Santa, donde la devoción, el arte y la pasión irradian el atardecer baja la efigie de la Cruz del Calvario.

MARCO ANTONIO CAMPILLO 
FOTOGRAFÍA: REDENCIÓN Y ESPERANZA 

sábado, 5 de marzo de 2022

  • 5.3.22

Los guardaesquinas o guardacantones son elementos arquitectónicos situados en las esquinas de calles de nuestros pueblos y ciudades, no siendo El Viso del Alcor una excepción. Su función era resguardar las esquinas de los edificios del impacto de carruajes, carros y carretas. Por tanto, son postes de piedra que protegían dichas esquinas de los golpes de los vehículos o del paso de éstos. Esta antigua costumbre se conservó hasta que empezó a generalizarse el empleo de las aceras.

 


Cuando paseamos con tranquilidad por el bello centro histórico de nuestro pueblo, si prestamos un poco de atención, podemos contemplar los guardacantones, vestigios de nuestro pasado, perfectamente integrados en nuestro paisaje urbano, pasando, en muchas ocasiones, desapercibidos para nuestros fatigados ojos. Las casas tradicionales visueñas estaban realizadas con tapial, siendo, pues, especialmente las esquinas muy frágiles a roces y golpes. Siendo la piedra escasa y cara, se reutilizan materiales de acarreo, es decir, columnas antiguas de villas romanas y desgastadas ruedas de molino, a los que se le ofrece una segunda vida, en un tiempo en el que no había ningún tipo de conciencia patrimonial (en la actualidad, tampoco se ha avanzado mucho, por desgracia) Su forma suele ser algo redondeada, con la finalidad de que no se deterioraran fácilmente con los roces y golpes de las ruedas de carros y carretas.

Estos elementos son parte de nuestra historia y, como bienes de interés patrimonial, son señas de identidad de nuestro pueblo, mereciendo, por tanto, ser valorados y conservados para el disfrute de las generaciones venideras.

El Viso del Alcor conserva varias de estos guardaesquinas, vestigios, la mayoría, de nuestro floreciente pasado romano.

En la esquina de la calle Real con Colón, divisamos un colosal fuste de una columna de mármol, reforzado por dos aros metálicos, procedente, quizás, de una de las importantes villas romanas de nuestro entorno. Las dimensiones son a tener en cuenta: 1,25 metros de altura, 32 cm de anchura y unos 18 de diámetro. Entre las desgastadas capas de pintura, podemos observar el frío mármol.

 



En la calle Real, en la
esquina de la calle Tío Pinto, conocida antiguamente como Alpechín, encontramos lo que parece un fragmento de rueda de molino, con el fin de proteger la esquina de esta callejuela estrecha de reminiscencia medieval. Sus dimensiones son 25 centímetros de ancho, 32,5 de alto y 57 de largo.

 




En la Plaza del Ayuntamiento Viejo, concretamente en la esquina con la calle Tren, encontramos, mimetizado con el color blanco de las casas, una columna, con su fuste y capitel, y reforzada con un aro de hierro. Sus dimensiones son 70 centímetros de alto, 37 de ancho y 20 de diámetro.

 



rosiguiendo nuestro paseo por las calles de sabor tradicional, encontramos un gran fragmento pétreo, concretamente en la calle Convento, frente a la Iglesia Conventual de Corpus Christi, y junto al Restaurante Convento 33. Su forma es diferente a los anteriores, pudiendo tratarse, como hipótesis, de un miliario romano, aunque muy deteriorado y salpicado de excrementos de palomas. Sus dimensiones son 67 centímetros de altura, 22 de ancho y unos 30 de diámetro.




Ascendiendo a nuestra Acrópolis del corazón de Los Alcores, en la esquina de la Lonja de la Iglesia Parroquial de Santa María del Alcor Coronada, nos divisa, viendo pasar el tiempo, un fuste de una columna de 70 centímetros de altura, 18 de anchura y 27 de diámetro.


 




Muy cerca, en la esquina de la Iglesia con la Plaza Padre Nicasio, frente a la “puerta de los muertos” del templo parroquial, nos encontramos con una columna de dimensiones importantes, incrustada en la esquina, y reforzada con un aro metálico, o sea,  de 1,05 metros de altura y 27 de anchura.

 




Por último, en frente de la anterior y de la puerta trasera de la Iglesia Parroquial, concluimos nuestro paseo con un pequeño fragmento columnario, de 35 centímetros de altura y unos 23 de anchura.




En conclusión, los guardacantones o guardaesquinas son vestigios de nuestro pasado que deben ser conservados y valorados. La próxima vez que pasees por nuestro casco histórico, disfruta de su belleza y saborea su valor patrimonial e histórico. 


MARCO ANTONIO CAMPILLO 

sábado, 5 de febrero de 2022

  • 5.2.22
La luz venció a las tinieblas el Viernes Santo de 1670, tiñendo de color anaranjado la fértil vega. 
El trajín era intenso en las calles sinuosas y torcidas por lo barrancoso del terreno, a pesar de que estaba amaneciendo. El blanco inmaculado de las encaladas casas de humilde edificio era enriquecido por el verdor de vides y olivos, por la fragancia de frutales refrescados por fuentes de agua de mucho regalo y por el resplandor áureo de los trigales.
La muchedumbre se arremolinó en la Plaza Mayor, frente a la mansión palaciega de la señora territorial y jurisdiccional de la villa, doña Teresa María Arias de Saavedra Pardo Tavera y Ulloa, Séptima Condesa del Castellar, y junto al Convento del Corpus Christi, edificio religioso rectangular de buenas hechuras, situado entre el Palacio y la pequeña huerta de la citada casa conventual, coronado por una bella espadaña que rasgaba el manto azul del cielo. La expectación era intensa por ver a la nueva imagen de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que sustituía como titular al Señor de la Misericordia, regalo de doña Beatriz Ramírez de Mendoza, IV Condesa del Castellar.

La procesión salió de la Iglesia Conventual del Corpus Christi, encabezada por el alférez de la cofradía, que portaba el Pendón de Jesús. Lo seguían con recogimiento largas filas de penitentes, los hermanos de luz, que vestían túnicas moradas –sin ningún tipo de adorno– con sogas al cuello y portando largos cirios; y los hermanos de sangre, ataviados con túnicas blancas, que llevaban cruces de madera, mientras entonaban el salmo del Miserere. A continuación, pasaron las principales autoridades y dignidades con sus mejores galas (sombrero de ala ancha, indumentaria de color negro, elegante golilla y botas altas de piel), que contrastaban con los humildes trajes del resto de los lugareños. 
El Padre Comendador de la Orden de la Merced encabezaba el cortejo de los frailes mercedarios. Algunos llevaban grilletes sobre sus pies desnudos; otros mortificaban con toda crudeza sus menudos cuerpos, azotando sus espaldas con tanta fuerza y cólera santa, que bañados en sangre, causaban a los demás mucho dolor y compasión; y los últimos, en cambio, bajo su típica indumentaria blanca escondían ásperos cilicios de hierro, que dejaba un macabro reguero de sudor y sangre).

El silencio era estremecedor, sólo interrumpido por el sonido de los grilletes, el crujido de las disciplinas en las duras espaldas de los frailes y por las oraciones y cánticos en latín del párroco. El Nazareno, portado en andas, atravesó lentamente la angosta puerta de la iglesia conventual, provocando los aplausos de los asistentes.

Los primeros rayos del alba iluminaron su bello y sereno rostro, esculpido con un realismo idealizado, de raíces flamencas e italianas, por el imaginero Andrés Cansino, que bebió del néctar del clasicismo barroco de José de Arce. Los visueños y visueñas vieron por vez primera el gesto de cansancio del Nazareno; su boca entreabierta (intuyéndose su respirar jadeante); el entrecejo levemente fruncido; la nariz fina y recta; sus marcados pómulos; la barba bífida; los cabellos largos, sinuosos y humedecidos por el sudor; sus ojos caídos por el cansancio y la fatiga de llevar una pesada Cruz con sus portentosas y expresivas manos, recorridas por venas y tendones, que, a pesar de ello, parecen acariciar suavemente el sagrado madero.

Nuestro Padre Jesús Nazareno, vestido con túnica morada, caminaba con dolor sereno y andar pausado, mirando por vez primera a sus fieles y devotos, embriagando sus sufridos corazones y consiguiendo una comunión mística que se perpetuará hasta el fin de los tiempos. Los ojos de ancianas y niños se tornaron vidriosos, surcando lágrimas salobres por sus aventadas mejillas, y consiguiendo que muchos se arrodillaran a su paso con devoción sin límites. El Nazareno fue ayudado esa fresca mañana de Viernes Santo en su pesada carga por un pequeño Simón de Cirene, con facciones rudas y toscas, que portaba paños acartonados; pantalones cortos que se arremangaban del mismo modo que la camisa blanca; chaquetilla verde; cinturón; un pequeño bolso y botas altas. 

Trescientos cincuenta y dos años después, esta unión mística entre los devotos visueños y Nuestro Padre Jesús Nazareno se renovará como aquella primera vez. La acertada restauración de Esperanza Fernández permitirá que nuestras mentes, cansadas de tanta pandemia, viajen en el tiempo al Viso del último tercio del siglo XVII, emocionándonos al observar la esencia de la gubia del gran imaginero Andrés Cansino, que aunque murió demasiado pronto, su legado será eterno.

Mañana, domingo seis de febrero de 2022, los visueños y visueñas, en sus engalanadas calles, renovarán esta unión mística, abriendo el Nazareno con las bellas y elegantes llaves de la villa el interior de nuestros devotos corazones. 

MARCO ANTONIO CAMPILLO

FOTOGRAFÍA: HERMANDAD DE NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO

sábado, 8 de enero de 2022

  • 8.1.22

El día de la semana más importante, como pueblo cristiano, ha sido tradicionalmente el domingo, “dies Dominica” (día del Señor) Las Ordenanzas de El Viso de 1564, basadas en otras anteriores del siglo XV, determinaban que los domingos y los días festivos estaban dedicados a Dios, estando prohibido trabajar en el campo. La asistencia a misa en dichos días era obligatoria para todas las personas con más de quince años. Una vez que el sacristán terminara de tañir en tres ocasiones la campana más gorda (deducimos que, al menos, habría otra más pequeña), el alguacil tenía orden de detener al infractor, quién era condenado a pasar tres días en el calabozo y a pagar un real para la obra de la iglesia. Por otra parte, los alcaldes, regidores y alguacil tenían reservado un lugar preferente en la iglesia durante el año de su mandato, no pudiendo faltar a la misa dominical, bajo pena de cien maravedíes.

Aparte de la fiesta dominical, otros hechos marcan el ritmo semanal, tal como regulan perfectamente las Ordenanzas. El ayuno o los días de abstinencia de carne eran los viernes y los sábados, estando obligado el arrendador de la pescadería de suministrar pescado en tales días. Dichas jornadas, eran las reservados para que las mujeres lavasen la ropa en la Huerta del concejo (“Huerta Abajo”), estando obligado el arrendador a mantener las albercas limpias y llenas de agua para tal fin, bajo pena de cien maravedíes. Era también el viernes cuando los campesinos visueños acudían con sus productos agrícolas al mercado de Carmona. Es curioso la importancia en tales siglos de los viernes y sábados, días sagrados para los musulmanes y judíos, respectivamente. El viernes es el día más señalado para los musulmanes, tal como establece el Corán: “¡Creyentes! Cuando sea realizado el llamado a la oración del día viernes, acudan al recuerdo de Dios y abandonen el comercio, es lo mejor para ustedes. ¡Si supieran!” (Corán 62:9) En cambio, para los judíos el día sagrado es el sábado, “el Sabbat”. Por tanto, en la mentalidad de una sociedad cristiana donde la pureza de sangre era muy importante, la obligación de realizar tales tareas los viernes y los sábados puede indicar una forma de vigilar a la población. Es decir, las mujeres que lavasen otro día en los lavaderos públicos no cumplirían la ley y serían sospechosas de practicar otras religiones. Lógicamente, la necesidad de poner tales normas nos hace pensar que no todo el mundo era cristiano o era sospechoso de no serlo en la intimidad.

Por otra parte, es curioso que, antaño, los hortelanos bajaban al pueblo los jueves y los sábados, evitando los viernes (¿resabios de un pasado morisco?)

Tenemos que tener en cuenta que todos los musulmanes convertidos al cristianismo antes de la conquista de Granada pasaron a ser jurídicamente considerados cristianos viejos, tal como establecía una disposición de 1526. Sin embargo, el mayor crecimiento de los moriscos en la comarca de Los Alcores se produjo tras la rebelión de Las Alpujarras, en 1568-1570, su derrota y su reparto posterior. Concretamente, en 1570 llegaron a Carmona unos 1080 moriscos, que fueron repartidos entre las aldeas y lugares cercanos, incluyendo El Viso. El corregidor Aliaga se refiere a este rincón de Los Alcores del siguiente modo:”…el lugar del Viso de hasta cien vecinos y una parroquia que agora lo posee el Conde del Castellar…” Además, precisa que estos moriscos se repartieron entre 20 casas. Por tanto, la llegada de 450 o 500 nuevos habitantes (vecino hace referencia al cabeza de familia) debió causar un gran impacto en una pequeña población de unos 1000 habitantes (el encabezamiento de 1554 da una cifra de unos 203 vecinos) “Gracias a la acción del tiempo, que difuminaría la traza de los orígenes, un cierto número, quizás elevado, de ascendencia musulmana, quedarían plenamente integrados a los cristianos” (Bernard Vicent) A principios del siglo XVII, se produjo la expulsión de los moriscos de España, pero parece ser que tuvo poca repercusión en El Viso.

En la actualidad, los viernes, sábados y domingos son días muy importantes al coincidir con los fines de semanas y tener más tiempo de ocio, pero todavía quedan resabios de siglos pasados. Por ejemplo, el día tradicional de la limpieza de las casas sigue siendo el sábado. En muchas ocasiones, las tradiciones se mantienen de padres o madres a hij@s.

MARCO ANTONIO CAMPILLO


sábado, 27 de noviembre de 2021

  • 27.11.21
El Viso del Alcor ha servido de inspiración para distintas canciones o poemas que han tenido su  versión musical. Repasemos, pues, algunas de ellas. 


Amor en El Viso

El famoso cantante Manolo Escobar tiene una completísimo repertorio musical, pero no todo el  mundo conoce que ha interpretado nuna canción dedicada a nuestro pueblo, titulada “Amor en El Viso”. El estribillo de esta composición musical es el siguiente:

Deme, que deme, que deme,
capitán, deme permiso,
que la que me está matando
me está esperando en el Viso.
Dele, que dele, que dele,
capitán, dele permiso,
que ese quinto se le muere
si no lo manda pal Viso. 


¿Cómo es posible que este gran cantante de copla y canción española tenga una canción dedicada a este rincón de Los Alcores? Ello es debido a que el autor es su hermano Juan Gabriel García Escobar, quién tenía un chalet en nuestro pueblo. Este gran compositor es el creador de numerosas composiciones de Manolo Escobar, entre ellas “Mi pequeña flor”, que compuso para su sobrina Vanessa.

Diligencia de Carmona

Fernando Villalón-Daoíz y Halcón, conde de Miraflores de los Ángeles, nació en Morón de la Frontera, Sevilla, el 31 de mayo de 1881. Fue compañero de clase en el Colegio San Luis Gonzaga de El Puerto de Santa María de Juan  Ramón Jiménez cuando ambos estudiaban bachillerato. Poeta tardío -publicó su primer libro a los cuarenta y cinco años-, conectó en los años veinte con los  poetas del 27, a través de su gran amigo Ignacio Sánchez Mejías. Murió en Madrid, el 8 de marzo de 1930. Uno de sus poemas más conocidos es “Diligencia de Carmona”.

Diligencia de Carmona
la que por la vega pasas
caminito de Sevilla
con siete mulas castañas,
cruza pronto los palmares,
no hagas alto en las posadas,
mira que tus huellas huellan
siete ladrones de fama.
Diligencia de Carmona,
la de las mulas castañas.
Remolino en el camino,
siete bandoleros bajan
de los alcores del Viso
con sus hembras a las ancas.
Catites, rojos pañuelos,
patillas de boca de hacha.
Ellas, navaja en la liga;
ellos, la faca en la faja;
ellas, la Arabia en los ojos;
ellos, el alma a la espalda.
Por los alcores del Viso
siete bandoleros bajan.
– Echa vino, montañés,
que lo paga Luis de Vargas,
el que a los pobres socorre
y a los ricos avasalla.
Ve y dile a los milicianos
que la posta está robada
y vamos con nuestras novias
hacia Écija la llana.
Echa vino, montañés,
que lo paga Luis de Vargas.

Esta bella poesía ha sido versiona por distintos artistas, entre ellos el cantaor Calixto Sánchez, que la interpreta por tientos: https://www.youtube.com/watch?v=swsK0cXn9kE


Este poema ha inspirado el nombre y la temática de una de las casetas con mayor animación de  nuestras Fiestas de la Santa Cruz:”Echa vino Montañés que lo paga Luis de Vargas”.

Himno a Santa María del Alcor

Nuestra Patrona cuenta con un patrimonio musical muy variado y de gran calidad: sevillanas, plegarias, misales, marchas, etc. Sin embargo, la pieza más representativa de la devoción a la Virgen es su himno, banda sonora que resuena en la cabeza de todos los visueños. La letra del himno fue compuesta por Don Sixto Sánchez-Barbudo Jiménez y la música corrió a cargo de D. Juan Sánchez García ("Maestro Seri"). El himno data de 1939, cuando se compuso con motivo de la llegada de la actual imagen de la Santísima Virgen a Los Alcores de El Viso.

Estribillo:
Reina del cielo y de la tierra. 
Bendita madre flor de pureza. 
¡A ti rogamos, Madre de Dios, 
que nos otorgues gracia y perdón! (que nos otorgues gracia y perdón)
Letra: 
Por esta tierra de los Alcores 
brota ferviente tu devoción: 
bendice siempre sus moradores 
que te saludan con los mejores hondos cantares del corazón. 
¡Virgen Santa, Madre mía, del cielo luz y alegría, 
consuelo del pecador: 
impera en los corazones, 
que en místicas emociones te proclaman con fervor! 

Estribillo:
Reina del cielo y de la tierra. 
Bendita madre flor de pureza. 
¡A ti rogamos, Madre de Dios, 
que nos otorgues gracia y perdón! (que nos otorgues gracia y perdón) 


Este himno se mantiene inalterable a lo largo de los años, aunque se han realizado pequeños cambios. En la primera línea, popularmente se canta "En esta tierra de los Alcores" en lugar de "Por esta tierra de los Alcores". Por otro lado, en la última línea, popularmente se canta "Te ofrezcan su humilde amor" en lugar de "te proclaman con fervor". En este enlace tienen el himno: https://www.youtube.com/watch?v=oQrak7Dli3g

Himno de El Viso del Alcor

La Asociación Cultural Musical Visueña (VAM) presentó el 27 de septiembre de 2018 un himno para El Viso del Alcor, compuesto por el polifacético artista, Rodrigo Sánchez. Esta interesante composición musical se sumerge en el espíritu de los visueños, en paisajes de nuestra historia o en las emprendedoras recoveras, sin embargo, no ha tenido el respaldo popular ni el de las instituciones. https://www.facebook.com/docetvelviso/videos/332820170825914/ 




En definitiva, estas cuatro composiciones son una pequeña muestra de que las musas sobrevuelan del Alcor a la Vega y de este tapiz multicolor al Calvario y a la Tablá.

MARCO ANTONIO CAMPILLO

sábado, 30 de octubre de 2021

  • 30.10.21
Las IX Jornadas de EL Viso del Alcor, “Descubriendo Alcaudete”, que se han celebrado recientemente, del 22 al 24 de octubre, están plenamente consolidadas, siendo una parte importante del acervo cultural de este rincón de Los Alcores.


El preámbulo de este encuentro con la Historia fue la exposición del grupo de artistas “Local 13” en colaboración con la Delegación de Cultura del Ayuntamiento y con la Asociación Cultural Fuente del Sol. El título de la misma fue el “Patrimonio artístico visueño como excusa”, inaugurada el 15 de octubre y que estará abierta hasta el 31 en el Centro Cultural Convento del Corpus Christi. La muestra de es un gran nivel, utilizando los artistas diversas técnicas (óleo, pintura plástica, pastel, impresión digital) y diferentes estilos artísticos (realismo, figuración y abstracción) Esta exposición supone una simbiosis perfecta entre Local 13 y Fuente del Sol, siendo la cuarta colaboración, tras "La Vega como excusa", "La Tablá como excusa" y las "Chumberas como excusa".

Las Jornadas fueron inauguradas por el Delegado de Cultura, Carlos Rodríguez, el viernes 22 de octubre. El numeroso público asistente pudo disfrutar de la excepcional conferencia de Nolasco Alcántara sobre la génesis, evolución histórica, devocional, artística y etnográfica de Santa María del Alcor Coronada. Acto seguido, el espeleólogo José Millán y el arqueólogo Juan Manuel Román nos deleitaron exponiendo sus conocimientos de las minas hidráulicas, en general, y la de Alcaudete, en particular, con sus 7 kilómetros de galerías y sus cinco metros de altura de la galería principal.

La segunda sesión tuvo lugar al día siguiente, sábado por la mañana, con la conferencia de José Ángel Campillo "Alcaudete, tierra de contrastes", donde explicó la rica historia de este enclave privilegiado, que poseía ermitas, castillo, molinos, huerta...A continuación, el arqueólogo Alejandro Jiménez descifró algunos de los enigmas de "La Motilla”, mostrando, a través de simulaciones informáticas, la fisionomía de este monumento, y su entorno, en tres dimensiones ¡Espectacular!

El broche de oro de esta novena edición fue el conjunto de actividades para los más pequeños, ya que Fuente del Sol y el Ayuntamiento entienden que la mejor forma de difundir la Historia y nuestro Patrimonio es realizar actividades didácticas para nuestros niños y niñas, que son el futuro de nuestro pueblo. La "Tribu Aventuras" organizó unos didácticos talleres que hicieron las delicias de los más pequeños: cuentacuentos, tatuajes, taller de chapas, gymkana egipcia y taller de barro. Por su parte, La Legio I Vernácula, grupo de Recreación Histórica y Arqueología Experimental de Gilena, realizó un pasacalles por algunas calles de El Viso, mostrando, de modo ameno y didáctico, la evolución del armamento clásico, desde los hoplitas de época arcaica hasta los legionarios de la etapa imperial ¡Todo un lujo contar con este grupo de recreación histórica de tanto prestigio! 

En definitiva, las Jornadas de Historia de El Viso han llegado a su plena madurez, avecinándose en el horizonte una décima edición todavía más espectacular. 

MARCO ANTONIO CAMPILLO

sábado, 2 de octubre de 2021

  • 2.10.21
Existen juegos de Trivial de muchos temas distintos, pero ninguno con preguntas sobre El Viso del Alcor. Por ello, Máximo Jiménez y yo empezamos a trabajar desde el 2018 en nuestra versión particular de este popular juego, ya que pensamos que sería una magnífica manera de conocer aspectos variados del corazón de Los Alcores de forma sencilla, divertida y accesible para toda la familia.


Máximo Jiménez, Profesor de Plástica y Arquitecto, desarrolló todo el diseño gráfico e informático. El resultado final fue bastante atractivo. Además, el tablero está ambientado en el casco histórico de nuestro pueblo y estrechamente enlazado a nuestro imaginario colectivo; me refiero en concreto, a la Plaza Sacristán Guerrero.
Mi labor, como Profesor de Geografía e Historia, fue la recopilación, con la utilización de una abundante bibliografía, de unas 750 preguntas de los siguientes temas:

Amarillo: Geografía e Historia; 

Naranja: Naturaleza, Deportes, Asociaciones y Empresas.


Rojo: Arte y Literatura.


Rosa: Fiestas y Tradiciones.


Magenta: Preguntas Generales (son cuestiones sobre cualquiera de los 4 temas anteriores, pero con un formato distinto: respuestas de opción múltiple, cuestiones sobre fotografías,…)

El juego fue lanzado de forma totalmente gratuita a través de las redes sociales durante el confinamiento de 2020, teniendo una gran aceptación. Sin embargo, nuestra intención era revisar el Trivial de El Viso del Alcor de forma periódica, corrigiendo los errores, sustituyendo las preguntas que se habían quedado antiguas en estos pocos meses y, especialmente, aportando nuevas cuestiones. Y, así lo hicimos, terminando a finales de 2020 una segunda edición, revisada y ampliada, con 800 preguntas.

Finalmente, el Ayuntamiento ha editado una quincena de ejemplares del juego en formato físico en septiembre de 2021, los cuales serán repartidos entre colegios, institutos, asociaciones culturales y el centro de participación activa ¡Nuestro agradecimiento al Consistorio y, especialmente, al Delegado de Cultura, Carlos Rodríguez!
Finalmente, deseamos que esta edición del Trivial de El Viso del Alcor 2.0 tenga, al menos, la misma acogida que la primera, que sirva para pasar un buen rato y, especialmente, para aprender, de forma lúdica y divertida, diversas cuestiones de la sociedad, cultura e historia visueñas. 

MARCO ANTONIO CAMPILLO

sábado, 4 de septiembre de 2021

  • 4.9.21
Hace 450 años, cuando en el Imperio Hispánico de Felipe II “nunca se ponía el sol”, tuvo lugar, la mayor batalla naval de la Historia Moderna, "la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes ni esperan ver los venideros”, en palabras de Miguel de Cervantes, que recibió tres disparos de arcabuz en el brazo izquierdo, siendo conocido, desde entonces, como el manco de Lepanto.


Esta famosa batalla, que tuvo lugar el 7 de octubre de 1571, festividad de la Virgen del Rosario, se desarrolló en la ciudad griega de Lepanto, en el golfo de Corintio. En ella se enfrentaron más de 400 galeras y unos 200.000 hombres, repartidos en dos bandos: La Santa Liga (España, Venecia, Génova, Saboya, la Orden de Malta y los Estados Pontificios) contra la poderosa flota turca.

La victoria del bando cristiano, dirigido por don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II, supuso un frenazo en seco al expansionismo turco hacia Europa y el Mediterráneo Occidental, así como un reforzamiento de la hegemonía de España en el mundo, aunque a un duro precio, ya que el mar se tiñó de rojo con la sangre de 61.000 soldados, que murieron o sufrieron heridas durante las seis horas del confuso combate naval.

En esta cruenta batalla, que pudo cambiar el devenir de la Historia, participó el Señor de El Viso y algunos de sus vasallos de este pequeño rincón de Los Alcores, teñido por un mar de albero y espolones calcáreos.

Fernán Arias de Saavedra, VII Señor de El Viso, IV Conde del Castellar, Alfaqueque Mayor de Castilla, Comendador de Castroverde de la Orden Militar de Santiago, Capitán de Arcabuceros en Nápoles y Flandes y combatiente en la guerra contra la rebelión de los moriscos en las Alpujarras, tuvo un rol muy destacado en la citada batalla, destacando por su valor a bordo de la capitana de Luis Requesens. 

El regreso victorioso del Conde del Castellar y de todos los visueños que lo acompañaron se convirtió en una jornada de fiesta y júbilo, colocándose, en acción de gracias, un azulejo con la imagen de la Virgen del Rosario en una de las paredes del Palacio condal de esta villa. Del mismo modo, sirvió de impulso para la fundación de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario, cuyas primeras referencias documentales son de 1579, tan solo ocho años después de tal batalla. 

La heroicidad del Conde del Castellar, calificado por Argote de Molina como “soldado muy valiente y generoso”, y de sus fieles vasallos visueños traspasó fronteras, recibiendo la Parroquia de Santa María del Alcor una Bula del Papa Pío V, Santo Padre que fue canonizado en 1712. Dicho documento, que debería ser generosamente donado y ocupar un lugar preminente en el nuevo Archivo Histórico Municipal, destaca el rol del conde en Lepanto, quién “se manifestó como acérrimo defensor del nombre cristiano, se comportó con fortaleza y dignidad…” Por ello, el Papa concedió a la Parroquia del lugar de El Viso “indulgencia plenaria y remisión de todos sus pecados, a todos y cada uno de los fieles de ambos sexos, verdaderamente arrepentidos y confesados, que cada año, el día tercero después de la Resurrección de N.S. Jesucristo, desde las primeras vísperas hasta la puesta del sol inclusive del mismo día, hubiesen visitado la citada Iglesia…” “Y mandamos que estas indulgencias habrán de existir y ser tenidas como válidas perpetuamente a favor de los mismos fieles de Cristo, no debiendo impedirlo ninguna revocación de indulgencias, alteración o derogación por los Romanos Pontífices, nuestros sucesores y por la Sede Apostólica, o por cualquier causa o hechos canónigos que hoy, o en el futuro, acaecieren”. En definitiva, el Viso del Alcor goza, desde el último tercio del siglo XVI, de un Jubileo, del mismo modo que Santiago de Compostela, Liébana, Urda o Caravaca de la Cruz, hecho, que conjuntamente con la gesta de aquellos visueños que acompañaron a su Señor en la batalla de Lepanto, debería ser explotada turísticamente y suficiente conocida y recordada por las generaciones venideras.

Para terminar este artículo, comentar que Fernán Arias de Saavedra fue recompensado con el alto honor de ser Mayordomo del príncipe heredero, el futuro Felipe III. Por otro lado, contrae segundas nupcias con doña Beatriz Ramírez de Mendoza, heredera del Marquesado de Rivas, en febrero de 1585. De este enlace, nacieron cuatro chicas (únicamente sobrevivieron dos) y dos varones, Gaspar Juan y Baltasar. El héroe de Lepanto falleció en 1595, siendo enterrado en la Capilla Mayor de la Iglesia de El Viso del Alcor. La viuda tuvo que hacer frente a las numerosas deudas de su marido y de suegro, teniendo un papel muy destacado en la corte de Felipe III en el plano político, intrigando contra el Duque de Lerma (valido u hombre de confianza del monarca), y religioso, impulsando la reforma de la Orden de la Merced y fundando tres conventos, uno de ellos el de Corpus Christi en nuestro pueblo, junto a su heredero, Gaspar Juan Arias de Saavedra, V Conde de Castellar, cuyos restos descansan para la eternidad en tal bello templo. 

MARCO ANTONIO CAMPILLO

sábado, 31 de julio de 2021

  • 31.7.21
El pasado 18 de julio partió hacia Los Alcores del cielo otro visueño imprescindible: Eduardo Martín Trujillo. 


Nació hace 85 años en Málaga, donde la fresca brisa marina le llevó los sones del Flamenco. Desde pequeño, en los duros años de postguerra, educó su oído para distinguir los distintos palos y empezó a aficionarse a este arte universal con sabor andaluz.

Decía Francisco de Quevedo que “Los que de corazón se quieren sólo con el corazón se hablan” y esta máxima se cumplió con la perfecta simbiosis de Eduardo y Mercedes, de cuyo amor nacieron Marina y Fernando.

La vida no era fácil, por lo que Eduardo y Mercedes tomaron la dura decisión de emigrar a Madrid y, posteriormente, a Francia, como tantos andaluces. Desde allí soñaba cada día con volver, enraizándose aún más en sus entrañas andaluzas, siendo el Flamenco una ventana en el horizonte para sentir la tierra que lo vio nacer.

Por mediación de un familiar, conoció la posibilidad de trabajar en la fábrica de hilaturas “INVIRSA” en un pueblo sevillano. La familia Martín Romero hizo de nuevo las maletas y llegó a El Viso del Alcor allá por 1975. Desde el primer momento, siente su nuevo pueblo como el suyo, cambiando su añorado mar malagueño por el arrecife marino del Balcón de Los Alcores. 

Su pasión, el Flamenco, se desarrolla en su nuevo hogar, entrando en contacto con la joven Peña Cultural Flamenca “El Rincón del Pilar”, nacida en 1978, y, convirtiéndose, sin darse cuenta, en una enciclopedia de este Patrimonio de la Humanidad. 

Eduardo era un hombre humilde, que no le gustaba el protagonismo, pero la difícil situación económica de “su niña”, la Peña Flamenca, le hizo coger sus riendas como Presidente desde 1988 a 1999, manteniendo viva la llama de este arte en unas condiciones adversas. Al unísono, llega a ser Secretario y, acto seguido, Vicepresidente de la Confederación de Peñas Flamencas de Andalucía. 
El dulce aroma de su pasión por el Flamenco volaba a través de las ondas de Radio Alcores y de Canal 12, y su polen se impregnaba en las páginas de la Revista de las Fiestas de la Santa Cruz. 

Eduardo llenó al Flamenco de frescura, acudiendo a multitud de Festivales para seguir a las grandes Figuras y fomentar, del mismo modo, a los cantaores de base. 

Fue un estudioso de este arte en los Alcores, señalando que es “una cornisa flamenquísima, se diría que la belleza de nuestra vega que divisamos desde la altura de la cornisa, nos incita cantarle y a bailarle”. Refiriéndose a El Viso, indicó que “nuestro pueblo, aun siendo el de menor extensión, en absoluto se queda atrás en arte flamenco, todo lo contrario, puede competir muy dignamente tanto en Flamenco, como en Saeta, en toque de guitarra, en baile, y puede presumir El Viso, de tener la Trilogía Flamenca completa, cante, toque y baile”. Los cantaores profesionales de El Viso han sido pocos, pero muy buenos, tales como “El Niño De San Julián”, “El Niño Botón”, “Currito Pateto”, Paco “El Sopi” o Segundo Falcón; además, de grandes aficionados como Antonio “El Verdugo”, “El Canijito”, “El Niño Colchón”, José Janega, “El Lopa”, Antonio “El Manzano”,…

Eduardo fue profeta en su tierra, teniendo el honor de recitar el Pregón de las Fiestas de la Santa Cruz en el mítico 1992: “El año de mi llegada por primera vez a estas fiestas las lágrimas inundaron mis ojos después de tantos años fuera de España y ver la alegría que en ella había”.

Del mismo modo, recibió dos Homenajes en vida. El primero, de su Peña, en noviembre de 2014, como Socio de Honor, premiándolo por su brillante trayectoria en esta gran institución. El segundo, al año siguiente, por la Asociación Cultural Fuente del Sol, que tuvo a bien otorgarle su III Premio Alunada por su gran labor divulgativa del Flamenco, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. 

Eduardo, hombre afable, educado, honrado y trabajador, dedicó toda vida, en cuerpo y alma, de forma altruista, a difundir el Flamenco, su gran pasión. Gracias a él y a otros grandes aficionados, los sones de fandangos, seguiriyas o bulerías, viajan al son del cambiante tapiz multicolor de la Vega, regándose por aguas de mucha regalo de la Fuente del Concejo y del Rincón del Pilar.

PD: Artículo dedicado a mis amigos de la Peña Cultural Flamenca “El Rincón del Pilar” y a la Familia de Eduardo, especialmente a su hijo Fernando (Un camino estrechó nuestros lazos para recorrer juntos otros muchos).

Marco Antonio Campillo

sábado, 3 de julio de 2021

  • 3.7.21
La comarca de Los Alcores ha sido habitada desde tiempos remotos, especialmente por su abundancia de agua. El alto grado de porosidad de la calcarenita del Alcor más la permeabilidad de los materiales aluviales permiten la acumulación del agua de lluvia en acuíferos que reposan sobre una base de margas azules impermeables. El agua mana a la superficie a través de fuentes y abrevaderos, desarrollándose una variada y compleja arquitectura hidráulica.


Los romanos domesticaron el agua realizando unas colosales obras de ingeniería, donde podemos destacar la red de galerías de las minas subterráneas. Este tesoro está empezando a ser conocido a cuenta gotas gracias al trabajo altruista de José Millán Naranjo y la Asociación Andaluza de Exploraciones Subterráneas (AAES), con el apoyo de la Asociación Cultural Fuente del Sol. Carmona y Alcalá de Guadaira están apostando por descubrir y poner en valor este auténtico tesoro subterráneo. Ahora es el momento que apueste también nuestro pueblo.

La mina de agua de Alcaudete, lugar perteneciente a Carmona desde el punto de vista jurídico pero histórica y simbólicamente vinculado a El Viso, es una de las más colosales de Andalucía. Su datación es claramente romana, en torno al siglo I, gracias a los ladrillo y lucernarios que se conservan. Su galería principal discurre a unos cinco metros de profundidad, dirigiendo su enorme caudal de agua hacia los molinos.

 ¿Para qué era necesaria tanta agua? Para Pepe Millán, “la única explicación coherente es que la mina no sólo tuviera una función recolectora y de conducción de agua sino también almacenadora, es decir, que fuera también un aljibe. Hemos comprobado como las antiguas marcas de agua llegan casi hasta el techo en las galerías principales lo que podría confirmar esta hipótesis. Si tapamos la salida de la mina con una compuerta y dejamos que toda la longitud, que es de varios kilómetros se inunde tendremos una bolsa de agua considerable con gran presión hidrostática por su altura y que proporcionaría fuerza motriz hidráulica para los molinos durante muchas horas. La gran longitud de la mina esta también condicionada por la búsqueda de manantiales que puedan cargar la mina en un tiempo corto y que hiciera rentable la actividad de molienda. Creo que estamos ante una mina de carácter industrial, condicionada a la explotación de cereal y su trasformación en harina para abastecer a los grandes núcleos de población que ocupaban los Alcores en el Alto Imperio Romano. El pan era sin duda uno de los alimentos vitales y esto explicaría tan y costosa y faraónica obra subterránea”.

La mina del Pocito Saco está situada sobre la ladera externa del escarpe, bajo el Mirador Casimiro Calvo Zapata. Es una pequeña obra hidráulica romana de abastecimiento de una Villae, pero que cuenta con la particularidad de ser nuestra pequeña “Gruta de las Maravillas”, con espectaculares formaciones calcáreas.

La fuente del Concejo es la única existente en el casco urbano de la localidad, en pleno centro histórico, justo debajo de la actual Plaza del Sacristán Guerrero y enfrentada a la que fuera Casa-Palacio de los Condes del Castellar (actual Ayuntamiento) tal y como nos lo refiere el cronista de la orden mercedaria, fray Pedro de San Cecilio: “Tiene una sola fuente de agua dulce, que nace de la cabeza de una barrera contigua al Palacio de los condes". La procedencia del agua hemos de buscarla en un manantial mejorado por un complejo sistema de minas que pueden partir de la zona de la calle la Laguna, teniendo una serie de lumbreras, como en la calle dl mismo nombre o en la Iglesia Parroquial. En la exploración de esta mina, la AAES halló unos curiosos grafitis que indican de forma sucesiva el nombre de José Moreno. 

La mina de la Fuente del Sol también ha sido explorada en parte por la AAES, unos 50 metros de galería hasta la base de una lumbrera taponada por escombros., que nos conducen hasta el recinto ferial. “La galería se encuentra en un estado de conservación excepcional y presenta además de bonitas formaciones las huellas de las herramientas utilizadas en su construcción, pico de hierro curvo y cincel, además de los correspondientes lucernarios espaciados a distancias regulares” (Pepe Millán) Los ladrillos hallados datan la obra en el siglo I y II.

Por su parte, la mina de la Fuente de la Muela cuenta con la particularidad de poseer unos grafitis de llaves antiguas de grandes dimensiones y una serie de símbolos geométricos. 
La mina del Moscoso es de grandes dimensiones y está por explorar y estudiar. 

En definitiva, bajo nuestros pies, discurre una intrincada red de galerías subterráneas romanas, totalmente olvidadas, pero que deben ser conservadas y puestas en valor para el disfrute de las generaciones actuales y las venideras.

MARCO ANTONIO CAMPILLO DE LOS SANTOS

FOTOGRAFÍA: Andaluza de Exploraciones Subterráneas (AAES)

sábado, 5 de junio de 2021

  • 5.6.21
“Hay una fiesta en el cielo
que no tiene comparación, 
cantan Pastora y Vallejo,
el Pinto y Tomás Pavón…”
Bulerías de Antonio “Colchón”

Desde el pasado dos de junio, también tenemos que añadir, desgraciadamente, a Antonio Roldán Sánchez, “Niño Colchón”, que partió hacia “Los Alcores del cielo”.

Antonio Roldán Sánchez nació el 15 de abril de 1951 en el corazón de Los Alcores. Creció en el seno de una familia humilde, viviendo en una choza y trabajando en unas tierras que sus abuelos paternos tenían arrendadas junto al Cortijo de la Alameda y muy cerca del río Guadaira. 

Su familia era humilde, numerosa (sus padres Manolito Colchón y Conchita la Pelaíta, sus hermanos Manuel, Paco y David, y sus abuelos paternos) y apasionada del Flamenco. Desde muy pequeño escucha los cantes de la trilla, participa en las fiestas flamencas tras la recogida de la cosecha y saborea a sorbos pequeños el néctar de los programas radiofónicos. 

Su debut flamenco se produce con tan solo ocho años en una reunión familiar tras la trilla y el aventado de la parva.

“El cante de fundamento
desde niño yo he mamao
y flamenco yo me siento
por los cuatro costao”
Soleá de Antonio “Colchón”
A la tierna edad de 16 años participó por vez primera en el prestigioso Concurso de Cante Jondo “Antonio Mairena”, clasificándose para la final, logro que consiguió en más de una decena de ocasiones, compitiendo de forma brillante con prometedores figuras como Camarón, José de la Tomasa, Curro Malena o Rancapino.
Antonio prefería el cante flamenco con Antonio el Manzano, Antonio el Canijito, Paco el Sopi y otros grandes aficionados antes que la música yeyé, siendo uno de los fundadores de la Tertulia Flamenca “El Café de Chinitas”, ubicada en la taberna de Santiago el Seri en 1968, de la Peña Flamenca “El Rincón del Pilar” en 1979, del Festival de Cante Grande de El Viso del Alcor, del concurso de aficionados y la exaltación de la saeta.

“Niño Colchón” participa en numerosos concursos, consiguiendo más de 30 galardones y el reconocimiento de los aficionados por su voz limpia y potente, así como por el dominio de todos los palos.
Gran divulgador del Flamenco, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, regaló su sapiencia, junto a su hermano David y guitarristas como Palacios y Carrillo, en la Universidad Pablo de Olavide, en más de una decena de cursos para entender el flamenco, o en recitales para escuelas, institutos o asociaciones. 

Antonio ha sido un cantaor purista, ortodoxo, mairenista y apasionado, sin embargo, se rebeló contra el inmovilismo de las letras, creando las suyas propias y siendo el demiurgo del libro “Letras de hoy para el flamenco de siempre”, junto a su hermano David. 

El “Niño Colchón” ha sido un hombre cabal, servicial, generoso y con una espléndida sonrisa que iluminaba todo lo que le rodeaba. Bueno, en el amplio sentido de la palabra. 
El Flamenco, la familia y su pueblo han sido el centro de su vida. Sentía pasión por sus padres, abuelos, esposa, hijas y nietos, así como por su pueblo.

“A mi mujer y a mis hijas
les dedico este cantar,
porque llenaron mi vida
de amor y felicidad…”
Milonga de Antonio “Colchón”

“Cuando llegan las Cruces de Mayo
voy caminito de la Tablá,
con mi niña cogío del brazo
voy paseando por el Real”
Caracoles de Antonio “Colchón”

En definitiva, Antonio Roldán Sánchez llevó la cultura del Flamenco en Los Alcores a altas cimas, sembrando la semilla entre los más jóvenes y neófitos, haciendo florecer su cante por numerosas latitudes. 

Un grande de nuestro Flamenco se ha ido demasiado pronto y, como suele ocurrir en estos casos, no recibiendo todo el reconocimiento público que merecía, salvo por su querida Peña Flamenca. No se puede remediar lo irremediable, pero quizás estemos a tiempo de honrar su memoria y legado eterno dedicándole alguna calle o rotulando la nueva Casa de la Cultura con su nombre.

“Toa mi via he dedicado
a escuchar y cantar flamenco
y lo que yo he disfrutao
quedará en el recuerdo.
¡Que me quiten lo bailao”
Fandangos de Antonio “Colchón”

MARCO ANTONIO CAMPILLO

sábado, 8 de mayo de 2021

  • 8.5.21
En torno a la antigua celebración religiosa de la Exaltación de la Santa Cruz, que tiene lugar el día tres de mayo, tienen lugar en la localidad las tradicionales Fiestas de la Santa Cruz de El Viso del Alcor que, en su configuración actual, son las más antiguas que conserva el municipio. Dichas fiestas han cambiado mucho con el tiempo, imponiéndose de forma paulatina lo popular y profano sobre lo religioso, aunque sin perder nunca la importancia de la cruz de romero como símbolo identitario y distintivo de una de nuestras fiestas más señeras.



¿Cómo eran las Fiestas de la Santa Cruz hace cien años?

El crecimiento demográfico de la población propició el traslado de las Fiestas de la Santa Cruz desde la Plaza Sacristán Guerrero, que era mucho más pequeña que la actualidad, hasta las arterias principales de la villa a finales del siglo XIX. Las calles Real, Muela y Feria se decoraban los días 3, 4 y 5 de mayo, con banderas, guirnaldas, gallardetes, farolillos, flores de papel, arcos de arquitectura efímera y bombillas rojas y blancas. La diversión estaba garantizada con los desfiles de gigantes y cabezudos, con los niños ascendiendo a las cucañas y con las explosiones multicolores en el cielo visueño de fuegos artificiales, tracas valencianas y cohetes. Por otra parte, la música era la guinda del pastel. 

En la actual Plaza de la Recovera se montaba un tablao donde se daban conciertos. Dianas se tocaban por la calle Real y se daban conciertos en el Ayuntamiento con un manubrio. Otro aderezo eran los concursos: los de “tiro pichón” o los de Cruces populares. A principios del siglo XX, la iluminación eléctrica se combinaba con iluminación a la veneciana, es decir con lámparas de petróleo. Del mismo modo, se celebraban corridas de toros en lo que fue el polvero de Roldán Díez y por las noches en la calle Real alumbrada por lámparas de aceite, la multitud se divertía con la música de las charangas.

José María López describe, basándose en testimonios de personas mayores, como era la Cruz en las primeras décadas del siglo XX: “Todo se traba alrededor de la Cruz, la exposición de la Santa Cruz adornada con flores, romero, macetas, mantones de manila, fuentes de aguas cristalinas, platos de cerámica y de cobre, pájaros embalsamados y viejas, muchas viejas custodiando a la Santa Cruz; fuera, jolgorio de fiesta, luces de aceite por la noche y por el día cucañas, carreras de cintas a caballo, aguardiente… El día 3 de mayo, Fiesta de la Santa Cruz. Los mayores acapararán la fiesta. Procesión de la Cruz en custodia de madera adornada por un pelícano; bendición de nuestros campos y ¿por qué no? Toros en el corralón que hoy existe junto a la plaza de abastos Santa Marta y también baile. 

El paseo, situado en el ensanche de la calle Real, donde hoy existen los naranjos y donde existía una pequeña plaza con sus carriles para el paso de los carros. Esta plaza que duró hasta los años cuarenta, es recordada todavía por nuestros mayores”. La fiesta popular se combinaba al unísono con las funciones religiosas que se llevaban a cabo en la Iglesia Parroquial y con la procesión de la Santa Cruz por las calles de nuestro pueblo. 

Gracias a una fotografía de 1923 sabemos que la exaltación de La Cruz en ese año se realizó en el polvero del “Liberal”. Los jóvenes adornaron con romero verde y flores de papel una Cruz, símbolo de las fiestas. La velada tuvo lugar en la calle Real, con iluminaria de candilejas y banderitas de colores. Los días de la Cruz, además de la procesión religiosa, hubo corridas de toros, vistas y catalinetas, cine mudo, etc.
 La elección de un nuevo alcalde, Salvador Fernández Álvarez, por el Gobernador Civil, en 1926, en la etapa de la Dictadura de Primo de Rivera, da un nuevo impulso a estas fiestas de este pueblo con una población de unos 8400 habitantes. 

La Revista “La Voz de Carmona” dedica un número extraordinario a la Cruz de El Viso de dicho año, permitiéndonos conocer todos los detalles de la fiesta. La duración de la Cruz de Mayo era tradicionalmente de cuatro días, pero en esa ocasión se ampliaron hasta siete, para dar mayor impulso a la fiesta principal del pueblo, aunque el mal tiempo deslució algo los festejos. La principal decoración se colocó en la calle Real, donde se instaló un gran arco monumental, banderitas e iluminación eléctrica. Del mismo modo, en las fachadas de la Casa Ayuntamiento y Casino de la Unión Patriótica, entre otras, se colocaron colgaduras y bombillas de colores. También se iluminó, del 1 al 7 de mayo, la calle Rosario. 

La Cruz oficial se colocó en el patio del Ayuntamiento. En cambio, la Cruz Popular, adornada y sufragada por la Hermandad de San Juan, se situó en la calle Corredera, nº.26. El programa de festejos era amplio. Cada día, rayando el alba, comenzaban los primeros actos: “A las seis de la mañana, alegre diana por la Banda Municipal, acompañada de gigantes y cabezudos. Disparos de cohetes”. Hubo numerosos concursos, con suculentos premios, para amenizar las Fiestas: cante “jondo”, cucañas, concurso de parejas de sevillanas en la Cruz popular. Los bailes eran frecuentes, tanto en la Cruz popular, como en la caseta de la Hermandad de San Juan. 

Los conciertos de la banda de música en el paseo alegraban los oídos de los lugareños y visitantes”. El 3 de mayo, a las nueve y media, se celebró la “solemne procesión religiosa con salida procesional de la Santa Cruz”. Con anterioridad, a las ocho de la mañana, se realizó un “reparto de una abundante limosna de pan a los pobres en el local del Ayuntamiento”. Por la tarde, hubo diversos concursos y elevación de globos y fantoches. Por la noche, a las doce, fuegos artificiales en el paseo. La gran novedad de cada noche era disfrutar de una película en el cinematógrafo público en la calle Rosario. Pequeños y mayores disfrutaban paseándose, por la tarde, en los caballitos y en las cunitas, y, por la noche, acudiendo al circo. Los paladares se endulzaban en los puestos de buñuelos, turrón, alfajores, garbanzos o avellanas.

 También se celebró una Buñolada en el Círculo Unión Patriótica. La despedida de las Fiestas de la Santa Cruz el siete de mayo se realizó “con la representación, por los distinguidos jóvenes, de los saitenes La Cruz del poder del alma y El Cerrojazo a beneficio de la proyectada institución Casa de la Cruz”. La Revista de 1926 nos da amplia información sobre El Viso del Alcor, en general, y las Fiestas de la Santa Cruz, en particular. El relato de la “Pasionaria”, escrito por R. Serficorutra Porta-Coeli, además de darnos a conocer una historia de ficción, nos describe el diario transcurrir de esos días festivos: “La Velada de la Cruz transcurría en medio de la alegría y bullicio propios de esta fiesta tan castizamente andaluza. La calle donde estaba instalada, lucía profusa iluminación encuadrada en los artísticos arcos de follaje que cada diez pasos cruzaban de una parte a otra. En el patio de una casa, artísticamente exornado, se alzaba la Cruz espléndidamente adornada de flores y luces, colgadas a manera de tapices, con magníficos pañuelos bordados en colores, ¡sublime!, ¡majestuosa!, como amparando con sus amorosos brazos, a toda aquella multitud que le rendía pleitesía. 

En la caseta había una animación extraordinaria. Cuatro parejas de preciosas muchachas, ataviadas con su pañuelo de talle, bordado, sus flores y luciendo sus magníficas peinas, bailaban unas alegres sevillanas que palmeteaban castizamente los muchachos de la reunión...”

Nuestras Fiestas han cambiado mucho en un siglo, pero nunca puede faltar la cruz de romero, ya su origen es religioso, no procediendo, por tanto, de los antiguos mercados de ganado, tal como ocurre con las ferias. 

En definitiva, es una herencia que hemos recibido de nuestros antepasados y tenemos el deber de transmitirla a las generaciones venideras ¡Espero y deseo que en el próximo año podamos celebrar en el recinto de la Tablá una Cruz de Mayo con toda su majestuosidad!


MARCO ANTONIO CAMPILLO

FOTOGRAFÍA CEDIDA POR EL VISO EN LA MEMORIA. "Esta foto es un tesoro, su autor es Manuel Macias Portero, sevillano casado con una visueña y fue cedida a la Asociación Cultural Amigos del Viso".

sábado, 10 de abril de 2021

  • 10.4.21
La Ruta Mágica de Los Alcores es un bello recorrido circular, de unos 10 kilómetros de longitud, por un camino prerromano que surca los Alcores sevillanos entre las poblaciones de El Viso del Alcor  (un 70 %) y Carmona (un 30 %, aproximadamente), concretamente desde el visueño Parque de la Muela hasta Alcaudete.



Es un proyecto impulsado por la Asociación Cultural Fuente del Sol, con el apoyo del Ayuntamiento de El Viso del Alcor y la colaboración del de Carmona, que pretende la legalización y puesta en valor de este antiquísimo camino, que comunicaba importantes núcleos poblaciones como la Tablada, Moscoso o Alcaudete.

Esta Ruta recibe este curioso nombre en homenaje a Peláez del Espino, quién escribió unos pequeños libros, desgraciadamente todavía inéditos, formando la serie “En busca de la Ruta Mágica de Los Alcores”, analizando la línea mágico-religiosa desde Santa Lucía a Alcaudete, con una serie de lugares sagrados vinculados a corrientes de agua y, que posteriormente, fueron cristianizados. 



Su trazado es un auténtico deleite para los sentidos, donde podemos escuchar los murmullos del agua en la Fuente de la Muela, refugiarnos en la sombra de la arboleda del Parque del mismo nombre, oler a tomillo y romero, contemplar la inmensidad de la Vega con su damero de sembrados (cuyas texturas aterciopeladas cambian al ritmo de las estaciones), contemplar desde un “arrecife marino”  el vuelo de las aves, viajar en el tiempo a través de la gran riqueza arqueológica de Los Alcores, con restos de todas las civilizaciones que se han asentados en estas tierras desde el Calcolítico. Dicha riqueza arqueológica se plasma en la gran diversidad de los yacimientos visueños de la Alunada, Moscoso o Rancho del Zurdo y en la magnitud del lugar mágico-religioso de Alcaudete, situado a las puertas de la legendaria Carmo, donde podemos vislumbrar el gran túmulo de la Motilla, de dimensiones colosales.



En definitiva, esta Ruta milenaria une deporte, naturaleza, Historia y arqueología, pudiendo concluir deleitando nuestros paladares con platos típicos como el menudo, con tapas bañadas en el oro líquido virgen extra de alta calidad o tomando exquisitos postres, tales como las dulces naranjas de Los Alcores o su variada repostería (tortas inglesas de Carmona o pastas, magdalenas y pechugones de El Viso del Alcor).

Precisamente, el Ayuntamiento ha realizado hoy, 10 de abril, esta Ruta, con la colaboración de la Asociación Cultural Fuente del Sol, que ha aportado el diseño de la misma y los guías. Esperamos que haya sido un éxito y que sea el primer paso para que visueños, carmonenses y foráneos disfruten de este bello trazado y conozcan su riqueza histórica, arqueológica y paisajística. 


Por último, en nombre de la Asociación Cultural Fuente del Sol, es justo agradecer el buen hacer del Ayuntamiento de El Viso del Alcor, que, desde el primer momento, ha tomado el Proyecto de la Ruta como suyo, acondicionando el camino, tanto en el tramo visueño, como en el carmonense, gracias a la gentil autorización del Consistorio de la legendaria Carmo. 

¿Te animas a recorrer la Ruta Mágica de Los Alcores?


MARCO ANTONIO CAMPILLO
FOTOGRAFÍAS: FUENTE DEL SOL

sábado, 13 de marzo de 2021

  • 13.3.21
La rayuela es un juego tradicional infantil muy extendido por España e Hispanoamérica. Recibe distintas denominaciones: avión, tejo, pique (Mairena del Alcor y Utrera), mariola (Galicia), muñeca (Madrid), etc. En El Viso del Alcor tiene el peculiar nombre de picarona. 


Hay diferentes formas de dibujarla, aunque la más común es pintar, normalmente con una tiza, un cuadrado en el suelo, con el número 1 dentro, luego otro cuadrado con el dos, otro con el tres, procurando que sean iguales. Después se pintan dos casillas, una con el número cuatro y a su lado otra con el cinco. La casilla superior la ocupa el 6 y las dos últimas son también casillas dobles con los números siete y ocho. Luego otro piso con una sola casilla con el número 9 y finalmente se dibujará una última con el número diez. 

Este juego, cuyas reglas básicas son bien conocidas por todos, ayuda a que los niños y niñas desarrollen la coordinación viso-motora, la agilidad, el movimiento y la motricidad gruesa. Cada jugador tiene que arrojar la piedra a todos los cuadrados y gana el primero que consigue recorrer toda la picarona.

La rayuela es uno de los juegos más conocidos en todo el mundo. Su origen es milenario, practicándose en Grecia (recibiendo la denominación de Ascolias) y en la antigua Roma (conocida como Las Odres) En este sentido, los soldados utilizaban un mecanismo similar para su entrenamiento, ya que le brindaba un mejor equilibrio y agilidad durante sus batallas.

La picarona está relacionada con los antiguos mitos sobre laberintos, del mismo modo que otros juegos (la oca, el parchís o la lima) y ha sido adaptado en el Renacimiento, en la época de la Contrarreforma, para representar el viaje cristiano del alma, desde la tierra hasta el cielo. Representa el conocimiento de uno mismo, reflejando en el juego las dificultades de la vida con el nacimiento, el crecimiento y la muerte. Su temática está basada en el libro “La Divina Comedia” de Dante Alighieri, obra en la cual el personaje, cuando sale del Purgatorio y quiere alcanzar el Paraíso, tiene que atravesar una serie de nueve mundos hasta lograrlo. 

El jugador actúa a modo de ficha. Debe saltar de casilla en casilla, a la pata coja, empujando la piedra que representa su alma. Partía de la Tierra para conseguir el Cielo (número 10), procurando no caerse en el Infierno durante su recorrido. En ningún caso la piedra debía pararse sobre una línea, ya que, de la Tierra al Cielo, no hay fronteras ni zonas de demarcación, ni separaciones, ni descanso.

Julio Cortázar explica magistralmente este tradicional juego en su famosa obra “Rayuela”: Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas (rayuela caracol, rayuela rectangular, rayuela de fantasía, poco usada) y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo; lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar. Y porque se ha salido de la infancia se olvida que para llegar al Cielo se necesitan, como ingredientes, un piedrita y la punta de un zapato”.

Mircea Eliade comenta, del mismo, que “los niños europeos y americanos todavía juegan a la rayuela, ignorantes del hecho que están participando de un juego iniciático cuya finalidad es penetrar y regresar con éxito de un laberinto; porque saltando a la rayuela, ellos descienden simbólicamente a los infiernos y vuelven a la tierra”.

En definitiva, como conclusión, cada vez que jugábamos en nuestra tierna infancia al juego de la picarona, estábamos recorriendo un trazado bidimensional que representa un viaje ascendente en el que se unen los tres mundos: el mundo subterráneo (inframundo), la Tierra y el Cielo.

MARCO ANTONIO CAMPILLO



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