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ANDALUCÍA CON UCRANIA

COLEGIO PROFESIONAL DE PERIODISTAS DE ANDALUCÍA

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domingo, 11 de septiembre de 2022

  • 11.9.22

Cuando la Vega era mar,

y el Alcor, orillar era,

se sublimaron los vientos,

se encendieron las estrellas

y se vistieron de gala

los caminos y las sendas

para dar la bienvenida,

gracia, dicha, recompensa,

a María del Alcor,

Reina de Mares y Tierra”

Clemente Calabuig

 


Las Fiestas Patronales en honor a la Patrona de El Viso del Alcor son, sin duda, la máxima expresión y reproducción de nuestra identidad como pueblo. Tal como manifiesta Durkheim, “los ritos son ante todo, los medios por los que el grupo social se reafirma periódicamente...Hombres que se sienten unidos, en parte por lazos de sangre, pero aún más por una comunidad de intereses y tradiciones, se reúnen y adquieren conciencia de su unidad moral”. Identidad es sinónimo de estabilidad, permanencia, tradición y continuidad en el tiempo, de generación a generación, de padres a hijos, y de abuelos a nietos.

En primer lugar, la devoción a Santa María del Alcor, tanto en El Viso como en Mairena, supuso, desde el siglo XIII al XX el florecimiento del sentido identitario con respecto a esta comarca, perviviendo el término árabe de Alcores, Yâbal-Yibâl-al-Rahma, que puede traducirse como la “Montaña de la dicha o de la felicidad”. El Himno, con letra de Sixto Sánchez-Barbudo y música del Maestro Seri, fortalece, del mismo modo, esta simbiosis:

“Por esta tierra de Los Alcores,

brota ferviente tu devoción.

Bendice siempre a sus moradores,

que te saludan con los mejores

hondos cantares del corazón”

 

En sentido inverso, existe una creciente identidad de los visueños y visueñas con su Patrona, Alcadesa perpetua desde 1939, denominándose de esta forma una gasolinera, una confitería, una banda de música, un hotel y varias empresas. En este sentido, la numerosa difusión de la imagen de Santa María del Alcor en cuadros, retablos cerámicos, carteles o placas, repartidas por toda la población, son otra muestra más de esta unión.  Por otro lado, en 1913 nació la primera niña denominada María del Alcor, sin embargo, en la actualidad hay 105 mujeres que reciben el nombre de Alcora, lo que supone un 5,45 %. No es un nombre exclusivo de El Viso, ya que viven 10 en Mairena del Alcor y 13 en Sevilla, aunque son, sin duda, de origen visueño. La Coronación Canóniga de 2005, con su novena itinerante por calles y barrios, fortaleció la popularidad de las Fiestas Patronales y la devoción a su Patrona, que, curiosamente, da nombre a un tipo de azul, el de la bandera visueña, símbolo del municipio.


Esta fiesta, exclusivamente religiosa en sus orígenes, floreció tras la llegada de la nueva imagen en 1939, el traslado de la festividad de la Virgen del 25 de marzo (día de la Encarnación o de la Anunciación, y que caía en Cuaresma o en Semana Santa) al 12 de septiembre, el nacimiento de la romería y la creación de la Hermandad. Sin embargo, por distintas circunstancias, estos brotes verdes se fueron marchitando con el paso inexorable del tiempo, teniendo una rápida efervescencia en 1985, cuando el gobierno local del PCE quiso convertir en día laborable el 12 de septiembre, día de la Patrona, debido al escaso arraigo de esta festividad, y trasladarla al lunes de “resaca”, tras la romería. Esta acción municipal supuso un inesperado fenómeno de reacción municipal, incentivado por la oposición y la Hermandad de Santa M.ª del Alcor y San Pedro Nolasco. Las humeantes chocalatadas y los reconfortantes potajes de garbanzos que se realizan desde entonces son la máxima expresión de la fraternidad de un pueblo, que olvida sus diferencias y fortalece sus raíces comunitarias. “En definitiva, se genera un nuevo ritual-festivo, hoy suficientemente consolidado, que convierte el día de Santa María del Alcor, el 12 de septiembre, en el día grande de los visueños y las visueñas” (Ángel del Río).

Los símbolos festivos a lo largo del mes de septiembre expresan la identidad social visueña, permitiendo realizar y ejercer la condición de miembro de una comunidad. La presentación de los recién nacidos a su Patrona, tradición nacida en 1980, o la de llevarle en familia los nardos a la “Reina del cielo y de la tierra” son una muestra palpable de ello.

La Procesión del 12 de septiembre es el culmen de la fiesta. Los cantes, bailes, petaladas, fuegos artificiales, calles exornadas con flores de papel y banderas azules y blancas, arcos efímeros, cúpulas o los propios exornos de las casas, etc, suponen la renovación de los lazos del imaginario colectivo de los moradores del corazón de Los Alcores.

Por último, la romería supone un colofón veraniego, donde peregrinamos a pie, a caballo o en carreta al emplazamiento mágico-religioso de Alcaudete. En esta peregrinación nos despojamos de los roles previos y alcanzamos un significativo grado de empatía con nuestros semejantes. Vamos sucediendo etapas (misa de romeros, salida de la Iglesia Parroquial de Santa María del Alcor, rezo del ángelus en el Moscoso, llegada a Alcaudete…). Según V. y E. Turner, el camino de este tipo de peregrinaciones tiene figura de elipse. Es de ida y vuelta, si bien propiamente lo es de ida, mientras que queda invisible el de vuelta, realizándose rápidamente y con menor interés por los puntos intermedios. Como ya sabemos, la romería en honor a Santa María del Alcor Coronada se celebra en Alcaudete, término municipal de Carmona, pero, histórica, simbólica y sentimentalmente, propiedad del corazón de todos los visueños y visueñas.

¿Es la romería, además de una manifestación cultural y religiosa, una subconsciente y simbólica reivindicación territorial?

Como conclusión, las Fiestas Patronales, con indiferencia de nuestras ideas religiosas, suponen, junto a otros ciclos festivos y tradiciones, la renovación de nuestros lazos comunitarios como pueblo con una identidad e idiosincrasia definidas. La sustitución del nomenclátor de la Avenida República de Nicaragua por Avenida 12 de Septiembre o el colosal Monumento a la Patrona son ejemplos palmarios de esta “visueñidad”.

¡Felices Fiestas Patronales!

Fiestas de Interés Turístico Nacional de Andalucía. 





MARCO ANTONIO CAMPILLO

sábado, 20 de agosto de 2022

  • 20.8.22

¡El Viso no tiene Historia!

¡En El Viso no hay na!

Estas expresiones se escuchan frecuentemente en el corazón de Los Alcores, pero ¡nada más lejos de la realidad! Las venas y arterias de El Viso del Alcor están repletas de Historia y de vestigios de nuestro pasado, tradicionalmente ignorados, maltratados y, en muchas ocasiones, destruidos. Uno de estos vestigios de tiempos remotos salió a la luz el pasado uno de junio, coincidiendo con la peregrinación al Rocío. El descubridor fue José Antonio Bonilla Espinosa, quién durante una excursión escolar, se percató de una pieza cerámica interesante y tuvo la generosidad de compartirlo con la Asociación Cultural Fuente del Sol, quién estudió la placa y la puso en conocimiento de la Delegación de Cultura, para su custodia, conservación y protección. La actitud de José Antonio, tal como afirma el Colectivo Solano “es todo un ejemplo de comportamiento ciudadano en relación al patrimonio público para su cuidado y conservación, frente a esas otras actitudes egoístas que destrozan lo de todos o lo expolian y lo acaparan exclusivamente para si mismos”.

José Antonio Bonilla y su hijo Ángel




Miembros de Fuente del Sol: Antonio Roldán, Armando Rueda y

Marco Antonio Campillo



 

El lugar del hallazgo fue en un sitio público, el Parque de la Muela, en el área de influencia de la Villa de la Estación, que debió contar, según se puede deducir de los escasos restos encontrados, de lujosas estancias decoradas con mármoles de colores y mosaicos, termas, molinos, necrópolis, alfares, etc., y, posiblemente, su propia iglesia cristiana o basílica. 



La pieza es una placa de barro cocido cuadrangular con relieves realizados a molde y de unas dimensiones considerables: 41 cm de longitud, 37,5 de ancho y 4 centímetros de grososr. En el centro, destaca una protuberancia piramidal cruciforme, en forma de estrella o cruz, que sobresale unos 3 cm de la superficie de la placa. De las cuatro aristas de la pieza central parten tallos hacia las esquinas, que acaban en una especie de decoración vegetal, coronados por triángulos en las esquinas. La decoración está enmarcada por una doble moldura cuyo espacio central presenta dientes de sierra.

Existen dos ladrillos idénticos, y otros cuatro similares, en la Colección Alhonoz en Écija, aunque éste va a tener la particularidad que va a poder contemplado de forma pública y gratuita en su lugar de origen.

Referente a su cronología, tampoco aparecen elementos que nos permitan definir con mayor concreción su datación, aunque comparado con otras placas similares se puede encuadrar en la época tardoantigua, entre los siglos IV y VII.

Su funcionalidad no está del todo clara, estableciendo los historiadores especializados varias hipótesis:

- Por una parte, hay autores que adscriben su uso al mundo funerario, es decir, actuando como tapaderas de las propias tumbas o como revestimiento de fosas o sarcófagos. A favor de esta teoría estaría que nuestra placa ha aparecido relativamente cerca de las tumbas que aparecieron tras las fuertes lluvias de 2010 (una parte de los restos de una de ellas se conservan en el Centro cultural Convento de Corpus Christi.

- La segunda propuesta es aquella que defiende que estos ladrillos fueron destinados a ornamentar los espacios sagrados, especialmente los templos: utilizados directamente en paramentos, actuando como verdaderas placas; también en cubiertas, concretamente como casetones de bóvedas o a modo de pavimento. Ya San Isidoro de Sevilla (siglo VI-VII), en sus Etimologías, se refiere a éstas como elementos ornamentales de los edificios de culto cristiano, tanto para las paredes, como para los techos o los pisos. De estas posibilidades, existe cierto consenso entre los investigadores en señalar su uso preferente como decoración de los casetones de las cubiertas planas de madera. La protuberancia central cruciforme de la pieza en cuestión formaría un juego de luces espectacular cuando los fieles, a la luz de las velas, miraran hacia el techo.



- La tercera propuesta admite los mismos posibles usos que la anterior, pero extensibles para el ámbito civil no siendo exclusivos del mundo sacro y funerario.

Ahora bien, no todos los ladrillos o placas disponen de la misma morfología y tamaño, por lo que, además de existir talleres locales (entre ellos el ubicado en El Viso) puede indicar que cada uno de ellos tenga una funcionalidad determinada.

Como conclusión, queda mucho por conocer e investigar de esta magnífica pieza, pero lo que es totalmente demostrable que El Viso tiene un Patrimonio de gran potencial y valor, que debemos conocer, proteger y legar a las generaciones venideras. 




MARCO ANTONIO CAMPILLO
FOTOGRAFÍA: FUENTE DEL SOL



sábado, 11 de junio de 2022

  • 11.6.22

La casa de la calle Real, número 57, es un buen ejemplo de las mansiones de la rica burguesía visueña de tiempos pretéritos.

Fue construida en torno a 1904, tal como indica el bello cancel de la entrada, que aparece rotulado por las siglas S.J.L., es decir, Sixto Jiménez León.

Efectivamente, don Sixto era miembro de la élite local, gran propietario y un influyente abogado. Como curiosidad, llegó a ser Alcalde de El Viso del Alcor de forma interina, desde el 26 de abril de 1894 hasta el 11 de mayo del mismo año. Además, aparece en varias listas del Censo electoral de compromisarios para senadores, como el quinto mayor contribuyente de la localidad a finales del siglo XIX, únicamente superado por Salustiano Jiménez Cadenas, Antonio López Vergara, Juan Ramón León Sánchez y Gil Jiménez León.

La fachada, como podemos observar, es sobria, donde podemos saborear el néctar del clasicismo,  predominando las líneas rectas y la simetría. La puerta está situada en la parte central, aunque no destaca como una portada monumental de otras casas del XVIII. Cuatro sobrias  ventanas, ligeramente arqueadas, integradas en la fachada y que no arrancan del suelo, la flanquean, dos a cada lado, sobre un paramento ligeramente almohadillado. Sobre ellas, se alzan cinco elegantes balcones, estando acristalados los de las esquinas. El conjunto es rematado por una cornisa con ménsulas y jarrones que desafían la cúpula celeste.

Tras cruzar el zaguán, cuyo techo está decorado con elementos geométricos de rica policromía, y el exquisito cancel, que sustituye, como rasgo de la modernidad industrial, a los tradicionales portones de madera, entramos en el salón principal de la casa, donde el agua de la clepsidra parece haberse detenido. 

Las mecedoras guardan secretos de tiempos pasados, rodeadas de un mobiliario realizado por manos expertas y exquisitas, siendo flanqueadas por un precioso alicatado geométrico, dando el espejo una imagen de mayor profundidad.

El piano, de líneas elegantes, nos traslada a largas veladas musicales, donde se reuniría la flor y nata de la aristocracia visueña.

Sobre el techo, cabalga la estructura de las vigas de hierro, toda una novedad en el corazón de Los Alcores a principios del siglo pasado, y una lámpara de seis brazos.


Rápidamente, desde el salón principal, podemos acceder al despacho de don Sixto, donde parece escucharse todavía el trazado de la pluma sobre un mar de papel.


De nuevo en el salón, podemos tomar el aire en el patio, cruzando un arco de medio punto peraltado, flanqueado arcos de herradura de menor porte. La arcada parece decorada con paños de sebka, de inspiración giraldiana y neomudéjar, y por una cristalera multicolor de líneas geométricas, y coronadas por estrellas de seis puntas, que llena el salón de luces caleidoscópicas.



El patio, de forma cuadrada, y alineado con la calle, es un placer para los sentidos, contrastando el blanco de los muros con el color azulado del alicatado, bajo el susurro de agua de una espectacular fuente poligonal. Podemos adentrarnos en las arenas del tiempo e imaginarnos a los señores de la casa tomando el fresco, sentados en elegantes asientos de mimbre, en una noche de luna llena, mientras las criadas les traían el aperitivo, bajo la protección de un azulejo de la Inmaculada Concepción.




 

Otras dependencias importantes de la casa era el comedor, con un bello brasero para calentar las frías noches de invierno, la cocina, el patio trasero con las pilas o el cuarto de baño (todo un lujo en esta época), de mayores dimensiones que muchos pisos actuales. En la planta baja, también están las dependencias anexas del servicio (como curiosidad todavía se conservan los timbres para requerir su pronta presencia).


Las dimensiones de la casa son enormes en la planta baja y, además, se dobla en el piso superior, por el que podemos acceder subiendo una escalera, de dos tramos, que parece flotar en el aire. Todo el que sube al “cielo”, recibe la protección de un cuadro de buena factura de la Inmaculada concepción, posiblemente del siglo XVIII.




En las habitaciones del piso superior, el tiempo parece haberse detenido. También encontramos otros salones y espacio para granero y otras dependencias menores.

En definitiva, una maravilla de casa, que pude saborear sorbo a sorbo, gracias a las gestiones de mi amiga, Rosario Jiménez, y a la amabilidad de don Salvador Sánchez-Barbudo. Un Patrimonio, por tanto, que debe ser restaurado, conservado y donado a las generaciones venideras. 

MARCO ANTONIO CAMPILLO


sábado, 7 de mayo de 2022

  • 7.5.22
Las Ordenanzas Municipales de El Viso del Alcor de hace 500 años regulaban, como no podía ser de otra manera, las transacciones comerciales dentro de la villa, haciendo especial hincapié en el abastecimiento de productos de primera necesidad.



El abastecimiento de carne estuvo regulada por varias disposiciones que regulaban su regular suministro y consumo. En primer lugar, cualquier ganadero debía comunicar al arrendador de la carnicería su intención de venderle carne. 
Pasados dos días sin contestación, el ganadero podía vender su producto fuera de la villa, sin ser multado por ello. Del mismo modo, los propietarios de cabritos que se alimentaban de los pastos del concejo tenían terminantemente prohibido venderlos en Sevilla, donde los precios eran mucho más elevados, con el consiguiente perjuicio de desabastecimiento de los vecinos. Por otro lado, todo vecino que vendiese carne tenía que comunicarlo previamente de manera pública para pagar su correspondiente alcabala (impuesto, de carácter indirecto y de origen musulmán, que gravaba las transacciones internas en la Corona de Castilla). Al arrendador de la carnicería le estaba permitido tener alrededor de 150 carneros en la dehesa del concejo, incluso durante la Cuaresma y hasta la Virgen de agosto, e incluso podía meter los sobrantes en las dehesas de los labradores; pasado este tiempo, debería sacarlo de este lugar, pudiendo vender fuera entre 30 y 40 reses, sin necesidad de licencia del cabildo, siempre que la villa quedara suficientemente abastecida.

El carnicero tenía la obligación de guardar cada domingo dos piezas de carne en canal para el consumo del concejo.
Las autoridades municipales controlaban las ventas de carne, intentado impedir los fraudes. En este sentido, el almotacén tenía la obligación de repesar en la puerta de la carnicería la carne vendida a los vecinos; regular el precio, peso y venta de reses muertas o lisiadas o prohibir el peso de la carne en casa de cualquier vecino, entre otras.
El consumo del pescado era menor que el de la carne, aunque experimentaba un fuerte crecimiento los días de Cuaresma y los días de abstinencia (viernes y sábado) La mayoría del pescado que llegaba a la villa procedía de Sevilla, siendo las especies más consumidas la pescada fresca o cecial y la sardina blanca. Este producto era traído por el arrendador de la pescadería, o bien por otros vecinos, todos los martes y miércoles del “año carnal”, al objeto de estar cubierto su consumo durante todos los días de vigilia, incluso llegando a ser multado el pescadero con 200 maravedíes por cada jornada que faltase el pescado.

Una vez en la tienda, se procedía a su remojo, no pudiéndose vender remojado de una semana a otra, si no era con consentimiento de los regidores, y a un precio más bajo. La sardina blanca tenía que ser lavada en el río (no sabemos a cuál se refiere) Tras el remojo se le ponía precio de venta según su postura, no pudiendo sobrepasar un tercio de lo que costara al tendero, sancionando a éste si lo vendía a un precio más elevado del precio fijado.
El vino local recibía un fuerte proteccionismo por parte de las autoridades municipales frente al foráneo, ya que se prohíbe la entrada de vino mientras existan en la villa tres tabernas dedicadas a la venta del mismo. 

Las personas que venían a vender vino a la villa tenían que hacerlo en la Plaza, con su correspondiente cédula firmada por un juez o escribano, estando prohibida su reventa.
El Viso era un pueblo básicamente cerealista, aunque son pocas las reglamentaciones que regulan la elaboración del pan. Los regidores eran los encargados quiénes ponían el peso el peso y el precio de este producto de primerísima necesidad, ajustándose a lo dispuesto en las Ordenanzas de Sevilla al respecto.

Los tahoneros tenían prohibido vender pan amasado en su casa, así como tener gallinas u otras aves fuera del corral para evitar pérdidas innecesarias de trigo o harina.

Estaba prohibido quitar el horno a la persona que le había sido concedido, bajo multa de 200 maravedíes para el señor de la villa.

El peso del pan era vigilado celosamente, siendo multado el panadero que fuera cogido en falta, y su pan entregado a los pobres.

Las aceitunas locales no podían venderse fuera de la villa, salvo con consentimiento de los jueces.

El adecuado abastecimiento de aceite estaba asegurado con las reglamentaciones de las Ordenanzas al respecto. El arrendador de la tienda de aceite o cualquier otra persona dedicada a su comercio, ya fuera comprado o de su propia cosecha, estaba obligado a venderlo conforme a lo regulado por el regimiento de la villa, estableciendo una relación entre el precio y la ganancia del vendedor. Si en algún momento el tendero no vendiera su aceite por parecerle escasa su beneficio, estaba obligado a pagar una multa de 200 maravedíes al concejo por cada día que no lo pusiera a la venta.
El concejo también reglamentó el comercio de frutas y hortalizas de producción local y foránea. Los forasteros tenían permitido vender los productos en la villa junto a sus vecinos, siempre que lo hicieran en la Plaza o tiendas autorizadas dentro de ella; lo sobrante podían venderlo por las calles, dando cuenta previamente a los arrendadores de las tiendas. 

Estos a su vez, estaban autorizados a vender frutas de su propia cosecha en sus casas sin tener que pagar alcabala por ello, ya que iba implícito en el arriendo de la tienda.
Los vendedores de espárragos, palmitos, alcachofas, nabos de majuelo, etc, estaban obligados a surtir en primer lugar a la villa, pudiendo fuera de ella lo sobrante.

El arrendador de la huerta del concejo estaba obligado a permitir la venta de frutas y hortalizas a los foráneos, siempre que le pagaran la correspondiente alcabala; sin embargo, los hortelanos de las huertas del Moscoso y Alcaudete sólo podían vender sus productos los lunes, siendo requisada la mercancía y multado con 200 maravedíes para el señor de la villa en caso de incumplimiento.

Los forasteros que venían a El Viso a vender miel tenían que hacerlo obligatoriamente en las tiendas destinadas a tal efecto en la Plaza, También podían hacerlo por las calles en un horario fijado: desde la tarde hasta las diez de la mañana; en caso de que vinieran en horario matutino, podían venderla hasta la puesta del sol, estaba prohibida su reventa.

El arrendador del mesón tenía que tener obligatoriamente para su venta jabón de jueves a sábado, siendo multado con cien maravedíes parar el concejo en caso de incumplimiento.
En definitiva, las Ordenanzas regulaban, con fuerte proteccionismo, el comercio en la villa, con normas estrictas y con afán recaudatorio, para asegurar el abastecimiento de la población de productos de primera necesidad. La Plaza de la villa (actual Plaza Sacristán Guerrero, aunque mucho más pequeña) era el centro neurálgico del comercio local, contando con carnicerías, pescadería, tiendas de venta de aceite, de frutas y hortalizas, miel,... Es decir, “la plaza ejercía las funciones de mercado público, de esta manera se fiscalizaban las ventas y se podían cobrar los pertinentes arbitrios a los vendedores...”
El mercado era, pues, el lugar de la distribución y de la redistribución de bienes y mercancías. En el él también se producen transmisiones de información, encuentros de conocidos, activación y ensanchamiento de las redes sociales.

La plaza, elemento simbólico de la aldea, se concibe, pues, como el lugar de llegada, confluyendo, las calles, en ella. Del mismo modo, era el escenario habitual de los grandes acontecimientos de la vida social, económica, política y religiosa de la aldea.

sábado, 9 de abril de 2022

  • 9.4.22
¡No hay que mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista!

Tras la tempestad de la pandemia y dos años sin poder disfrutar de nuestra Semana Grande, el Domingo de Ramos está a la vuelta de la esquina.


El extraordinario y emotivo pregón de D. Miguel Ángel Crespo Martín, presentado elegantemente por el Hermano Mayor de la Hermandad de la Esperanza, D. Juan Ramón Benítez Bonilla, supuso el gran aldabonazo de salida de esta tradicional Fiesta.

Nuestra Semana Santa se vivirá, sin duda, con pasión, sentimiento y mucha tradición, transmitida de abuelos a nietos, de padres a hijos. Despertarán al rayar el alba de mañana, Domingo de Ramos, nuestros anquilosados sentidos.

Las puertas de nuestra mirada se abrirán de par en par para contemplar las obras de arte que procesionarán por las calles de nuestro pueblo, que serán llevadas por esforzados costaleros. Las calles y balcones engalanados embellecerán más aún nuestro pueblo bajo las luces anaranjadas del ocaso o las llamas oscilantes de cirios y velas.

Los sonidos de las cornetas y tambores erizarán nuestra piel. Las Marchas tocadas por las Bandas de Música de San Sebastián de Villaverde del Río, las locales de Nuestra Señora de la Merced y de Santa María del Alcor, de Nuestra Señora de la Soledad de Cantillana o la íntima de la Capilla musical y de cantores “De Profundis”, nos emocionarán y harán derramar más de una salobre lágrima. Las desgarradoras saetas, en cambio, despertarán los suspiros, que serán mecidos por una ligera brisa que, desde el Alcor hasta la Vega, impregnará el ambiente de incienso, azahar, torrijas y pestiños. El recio sonido del llamador, los gritos de ánimo del capataz, el sonido rítmico de los varales y de las zapatillas de los costaleros, despertarán la nostalgia de los que se fueron demasiado pronto y nos contemplan desde Los Alcores del cielo.

Las yemas de nuestros dedos volverán a sentir el terciopelo de los mantos de las Vírgenes, el raso de las túnicas de los penitentes, el esparto de las zapatillas, o el tacto inconfundible de una bola de cera, que nos trasladará a nuestra infancia.

El olor a azahar de nuestros naranjos, a dulces, a incienso, a ropa recién estrenada, abrirá para los Creyentes el ciclo de la festividad de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.
La Semana Santa es también sabor, mucho sabor; a pestiños, torrijas, miel, canela o tomate con bacalao.

Esta cascada de emociones estará llena de esperanza por volver a la normalidad después de dos duros años y alcanzar una paz que marque con hilo de plata el rumbo de la prosperidad económica.

Hablando de esperanza, el 2022 será recordado, además, por la primera estación de penitencia, si las condiciones meteorológicas adversas no lo impiden, de la Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Redención en el Beso de Judas, María Santísima de la Esperanza y Patriarca Bendito San José. Por tanto, esta joven Hermandad, nacida en abril de 1998, verá cumplido un sueño, fraguado en la emblemática barriada de Nuestra Señora del Carmen, y coronado el 20 de noviembre de 2019 de manos del Monseñor Juan José Asenjo, Arzobispo de Sevilla, quién firmó el decreto nombrando Hermandad de Penitencia a esta agrupación de fieles.

La Cruz de Guía rasgará el azul cielo visueño a las seis de la tarde del Martes Santo desde la Casa Hermandad de Vera-Cruz y Rosario, provocando un torrente de emociones de sus Hermanos, muchos de los cuales, con túnica de cola de color hueso y antifaz de sarga verde con escudo bordado de la Hermandad, acompañarán a María Santísima de la Esperanza. La belleza, elegancia y dulzura, plasmada en magistrales golpes de gubia del imaginero Ventura Gómez sobre madera de cedro, irradiará sobre las calles, plazas y rincones de Los Alcores de El Viso, de El Viso de Los Alcores, al son de las tambores y cornetas de la Banda de Música San Sebastián de Villaverde del Río.

En definitiva, este Martes Santo debe ser el de la recuperación de nuestra ansiada normalidad y volver a disfrutar de nuestra añorada Semana Santa, donde la devoción, el arte y la pasión irradian el atardecer baja la efigie de la Cruz del Calvario.

MARCO ANTONIO CAMPILLO 
FOTOGRAFÍA: REDENCIÓN Y ESPERANZA 

sábado, 5 de marzo de 2022

  • 5.3.22

Los guardaesquinas o guardacantones son elementos arquitectónicos situados en las esquinas de calles de nuestros pueblos y ciudades, no siendo El Viso del Alcor una excepción. Su función era resguardar las esquinas de los edificios del impacto de carruajes, carros y carretas. Por tanto, son postes de piedra que protegían dichas esquinas de los golpes de los vehículos o del paso de éstos. Esta antigua costumbre se conservó hasta que empezó a generalizarse el empleo de las aceras.

 


Cuando paseamos con tranquilidad por el bello centro histórico de nuestro pueblo, si prestamos un poco de atención, podemos contemplar los guardacantones, vestigios de nuestro pasado, perfectamente integrados en nuestro paisaje urbano, pasando, en muchas ocasiones, desapercibidos para nuestros fatigados ojos. Las casas tradicionales visueñas estaban realizadas con tapial, siendo, pues, especialmente las esquinas muy frágiles a roces y golpes. Siendo la piedra escasa y cara, se reutilizan materiales de acarreo, es decir, columnas antiguas de villas romanas y desgastadas ruedas de molino, a los que se le ofrece una segunda vida, en un tiempo en el que no había ningún tipo de conciencia patrimonial (en la actualidad, tampoco se ha avanzado mucho, por desgracia) Su forma suele ser algo redondeada, con la finalidad de que no se deterioraran fácilmente con los roces y golpes de las ruedas de carros y carretas.

Estos elementos son parte de nuestra historia y, como bienes de interés patrimonial, son señas de identidad de nuestro pueblo, mereciendo, por tanto, ser valorados y conservados para el disfrute de las generaciones venideras.

El Viso del Alcor conserva varias de estos guardaesquinas, vestigios, la mayoría, de nuestro floreciente pasado romano.

En la esquina de la calle Real con Colón, divisamos un colosal fuste de una columna de mármol, reforzado por dos aros metálicos, procedente, quizás, de una de las importantes villas romanas de nuestro entorno. Las dimensiones son a tener en cuenta: 1,25 metros de altura, 32 cm de anchura y unos 18 de diámetro. Entre las desgastadas capas de pintura, podemos observar el frío mármol.

 



En la calle Real, en la
esquina de la calle Tío Pinto, conocida antiguamente como Alpechín, encontramos lo que parece un fragmento de rueda de molino, con el fin de proteger la esquina de esta callejuela estrecha de reminiscencia medieval. Sus dimensiones son 25 centímetros de ancho, 32,5 de alto y 57 de largo.

 




En la Plaza del Ayuntamiento Viejo, concretamente en la esquina con la calle Tren, encontramos, mimetizado con el color blanco de las casas, una columna, con su fuste y capitel, y reforzada con un aro de hierro. Sus dimensiones son 70 centímetros de alto, 37 de ancho y 20 de diámetro.

 



rosiguiendo nuestro paseo por las calles de sabor tradicional, encontramos un gran fragmento pétreo, concretamente en la calle Convento, frente a la Iglesia Conventual de Corpus Christi, y junto al Restaurante Convento 33. Su forma es diferente a los anteriores, pudiendo tratarse, como hipótesis, de un miliario romano, aunque muy deteriorado y salpicado de excrementos de palomas. Sus dimensiones son 67 centímetros de altura, 22 de ancho y unos 30 de diámetro.




Ascendiendo a nuestra Acrópolis del corazón de Los Alcores, en la esquina de la Lonja de la Iglesia Parroquial de Santa María del Alcor Coronada, nos divisa, viendo pasar el tiempo, un fuste de una columna de 70 centímetros de altura, 18 de anchura y 27 de diámetro.


 




Muy cerca, en la esquina de la Iglesia con la Plaza Padre Nicasio, frente a la “puerta de los muertos” del templo parroquial, nos encontramos con una columna de dimensiones importantes, incrustada en la esquina, y reforzada con un aro metálico, o sea,  de 1,05 metros de altura y 27 de anchura.

 




Por último, en frente de la anterior y de la puerta trasera de la Iglesia Parroquial, concluimos nuestro paseo con un pequeño fragmento columnario, de 35 centímetros de altura y unos 23 de anchura.




En conclusión, los guardacantones o guardaesquinas son vestigios de nuestro pasado que deben ser conservados y valorados. La próxima vez que pasees por nuestro casco histórico, disfruta de su belleza y saborea su valor patrimonial e histórico. 


MARCO ANTONIO CAMPILLO 

sábado, 5 de febrero de 2022

  • 5.2.22
La luz venció a las tinieblas el Viernes Santo de 1670, tiñendo de color anaranjado la fértil vega. 
El trajín era intenso en las calles sinuosas y torcidas por lo barrancoso del terreno, a pesar de que estaba amaneciendo. El blanco inmaculado de las encaladas casas de humilde edificio era enriquecido por el verdor de vides y olivos, por la fragancia de frutales refrescados por fuentes de agua de mucho regalo y por el resplandor áureo de los trigales.
La muchedumbre se arremolinó en la Plaza Mayor, frente a la mansión palaciega de la señora territorial y jurisdiccional de la villa, doña Teresa María Arias de Saavedra Pardo Tavera y Ulloa, Séptima Condesa del Castellar, y junto al Convento del Corpus Christi, edificio religioso rectangular de buenas hechuras, situado entre el Palacio y la pequeña huerta de la citada casa conventual, coronado por una bella espadaña que rasgaba el manto azul del cielo. La expectación era intensa por ver a la nueva imagen de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que sustituía como titular al Señor de la Misericordia, regalo de doña Beatriz Ramírez de Mendoza, IV Condesa del Castellar.

La procesión salió de la Iglesia Conventual del Corpus Christi, encabezada por el alférez de la cofradía, que portaba el Pendón de Jesús. Lo seguían con recogimiento largas filas de penitentes, los hermanos de luz, que vestían túnicas moradas –sin ningún tipo de adorno– con sogas al cuello y portando largos cirios; y los hermanos de sangre, ataviados con túnicas blancas, que llevaban cruces de madera, mientras entonaban el salmo del Miserere. A continuación, pasaron las principales autoridades y dignidades con sus mejores galas (sombrero de ala ancha, indumentaria de color negro, elegante golilla y botas altas de piel), que contrastaban con los humildes trajes del resto de los lugareños. 
El Padre Comendador de la Orden de la Merced encabezaba el cortejo de los frailes mercedarios. Algunos llevaban grilletes sobre sus pies desnudos; otros mortificaban con toda crudeza sus menudos cuerpos, azotando sus espaldas con tanta fuerza y cólera santa, que bañados en sangre, causaban a los demás mucho dolor y compasión; y los últimos, en cambio, bajo su típica indumentaria blanca escondían ásperos cilicios de hierro, que dejaba un macabro reguero de sudor y sangre).

El silencio era estremecedor, sólo interrumpido por el sonido de los grilletes, el crujido de las disciplinas en las duras espaldas de los frailes y por las oraciones y cánticos en latín del párroco. El Nazareno, portado en andas, atravesó lentamente la angosta puerta de la iglesia conventual, provocando los aplausos de los asistentes.

Los primeros rayos del alba iluminaron su bello y sereno rostro, esculpido con un realismo idealizado, de raíces flamencas e italianas, por el imaginero Andrés Cansino, que bebió del néctar del clasicismo barroco de José de Arce. Los visueños y visueñas vieron por vez primera el gesto de cansancio del Nazareno; su boca entreabierta (intuyéndose su respirar jadeante); el entrecejo levemente fruncido; la nariz fina y recta; sus marcados pómulos; la barba bífida; los cabellos largos, sinuosos y humedecidos por el sudor; sus ojos caídos por el cansancio y la fatiga de llevar una pesada Cruz con sus portentosas y expresivas manos, recorridas por venas y tendones, que, a pesar de ello, parecen acariciar suavemente el sagrado madero.

Nuestro Padre Jesús Nazareno, vestido con túnica morada, caminaba con dolor sereno y andar pausado, mirando por vez primera a sus fieles y devotos, embriagando sus sufridos corazones y consiguiendo una comunión mística que se perpetuará hasta el fin de los tiempos. Los ojos de ancianas y niños se tornaron vidriosos, surcando lágrimas salobres por sus aventadas mejillas, y consiguiendo que muchos se arrodillaran a su paso con devoción sin límites. El Nazareno fue ayudado esa fresca mañana de Viernes Santo en su pesada carga por un pequeño Simón de Cirene, con facciones rudas y toscas, que portaba paños acartonados; pantalones cortos que se arremangaban del mismo modo que la camisa blanca; chaquetilla verde; cinturón; un pequeño bolso y botas altas. 

Trescientos cincuenta y dos años después, esta unión mística entre los devotos visueños y Nuestro Padre Jesús Nazareno se renovará como aquella primera vez. La acertada restauración de Esperanza Fernández permitirá que nuestras mentes, cansadas de tanta pandemia, viajen en el tiempo al Viso del último tercio del siglo XVII, emocionándonos al observar la esencia de la gubia del gran imaginero Andrés Cansino, que aunque murió demasiado pronto, su legado será eterno.

Mañana, domingo seis de febrero de 2022, los visueños y visueñas, en sus engalanadas calles, renovarán esta unión mística, abriendo el Nazareno con las bellas y elegantes llaves de la villa el interior de nuestros devotos corazones. 

MARCO ANTONIO CAMPILLO

FOTOGRAFÍA: HERMANDAD DE NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO

sábado, 8 de enero de 2022

  • 8.1.22

El día de la semana más importante, como pueblo cristiano, ha sido tradicionalmente el domingo, “dies Dominica” (día del Señor) Las Ordenanzas de El Viso de 1564, basadas en otras anteriores del siglo XV, determinaban que los domingos y los días festivos estaban dedicados a Dios, estando prohibido trabajar en el campo. La asistencia a misa en dichos días era obligatoria para todas las personas con más de quince años. Una vez que el sacristán terminara de tañir en tres ocasiones la campana más gorda (deducimos que, al menos, habría otra más pequeña), el alguacil tenía orden de detener al infractor, quién era condenado a pasar tres días en el calabozo y a pagar un real para la obra de la iglesia. Por otra parte, los alcaldes, regidores y alguacil tenían reservado un lugar preferente en la iglesia durante el año de su mandato, no pudiendo faltar a la misa dominical, bajo pena de cien maravedíes.

Aparte de la fiesta dominical, otros hechos marcan el ritmo semanal, tal como regulan perfectamente las Ordenanzas. El ayuno o los días de abstinencia de carne eran los viernes y los sábados, estando obligado el arrendador de la pescadería de suministrar pescado en tales días. Dichas jornadas, eran las reservados para que las mujeres lavasen la ropa en la Huerta del concejo (“Huerta Abajo”), estando obligado el arrendador a mantener las albercas limpias y llenas de agua para tal fin, bajo pena de cien maravedíes. Era también el viernes cuando los campesinos visueños acudían con sus productos agrícolas al mercado de Carmona. Es curioso la importancia en tales siglos de los viernes y sábados, días sagrados para los musulmanes y judíos, respectivamente. El viernes es el día más señalado para los musulmanes, tal como establece el Corán: “¡Creyentes! Cuando sea realizado el llamado a la oración del día viernes, acudan al recuerdo de Dios y abandonen el comercio, es lo mejor para ustedes. ¡Si supieran!” (Corán 62:9) En cambio, para los judíos el día sagrado es el sábado, “el Sabbat”. Por tanto, en la mentalidad de una sociedad cristiana donde la pureza de sangre era muy importante, la obligación de realizar tales tareas los viernes y los sábados puede indicar una forma de vigilar a la población. Es decir, las mujeres que lavasen otro día en los lavaderos públicos no cumplirían la ley y serían sospechosas de practicar otras religiones. Lógicamente, la necesidad de poner tales normas nos hace pensar que no todo el mundo era cristiano o era sospechoso de no serlo en la intimidad.

Por otra parte, es curioso que, antaño, los hortelanos bajaban al pueblo los jueves y los sábados, evitando los viernes (¿resabios de un pasado morisco?)

Tenemos que tener en cuenta que todos los musulmanes convertidos al cristianismo antes de la conquista de Granada pasaron a ser jurídicamente considerados cristianos viejos, tal como establecía una disposición de 1526. Sin embargo, el mayor crecimiento de los moriscos en la comarca de Los Alcores se produjo tras la rebelión de Las Alpujarras, en 1568-1570, su derrota y su reparto posterior. Concretamente, en 1570 llegaron a Carmona unos 1080 moriscos, que fueron repartidos entre las aldeas y lugares cercanos, incluyendo El Viso. El corregidor Aliaga se refiere a este rincón de Los Alcores del siguiente modo:”…el lugar del Viso de hasta cien vecinos y una parroquia que agora lo posee el Conde del Castellar…” Además, precisa que estos moriscos se repartieron entre 20 casas. Por tanto, la llegada de 450 o 500 nuevos habitantes (vecino hace referencia al cabeza de familia) debió causar un gran impacto en una pequeña población de unos 1000 habitantes (el encabezamiento de 1554 da una cifra de unos 203 vecinos) “Gracias a la acción del tiempo, que difuminaría la traza de los orígenes, un cierto número, quizás elevado, de ascendencia musulmana, quedarían plenamente integrados a los cristianos” (Bernard Vicent) A principios del siglo XVII, se produjo la expulsión de los moriscos de España, pero parece ser que tuvo poca repercusión en El Viso.

En la actualidad, los viernes, sábados y domingos son días muy importantes al coincidir con los fines de semanas y tener más tiempo de ocio, pero todavía quedan resabios de siglos pasados. Por ejemplo, el día tradicional de la limpieza de las casas sigue siendo el sábado. En muchas ocasiones, las tradiciones se mantienen de padres o madres a hij@s.

MARCO ANTONIO CAMPILLO


sábado, 27 de noviembre de 2021

  • 27.11.21
El Viso del Alcor ha servido de inspiración para distintas canciones o poemas que han tenido su  versión musical. Repasemos, pues, algunas de ellas. 


Amor en El Viso

El famoso cantante Manolo Escobar tiene una completísimo repertorio musical, pero no todo el  mundo conoce que ha interpretado nuna canción dedicada a nuestro pueblo, titulada “Amor en El Viso”. El estribillo de esta composición musical es el siguiente:

Deme, que deme, que deme,
capitán, deme permiso,
que la que me está matando
me está esperando en el Viso.
Dele, que dele, que dele,
capitán, dele permiso,
que ese quinto se le muere
si no lo manda pal Viso. 


¿Cómo es posible que este gran cantante de copla y canción española tenga una canción dedicada a este rincón de Los Alcores? Ello es debido a que el autor es su hermano Juan Gabriel García Escobar, quién tenía un chalet en nuestro pueblo. Este gran compositor es el creador de numerosas composiciones de Manolo Escobar, entre ellas “Mi pequeña flor”, que compuso para su sobrina Vanessa.

Diligencia de Carmona

Fernando Villalón-Daoíz y Halcón, conde de Miraflores de los Ángeles, nació en Morón de la Frontera, Sevilla, el 31 de mayo de 1881. Fue compañero de clase en el Colegio San Luis Gonzaga de El Puerto de Santa María de Juan  Ramón Jiménez cuando ambos estudiaban bachillerato. Poeta tardío -publicó su primer libro a los cuarenta y cinco años-, conectó en los años veinte con los  poetas del 27, a través de su gran amigo Ignacio Sánchez Mejías. Murió en Madrid, el 8 de marzo de 1930. Uno de sus poemas más conocidos es “Diligencia de Carmona”.

Diligencia de Carmona
la que por la vega pasas
caminito de Sevilla
con siete mulas castañas,
cruza pronto los palmares,
no hagas alto en las posadas,
mira que tus huellas huellan
siete ladrones de fama.
Diligencia de Carmona,
la de las mulas castañas.
Remolino en el camino,
siete bandoleros bajan
de los alcores del Viso
con sus hembras a las ancas.
Catites, rojos pañuelos,
patillas de boca de hacha.
Ellas, navaja en la liga;
ellos, la faca en la faja;
ellas, la Arabia en los ojos;
ellos, el alma a la espalda.
Por los alcores del Viso
siete bandoleros bajan.
– Echa vino, montañés,
que lo paga Luis de Vargas,
el que a los pobres socorre
y a los ricos avasalla.
Ve y dile a los milicianos
que la posta está robada
y vamos con nuestras novias
hacia Écija la llana.
Echa vino, montañés,
que lo paga Luis de Vargas.

Esta bella poesía ha sido versiona por distintos artistas, entre ellos el cantaor Calixto Sánchez, que la interpreta por tientos: https://www.youtube.com/watch?v=swsK0cXn9kE


Este poema ha inspirado el nombre y la temática de una de las casetas con mayor animación de  nuestras Fiestas de la Santa Cruz:”Echa vino Montañés que lo paga Luis de Vargas”.

Himno a Santa María del Alcor

Nuestra Patrona cuenta con un patrimonio musical muy variado y de gran calidad: sevillanas, plegarias, misales, marchas, etc. Sin embargo, la pieza más representativa de la devoción a la Virgen es su himno, banda sonora que resuena en la cabeza de todos los visueños. La letra del himno fue compuesta por Don Sixto Sánchez-Barbudo Jiménez y la música corrió a cargo de D. Juan Sánchez García ("Maestro Seri"). El himno data de 1939, cuando se compuso con motivo de la llegada de la actual imagen de la Santísima Virgen a Los Alcores de El Viso.

Estribillo:
Reina del cielo y de la tierra. 
Bendita madre flor de pureza. 
¡A ti rogamos, Madre de Dios, 
que nos otorgues gracia y perdón! (que nos otorgues gracia y perdón)
Letra: 
Por esta tierra de los Alcores 
brota ferviente tu devoción: 
bendice siempre sus moradores 
que te saludan con los mejores hondos cantares del corazón. 
¡Virgen Santa, Madre mía, del cielo luz y alegría, 
consuelo del pecador: 
impera en los corazones, 
que en místicas emociones te proclaman con fervor! 

Estribillo:
Reina del cielo y de la tierra. 
Bendita madre flor de pureza. 
¡A ti rogamos, Madre de Dios, 
que nos otorgues gracia y perdón! (que nos otorgues gracia y perdón) 


Este himno se mantiene inalterable a lo largo de los años, aunque se han realizado pequeños cambios. En la primera línea, popularmente se canta "En esta tierra de los Alcores" en lugar de "Por esta tierra de los Alcores". Por otro lado, en la última línea, popularmente se canta "Te ofrezcan su humilde amor" en lugar de "te proclaman con fervor". En este enlace tienen el himno: https://www.youtube.com/watch?v=oQrak7Dli3g

Himno de El Viso del Alcor

La Asociación Cultural Musical Visueña (VAM) presentó el 27 de septiembre de 2018 un himno para El Viso del Alcor, compuesto por el polifacético artista, Rodrigo Sánchez. Esta interesante composición musical se sumerge en el espíritu de los visueños, en paisajes de nuestra historia o en las emprendedoras recoveras, sin embargo, no ha tenido el respaldo popular ni el de las instituciones. https://www.facebook.com/docetvelviso/videos/332820170825914/ 




En definitiva, estas cuatro composiciones son una pequeña muestra de que las musas sobrevuelan del Alcor a la Vega y de este tapiz multicolor al Calvario y a la Tablá.

MARCO ANTONIO CAMPILLO


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